03 marzo 2015

El Ministerio del Tiempo - 2: "Tiempo de Gloria"

Lope de Vega se embarcó con la Armada Invencible, aunque en uno de los navíos que sobrevivieron a la derrota de aquella empresa, el "San Juan". Sin embargo, Gil Pérez, agente del Ministerio del Tiempo en el siglo XVI, detecta que Lope no está alistado en el "San Juan" sino en otro de los barcos de la Armada... uno que se hundirá y cuyos marinos morirán ahogados o asesinados por los irlandeses. La Patrulla debe intervenir y trasladarse a la Lisboa del Siglo de Oro. La misión no parece, a priori, complicada: lo difícil será no implicarse personalmente en el devenir de la Historia. Especialmente para Amelia, fan irredenta del "Fénix de los Ingenios", y para Alonso de Entrerríos, que se descubre imposiblemente en las listas del mismo barco que Lope... 17 años después de que le dieran por muerto. Mientras tanto, en 2015, la secretaria Angustias se encuentra cada vez más nostálgica de lo que dejó atrás en 1900, y el agente especial Ernesto sospecha que podría estar escondiendo algo...

El segundo capítulo de El Ministerio del Tiempo nos mete ya de lleno en lo que será la dinámica de la serie, superado el trámite inicial de tener que combinar una misión de la Patrulla con la presentación de los personajes y de la organización. El reto visual de meternos en la época, tanto en lo que atañe al CGI de la "Gran y Felicísima Armada" como a la recreación de la Lisboa anterior al gran terremoto, está superado con creces y le permite centrarse pronto en los avatares de los personajes. Para empezar, seguimos viendo a Julián "enganchado" a comunicarse con su mujer muerta gracias al teléfono transtemporal del Ministerio, algo que le recriminan sus compañeros de Patrulla: pero pronto veremos que ellos también se ven tentados por las posibilidades que les ofrece el viaje en el tiempo, ella dejándose seducir por su ídolo Lope (demostrando, de paso, que tenía razón en su teoría del primer capítulo sobre la influencia del Orlando de Ariosto en su Angélica), y el veterano de los tercios descubriendo al hijo póstumo que tuvo con su mujer y haciendo lo imposible para evitar su muerte. Aunque al principio se ofrece a sacrificarse en su lugar, para no cambiar lo que consigna la Historia, y son sus compañeros quienes lo evitan, finalmente también se aprovecha del Listín de puertas para poder tener lo que el destino le había negado.

Todo esto implica varias cosas: para empezar, que Julián, aunque pueda parecer el menos dibujado de los tres personajes (porque se parece más a nosotros, y tiene menos necesidad de ser especial para que reconozcamos sus rasgos), es quien está ejerciendo una mayor influencia (y no necesariamente benéfica) sobre sus compañeros. Se habla en varios momentos de los vicios de España: la improvisación, la beligerancia, la necedad de la nobleza... Pero también, estamos viendo, la corrupción. Una corrupción, pequeña o grande, que parece anclada en nuestra manera de ser y que impregna incluso a los más honorables. Está en esa utilización de los viajes y la tecnología para beneficio propio que hacen los tres personajes protagonistas, pero también en la connivencia de Gil Pérez, en las penas de muerte conmutables, en el soborno de los tres soldados españoles que iban a vengar a Entrerríos y también en el silencio del implacable Ernesto ante la discreta falta de Angustias. España es corrupta incluso cuando es para bien, incluso en su única época de esplendor.

"Tiempo de Gloria" sigue ofreciéndonos muchos otros elementos, combinados a las trama y subtramas que se van desarrollando. El dibujo desmitificador de Lope, el humor del trabajo de los funcionarios (el pobre asignado a Atapuerca), el de las salidas de tono de Julián ("Servicio de habitaciones, el que me sale de los...") -mucho menos plano que en el primer episodio-, o el de los anacronismos intrínsecos al Ministerio, como el portátil, scanner y fax de Gil Peréz.

Y también tenemos nuevas preguntas: ¿fue retrasado Lope por alguna intriga de la facción de Lola Mendieta como parte de sus propios planes? ¿O realmente Lope debía morir en el naufragio de su barco y la Historia como la conocemos ya estaba modificada por las acciones del Ministerio? Mendieta tendrá un papel muy importante en el próximo capítulo, así que es probable que empecemos a despejar esas incógnitas.

Muy interesante e inteligente fue también la pequeña pieza que antecedió a la emisión del resumen del primer capítulo, una suerte de "video promocional" del Ministerio supuestamente grabado para los nuevos funcionarios, en el que además de lo que ya sabíamos se desgranaron algunas pequeñas perlas: las principales, que el Libro de las Puertas que el rabino judío legó a Isabel de Castilla en 1491 estaba quemado (sólo tenía la parte superior) y que cada día aparecen nuevas puertas, a medida que el tiempo avanza.

