24 mayo 2019

Arriba el telón: 9 críticas (y van 97)

   Con estas nos ponemos al día. Las siguientes nueve críticas publicadas en EnPlatea.com (casi todas con un componente musical) son las primeras de 2019, un año en que el desafortunado cierre de la revista SFX me ha permitido volver más al teatro. ¡La centena está a la vuelta de la esquina!

89. "Imparables!, catalanismo a cuatro voces (más una)" (16 de enero)
90. Federico García: "Pep Tosar y las muchas caras de Lorca" (1 de febrero)
91. "Metamusical en vena (y en inglés) con [title of show]" (11 de febrero)
92. "Viejos Hazmerreíres: Les Luthiers a medio gas" (14 de marzo)
93. El somriure al peu de l'escala: "El payaso insatisfecho" (12 de abril)
94. Em dic Fanny Brice: "Raquel Jezequel se llama Fanny Brice" (2 de mayo)
95. "Dragon Ball Symphonic Adventure: Genki-Dama musical" (17 de mayo)
96. Jo dic sí: "Anna, Andreu y... Sandra" (22 de mayo)
97. Todas las noches de un día: "Thriller telúrico con Carmelo Gómez y Ana Torrent" (24 de mayo)

Críticas 2015: 1 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42
Críticas 2016
: 43 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 2017: 75 a 79     Críticas 2018: 80 a 88
 
Críticas 2019: 89 a 97

22 mayo 2019

Arriba el telón: 9 críticas (y van 88)

   Llegamos a las críticas escénicas que escribí para EnPlatea.com en 2018. Seguía trabajando como redactor jefe de la revista SFX, y empezaba a ejercer como corrector de comics Marvel en Panini, pero aún así este año conseguí subir de cinco a nueve reseñas, incluyendo mis primeros conciertos de lied. Y eso que empecé tarde: la primera es de julio...

80. GREC 2018. Shenzhen significa infern: "Shenzhen denuncia con trampas" (18 de julio)
81. GREC 2018. Només una vegada: "Violencia disfrazada y redirigida" (25 de julio)
82. Immortal: "¿Quién quiere vivir eternamente?" (14 de septiembre)
83. LIFE VICTORIA 2018. "Josep-Ramón Olivé triunfa con Mompou en el primer recital Life 2018" (1 de octubre)
84. LIVE VICTORIA 2018. "Ruth Iniesta lleva el centenario de Bernstein al festival Life 2018" (8 de octubre)
85. ¡Mira, mamá, soy cabaretera!: "No le digas a mamá que soy humorista" (3 de noviembre)
86. 24 hores a la vida d'una dona: "Pasión arrebatadora" (15 de noviembre)
87. Una galaxia de músiques: "La OSV lleva el Palau de la Música de ciencia ficción" (23 de noviembre)
88. "#LIFESPOILER, o luchar contra el destino en tiempos de Twitter" (27 de diciembre)

Críticas 2015: 1 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42
Críticas 2016
: 43 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 2017: 75 a 79     Críticas 2018: 80 a 88
 
Críticas 2019: 89 a 97

21 mayo 2019

Arriba el telón: 5 críticas (y van 79)

   Llevaba tiempo sin actualizar mis críticas escénicas para EnPlatea.com, así que las iré dosificando. Al empezar mi trabajo como redactor jefe de la revista SFX tuve que reducir mis excursiones teatrales, así que de las 42 reseñas de 2015 pasamos a las 5 de este 2017, con las que llegamos a las 79 reseñas.

75. "Una navidad con El Petit Príncep" (5 de enero)
76. "Jane Eyre: Principios a prueba de bomba" (7 de marzo)
77. La música de las galaxias: "Este sí es el concierto que estáis buscando" (30 de mayo)
78. Paradise: "Cuando el sexo es solo calor" (31 de octubre)
79. Las aventuras de Hércules: "De cero a héroe" (24 de noviembre)

Críticas 2015: 1 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42
Críticas 2016
: 43 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 2017: 75 a 79     Críticas 2018: 80 a 88
 
Críticas 2019: 89 a 97

17 mayo 2019

MdT2: Incluso el propio tiempo (y XIV)


Madrid, 11 de julio de 2016
   Espínola fue el primero en romper el incómodo silencio que siguió:
   - Disculpe, señorita: creo que no nos conocemos. Ambrosio Espínola, grande de España, a su servicio.
   - Nieves Gálvez, responsable de I+D del Ministerio.
   - Un placer. ¿Cómo pueden desvanecerse las estrellas?
   - No sé cómo, pero está pasando. Hace dos noches, una astrónoma aficionada en Menorca detectó que faltaba una de las estrellas de la constelación de Escorpio. He estado investigando, y en 1763 el astrónomo francés Nicolas Louis de Lacaille publicó un libro con las constelaciones que había estado catalogando en el hemisferio sur, pero dos años después tuvo que publicar una corrección respecto a dos estrellas de la constelación Mensa, Delta y Zeta, que nadie más lograba localizar. Ambas estaban a unos 400 años luz de nosotros.
   - Bueno, pero...
   - No sé si recuerdan que antes las Pléyades eran 9, hasta que en 1770 Charles Messier constató que Celeno, a 430 años luz, había desaparecido de repente.
   - Las estrellas nacen y mueren...
   - Hace década y media se apagó Cisne 61, a solo 11 años luz de nosotros. En ninguno de los casos hubo explosiones ni se las tragó ningún agujero negro. Desaparecieron de un día para otro.
   - ¿Y cuál es su teoría? -preguntó finalmente Salvador.
   - Teniendo en cuenta que todas las desapariciones súbitas de estrellas que he conseguido catalogar desde Galileo se han producido en orden creciente de proximidad, excepto esta última, creo que algo está destruyendo las estrellas, y que se acerca a la Tierra.
   - Has dicho que Celeno estaba más lejos que las estrellas de Mensa -señaló Irene.
   - Se descubrió 7 años después, pero está unos 20 años luz más lejos, así que pasó antes.
   De pronto llamaron a la puerta del despacho. Era Angustias:
   - Salvador, ha venido don Alonso con Julián. Insisten en que tienen que hablar urgentemente con usted.
   - Ahora no es el mejor momento -declaró el Subsecretario señalando todo el despacho con las manos.
   - Dicen que han encontrado a Amelia.
    
Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   Las antorchas recorrían la ciudad de punta a punta, sobre los puentes, entre los jardines, bajo los acueductos. Algunos se aprestaban al combate, otros recogían sus pertenencias o retiraban escombros de los cañonazos españoles. También había quien saldaba antiguas rencillas: había muchos pueblos mexicas y no todos estaban de acuerdo con el actual gobierno del imperio azteca. De hecho, el grueso de las fuerzas de Hernán Cortés estaba compuesto por ellos.
   En el caos controlado de la primera noche del Sitio de Tenochtitlán, Cuitlahuac y Amelia Folch se buscaban con aviesas intenciones. Él había viajado al futuro para vengar la afrenta de los invasores, y ahora se encontraba demasiado atrás, 5 años antes de entregar su alma a la Serpiente de Fuego y escuchar los secretos que permitían matar al tiempo y esquivarlo. Pero iba a aprovecharlo: encontraría a la falsa sacerdotisa y la sacrificaría en el pozo para abrirle la puerta a su señor, tal y como le había prometido.
   Amelia se había provisto de una macana, una porra con filos de piedra. No tenía ninguna idea de cómo utilizarla, pero se defendería del azteca que la había traído hasta aquí como pudiera. Y si tenía que evitar que le franqueara el paso a aquella aberración que se removía en el pozo, aquella nada infecta y ponzoñosa, enemiga de todo, daría su vida en el empeño.
   De pronto, pese a sus furtivos recorridos, se encontraron frente a frente en uno de los pasillos vacíos del mercado al que llamaban tianguis de Moyotlan. Amelia cogió la macana con las dos manos y apretó los labios. Cuitlahuac desenfundó la daga ceremonial curva con la que se había hecho en el viejo templo en ruinas.
   - Allí atrás se encuentra la casa de Xipe Tótec -dijo en español para que Amelia le entendiera bien-. Te desollaré viva en su honor, y luego llevaré tu cuerpo sangrante hasta el pozo...
   - Puedes intentarlo -escupió Amelia por toda respuesta.
   Cuitlahuac cambió la daga de mano un par de veces y se lanzó furioso contra Amelia.

