16 abril 2014

El Festival de los Cerezos/6

Mientras tanto, varias docenas de millas al Este, en el claro de Wakahisa, la noche había llegado en otras circunstancias muy distintas. Kousei e Ikari habían estado cavando tumbas para los mites que habían matado. Antes, el chico peludo le había preguntado a la bruja:
- No os lo he comentado, baba, porque aun no habíamos tenido el tiempo necesario... pero estoy vinculado a un espiritu celestial; en cierta manera, no estoy completo sin llamarle. Mi aspecto se torna un poco mas... brutal, aunque yo sigo siendo la misma persona... pero diferente. ¿Os importunaria que llamara a mi espiritu vinculado? Podría evitarnos males mayores.
- Oh, ¿además eres un vinculado? Vaya, eso quisiera verlo...
Tras pasar cerca de un minuto concentrando su energía, esta empezó a latir visiblemente al ritmo del extraño signo que Ikari llevaba grabado en la frente Era como si su naturaleza simiesca se desarrollara más completamente: sus músculos se volvían más abultados, su morro más alargado y lleno de colmillos, sus manos más grandes y fuertes, con recias uñas, el pelo aún más dorado. Pero si uno se fijaba, bajo aquel brillo dorado aún podía adivinarse la figura original de Ikari: más que transformarse era como si aquel otro ser se le hubiera superpuesto. Kousei no había visto nunca nada semejante. La bruja, en cambio, no parecía demasiado impresionada:
- Lo que imaginaba, un eidolon oozaru. Es natural: eres idyllkin, por tus venas corre sangre agathión -y con ánimo curioso y casi ofensivo, inquirió-. ¿Y puedes invocarlo en Koyotei, también?
De la garganta de Ikari surgió un suspiro que era casi un rugido de frustración:
- ¡ROAAAAAAAR! No, no puedo. Esa es la principal razón de mi visita a vos -la voz había cambiado también. Era más grave y gutural; pero no sólo la voz, en cierta manera también la forma de expresarse era sutilmente distinta-. He de reconocer que los regalos y la oferta de acompañaros eran secundarios. Mas enterremos primero a estas pobres almas, y luego saciaré vuestra curiosidad.

Claramente Akira, pues así le gustaba a Ikari que le llamaban cuando se presentaba de aquella guisa, tenía más vitalidad y poderío físico en esta forma.
- El oozaru es el gran gorila dorado de los planos superiores -le explicaba Wakahisa a Kousei-. Se dice que alcanza hasta más de cuatro metros de altura y que su furia hace temblar incluso las montañas: esto que vemos aquí es sólo una fracción del oozaru, un resquicio de su poder y su magnificencia que se ha vinculado con Ikari. Cuanto mejor se conozcan, más del oozaru será capaz de manifestar.
- Llevamos casi treinta años juntos -dijo Akira.
- No es el tiempo lo que hace que se conozcan las almas vinculadas. Son las experiencias límite, los momentos concretos que hacen que vivas o que mueras. Sólo así se conoce el verdadero espíritu.

Ahora tomaban te y galletas que había horneado la bruja (un tanto quemadas, aunque nadie se atrevía a decirlo). Lo más curioso es que la tetera la empuñaba el pequeño lagarto bípedo de la bruja, no como un perro que hace un truco, sino casi como un sirviente experto en tales labores.
- Te preocupa no poder transformarte en Koyotei -dijo finalmente Wakahisa, rompiendo el silencio que se había cernido desde la excavación de las tumbas-. Y yo te digo que así es como debe ser... A mí me preocupa que tú mismo vivas en el pueblo: me preocupaba hace tres años cuando llegaste, y me sigue preocupando hoy. No sé si te lo ha dicho alguien, ¿sabes que eres el primer aasimar que pisa Koyotei en 362 años?
- ¡MMMMMMM, EL TÉ ESTÁ ESTUPENDO! Y a la temperatura ideal -Akira parecía disfrutar de cada pequeño placer con una intensidad redoblada. Tal vez sus sentidos eran más agudos, o quizás las sensaciones de este mundo no se vivían en el Más Allá-. ¿Os preocupa mi persona o el hecho que un aasimar haya vuelto a Koyotei y los posibles cambios en el ciclo que ello pueda conllevar? A todo esto, ¿quién fue ese aasimar de hace 300 años? Tiene pinta de ser una buena historia...
Wakahisa no contestó. Akira esperó pacientemente, gozando del té. El errante Kousei no parecía tener tanta paciencia:

- No veo por que Ikari, por muy aasimar o oozaru que sea, no puede hacer de Koyotei su hogar.
- ¿Sabes qué significa aasimar?
- ¿Que es el hijo de un ángel?
- No tanto. Pero sí que una parte de su sangre no es de este mundo sino del reino celestial.
- Sus acciones y sentimientos pesan mucho más que cualquier ascendencia -insistió Kousei, testarudo. Su defensa era casi encendida, como si realmente le importara el destino de aquel hombre mono que acababa de conocer horas atrás, por mera casualidad, en medio del camino. De repente pareció azorado, perturbado por su propia vehemencia, y se levantó- Disculpadme, no debía intevenir, era una conversación demasido privada. Saldré a dar una vuelta alrededor del claro, por donde vinieron los mites. Quizás desande un poco el camino de nuestros pequeños incursores azules. Me intriga saber de dónde venían.
Era una idea peligrosa; el sol declinaba desde hacía horas, y quedaba poco rato de luz. Sin embargo, Wakahisa no se la sacó de la cabeza.
- No te alejes demasiado -fue todo lo que dijo. De nuevo en silencio, la bruja y el aasimar vinculado observaron como el joven errante abandonaba las inmediaciones de la cabaña.
- He supuesto que había algo en mi naturaleza que choca con la de Koyotei. Allí tampoco puedo invocar a mis criaturas...Oh, soy un maleducado, ¿os apetece que os recite algo de poesía?
Cuando el sonido de los pasos de Ogura Kousei hubo muerto del del todo, Wakahisa respondió con un susurro quedo que obligó a Akira a acercarse mucho a ella:
- Hay cosas que no pueden revelarse alegremente. Hay secretos que son tan secretos que les llamamos secretos de bruja. Puedo contarte que el último aasimar, antes que tú, que pisó Koyotei fue Garuda Kentaburo, maestro exorcista y azote de sierpes. No sé mucho más sobre él que eso, si te interesa deberás bucear en otras fuentes... Lo único que puedo contarte sobre tu problema es que hay cosas... hay criaturas... que no deben cruzar el límite que defienden los cuatro torii de Koyotei, que no deberían poder, por el bien del pueblo. Porque si empieza a ser posible, las implicaciones serán terribles. Y ahora sí, por favor, mi vista está cansada y agradeceré un poco de lectura de vuestros labios...
(CONTINUARÁ)

09 abril 2014

El Festival de los Cerezos/5

Goro parecía borracho y absorto, sumido totalmente en su propio mundo, ajeno por completo a lo que sucedía más allá de la circunferencia de su vaso. Estaba acodado en la barra, de espaldas a Teru, Roki y los dos gorotsukis, y no había hecho ni dicho nada pese a que estaban hablando de él a escasamente un par de pasos.

- Bueno, chicos -dijo Têru, conciliador con el punto justo de picardía-, en todo caso no creo que debamos resolver este asunto aquí dentro, con tanta gente mirando, ¿no creéis? ¿Y si vamos afuera y lo resolvemos de una manera civilizada?

Aún paladeando el licor de melón, los dos matones se dejaron acompañar fuera de "La Garza". El río discurría a pocos metros, al borde del muelle de pescadores, y el aire de la noche soplaba en forma de una suave y fresca brisa.
- La verdad es que nuestro jefe casi prefería ya que le diéramos una paliza a Goro antes que cobrar, pero cobrar está bien.
- ¿Tenéis el dinero? -pregunta el otro, contento y frotándose las manos. Roki sonrió también, y miró a Têru a la expectativa. "Tu nos has metido en esto", decían sus ojos. Transitaba poca gente por el muelle, y todos iban ocupados en sus asuntos: no podían esperar demasiada ayuda de nadie si los gorotsukis se enfadaban.

- Bueno -razonó el kitsune-, lo cierto es que me gustaría resolver el asunto como buenos amigos. Pensadlo chicos, decís que vuestro jefe preferiría que le dierais una paliza antes que cobrar, pero vuestro jefe no está aquí, no? Entonces lo lógico sería que volvierais al pueblo de vuestro jefe y le dijerais que no pudisteis cobrar puesto que Goro no tenía el dinero (lo cual estoy casi seguro que es cierto) y no le dierais la paliza. Porque, a ver, imaginad que alguien del pueblo, un alma caritativa quisiera ayudar a Goro, y el linchamiento se torciera. ¿No sería mejor para todos que dejásemos el asunto del linchamiento? Estoy dispuesto a pagaros unas rondas en la licorería si aceptáis mi propuesta y nos olvidamos del asunto -remató con una sonrisa deslumbrante-, ¿qué os parece?

La verborrea de Têru equivalía aproximadamente al doble de lo que eran capaces de comprender aquella pareja de ceporros. Tardaron un poco en acabar de determinar lo que les estaba diciendo el zorro. Finalmente, decidieron:
- Si Goro no paga, Goro cobra.
- Y si viene un alma de esas que dices, cobrará también.
- Y luego nos tomamos esas rondas y olvidamos lo que sea -y le dio una palmadita en la espalda al kitsune, listo para entrar de nuevo en "La Garza". Justo en ese momento, Goro salió de la taberna, tambaleándose.

- ¡Kurimaki Goro! -dijo el primero de los gorotsukis, irguiéndose y sacando pecho-. Venimos a reclamar la deuda que tienes con el Jefe Enoga de Oddo.

Los dos tipos se pusieron uno a cada lado del viejo borracho. Goro balbuceó algo, e inclinó la cabeza hacia atrás con una sonrisa perdida llena de dientes negros o ausentes.
Roki parpadeó mientras los dos forasteros enrojecían de furia:
- Juraría que acaba de enviarlos a la...
Sin esperar a que acabara la frase, Têru retrocedió un par de pasos, hizo un gesto rápido en el aire y apuntó hacia los gorotsukis. Uno de ellos, y un estibador cercano que se dirigía a casa cayeron de repente al suelo.