En general, la serie cumple sobradamente con sus objetivos de calidad, educación y entretenimiento. Puede achacársele que el pasado parece demasiado limpio o que algunos de los personajes a veces no parecen tener qué hacer (Julián se pasa un buen rato durmiendo) o que en demasiadas ocasiones la serie avanza a base de sentarse a hablar. Pero creo que son pequeños vicios (o marcas de autor) que no desmerecen en absoluto el conjunto.

El Ministerio del Tiempo es una de las mejores cosas que le ha pasado a la televisión española. Esperemos que dure una segunda temporada, y una tercera después, porque tiene valor suficiente -no sólo potencial, sino ya en activo- como para ser uno de los puntales de la ficción nacional en los años por venir.

01 marzo 2015

El Festival de los Cerezos/18

Kousei se despertó renovado. Había pasado la noche fantásticamente en el futón de la pequeña habitación de "Las 12 Casas", y a un precio muy razonable. Dormir a cubierto para variar era satisfactorio y reparador. El sol seguía brillando en un cielo despejado, como el día anterior. Tras la primera noche nunca se notaban los cambios...
"¡Ah!", suspiró, "¡Si pudiera mantenerse así...!".

Cuando bajó al piso principal, descubrió con satisfacción que la habitación incluía un frugal desayuno: todo un lujo para el que vivía en los caminos. Y, algo más: un mensaje para él. Era una pequeña hoja de papel de arroz, doblada tres veces y sellada con una diminuta cantidad de cera; olía a violetas. "Para Ogura Kousei", decía fuera con una letra estilizada e inconfundible: era su hermana Yumeiko.
"Queridísimo K: he oído que ya has llegado al pueblo. Ven a verme hoy, discretamente; quizás por la noche. Que no sepan lo nuestro. Si no te dejan entrar, ven igualmente. Hay una vida en juego.
Y."
Tras leer la inquietante nota, descubrió también que el bulto peludo junto a la chimenea del comedor no era una alfombra, sino Têru, el kitsune de morro blanco que conociera ayer. Roncaba a pierna suelta. El errante Kousei pidió un pequeño biombo para ocultarle de la vista de los demás y una manta con la que lo tapó. Dejó además un desayuno pagado para él. Si había estado festejando hasta tarde, despertaría famélico...
-Este chico me tiene preocupado -le confesó Hiro, el posadero-. Toca bien, es agradable, alegre... Tiene buen fondo. Pero no se preocupa por su futuro. Vive el día a día... No sé dónde irá a parar...
- ¿Conocéis a Ikari? ¿Sabéis dónde podría encontrarle?
- Oh, Shinji Ikari, el hombre-mono. Dicen que tiene familia en el Reino Celestial, ¿sabéis? Por supuesto, el gobernador especial Honda le dio trabajo en el castillo.
Le pidió a Hiro que le guardara su horca (no quería parecer amenazador) y se fue hacia el castillo del daimyo. En su mente empezaba a fraguarse un plan para conseguir ver a su hermana con discreción.

En la planta baja del castillo había toda suerte de funcionarios ocupados en sus queaceres burocráticos. Aunque Koyotei fuera un pueblo, era un pueblo grande y había muchas cosas de las que ocuparse. Terrenos, impuestos, obras públicas, bodas, nacimientos, pleitos... Kousei localizó pronto a Ikari, y este avisó a su superior que saldría a ocuparse de unos asuntos fuera del castillo. Para su sorpresa, el joven quería ir al balneario "Boca del Infierno" pero insistía en que era algo importante:
- Mis poderes están limitados en esta curiosa villa -admitió el aasimar mientras se encaminaban hacia allí- pero si puedo serte de ayuda... 
- Te lo agradezco -y le explicó la inquietante nota que le había enviado su hermana-. He pensado en asistir con una persona conocida en la villa y de confianza, como tú, y pedir los servicios de una geisha con las características de ella, para una charla informal y tomar el te. Confío en poder contactar con ella así y descubrir la causa de sus temores.
Ikari pensó en todo aquello:
- Podría funcionar. Pero si tu hermana te dice que acudas en sigilo, incluso a escondidas... Tal vez te estén siguiendo. Si quien pone en peligro esa vida saben que eres pariente de una de las empleadas... tal vez estes poniendo en peligro la vida de tu hermana, tambien. Pero vamos allá.
- Incluso si no consiguiera hablar con ella, al menos ya sabré un poco mejor como es el interior del recinto, para poder guiarme de noche.