Madrid, 11 de julio de 2016
   Julián y Alonso estaban acabando su explicación cuando Angustias volvió a entrar:
   - Señor, nos comunican que hemos perdido todas las puertas del siglo XVII y casi todas las del XVI.
   - ¿Pueden hacer algo? -preguntó Salvador a Nieves. Esta ya iba hacia la puerta.
   - Podemos... intentar repetir los cálculos con estrellas más lejanas. Parece que las que están a al menos 500 años luz de distancia no han sido afectadas aún. Será complicado pero podríamos trampear cálculos y recuperar algunas...
   - Inténtelo. Necesitaremos conectar con Ramón Velasco, era nuestro agente dentro de la expedición de Cortés. En su camarote tiene el armario que luego pasó a manos de Gil Pérez. Y una cosa más -añadió cuando la ingeniera ya salía por la puerta-. Dígale a su compañero de la barba, Marcos, que venga aquí.
   Nieves asintió y se fue corriendo hacia I+D, esquivando por el camino a soldados romanos y campesinos del XVIII.
   - Con ese hablé yo -añadió Velázquez.
   - Sí, recuerdo lo que puso en el informe sobre los tatuajes del azteca. No nos sirvieron para localizar a la señorita Folch ni... -Salvador miró un post-it que tenía sobre un marco de fotos vacío, donde ponía "Juan Perucho. Juez. Escritor. Antes de que desapareciera de la línea temporal se había escrito aquel recordatorio en Loarre-... al señor Perucho. Pero hay algo más en sus notas...
   Entonces se oyó un grito de Angustias,  y la secretaria entró en tromba en el despacho.
   - ¡Pongan la tele! -dijo mientras corría tan rápido como le permitían sus tacones hacia el aparato.
   - ¿Qué canal?
   - ¡Todos!

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   Amelia tenía a su favor una rabia insólita que corría por sus venas y un arma con mucho más alcance que la de su oponente. Cuitlahuac sabía que la europea acabaría cansándose pronto, y con su entrenamiento de jaguar esquivaba contínuamente sus envites, haciendo que retrocediera. Pese a su amenaza, no podía arriesgarse a despellejarla en el templo de Xipe Tótec: el sacrificio debía llegar íntegro hasta el pozo.
   Se distrajo y uno de los mazazos de Amelia le alcanzó en el pecho: las hojas de obsidiana dejaron su dolorosa marca en todo el torso, de parte a parte. Era escandaloso, pero superficial. Apretó los dientes y se lanzó hacia adelante mientras Amelia aún recuperaba el impulso de la macana. Para evitar que cerrara distancias, ella dio un paso rápido hacia atrás, justo como esperaba el azteca: la agente del Ministerio tropezó con unos escalones que ascendían hasta el nivel superior y perdió el equilibrio. Cuitlahuac se abalanzó sobre ella con la cabeza baja y acabó de derribarla con un testarazo en el vientre. Amelia escupió todo el aliento de sus pulmones y se golpeó la nuca con un escalón, perdiendo el conocimiento.

Madrid, 11 de julio de 2016
   Televisión Española. La CNN. BBC World. Al-Jazeera. Todos los canales estaban dando la misma noticia en directo, desde todo el mundo. Expertos de toda clase iban siendo entrevistados, mientras en un recuadro más o menos grande se repetía la misma imagen en cualquiera de las transmisiones: una esfera brillante con una espiral oscura que iba desde los bordes hasta su centro.
   - El sol.
   - ¿Qué le está pasando al sol? -preguntó Velázquez al borde de la histeria.
   - Lo mismo que al resto de estrellas que han desaparecido -apuntó Irene con más frialdad.
   - Esto se nos va de las manos -declaró Salvador-. Podemos arreglar la historia, pero... los astros...
   - ¿Y si está todo relacionado? -sugirió Julián-. Yo soñé algo que no pasó pero que apunta hacia dónde está Amelia.
   - Eso suena a cambio en la Historia -admitió Irene.
   - ¡Pero no tendría que afectar las estrellas! -rebatió Espínola.
   - Las estrellas y las puertas están relacionadas -dijo Alonso-, eso ha dicho la dama Deímas. ¿Y si también se relacionan al revés?
   - Nieves dice que la estrella más lejana que ha desaparecido estaba a 460 años luz -Salvador se puso las gafas y repasó uno de los volúmenes que había consultado hace poco-. La fecha del sitio de Tenochtitlan es 1521, hace... 495 años. Cabe asumir que podría haber desaparecido alguna más antes sin que quedara constancia escrita. Y desde entonces las desapariciones se han ido acercando. ¿Y si el destino no es la Tierra... sino que es el origen? ¿Y si hay algo que empezó hace 495 años aquí y se ha estado reservando el postre para el final?
   En ese momento entró en el despacho Marcos de I+D. Salvador le interpeló directamente:
   - ¿Quién puede comerse las estrellas?

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   Cuitlahuac se cargó a Amelia al hombro y atravesó dos distritos de Tenochtitlan para llegar hasta el templo en ruinas. Los hombres que había dejado de guardia alrededor del pozo habían sido requeridos para otros menesteres, pero tal y como habían acordado, en su lugar habían dejado a dos fornidos Jaguares con macanas, vestidos con el uniforme de cuerpo completo de piel azul, y el casco a juego con las mandíbulas cerradas a modo de visera.
   - Xapotla kaokoayan -dijo el más alto de los dos. Sí, era el momento de abrir la puerta.
   - ¡Xiuhcoatl, serpiente de fuego! -gritó Cuitlahuac a los cielos, levantando el cuchillo curvo-. Te he alimentado con sangre, te he dado la venganza. Tú me llevaste hasta la tierra de los invasores y me trajiste de vuelta a casa. Estamos en paz.
   Inclinó la cabeza reverencialmente y acercó su cuchillo al pecho para que bebiera de la sangre que le había arrancado Amelia. Luego señaló con la daga hacia el pozo.
    - Voz misteriosa: tú me revelaste el secreto de la Serpiente, tú me susurraste el modo de cumplir mi venganza y ahora es el momento de pagar.
   Amelia comenzaba a recobrar el conocimiento. Oía las voces que daba el azteca en su lengua. Abrió un poco los ojos y, a la luz de las antorchas, vio que tres hombres armados la rodeaban en un solar en ruinas. Por el rabillo del ojo, supo que estaba al borde del impío pozo.

Madrid, 11 de julio de 2016
   Marcos solo había estado una vez en el despacho de Salvador, y ahora tenía delante a la cúpula del Ministerio. El subdirector, dos agentes de élite, Irene Larra, Velázquez, Espínola... Estaba un poco apabullado.
   - No tenemos tiempo. Literalmente. ¿Quién puede comerse las estrellas?
   - No, no sé...
   - Algo está destruyendo el sol. Algo ha destruído no se cuantas estrellas en el cielo. Está destruyendo nuestras puertas y puede tener que ver con la desaparición de Amelia Folch y Juan Perucho.
   - ¿Quién?
   - Ya, normal, ya no se acuerda.
   - A ver -Marcos recordó la conversación que había tenido con Velázquez meses atrás-. Le comenté a don Diego que el mexica llevaba un tatuaje muy extraño, la Serpiente de Fuego, Xiuhcoatl. Era el arma definitiva de la mitología azteca. Sí, podría destruír dioses, estrellas e incluso el tiempo.
   - Pero, ¿qué sentido estratégico tendría? -preguntó Espínola-. Incluso si alguien tuviera un arma capaz de destruir las estrellas, ¿para qué querría hacerlo?
   - Sería de necios -declaró Alonso- Y solo el emperador de los necios destruiría el sol.
   A Marcos se le encendió la bombilla:
   - El emperador no. El sultán.
   - ¡Los infieles!
   - No: el sultán necio de los demonios. Azathoth.

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   - ¡Azathoth, el grande! -clamaba ahora el entregado Cuitlahuac-. ¡Azathoth el definitivo! Cumplo mi promesa contigo...
   Amelia estaba tumbada en el suelo con las manos y los pies atados, pero consiguió retorcerse bruscamente y dio un golpe en los tobillos a Cuitlahuac que casi le hace caer en el pozo.
   - ¡Ponedla en pie! -dirigió a sus hombres que levantaron a la forcejeante Amelia. Y añadió siniestramente-. Es el momento. 

