09 abril 2014

El Festival de los Cerezos/5

Goro parecía borracho y absorto, sumido totalmente en su propio mundo, ajeno por completo a lo que sucedía más allá de la circunferencia de su vaso. Estaba acodado en la barra, de espaldas a Teru, Roki y los dos gorotsukis, y no había hecho ni dicho nada pese a que estaban hablando de él a escasamente un par de pasos.

- Bueno, chicos -dijo Têru, conciliador con el punto justo de picardía-, en todo caso no creo que debamos resolver este asunto aquí dentro, con tanta gente mirando, ¿no creéis? ¿Y si vamos afuera y lo resolvemos de una manera civilizada?

Aún paladeando el licor de melón, los dos matones se dejaron acompañar fuera de "La Garza". El río discurría a pocos metros, al borde del muelle de pescadores, y el aire de la noche soplaba en forma de una suave y fresca brisa.
- La verdad es que nuestro jefe casi prefería ya que le diéramos una paliza a Goro antes que cobrar, pero cobrar está bien.
- ¿Tenéis el dinero? -pregunta el otro, contento y frotándose las manos. Roki sonrió también, y miró a Têru a la expectativa. "Tu nos has metido en esto", decían sus ojos. Transitaba poca gente por el muelle, y todos iban ocupados en sus asuntos: no podían esperar demasiada ayuda de nadie si los gorotsukis se enfadaban.

- Bueno -razonó el kitsune-, lo cierto es que me gustaría resolver el asunto como buenos amigos. Pensadlo chicos, decís que vuestro jefe preferiría que le dierais una paliza antes que cobrar, pero vuestro jefe no está aquí, no? Entonces lo lógico sería que volvierais al pueblo de vuestro jefe y le dijerais que no pudisteis cobrar puesto que Goro no tenía el dinero (lo cual estoy casi seguro que es cierto) y no le dierais la paliza. Porque, a ver, imaginad que alguien del pueblo, un alma caritativa quisiera ayudar a Goro, y el linchamiento se torciera. ¿No sería mejor para todos que dejásemos el asunto del linchamiento? Estoy dispuesto a pagaros unas rondas en la licorería si aceptáis mi propuesta y nos olvidamos del asunto -remató con una sonrisa deslumbrante-, ¿qué os parece?

La verborrea de Têru equivalía aproximadamente al doble de lo que eran capaces de comprender aquella pareja de ceporros. Tardaron un poco en acabar de determinar lo que les estaba diciendo el zorro. Finalmente, decidieron:
- Si Goro no paga, Goro cobra.
- Y si viene un alma de esas que dices, cobrará también.
- Y luego nos tomamos esas rondas y olvidamos lo que sea -y le dio una palmadita en la espalda al kitsune, listo para entrar de nuevo en "La Garza". Justo en ese momento, Goro salió de la taberna, tambaleándose.

- ¡Kurimaki Goro! -dijo el primero de los gorotsukis, irguiéndose y sacando pecho-. Venimos a reclamar la deuda que tienes con el Jefe Enoga de Oddo.

Los dos tipos se pusieron uno a cada lado del viejo borracho. Goro balbuceó algo, e inclinó la cabeza hacia atrás con una sonrisa perdida llena de dientes negros o ausentes.
Roki parpadeó mientras los dos forasteros enrojecían de furia:
- Juraría que acaba de enviarlos a la...
Sin esperar a que acabara la frase, Têru retrocedió un par de pasos, hizo un gesto rápido en el aire y apuntó hacia los gorotsukis. Uno de ellos, y un estibador cercano que se dirigía a casa cayeron de repente al suelo.

- No sabéis beber -dijo Roki, insultante. Viniéndose arriba, le lanzó un puñetazo al matón que se estrelló contra su pecho sin más efecto que un sordo tañido metálico. ¡Llevaban armadura bajo la ropa!

Ignorando a Roki, el gorotsuki que seguía en pie le propinó un soberano trastazo a Goro. El viejo borracho giró sobre sí mismo con el brutal impacto y empieza a tambalearse, a punto de caer grogui..

En vez de desplomarse hacia atrás, Goro recuperó en el último momento el equilibrio, sobrecompensó inesperadamente y le pegó un cabezazo en la cara al matón, seguido de un codazo que parecía mucho menos casual. Acorazado o no, el aire abandonó los pulmones del fornido tipejo, y cayó al suelo con los ojos en blanco.

El viejo Goro cogió una gruesa calabaza que llevaba al cinto y se echó un trago. Roki estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero decidió en el último momento que sería mejor para su salud no decir ni hacer nada.

Goro no obstante sí que se había fijado en los atónitos Têru y Roki. Cuando acabó de echar su trago, con el alcohol y las babas ensuciándole la barba, les miró a ambos y se les acercó, precedido por un aliento capaz de matar moscas a veinte pasos:
- ¿Y vosh-shotrosh qué miráish? ¿Tam-m-bienn me vaishsh a recla-clamad algho?
- ¡No!
- ¡No, no!
- ¡De ninguna manera Goro-sama! Sólo queríamos ayudarle, pero tal vez no necesite nuestra ayuda... En cualquier caso -señaló el kitsune al que había caído dormido, mientras comenzaba a registrar sus bolsillos-, éste no tardará en despertarse, y algo me dice que tendrá ganas de más bronca cuando lo haga.

Sólo ahora, cara a cara y de tan cerca, pudo Têru hacerse una idea de la edad real de Goro: su tamaño engañaba. Era más viejo de lo que a primera vista podía parecer. No debía rondar los sesenta, sino más bien los ochenta. Y sin embargo...

Goro le devolvió a Têru la mirada con ojos vidriosos y el ceño fruncido, arrugó la nariz... y soltó un fenomenal eructo antes de darse la vuelta y seguir tambaleándose por el puerto.

2 comentarios:

Jokin R. González Cantón dijo...

¡La siempre útil y poco estimada técnica de lucha del mono borracho! :D

KalEl el Vigilante dijo...

Goro es un callo duro de pelar... :)