Cuando llegaron a la entrada principal, encontraron a una pareja de guardias con lanza distinta a la de la tarde anterior. Los dos se cuadraron ante Ikari como si se tratara de un superior militar:
- ¡Pero si es el gran Shinji Ikari! -dijo uno-. A la Señora le complacerá mucho que finalmente nos hayáis honrado con vuestra presencia.
- ¿Vuestro... amigo irá con vos? -dice el otro sin esconder demasiado sus suspicacias hacia Kousei.
- Debemos registraros. Siento muchísimo semejante ignominia, indigna de nosotros, pero tenemos invitados muy especiales y son órdenes directas. 
- Proceded -admitió Ikari-. Y sí, mi amigo disfrutara de las aguas termales... que no solo sanan el cuerpo, mas tambien el espiritu.
- Oh, dices bien, ¡dices bien! -los guardias empezaron y acabaron pronto el registro-. Especialmente si las acompaña la voz de una dulce geisha.
- O de una minarai como Itsuki.
Ambos suspiraron a la vez:
- ¡Ah... Itsuki!
- En la primera caseta a la izquierda podréis contratar los servicios que requiráis. Disfrutad de vuestro tiempo en la "Boca del Infierno".

   Les franquearon el paso al interior del recinto. Una gran piscina adornada con rocas humeaba a la derecha. Tras ella se alzaban un par de edificios de dos plantas. Al lado contrario había un edificio cuadrado con una cúpula de alabastro, y otro edificio, más grande, panelado en maderas nobles. Entre unos y otros se habían dispuesto jardines cuidadosamente tallados, bancos y otras zonas de descanso. El olor principal era el del azufre. 
   Junto a la entrada, en el lado interior, había una caseta en la que un hombre pequeño, cuarentón y afeminado, les saludó y empezó a preguntar por lo que podía hacer para cumplir sus deseos. La puerta aún no se había cerrado, cuando llegó a la carrera Katsumi, que les había visto subir la Cuesta desde la entrada del templo de Shizuru y les había seguido tan rápido como podía.
   - ¡Hola Kaneda! Nozomi... -saludó a la pareja de guardias, los hermanos Kuchimara. Jadeó un poco tratando de recobrar el aliento
   - Buenos días, señorita  Uchida, ¿ha venido ha darse un baño o un masaje? -pregunta con amabilidad el menor de los hermanos. 
   - Voy con ellos -alcanzó a decir. Y se unió a la pareja. El recepcionista hizo una señal con la cabeza a los guardias, que cerraron la puerta tras ellos, y volvió a empezar su untuoso saludo:
   - Sean bienvenidas, sus jóvenes personalidades, a esta humilde casa de sanación y placer. Soy Karakati. ¿En qué podemos servirles, y cuánto tiempo vamos a disfrutar de su excelsa presencia?
   Karakati escuchó con atención extrema los detalles, y asintió aún más complacido.
   - Oh, tengo a las minarai ideales para vuestras peticiones. Barachi e Itsuki. Y serán apenas 6 piezas de oro por dos horas.
   -  ¿Supongo que no sera problema si tomamos el té con la dama Uchida mientras esperamos a las minarai, señor Karakati?
   - ¡Aquí nunca hay problemas! -exclamó, afectado-. Aunque el té se lo servirán como es debido nuestras jóvenes flores.
   La sonrisa no abandonaba en ningún momento el rostro de Karakati, que tal vez incluso aumenta su entusiasmo al dar dos palmadas. De una esquina aparecieron dos jovencísimas aprendices de geisha, aún ni tan sólo minarai, que recibieron escuetas instrucciones por parte del encargado.
   - Por favor, honorables invitados. Paseen a su gusto por nuestro jardín, enseguida se les unirán sus geishas.
   Los jardines estaban realmente muy bien cuidados. El lago central de aguas termales sulfurosas bullía con vapores calientes, mientras algunos visitantes y huéspedes (la mayoría de gran edad) se bañaban y disfrutaban de sus propiedades beneficiosas. Ocasionales grupitos de dos o tres geishas iban de un lado a otro, acompañando a un cliente o caminando con pequeños pero rápidos pasitos hacia alguna parte del complejo.
   Sus dos minarai aparecieron enseguida. Una de ellas abrió muchísimo los ojos al ver a Kousei tan acompañado, pero enseguida se impuso una máscara de agradable indolencia. De todas las geishas con las que se cruzaban, la que caminaba junto a Kousei, la llamada Itsuki, era sin duda la más hermosa. Sus pasos eran los más graciosos; su rostro, una máscara de blancura, los labios muy rojos y el peinado una complicada obra de arte en el que se entrecruzaban flores, delicados palitos tallados y ornamentos.
   - ¿Qué hacéis en el balneario las geishas? -preguntó Kousei a "Itsuki"-. En vuestro día a día, quiero decir.
   - Contemplamos la belleza del agua y de los jardines, cultivamos nuestra destreza y la ofrecemos a nuestros estimados amigos que nos acompañan durante unas horas breves. Los arreglos florales, las ceremonias tradicionales, la buena caligrafía...
   - Itsuki es muy modesta -dijo su compañera Barachi-. Otra cosa que hacemos es tocar música, cantar y bailar, y en eso ella es de las mejores.
   Itsuki frunció brevemente el ceño ante los elogios de su amiga. Tras un rato de pasear y de escuchar poesía, declamada por la pareja, entraron los cinco en una de las casas y se acomodaron para escuchar la música de las geishas. Itsuki llevaba la voz principal, y su amiga la acompañaba. Cantaba y tocaba el kamisen como los ángeles, pero fue cuando bailó una antigua danza ritual sobre el adios de una doncella a su amado padre, cuando emocionó de veras a los tres visitantes, llegando a arrancarles lágrimas a los tres.
   Katsumi se dio cuenta de que la geisha le hacía señas a Kousei, demasiado sutiles para que el joven las captara, en dirección a Barachi. Le dio un codazo menos sutil al monje errante, que tosió, disimulando:
   - Esto... Itsuki, ¿serías tan amable de mostrarme tu bella caligrafía? Es un arte que siempre me ha fascinado.
   - Me parece una idea fantástica -añadió Ikari-. Y mientras, Barachi, ¿por qué no volvemos a los jardines y me recitas más poemas Amatatsu? Las rimas y el rumor del agua me llenan de paz.
   - ¿Os puedo acompañar? -preguntó Katsumi, levantándose sin esperar a una respuesta para presionar.