Madrid, 11 de julio de 2016
   Marcos les explicó que, según Lovecraft y los continuadores de su obra, Azathoth era una entidad destructora que aniquilaba todo lo que se le ponía a su alcance. Agujero negro y explosión atómica, antivida y antitiempo, Azathoth era el caos devastador final. El gusano definitivo.
   - Al sol no le queda mucho tiempo -dijo Irene.
  Salvador cogió el teléfono y llamó a I+D:
   - ¿Cómo vamos con la puerta de Ramón Velasco? Tiene prioridad absoluta... -En ese momento, todas las televisiones del mundo mostraron como la espiral negra en el centro del sol se expandía y lo engullía por completo. En el despacho se hizo un silencio sepulcral. Alonso y Espínola cayeron de rodillas. Salvador habló con una calma absoluta-. Hemos perdido el sol. Sí, ya imagino: sin el sol no podemos abrir nuevas puertas. Gracias, no se preocupe.
   Salvador colgó. Realidad o pura sensación, todos notaban cómo la temperatura iba bajando por momentos. 
   Tras pensarlo un momento, Salvador cogió otra vez el aparato y marcó un número. Un número largo.
   - ¿A quién llama? -preguntó Alonso.
   - Al único que puede arreglar esto. A usted.

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   Los dos Jaguares pusieron en pie a Amelia. Uno de ellos le gritó una imprecación sin sentido y ella se calmó de golpe.
   Cuitlahuac levantó el cuchillo, listo para clavárselo a Amelia en el corazón, cuando su ahora bilingüe cerebro acabó de captar exactamente lo que había dicho el Jaguar.
   - ¿Has dicho "Vive Dios"?
   - La costumbre -el Jaguar le dio un golpe certero con la macana en el centro del plexo solar que lanzó a Cuitlahuac derecho al fondo del pozo.
   Los soldados se quitaron los cascos: eran Alonso de Entrerríos y Juan Perucho. Amelia sonrió aliviada mientras la desataban:
   - Cuando desaparecisteis por la alcantarilla, volví al Ministerio y recibí una llamada de Salvador: me dijo exactamente dónde estábais. No sé cómo lo sabía, y el propio Salvador tampoco recordaba haberme dicho nada, pero miró el registro de llamadas y sin más explicaciones aceptó enviarme a la misión. Llegué con los hombres de Cortés, y me escabullí en una barquita en cuanto cayó la noche.
   - Me encontró en la pirámide -continuó Perucho-, y nos vestimos con los uniformes que había traído. No recordaba del todo el camino hasta el templo, pero llegamos a tiempo.
   - Justo a tiempo -admitió la agotada Amelia. Pero aún pudo añadir-. Hay que cegar este pozo.
   - Lo haremos, pero ahora hay que regresar...
    - Hay que cegar... el pozo -murmuró Amelia cuando empezaron a alejarse en dirección al lago.
   En la oscuridad, todas las estrellas se reflejaban en la superficie de las aguas. Y, en todos los siglos, el tiempo seguía lamiendo las orillas de la noche. Ellos remaban y, cuando se alejaron de la ciudad sitiada, en pos del barco que había de devolverles a casa, todos los ruidos fueron apagándose, excepto uno: la eterna voz de los insectos.
F  I  N

14 mayo 2019

MdT2: Incluso el propio tiempo (XIII)


Menorca, 9 de julio de 2016
   El viejo R-5 tomaba las curvas con suavidad, penetrando en las deseadas tinieblas de la noche cerrada. Clara necesitaba salir de Ciutadella: cada verano llegaba una horda de turistas, pero no era de ellos de quienes huía. Era de la luz. La intensa, desesperante polución lumínica de la urbe que le impedía contemplar como ella quería las estrellas. Por eso, en cuanto comenzaba julio cogía el telescopio que le regaló su hermano hacía 10 años y salía cada noche por la Carretera a Cala Morell. A mitad de camino, se desviaba por el camino de Algairens y metía el R5 por un sendero de tierra, pasaba tres grupos de árboles y un pequeño bosque y se detenía en la primera intersección. Sin tener que subir a ninguna altitud especial, aquel sitio era perfecto.
   Clara apagó las luces del R-5 y se quedó un par de minutos en el coche, acostumbrándose a la oscuridad. Cuando salió, mantuvo la mirada baja, sin querer contemplar aún hacia la bóveda celeste: sacó el telescopio y montó el trípode. Solo entonces se permitió la vista la Vía Láctea. Se sintió embriagada, sobrecogida. Y a la vez, el centro del universo. Sí, entendía porqué en el pasado la gente podía haber tenido aquella impresión, de que todo giraba alrededor de la Tierra.
   Quitó la tapa e hizo los primeros ajustes, orientando el telescopio hacia el sur. M20, la nebulosa Trífida, hoy se localizaba de maravilla. Le costó un poco más dar con M11, el Pato Salvaje. Su objetivo hoy era el Triángulo del Verano (Altair, Vega y Deneb), pero primero quería echarle un buen vistazo a la constelación de su signo: Escorpio. Se podía ver casi perfecta, dentro de unos días estaría aún mejor, pero hoy...
   - Espera, espera.
   Clara contó una, dos, tres veces. Sacó una guía de campo y encendió una pequeña linterna de luz azul, ténue, para asegurarse. Volvió a contar hasta en cinco ocasiones.
   - Ves a caçar xibeques...!

Madrid, 6 de diciembre de 1864
   Un carro cargado de fardos adelantó a dos hombres que se arrebujaban en sus abrigos, tratando de mantener a raya el frío gélido. Ni a mediodía conseguía el sol hacer demasiado en aquella húmeda mañana de diciembre. Pacino se encendió un cigarrillo, mientras Ernesto vigilaba atentamente una casa en los aledaños de la Puerta del Sol.
   - Sin la Gran Vía, no me oriento en esta zona -dijo Pacino.
   - El proyecto ya lo tienen, solo falta que se pongan de acuerdo. Hace dos años reformaron la Puerta del Sol. Ahora están levantando Callao -hizo un gesto con la cabeza en aquella dirección-. Y en el 86 Chueca estrenará la Zarzuela. Ya sabe: La Gran Vía. Pero la construcción de verdad no empezará hasta 1910.
   - Se lo toman con más calma que la M-30...
   Mientras conversaban discretamente, no perdían de vista lo que ocurría a su alrededor, registrando posibles amenazas en la periferia pero centrándose en aquel edificio residencial de tres plantas. Era una pensión. Y el lugar donde se había instalado un asesino temporal.
   Los Hijos de Padilla y, sobre todo, el Ángel Exterminador, les estaban dando más problemas de lo que esperaban. En este caso concreto, un Exterminador había viajado con la intención de liquidar al portorriqueño Julio Vizcarrondo, que al día siguiente iba a fundar la Sociedad Abolicionista Española que, con los años, acabaría con la esclavitud en el país.
   - Me sabe mal -dijo Pacino dando una larga calada -. Me había acostumbrado a encargarme de estas cosas con Alonso.
   - Un Jefe de Operaciones tiene que saber cuándo un efectivo no apto para el servicio, y lamentablemente Alonso no es el hombre que debería ser -metió la mano en el abrigo y le quitó el seguro a la moderna pistola negra que llevaba dentro-. Tendré que bastarle yo.
   - De sobras -Pacino tiró el resto del cigarrillo a los adoquines y lo pisó-. Vamos a por ese malnacido.   
Madrid, 11 de julio de 2016
   - Nos han vuelto a pegar el cartel de "Cuarto de las escobas" -dijo Marcos al entrar en el pequeño departamento de I+D del Ministerio del Tiempo (coloquialmente conocido como "Deímas").
   - ¿Hoy no hay cruasans? -preguntó Mikel, levantando lo justo la vista del periódico.
   - Me he arriesgado con mini-cruasantitos. Sin relleno, como le gustan a Mari.
   - Cómo sabes... Vendrá luego, hoy tenía revisión.
   - ¿No tienes curro, hoy?
   - Siempre tengo curro. Lo que no hay es horas... Eso se está cargando -dijo señalando vagamente a la pantalla, encogiéndose de hombros y volviendo al periódico-. Jo, ya hace 50 años del Verano del Amor...
   - Adios, Beatles. Hola... ¿Grateful Dead?
   - Creo que sí... Oye, nos tenemos que poner de acuerdo con las vacaciones, porque vosotros las queréis hacer a la vez, y yo no me quedo solo otra vez en agosto, que me corto las venas.
   - Podemos partirnos un poco para que no sea todo agosto; cuando venga Nieves lo hablamos.
   - Sí, más vale. ¡Ja! ¡No saben ni contar!
   - ¿Eh?
   Mikel levantó un poco el periódico en la semipenumbra del departamento:
   - Solo en verano lees cosas así: "Escorpio: se te ha perdido algo". Atento: "Clara Segura, astrónoma aficionada de la isla de Menorca, descubrió ayer que una de las estrellas de la constelación del Escorpión se había apagado. Girtab o Kappa Scorpii, situada a unos 460 años luz de la Tierra, es la sexta estrella más brillante de Escorpio y puede verse normalmente en su aguijón. Pero no ayer".
   - No se puede perder una estrella.
   - "La información ha sido confirmada por varios observatorios que no pueden localizar la estrella en el firmamento. Es posible que algún otro cuerpo celestial más cercano haya bloqueado de manera inesperada el paso de la luz hasta la Tierra, o que el astro haya sufrido algún desastre espacial".
   - Pues sí que dan las noticias con retraso.
   -No, si lo descubrieron ayer.
   Marcos rió:
   - Bueno, si está a 460 años luz, lo que le haya pasado fue hace 460 años...
   - ¡Jaja! Noticia de última hora: Fernando le hace luz de gas a Juana.
   - Primicia: A César le meten una clavada. ¡Jaja!
   - ¿Qué decís de Julio César? -interrumpió Nieves, la jefa de I+D, que había entrado con su habitual sigilo ninja-. ¡Más puertas antes de Cristo, no, por dios!