- No sabéis beber -dijo Roki, insultante. Viniéndose arriba, le lanzó un puñetazo al matón que se estrelló contra su pecho sin más efecto que un sordo tañido metálico. ¡Llevaban armadura bajo la ropa!

Ignorando a Roki, el gorotsuki que seguía en pie le propinó un soberano trastazo a Goro. El viejo borracho giró sobre sí mismo con el brutal impacto y empieza a tambalearse, a punto de caer grogui..

En vez de desplomarse hacia atrás, Goro recuperó en el último momento el equilibrio, sobrecompensó inesperadamente y le pegó un cabezazo en la cara al matón, seguido de un codazo que parecía mucho menos casual. Acorazado o no, el aire abandonó los pulmones del fornido tipejo, y cayó al suelo con los ojos en blanco.

El viejo Goro cogió una gruesa calabaza que llevaba al cinto y se echó un trago. Roki estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero decidió en el último momento que sería mejor para su salud no decir ni hacer nada.

Goro no obstante sí que se había fijado en los atónitos Têru y Roki. Cuando acabó de echar su trago, con el alcohol y las babas ensuciándole la barba, les miró a ambos y se les acercó, precedido por un aliento capaz de matar moscas a veinte pasos:
- ¿Y vosh-shotrosh qué miráish? ¿Tam-m-bienn me vaishsh a recla-clamad algho?
- ¡No!
- ¡No, no!
- ¡De ninguna manera Goro-sama! Sólo queríamos ayudarle, pero tal vez no necesite nuestra ayuda... En cualquier caso -señaló el kitsune al que había caído dormido, mientras comenzaba a registrar sus bolsillos-, éste no tardará en despertarse, y algo me dice que tendrá ganas de más bronca cuando lo haga.

Sólo ahora, cara a cara y de tan cerca, pudo Têru hacerse una idea de la edad real de Goro: su tamaño engañaba. Era más viejo de lo que a primera vista podía parecer. No debía rondar los sesenta, sino más bien los ochenta. Y sin embargo...

Goro le devolvió a Têru la mirada con ojos vidriosos y el ceño fruncido, arrugó la nariz... y soltó un fenomenal eructo antes de darse la vuelta y seguir tambaleándose por el puerto.

(CONTINUARÁ)

08 abril 2014

Consejos para los Timey Wimeys

¡DING!
Habéis visto. Habéis leído. Habéis investigado. Habéis escrito. Con el plazo de entrega de vuestros timey wimey a la vuelta de la esquina, me llegan algunas preguntas. Queréis una explicación y como simio vuestro que soy, yo os la voy a dar.

- Sí, los ensayos pueden presentarlos más de una persona.

- Sí, podeis presentar más de un ensayo.

- Sí: el plazo de recepción de obras finaliza este domingo 13 a las 23:59:59 CEST. No penséis qué ocurriría si vuestro ensayo queda desplazado un segundo en el tiempo: evitadnos tener que arrastrar la Tierra (otra vez) desde la Cascada de la Medusa y ENVIAD LOS ENSAYOS ANTES.

- Queremos los mejores ensayos de los que seáis capaces para el domingo 13 a las 23:59:59 CEST. Que no tienen por que ser los mejores ensayos de los que seríais capaces con dos días, tres semanas o cuatro años más. Si vemos que un ensayo que nos gusta puede mejorarse, lo recomendaremos al autor para que salga lo mejor posible: habrá algunos días entre el lunes 14 y el anuncio de los ganadores el miércoles 23, y entre otras cosas servirá para esas mejoras, antes de que tomemos una decisión definitiva.

- Eso no quiere decir que nos envieis ensayos "a medias" o "proyectos de ensayo". Pero si habéis intentado algo demasiado ambicioso y sólo habéis completado una parte, mejor enviadnos esa parte completa que nada.

- De la misma manera, si acabado el plazo de entrega (porque sabemos que, como al Doctor, os gustará acercaros lo más posible al final de la cuenta atrás, para darle emoción) vemos que habéis escrito algo que conjugaría bien con otro de los ensayos (por temas similares, por ejemplo), os pondremos en contacto para que podáis sinergizar a gusto.

Y sobre todo, no parpadeeis. Si parpadeáis se acaba el plazo.

04 abril 2014

Por una "Doctor Who Magazine" española

(Traducción de la carta enviada a la Doctor Who Magazine)

Saludos desde Barcelona (la ciudad, no el... este chiste empieza a hacerse viejo):

Me llamo Marcos Muñoz, aka @KalElelVigilant. Quizás me recordéis de correos anteriores como "¡Se ha rodado un episodio multidoctor hecho por fans titulado El Mundo Imperfecto!" y el tuit sobre como el Doctor metacrisis pudiera ser un joven Doctor Cushing. O el par de libros (autopublicados) sobre la serie que he escrito (eso sería más raro. Pero os envié el primero, La Bendición de la Muerte Fatal, sobre la mitología de la serie). Lo sé: no hago más que dispersar, dispersar, dispersar, la TARDIS no ha ha terrizado en ninguna parte y ni siguiera hemos tenido un monstruo o asesinato pre-créditos. ¿Te lo puedes creer?