   Cuando la puerta se cerró, se hizo el silencio unos momentos.Entonces, la expresión neutra de Itsuki-la mujer se transforma en la jovial y emocionada sonrisa de Yumeiko.
   - ¡Oh, mi queridísimo hermano mayor! -dijo lanzándose en sus brazos. "Tiene sólo 15 años", recordó ahora Kousei. "Probablemente ninguno de sus clientes lo haya sospechado siquiera"-. ¡Cómo te he echado de menos! Pero -le dio un suave palmetazo en la cabeza y añadió a modo de reproche-, ¿cómo se te ocurre traer a todos tus amigos? ¡Te dije que fueras discreto!
   - Ha sido la única manera de entrar son despertar sospechas -se defendoióbajando la voz a la vez que la estrechaba firme pero delicadamente-. El rostro de Shinji abre muchas puertas en Koyotei. ¿Es seguro hablar aquí? -preguntó echando un vistazo alrededor-. Podemos utilizar los útiles de caligrafía si lo crees conveniente. De cualquier manera, démonos prisa, y explícame porqué no podemos reunirnos como hermanos y debemos optar por el subterfugio.
   - Esta habitación es segura, por eso la elegí -añadió, no obstante, en un susurro-: los de la segunda planta no tienen espiador por encima -dijo, moviendo un panel del suelo para revelar, un agujero de medio palmo que daba sobre el piso inferior-. El que tenemos al lado está vacío y el resto son esquinas y pasillo. No puedo arriesgarme mucho con la escritura: mi onee-san... mi hermana-tutora, revisa siempre mi escritura, y tiene contadas las hojas que nos proporcionan. Dice que tengo que mejorar mi expresividad con las letras... Estoy aprendiendo mucho... -se relajó un poco en presencia de Kousei, y empezó a preparar el material de escritura-. Hay tanto que quiero contarte, pero no hay demasiado tiempo. Pedisteis muestras de caligrafía y mi compañera lo oyó, así que tendremos que hacerlas igualmente. Normalmente la Señora no quiere que veamos demasiado a la familia, porque dice que nos distrae. Una o dos veces al año lo permite. Pero justo ahora la "Boca" está en estado de alerta: pasa cada vez que viene una personalidad importante. Nadie entra ni sale por la noche, no se permiten comunicaciones con el exterior, ni visitas que no sean clientes. No sé quién es exactamente el invitado, un señor mayor para el que he actuado dos veces: creo que es de la marina imperial, porque le vi un tatuaje especial que se hacen. Mi onee-san me enseñará a hacer tatuajes, pero de momento aprendo los emblemas dignatarios principales: puede ser importante para reconocer las preferencias de un cliente. Bueno: el otro día, el cliente al que le cantaba se durmió. Debí hacerlo muy mal -su lenguaje corporal más bien maldice la falta de educación del cliente-. El caso es que me aburría y... abrí el espiador para mirar en el piso de abajo. Estaba a oscuras. Pero oí a alguien que hablaba: dijo "el contrato está firmado. Las Cinco han hecho el pago. Expirará antes de que acabe el Festival". No me atrevo a hablar con nadie, ni siquiera con mi onee-san... porque no sé si ella misma está metida en todo esto. 
    - Quizás lo que expirará durante el Festival sea el contrato del que hablaba. Pero si no... Debe ser al oficial de la Marina al que quieren matar. ¿Al que escuchaste era hombre o mujer? ¿Sabes con quién hablaba?
   - Era una voz de hombre, sí. Estaba oscuro, y nadie le contestó.
   - Deberías apartarte de todo esto. No quiero que te arriesgues...
   - Todas aprendemos los rudimentos de la defensa, la Señora insiste por si algún cliente se vuelve... descortés. Nos enseña a usar la daga y la cinta -y señaló el cinturón que llevaba. Kousei notó entonces que el prendedor parecía una punta de flecha-. Pero nuestra mejor arma es nuestro arte...
   - Podría intentar sacarte...
   - Estoy muy a gusto aquí, hermano mayor: salimos pocas veces mientras somos minarai, generalmente uno de los dos días que dura el Festival de los Cerezos. Cuando ya somos geisha pasa a ser más tiempo. Pero la Casa nos protege, y la verdad es que paso tanto tiempo aprendiendo y practicando que no echo de menos salir. Y tenemos unas vistas fabulosas de todo Koyotei. Mamá y papá, aquí...
   - Lo sé...
   "Itsuki" dibujó dos versos de una vieja canción de cuna, que a Kousei le despertaron un recuerdo remoto: "cinco tormentas quedaron atrapadas/en una pagoda de porcelana". ¿Una canción de cuna? La verdad es que el trazo de su hermana le parecía artísticamente impecable, aunque no tuviera verdadero ojo para estas cosas. Los estándares de la Señora debían ser muy altos...
   Llamaron a la puerta con dos golpecitos. Yumeiko se envaró y adotó de nuevo la expresión neutra de "Itsuki". Dio permiso para entrar con una voz cargada de humildad. La puerta se corrió hacia un lado: enmarcada en ella ahora había una mujer de ojos dorados, vestida con un kimono de seda extremadamente lujoso que remarcaba su exquisito y delgado talle. Quizás los años le han quitado esa frescura incomparable que tenía Yumeiko, pero en cada gesto y movimiento de aquella dama había una elegancia y un buen hacer que casi quitaban los sentidos. Su mirada traspasaba intensamente y parecía conocer todos los secretos de todo el mundo, y guardarlos a buen recaudo.
   - Soy Matsushita Akane -dijo con voz melodiosa, casi hipnótica-, onee-san de Itsuki y dueña de la "Boca del Infierno". ¿Está teniendo usted una experiencia placentera? 
 (CONTINUARÁ...)