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   La isla estaba cercada por las fuerzas españolas y sus aliados mexicas. Pero iba a ser un sitio largo.
   Joan Perucho se atrevió a sacar la cabeza por la esquina del almacén donde se escondía. Se oía ruido a varias calles de distancia, gente andando y dando voces incluso a aquellas horas de la noche, pero no estaba seguro de si eran los que les perseguían o por el ataque a la ciudad.
   Cuando les llevaron ante el pozo, Amelia vio algo que la alteró terriblemente, y sorprendiendo a sus captores salió corriendo del templo en ruinas. La mayoría de los hombres se fue tras ella, y Perucho aprovechó la confusión para escapar en dirección contraria. Sueño o realidad, no estaba dispuesto a dejar que le sacrificaran...
   La reciente carrera, el calor húmedo y la altitud le agobiaban  La chaqueta se la había quitado hacía horas; ahora se abrió la mitad de los botones de la empapada camisa. Tenía que pensar qué iba a hacer: ¿volver a las ruinas y tratar de rescatar a Amelia si la habían capturado? ¿Dar vueltas por la enorme ciudad buscándola? ¿Regresar a la pirámide por la que habían llegado?
   - Pues todo, paso a paso.

Madrid, 11 de julio de 2016
   Julián volvió a aporrear la puerta:
   - Abre, Alonso.
   Silencio al otro lado. Luego un quedo:
   - Marchaos.
   - No me voy a ir hasta que me abras y compruebe que estás bien.
  Silencio otra vez. Más tarde pasos y el ruido de una llave. Alonso de Entrerríos abrió unos centímetros la puerta. Estaba despeinado, mal afeitado y con la camisa a medio meter en los pantalones. Y olía a rayos.
   - Estoy bien -dijo dejando la puerta entreabierta y volviéndose al interior del piso. Julián le siguió: el piso parecía la guarida de un conspiranoico. Había folios y folios pegados con celo por todas las paredes, algunos con dibujos, otros con frases cortas, y aún los había repletos de frases e incluso vacíos. Y un carrete de hilo rojo corría de un lado a otro de la sala, conectando unos con otros.
   - Ya veo. Estás de puta madre.
   - ¿Qué queréis? Ya me han apartado del servicio. Aclararé la cabeza y volveré cuando crean que no soy un peligro para nadie.
   - Alonso, tío. Somos amigos. Que estés o no listo para viajar por el tiempo salvando el mundo me importa un pimiento -en uno de los folios a su lado se leía: "Los del siglo XX tenéis mal entendido el Romanticismo".
   - Ya. Lo sé. Aprecio mucho vuestra amistad. Pero o tengo que olvidarme de todo esto -señaló la habitación entera- o hablo de ello. Las dos cosas no pueden ser.
   - Es Amelia, ¿verdad?
   Alonso se desplomó en una silla.
   - Es Amelia. No me la puedo quitar de la cabeza. Uno no deja atrás a sus hombres. Ni a sus capitanes, si puede evitarlo.
   Julián se sentó en otra de las sillas del atestado comedor.
   - Ya lo sé. Yo... Me enteré de que había desaparecido cuando volví del... tratamiento. Tampoco me encontraba muy bien. Quería usar mis habilidades como enfermero, ¿sabes? Había pensado incluso en irme a la Guerra de Cuba a salvar gente... Pero sin Amelia, le hacía falta al Ministerio. Eso de salvar la historia me parece muy gordo para alguien como yo, Alonso. A lo mejor a la gente como tú os va más. Yo quiero salvar vidas. Y en el Ministerio puedo. Si hay suerte, encontraremos a Amelia algún día y puede que para ella no haya pasado mucho tiempo.
   - O puede que sea una anciana. O que ya haya muerto,  y si ya ha muerto no podremos salvarla porque habrá muerto en el pasado. En este ministerio hablan mucho de la historia, pero realmente solo les importa el hoy, el ahora -Alonso estaba muy enfadado-. No les importa la justicia, solo que las cosas sean como son para ellos. Si te mueres en el pasado, eres historia y tienes que seguir muerto.
   Julián dejó que Alonso se desfogara. Sabía que no creía del todo lo que estaba diciendo, que para Entrerríos era importante su labor en el Ministerio. Pero también sabía que había algo más que le preocupara que haber perdido una compañera en el tiempo.
   - Te entiendo, y en parte puedo compartir lo que dices. ¿Qué hay de lo otro?
   - ¿Lo otro? -Alonso se encogió como un niño pillado en falta.
   - Eso de que el tiempo no es correcto. De que recuerdas cosas que no pasaron -cogió el folio que había leído-. Esto del Romanticismo. Yo no recuerdo que Amelia dijera esto nunca. A lo mejor pasó mientras estuve fuera...
   - No. Ocurrió cuando... lo de las Brujas de Trasmoz.
   - Pero Alonso: a esa misión fuimos tú, yo y Pacino.
   - Ya, y bastante vergüenza me produce recordarlo. Pero...
   - ¿Pero?
   - Pero... a veces también recuerdo haber ido con Pacino y con Amelia.
  
Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   Pasada la medianoche, Amelia Folch se escondía entre los arbustos mientras mascaba una brote de algo amargo que había encontrado en su desesperada huída. Había escondido el mensaje para el Ministerio debajo de una pequeña estatua que encontró en uno de lo templos aledaños. En el futuro buscaban esas cosas. Quizás alguien recibiría el mensaje. Quizás alguien vendría. Y lo arreglaría todo. Sí.
   No. Nadie iba a venir. Nadie iba a poder venir antes de que Cortés llegara a la ciudad. Y no podía esperar tanto tiempo. Había visto lo que había en el fondo del pozo, y aunque no lo entendía, cada fibra de su ser le decía que tenía que impedir que saliera. 
   Le costara la vida, su cordura o su misma alma, tenía que impedirlo.