También soy el tipo que os escribió hará algunos meses preguntándoos qué habría que hacer para conseguir que exista una versión española de la DOCTOR WHO MAGAZINE. ¿Necesitais una base de fans? La hay, aquí estamos. Nos reunimos por miles para la proyección de la película del 50º aniversario (y aquí en España fue a la 1AM. No, nada que ver con el cambio horario. Luego os lo explico). Tenemos clubs de fans activos como la Asociación Planeta Gallifrey o el "universo whovian" del (CF)3 catalán. Incluso hemos programado una aplicación que reúne la información de los principales blogs españoles sobre Doctor Who ("Whoesfera", disponible para Android).

¿Necesitais un proyecto? Desde una traducción directa de la versión británica a una revista nueva hecha desde cero, a cualquier otro proyecto intermedio (aunque preferiría que la gente no se perdiera las fantásticas entrevistas y reportajes. O el "Ask Steven". O el "Relative Dimensions" de Jacqueline Rayner). La forma exacta de la revista no es lo importante mientras siga teniendo el alma de la DWM.

¿Necesitáis una editorial? Existe una Panini España. Saben muy bien lo que se hacen, eso seguro que ya lo sabéis, y son una de las principales casas editoriales en el sector de las publicaciones del ocio y los televidentes. ¿Necesitais construir un equipo para que se encargue de la traducción y la redacción? Ellos son la gente a la que ir, y pueden contactar con la gente que conoce específicamente el whoniverso. Porque hacen falta en una empresa como DWM, lo sabemos: no basta con saber traducir o escribir (¡diantre!, yo mismo lo haré si permite que esto llegue a ocurrir; o ayudaré de la forma que sea a cualquiera que dirija un proyecto semejante).

¿Necesitáis una razón? Que Doctor Who Magazine es la mejor revista del universo... ¡y lo vuelve a ser cada cuatro semanas!
¿Acaso alguien puede necesitar otra razón?

Pero eso ya lo sabéis. Y ahora también sabeis que existimos. Que estamos.
Los fans españoles: estamos aquí. Esperandoos.

Por favor, ¡ayudadnos a hacer que esto se haga realidad! ¡¡Doctorizadnos!!

Toneladas de amor desde la ciudad de los perros sin nariz (no el planeta),

Marcos Muñoz

03 abril 2014

El Festival de los Cerezos/4

El ambiente en el pequeño puerto fluvial de Koyotei era el de todas las noches: licorerías caras con señoritas que buscaban compañía; licorerías baratas con señoronas igual de cariñosas aunque menos agraciadas; licorerías sin señoritas en las que se jugaba a las cartas y al go, donde se apostaba fuerte y en cuyas mesas se discutía de amor, muerte y trapicheos; fumaderos algo vacíos, e incluso un desvencijado local de espectáculos en los que se cantaban canciones picantes y se bebía, se fumaba y se manoseaba todo lo que se podía.

Preguntando por Goro, el pequeño grupo de Têru pronto oyó decir que le habían visto empinando el codo en "La Garza Gris", una de las licorerías más baratas y atestadas de la zona. Pese al gentío, no les costó ver lo que a todas luces debía ser él: estaba junto a la barra, era un hombre alto y gordo, muy viejo, de barba y bigotes blancos y desordenados y cabeza bastante calva. A su lado había un joven risueño que parecía darle conversación sin demasiado éxito. Era Roki: llevaba días sin aparecer por la zona desde que tuvo una pelea por una chica; el dueño de "La Garza" debía haberle perdonado ya, porque Têru vio como salía de detrás del mostrador e invitaba al redimido Roki a una copa, con aire muy amistoso.

El kitsune y alguno de sus amigotes fueron hacia la barra. Sería imprudente decir "directamente": la cantidad de gente que conseguía apretarse entre aquellas cuatro paredes dificultaba tener algo de espacio propio, y a veces incluso respirar. Cuando ya estaban hacia la mitad del local, Têru se dio cuenta de que por la puerta que habían dejado atrás entraban dos individuos malcarados: gorotsukis. No eran del pueblo, y empezaron a interrogar brevemente a los que se encontraban, que bien se encogían de hombros o señalaban hacia la barra.

Oliendo problemas (se había metido ya en demasiados como para no considerarlo un aroma familiar), Têru les dijo a sus compañeros que él se encargaría de conseguir algunos tragos, y que esperasen mejo fuera, en el muelle. De camino a la barra, fue haciendo gestos a una de las camareras para llamar su atención. Enseguida consiguió dos botellitas de licor de melón, y con ellas se aproximó a los dos gorotsukis, interponiéndose justo antes de que alcanzaran a Roki y el anciano alto que debía ser Goro.

Têru se mostró encantador, como sabía serlo cuando le interesaba. Casi convenció a los dos tipejos de olvidar por un momento lo que fuera que habían ido a hacer allí y disfrutar de aquel licorcito.
- No se va a mover de ahí -le dijo uno al otro.