28 febrero 2015

El Festival de los Cerezos/17

   Decididos a que la noche no terminara tan pronto, Ikari y Têru salieron de la casa de té en dirección a la zona portuaria del río. La intención del kitsune, además de pasarlo bien, era encontrar al viejo Goro para enseñárselo a Ikari:
   - ¡Fue algo increíble! -iba diciéndole al relatar por cuarta vez, cada una más exagerada, cómo el borracho se deshizo de sus asaltantes (con un poco de ayuda suya, claro).
   Sin embargo, no tendrían suerte: pocos habían visto a Goro aquella noche, y parecía que acababa de marcharse de cada local que visitaban.

   Kousei pidió indicaciones y, tras despedirse de Katsumi, se marchó en dirección a la posada "Las 12 casas", para tratar de encontrar un alojamiento barato.
   - Hiro es un buen hombre y dormir, dormirás bien. Pero intenta no comer allí: el cocinero es malísimo.
   Por el camino, la mirada se le iba constantemente a la oscura mole de la montaña ("el volcán", se recordó). Ejercía una atracción extraña sobre él, y se dijo que tal vez tendría que prepararse para escalarlo y recorrer los bosques de sus laderas. Le gustaría asistir al famoso Festival, así que más le valía abandonar un tiempo antes el pueblo si no quería arruinar los festejos.
   La suave brisa nocturna que corría junto al río le despejó y le ayudó a serenar un poco su alma. Estar tan cerca de su querida hermana y no poder verla... De algún lugar de la orilla contraria venía música y se oían voces ininteligibles. ¿Habría alguna fiesta en el balneario? Mañana, se dijo, mañana.