Madrid, 6 de diciembre de 1864
   Ernesto le hizo una señal a Pacino, que su compañero comprendió al momento. Avanzó rápidamente por el pasillo del hostal y se refugió en la primera puerta. Tenían localizado al interfecto: Juan Gómez, reclutado por el Ángel Exterminador en 1713. Se le daba bien el rifle, pero no le hacía ascos al cuchillo carnicero. Si la información que manejaban era fiel, estaba en su cuarto preparando el asesinato.
   Con Pacino en posición, ahora fue Ernesto el que avanzó hasta quedar al lado de la puerta de la habitación de Gómez, pistola en mano. Pacino le alcanzó. Levantó el pie y de una patada entró en el cuerto.
   - ¡No muevas ni una pestaña, desgraciado! -gritó mientras apuntaba al único ocupante a la cabeza. Ernesto le siguió. Juan Gómez estuvo tentado, por un momento, de coger un arma de las varias que tenía sobre la cama. Le habían pillado limpiando una escopeta, pero tenía a su alcance un cuchillo de monte en su funda. Pero se dio cuenta enseguida de que le superaban en número: levantó las manos y las puso lentamente tras la cabeza.
   - Eso es quizás lo más inteligente que has hecho en tu vida -dijo Ernesto, y sin que Pacino dejara de apuntar en ningún momento al Exterminador, le puso las esposas.
   - ¡Un hombre tiene derecho a tener esclavos! ¿Es que van a acabar con todas nuestras libertades?
   - ...y ya la has cagado -añadió Pacino-. Con lo bien que ibas. ¿Llamo para avisar de que esto ya está?
   - Llame, llame: cerca de la puerta hay mala cobertura, y tienen que abrir para dejarnos pasar. Últimamente no se fían de que uno de estos no vaya a usar nuestras propias puertas para viajar, y cerramos las más delicadas con llave.
   Los dos habían apartado la mirada del detenido un simple segundo. Pero al volver a fijar la vista en él... ya no estaba, y las esposas caían al suelo con un golpe seco y metálico.
   - Pero, ¿qué cojones...? -balbuceó Pacino.
   - ¿Qué ha pasado, dónde ha ido?
   - Estaba aquí.
   - ¡¿Dónde ha ido?! -exclamó Ernesto mirando por la ventana, que seguía cerrada.
   - ¡Que estaba aquí, aquí delante! ¡No puede haber ido a ninguna parte!
   - Bueno, llame igual para decir que se nos ha escapado. Pacino...
   Pacino le miró con una expresión sorprendida.
   - ¿Pacino?
   Ante la mirada atónita de Ernesto, Pacino se desvaneció en un parpadeo, y el anacrónico teléfono móvil que sostenía cayó al suelo.
   - ¡Pacino!

Madrid, 11 de julio de 2016
   Julián carraspeó:
   - A mí... a mí me pasó una vez.
   - ¿Con Maite?
   - No... Con... Amelia. Una noche soñé que estaba en México, y que visitaba las pirámides.
   - Había oído que las pirámides estaban en Egipto.
   - Son otras. Era un viaje que Maite siempre había querido hacer, lo de México, pero no teníamos pasta. Pues soñé que estaba allí y que un tío me enseñaba una de las pirámides por dentro. Que era más pequeño de lo que me esperaba. Y en una de las paredes, ¡pum! Amelia.
   - ¿Amelia?
   - Amelia. En una pintura en la pared o un mosaico. Vestida de sacerdotisa maya. Con un tocado de plumas...
   - ...y una túnica de seda blanca.
   - ¡Joder! ¿Tú cómo sabes eso?
   - Es la ropa que llevaba cuando desapareció, ¡maldición! ¿No recordáis nada más del dibujo?
   Julián hizo un esfuerzo para recordar aquel sueño que había tenido una sola noche hacía varios meses:
   - Eh... un brazalete. Llevaba un brazalete enroscado en el brazo.
   - ¿Un brazalete? -Alonso reflexionó. Los detalles a los que se aferraba para no olvidarse de lo que todos llamaban locura seguían escondidos en sus recuerdos-. No, no llevaba ninguno puesto cuando se fue. El disfraz que nos prestaron no llevaba alhajas tan grandes. ¿Qué más?
   - No, no... No recuerdo más.
   - ¡Tenéis que recordar algo más, por vuestro padre!
   - No... Estaba ella, como en lo alto de un edificio, quizás la misma pirámide. Ah, sí. Y como detrás o al fondo o al lado había un barco.
   - ¿Un barco?
   - Con un cañón. Es normal, ¿no? Los españoles invadimos México.
   Alonso se levantó de un salto y se lanzó hacia la puerta del piso:
   - Sí. Cortés. Pero, ¿exactamente cuándo?
   Mientras tanto, en el Ministerio del Tiempo, las líneas estaban saturadas. Nieves salió del departamento de I+D para encontrarse con docenas de funcionarios que corrían de un lado para otro. Casi la estamparon contra la salida de incendios.
   La situación era grave, y los informes llegaban de años diversos: nunca se habían enfrentado a una crisis semejante.
   Cuando llegó al despacho del subsecretario, ya había varias personas esperando instrucciones o hablar con Salvador Martí, que Angustias mantenía como podía a raya. Si podían darle la información a ella, la tecleaba rápidamente y se la hacía llegar a Salvador.
   - Hemos perdido el contacto con nuestros hombres en Atapuerca.
   - Ernesto informa de que Pacino y el sujeto al que perseguían en 1864 han desaparecido.
   - En el cuarto sótano han reventado cuatro puertas.
   - Cinco en el nivel 8.
   - La expedición de Elcano lleva dos días perdida.
   En cuanto Angustias fue consciente de la presencia de Nieves entre las varias cabezas, le habló directamente:
   - Pasa, bonita. Salvador te está esperando.
   Nieves entró en el despacho de Salvador entre las quejas airadas de varios funcionarios. Dentro se había organizado un pequeño gabinete de crisis con el propio Subsecretario, Irene Larra, Velázquez y Espínola. A Nieves le sorprendió que hubieran convocado a Velázquez. En aquel momento estaban escuchando un informe en directo del Doctor Marañón, por videoconferencia. Salvador le hizo un gesto a Nieves para que se acercara.
   - Muchas gracias, Doctor. Si registra algún cambio, infórmenos inmediatamente.
   - Y si le es posible -añadio Irene en el último momento- haga una llamada de control cada 12 horas, para saber que todo va bien.
   - ¡Esto es un desastre! -gritó Salvador cuando se cerró la conexión, rompiendo el fingido control que mantenía hasta entonces.
   - Yo he perdido el contacto con la mitad de mis efectivos entre el siglo XVI y XX -añadió Espínola.
   - Han llamado de El Prado para decir que "no encuentran" mi retrato ecuestre del Príncipe Baltasar. Y que la mitad de las Meninas no están en el cuadro. ¡Cómo se van a ir mis Meninas del cuadro!
   - Es más grave -se atrevió a intervenir Nieves-. Las operaciones complejas que hacemos para crear nuevas puertas a partir de las instrucciones del Libro no nos están funcionando correctamente.
   - ¿Cómo es eso posible?
   - Creemos que se debe a que la posición de las estrellas no...
   - ¿No qué?
   - No es correcta. De hecho, es que están desapareciendo.
   - ¿El qué? -preguntó Salvador-. ¿Las puertas?
   - Algunas también, señor. Pero me refiero a las estrellas. Están desapareciendo las estrellas.

(CONTINUARÁ... Y TERMINARÁ)



07 mayo 2019

MdT2: Incluso el propio tiempo (XII)


Me llamo Amelia Folch. Soy agente del Último y Principal Ministerio y he sido llevada a la fuerza hasta el México de los aztecas junto al escritor Joan Perucho. En el lago que diviso desde mi posición ha empezado una batalla naval con cañones: si como creo son las fuerzas de Hernán Cortés, significa que estamos a 11 de mayo de 1521 y acaba de comenzar el Sitio de Tenochtitlan. Terminará el 13 de agosto: hasta entonces esto no será territorio español y no podrán abrirse puertas. Luego empezará la masacre. Nuestra única posibilidad sería escapar y llegar hasta el ejército español o hasta Veracruz. Aún no sé como, pero intentaremos sobrevivir.
   Amelia oyó pasos y escondió bajo el vestido la gran hoja de palma en la que había estado perforando su mensaje con un pendiente.
   - ¿Qué podemos hacer? -preguntó Perucho. Le acompañó hasta el final del pasillo.
   Abajo de la estructura piramidal sobre la que se encontraban, la actividad cotidiana se había interrumpido y todo el mundo corría. Unos cuantos hacia el lago, para descubrir el motivo de los estallidos; otros por las calzadas empedradas, con destinos claros. Algunos irían a buscar sus armas, otros a sus familias. En cuanto los cañones habían empezado a tronar, parece que su aparición había quedado en segundo término.
   - Deberíamos quedarnos aquí -sugirió Amelia. Le costaba respirar. "La altitud de México", pensó-. No creo que ahí abajo guarden muy buen recuerdo de los españoles.
   - ¿Los españoles son los del lago? ¿Se conocen?
   - Cortés ya estuvo aquí el año pasado. Y el asunto acabó mal -Catastróficamente mal. En ausencia de Cortés, Pedro de Alvarado, al que aquí llamaban "Tonatiuh", se puso nervioso y empezó a ejecutar a la nobleza durante una fiesta religiosa, lo que llevó a la muerte del emperador Moctezuma. Cuando volvió Hernán Cortés, no pudo sino organizar la huída española de la capital mexica. Y ahora habían vuelto para terminar lo que empezaron-. Parece que ha aceptado usted con normalidad que nos encontremos aquí y ahora.
    - Bueno -se encogió de hombros Perucho-. Puede ser ese veneno del demonio, que nos esté volviendo locos y no nos deje ver más que este sueño de tiempos pasados y lecciones de historia medio olvidadas. O puede ser que hayamos cruzado una puerta hacia el ayer: hace años leí un libro que hablaba de algo parecido.
   Antes de que Amelia pudiera interesarse por aquella reveladora lectura, vio algo que la alarmó profundamente: una pequeña comitiva se había reunido al pie de la pirámide y comenzaba a escalarla peldaño a peldaño. Y la encabezaban un par de sacerdotes que empuñaban cuchillos de piedra.