Roki percibió entonces la presencia de Teru y aquellos dos hombres, y captando rápidamente la situación se apuntó a la fiesta con un brindis, distrayéndoles del todo.
- Se les nota preocupados, amables caballeros -dijo Têru.
- Goro nos debe dinero.
- Se lo debe a nuestro jefe, así que es nuestro problema -dijo el otro. Parecía que necesitaban dos cabezas para acabar de concebir una sola frase. Têru creía que sólo a ciertas especies raras de gigantes les ocurría aquello.
- Llevamos meses siguiéndole la pista.
- Es escurridizo.
- Bueno -interrumpió Roki-, no será tanto dinero. ¿De cuánto estamos hablando, señores?
- Setecientas cincuenta y tres.
- De oro.
Roki abrió mucho los ojos:
- ¡Uf! -se encogió de hombros, señalando con la cabeza al viejo y su ropa cochambrosa-. Dudo que las lleve.
- Nuestro jefe también nos dijo que hacer en ese caso -dijo el uno al otro con una sonrisa simple, aviesa y brutal.
(CONTINUARÁ)

26 marzo 2014

El Festival de los Cerezos /3

Cuando las cosas se hubieron calmado un poco, Ikari habló:
- Debo agradeceros a ambos vuestro empeño -empezó a buscar en su bolsa de viaje-. Baba Wakahisa, os habia traido un bonito arreglo floral, pero siento que estas viles criaturas lo han echado a perder.

Su mueca de descontento al ver el estropicio divirtió a la bruja del pelo blanco:
- Flores ensangrentadas. Muy oportunas -las aceptó-. Seréis mis invitados y volveréis conmigo a Koyotei cuando haya terminado los preparativos, me tomarán aún un par de días. Es extraño -reflexionó-. No: es absurdo. Esos apestosos son malvados y rencorosos, pero son criaturas subterráneas, odian la luz del sol. ¿Por qué iban a venir aquí a pleno día? -miraba con atención la orgía de sangre que sus visitantes habían esparcido en legítima defensa por el claro-. No siento que hubiera manipulación mágica en ellos.
- ¿Qué sabeis de ellos? -inquirió Kousei, empezando a buscar en los cadáveres alguna explicación para su comportamiento: no eran jorobados como al principio les había parecido, sino que llevaban ocultas pequeñas mochilas en las que guardaban objetos de muy distinta procedencia, y en la mayoría de casos claramente fabricadas para seres de tamaño humano-. ¿Suelen ser tan violentos?
- Son mites -explicó ella-. Yokai menores, parientes de los kami y de las hadas, pero más terrenales. Viven en cavernas y túneles bajo tierra, y aunque son crueles no suelen atacar sin provocación. No es nada normal que busquen problemas, y aún menos en estas condiciones. Esto es muy extraño.
Cogiendo una pala que había junto a la casa de Wakahisa, y tras pedir permiso para ello, pues después de todo aquel era un "bosque de bruja", Kousei comenzó a excavar tumbas para todos los atacantes.
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En Koyotei, mientras tanto, también anochecía. Ahei Hiro, el enorme dueño de la hostería "Las 12 Casas" miraba con un punto de tristeza a su protegido Teru.
- ¿Donde vas a dormir hoy? -preguntó el posadero. Teru había cantado, bailado, reído y bebido cuanto sus escasos recursos le habían permitido desde antes incluso que el sol comenzase a declinar. Empezaba a encontrarle el punto al sake. Algunos de sus compañeros de fiesta proponían ir a los tugurios del puerto para acabar de liarla en el embarcadero.

Hiro insistió:
- Tienes que hacer algo con tu vida, Têru. Muchos chicos de tu edad van a tratar de superar el grado de maestría en estas fiestas. Y tú podrías si quisieras, estoy seguro, pero aún no sabes ni qué quieres ser. Y desde luego no te veo como maestro de nadie.
Teru sonrió con su encanto habitual y se inventó un par de excusas tranquilizadores que no acabaron de convencer a Hiro. Sentía que estaba perdiendo un tiempo magnífico hablando, cuando podría estar ahí fuera disfrutando. Al cabo de poco se reunía con sus compañeros de camino al puerto:
- ¡Aquí está el zorro de la suerte, muchachos!
Teru, el kitsune de morro y cola blancos, y sus tres compañeros de fiesta humanos -a dos de ellos les había conocido hacía una hora- salieron con provisiones de "Las 12 casas" y entre cánticos de taberna enfilaron la avenida principal de Koyotei de camino al Este.

Cerca del pequeño dojo de Kuroshiwa Yumeiko, la comitiva encontró a la tengu departiendo con el ilustre "sen" del pueblo, el hechicero Tachibana Kokomo. Estaban serios, preocupados incluso, a juzgar por Teru. Kuroshiwa enarcó una ceja cuando el grupo se le acercó:

- Vaya, pero si es el comité de fiestas de Koyotei con su honorable presidente a la cabeza, el gran Maestro Zorro.

- ¿Dónde vais a estas horas, muchachos? -preguntó el mago. Aún no había llegado a los 50 años de edad, pero Teru sospechaba que había sido igual de serio y de calvo toda su vida.