   Por su parte, Uchida Katsumi rechazó la invitación de unirse a la fiesta de los dos fieles de Desna y se volvió caminando hasta el templo de Shizuru. A aquellas horas había pocas luces encendidas ya, pero los farolillos naranja de las casas de te seguían marcando perfectamente el camino. Ella también oyó la música y la algarabía que, sin duda, procedía del "Boca del Infierno". Curiosa, se desvió un poco, subió la Cuesta del Diablo y se llegó a la puerta del blaneario. Su llegada súbita sobresaltó a los dos guardias apostados en la entrada de la empalizada de bambú, que la apuntaron con sus lanzas.
   - ¡Oh!, eres tú, Katsumi. 
   - ¡Vaya susto nos has dado!
   - Fiesta privada -se explicaron-. La Señora exige aumentar la seguridad.
   Eran Doro y Hazao, la pareja de guardias a los que les solía tocar el turno de noche en el "Boca". Katsumi sospechaba que a Doro, el más estirado de los dos en presencia de cualquier otra persona, le gustaba desde hacía años. No le costó sacarles la identidad del misterioso invitado, que por lo que se oía se estaba dando un homenaje por todo lo alto:
   - Es nada menos que el Mariscal Teikoku Onashimaru, el comandante en jefe de la flota minkana. Ha venido a conocer nuestras aguas y nuestras afamadas geishas, y la Señora se está esmerando.
   - Se quedará hasta que acabe el Festival. Es un principio de año fabuloso para el "Boca", y si le gusta seguro que vendrán más oficiales. 
   - ¡Ah, ya veo! En tal caso no quiero distraeros de vuestros quehaceres -añadió con sonrisa pícara-. Abrid bien los ojos, no sea que otra muchacha del pueblo os sorprenda -y les sacó la lengua, divertida-. ¡Buenas noches!
   Katsumi bajó caminando por la bien pavimentada Cuesta hasta el pequeño monasterio. Se soltó el pelo para dejar que el viento jugara un rato con él, y recordó que, aunque tratara de mantenerse normal, algo importante había cambiado en su vida. Sintió crecer la semilla en su interior, cálida y discreta, pero trató de borrarla de sus pensamientos, entró sin hacer ruido en la celda que compartía con sus dos compañeras novicias y se durmió enseguida.

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   El día siguiente comenzó fresco y soleado, con apenas algunas nubes dispersas flotando por el cielo, de un azul intenso. Tras las abluciones matinales, la madre superiora Setsuna Aoi convocó a sus tres discípulas en la enfermería vacía.
   - Como sabéis -comenzó-, hace cinco años que ninguna novicia ha sido promovida al primer grado de maestría en el Festival de los Cerezos. Este año seréis tres -Katsumi intercambió miradas con Tendo Sora y la halfling Uematzu Caelina, algunos años mayores que ella-. Si la pasáis, recibiréis la vaina de seda roja y, con la bendición imperial, ya no seréis consideradas novicias, sino sacerdotisas de pleno derecho. También mayores de edad. Como sabéis, en algunos casos, la prueba del Grado de Maestría es algo común: los alfareros tienen que hacer un jarrón, los carpinteros tallar una figura. Evidentemente, por nuestras responsabilidades como representantes de la Emperatriz del Cielo, la prueba es distinta para cada una. Habéis sido bendecidas con dones diferentes, y aunque os une una misma fé, llevaréis caminos distintos en vuestras vidas. Sora: tu prueba valorará tu destreza marcial y tu valor. Caelina, se medirá tu conocimiento sobre las tradiciones y el saber de los antepasados. Katsumi, tú estás destinada a aliviar el dolor ajeno. Creo -añadió con firmeza y orgullo- que todas estáis preparadas para pasar las pruebas; si no lo lograrais, sabéis que podréis volver a intentarlo cuando hayáis mejorado lo suficiente, tal vez en el siguiente Festival. Eso es todo: os queda día y medio para la Prueba: preparaos como mejor sepáis. Katsumi, quédate un poco más, quería comentarte algo.
   Sora y Caelina se inclinaron y se marcharon silenciosas, intercambiando miradas emocionadas. La Madre Superiora pareció entonces súbitamente preocupada. Cambió de postura dolorosamente (sus piernas maltrechas...), miró a Katsumi con sus ojos enmarcados en piel morada, quemada hacía ya tantos años, y suspiró:
   - Lo que he dicho es completamente cierto: creo que estás preparada. Una semana antes de la prueba, hablo con los antepasados para que me aconsejen la mejor manera de probar a cada novicia. "Con un arma en las manos demostrará su valía", dijeron sobre Sora. "La tradición tiene la pregunta y la respuesta", dijeron sobre Caelina. ¿Sabes que me dijeron sobre ti? -Katsumi se encogió imperceptiblemente de hombros-. Nada. Absolutamente nada. A veces... a veces ocurre -dijo Aoi quitándole gravedad-, a veces se muestran discretos... pero no esperaba que lo hicieran en tu caso. He tenido siempre tan claro que eres una sacerdotisa de Shizuru, incluso a tu corta edad. Te falta algo de convicción a la hora de entender la importancia de las leyes y las costumbres que nos rigen, el escalafón social y que el poder emana desde arriba por una buena razón... pero eso ya lo sabes, y lo aprenderás con los años, no en el templo. Tu fe es poderosa, tu aura es pura... Tendré que probarte de varias maneras para que los antepasados queden satisfechos, pero quiero que entiendas que creo que lo superarás todo, ¿de acuerdo, mi niña?
   Katsumi asintió y se despidió con una profunda reverencia de su maestra. O de una de ellas. Se preguntó si la reverenda sabía su secreto... Cualquiera de los dos.
(CONTINUARÁ...)