Madrid, 22 de diciembre de 2016
   - Ya pueden pasar -dijo Angustias.
   Los tres agentes de la Patrulla dejaron la charla intrascendente para más adelante, y se presentaron ante el subsecretario del Ministerio del Tiempo.
   - Buenos días, tomen asiento -les invitó Salvador mientras recolocaba los papeles que había sobre su mesa-. Tenemos problemas con los premios Goya.
   - ¿Que la ceremonia sigue sin tener gracia? -dejó caer Julián.
   - La misma que tiene usted. No: el problema es que el comité que les tiene que poner el nombre en diciembre de 1985 los va a llamar Premios Buñuel.
   - Pues más sentido me parece que tiene Buñuel que Goya -sentenció Irene Larra.
   - Ya, pero no se trata de eso.
   - ¿Y la información es fiable? -preguntó Pacino.
   - Al 100%: proviene del actor Jaime Blanch, que es primo lejano mío y conoce bien a Teo Escamilla, uno de los impulsores de los premios...
   Antes de que la conversación pueda seguir adelante, una intensa discusión en la secretaría hace que todos giren la vista hacia la puerta, que se abre de repente.
   - ¡...le he dicho que ahora está reunido! -protesta Angustias.
   En el quicio aparece Alonso de Entrerríos, ojeroso, con la ropa mal planchada y el pelo descuidado, que tras un mínimo instante entra decidido en el despacho del Subsecretario:
   - Don Salvador, hoy hace un año.
   - Alonso, no volvamos a hablar de esto.
   - Hace un año que perdimos a Amelia Folch.
   - Le repito que Amelia está muerta.
   - Y yo le digo que Amelia está viva.
   - ¿Quién es Amelia? -preguntó sutilmente Pacino a Irene.
   - Luego te cuento...
   Alonso se tiró nerviosamente de un bigote:
   - He vuelto a soñar que estaba de misión con Amelia, y con Pacino.
   - ¿Y conmigo no? -pregunta Julián.
   - Tú... tú no salías en el sueño.
   - Tendría vacaciones.
   - Mire, Alonso: sé que tenemos el presupuesto justo, pero vaya a ver al psicólogo de la casa. Esos sueños solo son...
   - Sé que son algo más que sueños. Sé que hay algo que no cuadra. Me lo dicen las tripas: Amelia tendría que estar aquí con nosotros.
   Julián torció el gesto mientras Salvador decía algo que estaba seguro de haber oído media docena de veces. Ninguna dolía menos.
   - No sabemos dónde está Amelia Folch, Alonso. Se perdió en el pasado y todos nuestros intentos por dar con ella han sido infructuosos: con suerte, algún día daremos con ella... Pero de momento, y a efectos del funcionamiento de este nuestro ministerio, Amelia está muerta. Tenemos que seguir adelante.
   Derrotado, Alonso dejó que Angustias le sacara del despacho. Sabía que aquello estaba mal, que aquello era incorrecto. Pero, ¿qué podía hacer?

Tenochtitlan, 12 de mayo de 1521
   En la oscuridad, Amelia boqueaba tratando de recuperar el aliento. Los pulmones le ardían, y en sus oídos aún resonaba su propio grito desgarrador. Había estado corriendo y corriendo...
   Imágenes dispersas cruzaban por su mente: los sacerdotes les habían encontrado en lo alto de la pirámide. Ella se había puesto varias de las alhajas de la difunta Yetaxa, y los aztecas habían creído que era el espíritu retornado de la princesa, y que no entendía su idioma porque ahora solo hablaba la lengua del otro mundo. No se explicaban la presencia de Perucho, pero parecían creer que era su guardián.

   Amelia arrancó otra hoja grande de un jardín, y se obligó a correr otro poco, aunque las piernas le daban latigazos de dolor. La altitud y el esfuerzo la estaban haciendo polvo, pero no podía parar.

   El azteca tatuado que les había traído a través del tiempo había despertado y se había unido a la comitiva. Había hablado con los sacerdotes y les había convencido para que le dejaran a los prisioneros para una ceremonia. Amelia había esperado lo peor: aunque había mucho mito, sabía bien del gusto azteca por los sacrificios humanos.

   Amelia se quitó uno de los pendientes tan bruscamente que se hizo sangre. Con la mirada perdida, sin saber hacia dónde iba, empezó a perforar la hoja de palma a toda velocidad.

   Les habían llevado a una zona de la ciudad poco transitada. La comitiva sacerdotal se había ido reduciendo a medida que entendían hacia donde se dirigían sus pasos: al final eran apenas cuatro hombres los que iban con ellos. En las ruinas de un viejo templo, se encontraba un pozo de boca amplia rodeado de símbolos grabados. Alrededor de la media noche, Amelia había mirado al fondo del pozo. Estaba vacío y tenía unos cinco metros de profundidad. Pero de pronto, y durante un instante, no estaba vacío sino que era el vacío. Y algo en el vacío se retorcía obscenamente...


Me llamo Amelia Folch y voy a morir en América antes de que Cortés tome Tenochtitlan. Si esta carta llega como espero a manos del Ministerio, sepan que entiendo que no me rescataran. ¡Pero TIENEN que cegar el pozo!

(CONTINUARÁ)


02 mayo 2019

Vengadores: Endgame - Tristeza cuántica

Cuando vi Los últimos jedi, no me gustó. El argumento, sí. Las interpretaciones, el desarrollo de personajes, los efectos: también. Pero no el montaje. Me sacó tremendamente fuera de la película de principio a fin.

En el segundo visionado, comprendí que se trataba de la influencia de mis expectativas, o mejor dicho, que con toda mi atención en cada elemento nuevo de la trama, a lo que contaba ese siguiente capítulo de la saga Star Wars, había puesto en automático mi absorción de cómo se estaba contando. Y Los últimos jedi tiene un ritmo y un esquema distinto, propio y muy original: es una película de asedios en cinco actos, no una confrontación en tres. Sigue habiendo escenas que me parece que se meten en un tono que no le favorece (la huída de Canto Bight es más Harry Potter que Star Wars), y otras que creo que no están bien montadas (en la pelea en la sala del trono de Snoke, por mucho que flipe a otros, hay defectos que se podrían haber solventado con recortes al inicio o final de encuadres, o con otras tomas), pero el conjunto me funciona mucho más.

Con Vengadores: Endgame he tenido una experiencia similar. La película me ha gustado (quizá abunda un poco demasiado en la autocomplacencia y la palmadita en la espalda, algo que le permitimos normalmente más a un final de temporada televisivo que a uno cinematográfico), pero me extrañaba sobremanera un error de planteamiento básico que a otros no parecía importarle. Y, a tenor de ciertas explicaciones que los hermanos Russo han dado a posteriori, no hay tal error. Lo que ocurre es que la película no es lo que parece: como velada por la gema de la Realidad, es algo mucho más amargo de lo que aparenta.

Lo que siguen son soberanos SPOILERS, así que si aún no has visto Endgame, hazte un favor y no continues leyendo.

Bien, vamos allá.
Endgame es una película que trata sobre las consecuencias de un hecho traumático. Y del último intento de los mayores héroes de la Tierra por enmendarlo. Cueste lo que cueste.