- ¿Dónde quieres que vayan? -replicó la tengu-. Van al puerto, por supuesto.
Teru hizo una profunda reverencia:
- Sensei Tachibana, sensei Kuroshiwa. ¡Ya saben que son bienvenidos a esta fiesta! ¡Cantaremos, beberemos y reiremos como si la luna tuviera que llevarnos al otro mundo! En nuestra pequeña jauría no hacemos distinción de raza, género o edad, y lo mejor de todo, las risas y las chanzas están garantizadas...Además -añadió inspirado, mirando a las estrellas-: no hay nada de lo que preocuparse, ¿verdad? -y dando un par de pasos hacia los dos adultos, repitió en voz más baja-. ¿Verdad?
- Nada en absoluto -dijo la tengu-, más que de aprovechar el día y la noche.
Teru decidió que mentía fatal, y que la calva de Tachibana pareciese palidecer ante la pregunta no hizo sino acentuar sus sospechas.
- Tened cuidado si vais al puerto -añadió el mago-, últimamente hay más gorotsukis de lo recomendable. Nuestro ilustre capitán Po debería hacer una redada -¿gorotsukis? ¿Elementos violentos en el puerto? Vaya...
- ¡Oh! Y hablando de elementos pintorescos: he oído que vuelve a andar por allí el viejo Goro el Borracho -añadió Yumeiko.
- ¿Goro? ¿Pero aún vive ese hombre? -se asombró el mago-. Lleva toda la vida rondando por la provincia, desaparece cuando lo echan y siempre vuelve... Ése ha trasegado más alcohol en sus años que los alambiques de una destilería.
Por supuesto que Teru había oído hablar de Goro: era la leyenda de todas las tabernas. Si tenía una oportunidad de conocer al borracho más borracho de aquellos pagos, no podía desperdiciarla.
(CONTINUARÁ)

21 marzo 2014

Des del passat: Daniel Anglès i Patrícia Paisal

Fa molt de temps... concretament el 25 de gener de 2002... acabat de tornar del viatge de noces, portava jo ja un parell treballant a WorldWide Radio. Però aquell dia en concret vaig poder entrevistar a dues persones que m'encanten  sobre un dels temes que m'apassionen: el musical. A una d'elles la vaig conèixer aquell mateix dia i tot i que no parlava gaire i que era una noia molt joveneta, es notava ja que la Patrícia Paisal tenia les idees molt clares sobre la feina que havia escollit, i el camí que volia seguir.

Disculpeu si a estones se'm nota pedantot o massa entusiasmat: era tot just un pipiolo que començava i tenia la oportunitat de passar una estona xerrant del que em trastocava amb gent a la que admiro. Ben pensat, han passat 12 anys i encara ho sóc i encara els admiro. I encara em trastoca...

Àudio complet:
Redux en vídeo:

19 marzo 2014

El Festival de los Cerezos/2

- Saludos venerable anciana -saludó el joven errante con una breve pero firme inclinación, antes de atarse la horca a la espalda-. Mi nombre es Kousei y soy un viajero de vuelta al hogar.

La anciana de largos cabellos blancos, sin embargo, no apartaba la mirada del otro visitante, el de rasgos simiescos y pelo dorado:

- Bienhallada Wakahisa-sama -intervino aquel con una sonrisa radiante-, he venido a buscaros a vos, pues el Festival de los Cerezos se acerca y pronto tendremos de nuevo el inmenso honor de recibir vuestra visita. Esta vez me dije "seguro que un poco de compañía le hará el camino más agradable" -la mirada de la anciana dejaba a todas luces clara su desconfianza. Ikari carraspeó-. Tampoco os negaré que he venido buscando conocimiento, y ¿quién mas instruida que vos en toda la región?

- Zalamero -dijo ella con algo parecido a un reproche, aunque luego sonrió-. Sabes como tratar a una baba. Aunque por un momento casi creí que habías venido a hacerme compañía y no por el interés, como siempre. Casi.

Durante su intercambio, Kousei había parecido abstraído, perdido en los sonidos del bosque:
- Se oyen ruidos por el camino de la derecha -dijo entonces-. ¿Esperáis más visitas, venerable?
- Es un bosque -respondió ella-, siempre hay ruidos -Ikari tampoco oía nada digno de mención. Y entonces-. ¿Pero qué...?
Por el camino del Este acababan de aparecer dos seres azules de apenas un metro de altura, la mayor parte de ella debida a sus grandes cabezones. Lo cual era una lástima, considerado lo terriblemente feos que eran. Vestían ropajes harapientos y empuñaban unas dagas diminutas, casi meras esquirlas de metal, tan toscas como peligrosas. Venían moviéndose con un enorme sigilo, pero al llegar por fin al claro y ver al grupo allí reunido, sonrieron aviesamente. Wakahisa abrió mucho los ojos al verlos, y compuso una mueca entre la sorpresa y la repulsa.