27 febrero 2015

El Festival de los Cerezos/16

Acababa la dura jornada de las gentes de Koyotei, pero todos se mostraban reacios a recogerse tan temprano y aprovechaban para pasear por las calles hablando con sus vecinos, comentando las últimas noticias o el estado de las cosechas, y anticipando lo grande que sería este año el Festival de los Cerezos. Un rumor decía que la Baba Wakahisa había llegado antes de tiempo, pero nadie acababa de poder confirmarlo ni parecía haberla visto en persona.

Pequeños biombos decorados con motivos florales dividían la estancia principal de la casa de te "Viento-Sobre-El-Agua" en una suerte de pequeños cubículos. Fragmentos de conversaciones se escapaban aquí y allí, pero habría que estar descortesmente atento a ellas para alcanzar a discernirlas. La amable camarera tomó nota del pedido de los jóvenes y se marchó a prepararlo todo, dejándoles solos.

Ikari dejó una pequeña bolsita delante de Kousei:
- Tu parte -dijo escuetamente, antes de dirigirse al grupo-. Estimados compañeros, algunos mas recientes que otros. He creido conveniente reuniros, no solo para disfrutar de un te junto a vosotros, mas para relataros lo que nos acontecio junto a Kousei en estos ultimos dias. Mi curiosidad por el conocimiento me llevo a visitar a Baba Wakahisa, Kousei aqui presente fue enviado por la Dama Desna a cruzarse en mi camino.
- Es un placer compartir tan amena velada con vosotros -dijo el joven errante. En la pared a su espalda había apoyado una especie de horca-. Soy Ogura Kousei. He venido a Koyotei a reencontrarme con mi hermana y a conocer el hogar de mis ancestros.
- Bienaventurado dicho encuentro -siguió Ikari-, estoy seguro que sin su valerosa participacion en los acontecimientos posteriores, tal vez ni Baba ni yo mismo estariamos de vuelta -y desgranó una rápida narración de lo sucedido en el claro de la bruja del pelo blanco-. Es por todo esto que no me cabe duda que hay algo maligno que se ha despertado en el bosque o en las cercanias de Koyotei y por eso me dirijo a vosotros: tras disfrutar de las festividades, me propongo ir a buscar esa amenaza e investigarla. Kousei encontro el acceso a las grutas de aquellos mites, y creo que es un buen lugar para empezar nuestra busqueda. Esta claro que las obligaciones personales tienen prioridad ante esta aventura que nos depara el destino y no estoy tan loco como para emprenderla yo sólo. Si creeis que debiéramos demorar la partida un tiempo prudencial, lo entendería. ¿Qué os parece?
- ¿A cuántos días de viajes están esas grutas? -preguntó el kitsune Têru mientras arpeaba unas pocas notas en la ud-. Desde luego convendría estar aquí hasta los Cerezos. Lo que nos llevó a Katsumi y a mí a buscar la sabiduría de baba Wakahisa fueron unos extraños sueños, o mejor dicho, pesadillas. Eso y este medallón -les enseñó el colgante con la media luna de jade de Tsukiyo y se le escapó un escalofrío-: apareció en mi mano al alba de la primera noche que tuve las pesadillas. Ya os las contaré si os interesan, pero parece que tienen algo de carácter... profético. Y si es así no anuncian nada halagúeño -miró con más atención a los otros tres-. Tal vez sí, tal vez Desna, o Tsukiyo, o Shizuru hayan obrado el milagro de que nuestros pasos se junten para indagar qué acecha a Koyotei, si no al mismísimo Imperio.
- A no más de una hora del claro de Wakahisa. Pero, ¡me encanta tu entusiasmo por la aventura, compañero en Desna! ¿Habeis podido hablar con la Baba? Está en el pueblo, volvimos con ella. También deberiamos prepararnos antes de ir en pos de la aventura... No todos veis bien en la oscuridad. Y yo no soy muy ducho en la escalada...al menos si Akira no está conmigo. Remedios curativos, tal vez...
De rodillas, la menuda kannushi Uchida Katsumi tomaba pequeños sorbos del vaso de té caliente que habían servido, mirando con disimulada curiosidad al variopinto trío de muchachos congregado alrededor de la mesa y escuchando el intercambio entre Shinji, Têru y el más silencioso Kousei. Llevaba la melena negra, de aspecto sedoso, recogida con la ayuda de unos palitos para el pelo, y, como era habitual en Minkai incluso entre las clases bajas, llevaba algo de suave perfume avainillado. Con delicadeza dejö reposar el vaso de barro sobre la mesa, su contenido aún humeante, mientras pequeñas ondas se formaban en su centro. Tras humedecerse los labios levantó la mirada del vaso de barro:
- Como bien ha dicho Têru, fuimos a buscar a la Baba Wakahisa, pero ha olvidado comentar que a los dos días de viaje, encontramos a dos hormigas gigantes que atacaban a unos campesinos -pese a la gravedad de lo que comentaba, su voz seguía manteniéndose suave y discreta-. Pudimos lidiar con ellas, pero había algo sobrenatural en sus cuerpos... quiero decir, además de su gran tamaño. No recuerdo ninguna habladuría por parte de los aldeanos sobre ningún hormiguero de tales bestias en las cercanías, por lo que me resulta algo extraño su presencia y su inusitada agresividad.
Sus ojos se posaron de nuevo en el contenido del vaso humeante como si tratase de leer el futuro en aquellas hondas y, más profundamente, en los posos del té
- En verdad tenéis razón: algo acecha a Koyotei. De hecho tengo entendido que la barrera mágica marcada por los Torii se está debilitando. Podéis contar conmigo para explorar las grutas y manteneros vivos si Shizuru así lo conviene -y añadió esbozando una sonrisa divertida-. La verdad es que las chicas no solemos ir trepando por los árboles como los chicos, en nuestra infancia, así que no se si sería de mucha ayuda en ese sentido.
Soltó una risita espontánea, divertida por lo que sus palabras evocaban en su imaginación.