Endgame es también, instrumentalmente, una película de viajes en el tiempo. Pero no exactamente. Y ahí estaba mi desconcierto inicial: la Anciana dice, en la película, que sacar las gemas del pasado crearía una línea temporal divergente, algo que Banner propone solventar devolviendo las gemas una vez utilizadas para recuperar a la gente disuelta por el chasquido de Thanos. Pero los hechos de la trama de los Guardianes no acaban de cuadrar: por mucho que el Capi devuelva la gema de nuevo a su sitio para que Star Lord la pueda robar, todo lo que han cambiado en esa parte de la historia tiene consecuencias permanentes en el presente de Endgame que no pueden solventarse.

Hay más pistas por toda la película, aunque no se dice exactamente, y que en algún momento se deseche a Regreso al futuro como modelo de viajes en el tiempo puede inducir a error. Porque ciertamente, el modelo de "voy al pasado, cambio algo y altero mi presente" no es el que plantea Endgame. En el Universo Cinematográfico Marvel, el futuro es impreciso pero el pasado es inamovible.

Endgame no es una película de viajes en el tiempo. Endgame es una película de viajes en el tiempo a universos alternativos.

Y ahora sí cuadra todo. En el momento que el Capitán América, el Hulk y el Tony Stark de Tierra-199999 (el número del UCM dentro del Multiverso Marvel) viajan al pasado, no viajan a su pasado. Porque viajar al pasado introduce ya un cambio: ese viaje. Podría haber una exepción con el viaje de prueba de Ojo de Halcón, que no interactua con nadie. Pero ellos están en Tierra-199999b, donde el Capi puede pelearse con el Capi, y Loki escapa con el Teseracto. Cuando luego viajan más al pasado, están en Tierra-199999c, donde Tony Stark conoce a Howard Stark. Lo mismo con el Asgard de Tierra-199999d, donde Thor habla con su madre y Rocket extrae el Eter de Jane Foster. Y el gran conflicto llega de Tierra-199999e, donde Star Lord queda inconsciente antes de robar el orbe, las Nébulas se conectan, Nébula mata a Nébula, y cuyo Thanos, finalmente, ataca a Tierra-199999. En ese mundo e, además, Gamora no acabará en la Gema Alma, sino Natasha, y los cambios son tan grandes que, aunque el Capi luego devuelva el orbe para que Star Lord pueda encontrarlo, tendrá igualmente un futuro muy distinto, sin Nébula, sin Thanos y probablemente sin Gamora. Aunque lo hace de manera solapada, Endgame no solo es el final del arco de los Vengadores: es el principio de los universos alternativos, es la puerta al What If? marveliano. No es casual que el modo de viajar al pasado sea el Reino Cuántico, un término que evoca inmediatamente estados de realidad alternos..

Todo eso significa que aunque Tony conoció de adulto a su padre, el padre real de Tony nunca lo hizo. Que aunque Steve se retire con Peggy, es una Peggy alternativa: la suya nunca vivió con él. En cierto modo, esos encuentros son sombras de la verdad. Son como Rose Tyler quedándose con el Doctor Meta-Crisis: es lo más parecido que vas a encontrar a la persona amada real, pero en el fondo no lo es.

Igualmente, tras la triste venganza inicial contra el Thanos triunfante, que acaba en un momento pero que no logra nada porque ya ha destruído las gemas (¿seguro? ¿No dice la Anciana que las gemas crean el espacio-tiempo a su alrededor?), la más satisfactoria batalla que ganan contra él al final es contra uno alternativo: es más, contra una versión que ha estado a punto de destruir la Tierra como consecuencia del mismísimo plan de resucitar a los muertos por el chasquido.

Endgame altera las fases del luto: comienza con la ira, prosigue con la depresión y la aceptación, pasa a la negociación y termina con la negación. Y, en ese desajuste terrible, arriesga toda la vida en la Tierra para salvar a la mitad de la población del universo. Hay heroísmo, desde luego, en la historia que se nos cuenta, pero excepto al recuperar a todos los seres exterminados por el chasquido, todo el resto de victorias y satisfacciones son sombras de la verdad, apenas un poco más reales que Loki haciéndose pasar por Odin.

El engaño venció al fin.


04 abril 2019

Reflotando el listín

Vamos a volver a reactivar el blog (¿un blog en 2019? ¿Pero aún hace eso alguien?), aprovecho para reflotar el Listín de Puertas, nuestra recopilación de todos los fanfics del Ministerio del Tiempo que hemos encontrado en la red, y que tras la última actualización de 29 relatos, en estos momentos incluye ya 142 historias creadas por los fans.

¡Larga vida al Ministerio! (¿...cómo? ¿Que vuelven a congelarnos los trienios...? ¡Esto es un sindiós!)

01 octubre 2018

Infinituit War - Semana 1

Hace algunas semanas se nos ocurrió hacer un experimento: jugar una partida de rol por Twitter: https://twitter.com/infinituit. Lanzamos un llamamiento, creamos las fichas y, finalmente, este ha sido el resultado de la primera semana. Hay 8 PJs: cuatro en abierto (@mitxi21 es Dmytro, @inunoyokai es Chang Tzu, @raul_ajenjo es Korso "El Oscuro" Kalebra y @toronjavoladora es el misterioso y veterano Agente T.), y otros cuatro que, por ahora, operan en secreto.

Esto es lo que ha dado de sí la primera semana de la INFINITUIT WAR...
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   Los ojos de El Oscuro penetran las tinieblas que le envuelven como nuestros ojos captan la luz. Ahora mismo no sabe cómo ha llegado hasta aquí, a esta cámara de tesoros infinita donde se alinea hilera tras hilera de riquezas. Pero algo sí sabe: las sombras están intranquilas.
   “Vale, ahí vamos otra vez”, piensa para sí, inquieto. “A ver a qué me enfrento”.
   El Oscuro se mueve sigilosamente, tratando de averiguar si hay alguien más aquí, y asegurándose de no tocar nada.
   Al atravesar el amplio arco que separa una estancia de otra, se topa con una extraña escena: cuatro individuos sin rasgos, cuatro formas humanoides lisas, se mueven a cámara superlenta tratando de atrapar a una especie de hada diminuta de cabellos negros, suspendida en el aire. Por un amplio ventanal puede verse la tenue luz de una noche estrellada. Nadie parece percatarse de su presencia.
   “¡Vaya!, se asombra. “Esto me supera mucho. ¿Qué está pasando aquí? En un robo está claro quién es la victima y quien el agresor, pero esto es... Mejor no me arriesgo, y los inmovilizo”.
   Incapaces de desobedecer a la voluntad de El Oscuro, las ténues sombras de los cinco personajes emergen del suelo y se enroscan a su aldededor.
   El hada tarda unos instantes en notarse inmovilizada. Y, mirando lentamente en dirección a El Oscuro, una expresión de alarma se pinta en su rostro. No, no al Oscuro. Detrás suyo. Justo entonces, el amuleto de El Oscuro se calienta dolorosamente sobre su pecho
   "Esto se está poniendo muy mal", piensa éste, y mientras se gira para enfrentarse a la nueva amenaza, su propio cuerpo se transforma se convierte en una sombra viviente... solo para descubrir un pozo de negrura a sus espaldas que ni siquiera su vista puede perforar.
   De dentro emerge una mano fina, blanca como la nieve, seguida de un cuerpo de mujer envuelto en una túnica de seda fina. Su rostro es hermoso pero duro, sus labios finos y negros se curvan en una sonrisa cruel. Lleva la cabeza rapada, coronada por un feo tocado en forma de cuervo, con las alas extendidas.
   - Ya te tengo -dice con una voz que podría partir icebergs. ¿Se refiere a él o... al hada?
   Incluso con los escasos conocimientos arcanos que posee,  El Oscuro entiende que la mujer es un poderoso ser mágico, y cada fibra le dice que el tocado del cuervo es un símbolo ancestral de una profunda malignidad. Últimamente hay cosas que sabe y... cosas que, sencillamente, siente.
   “No tengo ni idea de qué va esto, pero es hora de jugársela”, pienso mientras libera al hada de su sombra. Rerocede hasta ella, sin perder de vista a la mujer del sombrero de cuervo.
   - Si alguien me quiere explicar que está pasando aquí, este es el momento.
   La terrible mujer del tocado de cuervo avanza a velocidad normal, no congelada, hacia El Oscuro, y lo atraviesa como si fuera humo (¿o es ella la  que está hecha de tinieblas). El pavor se pinta lentamente en el rostro del hada mientras la mujer extiende la mano hacia ella.
   El Oscuro oye como algo se rompe. Ve como, fuera, las estrellas se apagan una a una.
   El amuleto arde, arde...
   Y la oscuridad total estalla en un billón de cuervos.