Tras la pareja de azulillos cabezones apareció un tercero, con la particularidad de que éste iba montado sobre una  araña negra de dorso rojo, tan alta como cualquiera de los allí reunidos y tan gruesa como todos ellos. Durante un momento la escena parece congelarse así, mientras todos se miraban.
- Yo me ocupo de la araña -dijo Wakahisa con voz queda-. Deshaceos vosotros de esos apestosos.

Casi se diría que era una señal acordada: Kousei se lanzó con celeridad suprema hacia la primera de las feas criaturas. Echando mano a la horca que acababa de guardar, ensartó al hombrecillo azul, que un momento después se desplomaba sobre la hierba en un mar de sangre, tan roja como la de cualquiera. El otro hombrecillo gruñió algo ininteligible y una forma neblinosa que recordaba a una calavera salió de su boca, impactando contra Kousei y se dispersó como el humo que era.

No muy lejos Wakahisa daba un paso hacia la enorme araña. Su blanca cabellera se agitó movida por un viento inexistente y pareció entonces adquirir vida propia. Dos mechones serpentearon por el aire, estirándose casi tres metros hasta enredar la cabeza y las patas delanteras de la araña e impidiéndole avanzar o retroceder.

Recuperándose de su estupor, Ikari corrió a refugiarse tras un árbol solitario que crecía en el claro, cerca de donde luchaba Kousei. Señaló en su dirección: con un rielar del aire, apareció tras el azulillo un águila magnífica de plumas doradas que cosió su fea cabeza a picotazos y arañazos con sus fuertes garras. En pocos momentos el invasor estaba tendido en el suelo con un ojo menos, inconsciente o peor.

- ¡No os relajeis! -exclamó la bruja de pelo blanco, forcejando aún con el desproporcionado arácnido-. Ahí vienen más.

En efecto: de entre los matorrales surgieron otros cuatro pequeños seres, tan azules y tan feos como los primeros; más era difícil. Los que pasaban junto a sus compañeros caídos miraron a los jóvenes viajeros con inquina. La horca de Kousei comenzó a volar de un lado a otro, como si estuviera poseida, derribando por la firme mano  del errante a otros dos apestosos azulillos.

- Ikari, ¡permanece detrás mío!

Uno de los invasores se lanzó sobre Ikari y le clavó en la pantorrilla la sucia esquirla de metal que blandía:
 - ¡Aargh!
Kousei respondió, saltando como un resorte hacia él y terminando con su miserable existencia. El hombre-mono decidió aprovechar el momentáneo respiro para dibujar unos kanji arcanos en el aire: el dibujo destelleó una vez como polvo de oro y de deshilachó en un montón de trazos que formaron una suerte de armadura kikko alrededor de Ikari. El águila daba buena cuenta de los otros cabezones, pero esto distaba aún de haber terminado:

Wakahisa estaba ganando la pugna contra la araña, mientras el que la montaba le hincaba los flancos y trataba de excitarla para que reaccionara y se librara del cabello encantado de la anciana del bosque. Entre los pies de su dueña, el pequeño lagarto correteaba nervioso, y se detuvo expectante cuando la bruja le partió la cabeza a la araña y atrapó, antes de que pudiera huir, a su jinete..

- ¡Aquí llega el grueso! -exclamó la bruja.
Seis enanos azules más aparecieron en el claro del bosque, en esta ocasión lanzando dardos contra Kousei e Ikari. Los dos viajeros se protegieron tras el árbol. Uno de los feos invasores lanzó una nube-calavera contra el águila que ya había abatido a dos de sus compañeros, y el plumaje del animal se erizó, sobrecogido por aquel extraño fenómeno.

El errante parecía crecerse a medida que la lid avanzaba y el número de enemigos iba en aumento. Parecía una persona muy seria y contenida para su edad, a menudo impetuosa, pero ahora que podía poner en práctica su destreza marcial también se le notaba una sincera alegría por ello. Se movía por el campo de batalla como un verdadero torbellino, repartiendo muerte azul y roja: hincó la horca en el pecho del azul más cercano, y tras derribarlo le atravesó de parte a parte la pierna a un segundo, con un estallido de tendones.
- ¡Aguanta, Ikari!
Los últimos supervivientes de la incursión no parecían decidirse por la opción más sensata, la retirada: uno de ellos pilló a Kousei por detrás y le hizo un feo corte en la pantorrilla, mientras Ikari, rodeado por otros tres, sacaba todo el partido posible al tronco del árbol: esquivaba como un loco. Cuando la daga de uno de ellos se quedó incrustada en la corteza, a un palmo de su cuello, pudo darse cuenta que su simpleza aparente escondía un diseño particularmente trabajado. El dolor le hizo salir de sus observaciones: otra de aquellas dagas estaba ahora alojada entre sus costillas.

El águila se sacudió de encima el miedo que la atenazaba: aunando sus garras con la horca del errante Kousei, pronto dieron cuenta de todos los invasores azules. Wakahisa arrojó el cadáver del último junto a sus compañeros. Mas no toda la vida vertida aquella tarde salía de cuerpos azules:
- Baba, por favor, ¿podéis hacer algo? -dijo Kousei, alarmado.
Ikari se desangraba como un cerdo, y notaba crecientes dificultades para respirar. La bruja se aproximó a él y le apartó las ropas; frunció el ceño. Se encomendó brevemente a los espíritus, se frotó las manos repetidas veces y las aplicó sobre el pelaje sanguinolento de Ikari: las notó calientes, casi demasiado. Ante la atónita mirada de Kousei, Wakahisa sacó la daga del cuerpo del invocador: increíblemente, la herida se cerró al paso del metal, como si alguien hubiera hecho retroceder los segundos sobre ella. La baba Murmuró algo que sólo Ikari alcanzó a oír y que le dejaría pensando durante un buen rato.

"Venganza".

(CONTINUARÁ)

18 marzo 2014

"Esas horas de la noche" (2014)

El equipo de The No-Nose Dog Project consiguió ayer el 100% de su objetivo de crowdfunding, así que tendremos segunda parte de El Mundo Imperfecto: se acerca El Día de la Madre. ¡Felicidades, y gracias a todos los mecenas!

Pero antes incluso de que El Día de la Madre estuviera financiado, ya apareció una primera secuela de El Mundo Imperfecto que, a modo de minisodio, nos siguió dando más de lo que queríamos: Esas Horas de la Noche, que así se titula, está escrito por el gran imperfecto Sergi Paez, y dirigido por Marta Romero. Esas Horas sigue fielmente la tradición de la miniserie de minisodios oficial "Night and the Doctor" que acompañó al lanzamiento en DVD de la T6: tanto por el título como por el contenido, una conversación nocturna entre tripulantes de la TARDIS; entre aventuras, con un matiz mucho más personal que el que la serie permite imprimir. En este caso, una charla entre el Décimo Doctor (Mat Cruz) y Rose (Rebeca Sánchez) sobre el espinoso tema del amor. Concretamente el amor de los Señores del Tiempo.

Empecemos por el tema argumental: Esas Horas de la Noche, por su elección del tema y el evidente añadido del quiero-y-no-puedo entre Diez y Rose, tiene un matiz muy, muy de fanfiction. Es una de las estrellas del género. Su puesta en imágenes tiene pros y contras: Mat en pijama es un grado menos Doctor, aunque el rosa de Rebeca realce su Rose. Esto es importante: El Mundo Imperfecto nos apelaba como fans, pero Esas Horas de la Noche ya directamente nos tiene que convencer porque no se trata de un homenaje ni una sucesión de momentos festivos. Esas Horas de la Noche va a la yugular de los sentimientos. Tenemos que creernos al Décimo y a Rose, cuanto más mejor, para que nos importe esta pequeña historia, para que realmente nos afecte. El baile de la pareja, que nos recuerda el de El Doctor Baila, es un buen punto a favor.

Mostrarnos la habitación del Doctor es otra osadía genial pero que tiene los mismos dos filos: pese a que las tomas iniciales de Rose nos situan en la TARDIS, la iluminación y las dimensiones generales del dormitorio nos dificultan un grado más la suspensión de la incredulidad. Es evidente que esto no es la BBC y que seguimos hablando, aunque a veces nos cueste recordarlo, de un episodio fanmade, pero cabe siempre tenerlo en mente también a la hora de plantear retos demasiado ambiciosos.

A favor de esa suspensión está la construcción del guión, especialmente la bien llevada evocación de la sociedad de Gallifrey y sus problemas "maritales", y como eso afecta al Doctor. No se trata ya sólo de que los humanos sean efímeros, sino de que los Señores del Tiempo son, indefectiblemente, por diseño, volubles. Por supuesto también está el nivel de actuación: Mat y Rebeca llenan muy bien sus personajes en ese sentido, y logran hacernos creer el debate y la lucha interna que están sosteniendo los dos. Rebeca, personalmente, me sigue fascinando: es genial la manera en que ha logrado hacer suya a Rose, quitándole algo de lo vulgar que tiene el personaje pero manteniendo sus señales de identidad y sus obsesiones. Mat lucha en esta ocasión contra su pijama -aunque ya vimos a Tennant con él en su primer especial navideño- pero tirando del carisma galifreyano y del propio duelo interno del personaje, consigue convencernos.

En el apartado de la cinematografía y la edición hay algunos aspectos menos logrados que en El mundo imperfecto, a la ya mencionada iluminación se añaden algunas uniones entre planos un tanto extrañas. La duración es un tanto excesiva, 11 minutos para una secuencia intimista es a todas luces excesivo: los minisodes oficiales de este estilo se encuentran más bien alrededor de los 3-5 minutos. El ritmo es una de las grandes bazas de Doctor Who, entendido de la manera moderna: con un sólo tema, no hay cambio de escena o tema posible y eso invita a la concisión.

Por eso resulta tan radicalmente interesante el final del corto, con ese cameo breve, intenso y divertido del Undécimo Doctor de Carles Quero (y ¿Lawrence de Arabia?), que en 30 segundos consigue convercernos de nuevo de que sí, esto es fanmade, pero esto es Doctor Who, nenes. En definitiva, esta nueva dosis imperfecta sigue apostando alto, y no siempre ganando la apuesta, pero en su conjunto nos sigue convenciendo por su combinación de ingenuidad, dedicación y capacidad de acercamiento.

EXTRA