SAN PETERSBURGO
28 DE SEPTIEMBRE DE 2018
12:41
   Korso despierta, pugnando por coger aire, en la cama de su hotel. Está sudando a mares...
   Unos cuantos pisos más abajo, a nivel de calle, en la puerta trasera del Ambassador, Chang despierta en el mismo momento, con una resaca de campeonato. No recuerda qué ha soñado, pero sí que el vodka que se metió ayer entre pecho y espalda no estaba nada mal...
   Y a la vez, en el bar del Ambassador, Dmytro y el Agente T. hacen tiempo mientras esperan a un viejo contacto de este último, Vizenkov, que al parecer quiere venderle cierta información...

   Korso (alias El Oscuro) se levanta y se planta frente al espejo. Contempla su reflejo y su mirada enfoca el amuleto que lleva al cuello.
   - ¡Callate! ¡Ya sé que la he cagado! Debiste elegir a otro...
   Se da una ducha y decide bajar al bar del hotel. Vaya suerte tiene con las últimas vacaciones...

   Chang entra en el hotel y se dirige a un empleado que niega con la cabeza, incómodo, cuando le pregunta en qué habitación se alojaba ella. No parece reconocer a la joven china. De camino al bar (el mejor sitio para resolver las dudas), ruedan por su cabeza imágenes confusas. Una regata. Sabor a rábanos. Y una pregunta sincera: ¿llegó a inscribirse en el hotel? ¿Era buena idea dar sus datos reales?
   El bar es de la vieja escuela, todo madera y mármol. En la barra, se pide un Flagman bien frío.

   Cuando Korso llega al bar (tarde para el desayuno, ¡cómo no!) divisa en un extremo de la barra a Dmytro y al Agente T., y en el contrario, separados por una docena de asientos, a una desastrada Chang, que habla animadamente con el barman.
   - Señorita Chan... ya sabe que no me dejan llamarla Connie... ¿parece que encontró el local que le indiqué anoche? El mejor vodka de rábano rústico que encontrará en la vieja ciudad de Piotr... -así que Connie Chan es el nombre con el que se ha inscrito. Chang espera que coincida con el de su pasaporte falso. La policía nunca se para a escuchar que ella no ha hecho todas esas cosas que le achacan a su ex-señora. Alguna quizás, pero ¿quién no ha hecho tonterías alguna vez?
   Korso se sienta en la barra junto a Chang. El cliente que está sentado junto a Dmytro deja su International Herald Tribune a un lado y pasea la mirada por las botellas:
   - Te retiraste a tiempo -dice-, si uno puede retirarse nunca de esto.

[FLASHBACK]
   3 meses antes. Asalto al Banco Central de España (otra vez). La policía fuera. Dentro, 4 ladrones con pasamontañas y escopetas, y 12 rehenes. Uno de ellos, a punto de desvanecerse en su sombra. En el tejado, una china, un ucraniano y el Agente T.
   - Bonitas vistas -dice Dmytro-, pero me parece que no hemos venido a disfrutar del buen día que hace. Voy a intentar tener visual para mandar un mensaje. Veamos cómo se toman la sugestión...
   Despliega un dron que entra por una ventana abierta y avanza por los pasillos del edificio del banco. Misteriosamente, todas las puertas se abren a su paso, como si una mano invisible las empujara...
[FIN DEL FLASHBACK]

   Dmytro se concentra en los que le rodean: hay muchas mentes en el hotel, pero solo necesita tocar a las más conocidas...
    "¿Nos vas a decir ya cual es esa valiosa información, o tenemos que esperar a que Chang esté como una cuba y nos quiera llevar a un karaoke?". El Agente T., Chang, Korso y Vizenkov escuchan tan claramente sus pensamientos como si estuvieran hablando cara a cara.
   "Ese es mi chico", dice telepáticamente Vizenkov en la mente de los cuatro. "Pero no olvides el tema del precio. Tengo una información muy interesante sobre alguien que está hoy en San Petersburgo. No es un tipo gordo, pero sí un clase 2. Puede interesar a varias agencias o a la División 1..."
   "Depende de lo interesante que sea, claro", transmite Dmytro. "¿Tienes algo en mente?".
   "Claro. A mi colección le faltan 10 Benjamins", responde Vizenkov: quiere mil dólares. Y asegura: "El nombre vale la pena..."
   "¿Y ese nombre puede resultar interesante para nuestros bolsillos, o sólo para matar el aburrimiento?", interviene Chang mentalmente, mientras mira al móvil, con aparente indiferencia, lo que en realidad son datos bancarios. ¿Sacó ayer realmente 65.000 rublos?
   "Para matar el aburrimiento ya tenemos esto", repone Dmytro mientras levanta el vaso. "Además, a lo mejor hay otra forma en la que podemos pagarte, ¿no? ¿Qué te parecería que te debiésemos una?".
   El camarero le sirve a Korso un vaso de vodka y le acerca a él y a Chang un platito con pepinillos.
   - Zakuski -dice escuetamente.
   "Dmytreshka, ¡no me seas así, que me tengo que ganar la vida! Mi hija necesita una ortodoncia y mi esposa quiere remodelar la dacha. Si no podéis pagar seguiremos tan amigos, pero os enteraréis de todo viendo la CTC".
   "Puedo pagar yo", transmite Chang. "Pero me vais a deber un montón de vodkas y karaokes".
   "Pagamos entre todos", zanja Dmytrov.
   "Muy generosos", transmite finalmente Vizenkov. 
   Como quien no quiere la cosa, durante los siguiente minutos, los cuatro se levantan en algún momento de su taburete acolchado, pasa junto a Vizenkov, y va dejando discratemente un fajo de rublos, dólares, y euros en el cada vez más abultado bolsillo de su chaqueta.
   "Haremos negocios más a menudo. Bien, esto es lo que sé: ayer por la tarde registramos la llegada a San Petersburgo del doctor Tenma, un genio japonés que anda peleado con media comunidad científica por sus experimentos amorales. Parece que Tenma ha hecho avances impresionantes en el campo de la ingeniería mecánica, y se sospecha que ha desarrollado vehículos blindados de alto poder destructivo: mechas, los llaman en Japón. Si ha venido a vender sus productos, no es al gobierno".
   “Si Tenma es japonés", pregunta Korso, "¿por qué ha venido aquí, a Rusia? ¿Por qué ahora?”.
   "Es japonés, y mucho japonés, por parafrasear a su ex presidente español. Bastante nacionalista. No sabemos qué negocios o relaciones pueden haberlo traído a nuestro país, pero no creemos que sea nada bueno".
   Dmytro lo piensa un momento, y responde:
   "Lo que nos cuentas, bien vale que le hagamos una visita y le preguntemos por esos mechas y sus posibilidades... e intenciones. ¿Sabes dónde se encuentra?".
   "No exactamente. Anoche se alojó en el Hotel Hermes Park, cerca del parque de atracciones... Pero se ha ido esta mañana temprano y le hemos perdido la pista. Aún no ha cancelado su cuenta".
   Con eso, Vizenkov se levanta del taburete mucho más rico de lo que entró, paga la cuenta y se marcha sin aparentemente haber cruzado una palabra con nadie.
   "No queréis aguantarme en el karaoke, ¿verdad?", piensa Chang, divertida, mientras le paga una nueva ronda de vodka al grupo. "Japón se la tenía jurada a China y Rusia, pero hace décadas, ¿no? ¿Vamos antes de que se enfríe el tema?".
   "Es hora de encontrar respuestas", transmite Korso.
   "Hermes Park", piensa Chang. "No he probado su bar".
   "No seré yo quien se quede atrás"; interviene de mala gana el introspectivo Agente T., que ha estado monitorizando la veracidad de toda la transmisión mental. Saca unas cuantas monedas de un viejo y sucio monedero verde y las suelta sobre el marmol.
   "Allá vamos...", dice Dmytro.

(CONTINUARÁ...)