Por unos breves momentos se volvió a sumir en el silencio y aprovechó para tomar otro sorbo de té mientras reflexionaba:
- He de reconocer que yo tuve una revelación hace varios días -añadió Katsumi, posando su mirada sobre Têru-. Debía escuchar al hombre que esa noche soñaba con el desastre y a su vieja rima olvidada. Y debo.... debemos devolver a Koyotei lo que se ha perdido y se perderá... -parece que va añadir algo más, pero deja la frase inacabada en el aire- ...Y... y es por eso por lo que uniré mis brazos con los vuestros en la hora de oscuridad. Podéis contar conmigo.
Shinji miró detenidamente a la joven, pensando que expresa mucha prudencia y certidumbre, mientras asentía aparentenmente sin darse cuenta. Esbozó una sonrisa complacida:
- Sera un honor contar con vos dama Uchida -titubeó-. ¿O puedo tutearos? Os tengo que avisar que vuestra superiora tiene algunos planes para vos... Vuestra prueba de maestria tendra lugar durante los festejos y, de su resultado depende, si podeis viajar con nosotros o no. Os deseo la mejor suerte del mundo.
La voz de Ikari atrajo de nuevo la atención de Katsumi sobre el alto y exótico ayudante del Daimyo, y por fortuna había dejado el vaso de té en la mesa porque su rostro pasó súbitamente de una máscara de sorpresa a una risa que brotó de sus labios como una torrente de agua cristalina. Incluso cerró los ojos mientras se reía de forma jovial y bajaba la barbilla, apretando los labios para amortiguarla, de manera imposible.
- ¡Ay, Ikari!... Dama Uchida. No me habían llamado así nadie. Buf...ha sonado como si tuviese 10 años más, por lo menos... y no hace mucho que cumplí los dieciséis -con el dorso de la mano se limpió las lágrimas causadas por la risa. Sus pálidas mejillas habían adquirido un tono rosado-. Por supuesto que puedes tutearme, Ikari, puedes llamarme Katsumi -se recompuso para abordar algo más serio-. Estoy lista para que la madre superiora me ponga a prueba, para así honrar a mis ancestros y a mi orden, pues me debo a Shizuru.
- Si una amenaza se cierne sobre Koyotei -intervino de pronto el reservado Kousei- os ayudaré a confrontarla .  
- ¿Animamos la noche? -preguntó Têru, incorporándose.
El dueño de la tetería se mostró un poco reticente, pero el kitsune le convenció en seguida. Durante la siguiente hora y media, Têru amenizó la velada con música, suave al principio, y bien ejecutada, ganándose peticiones populares, e incluso algunas propinas por parte de los parroquianos. Finalmente se organizó una pequeña fiesta e incluso algunos de los parroquianos se animó a bailar un poco.
- Ese chico vale -le dijo Ikari a Kousei, que parecía distraído y apenas había vuelto a abrir la boca en toda la noche-. Debería pasar la prueba de arte del Festival...
(CONTINUARÁ...)

26 febrero 2015

El Ministerio del Tiempo: Puertas

Aunque estoy seguro de que el primer capítulo de El Ministerio del Tiempo no nos ha revelado en toda su profundidad el detalle del gran secreto español, las puertas del tiempo, sí que nos ha dejado bastantes datos y pistas para empezar a reflexionar sobre el sistema de viajes que proponen sus autores. Veamos algunos de ellos (avisando que, para quien no haya visto aún el episodio, aquí hay SPOILERS):


- De viaje: para empezar, las puertas no sólo permiten viajar en el tiempo sino también en el espacio. Aunque todas las autorizadas se encuentran en los pasillos que parten de la espiral bajo Madrid, parece claro que conducen a sitios tan distantes como Flandes o Barcelona. Cuanto menos sabemos que una de ellas lleva a los servicios de Galerías Preciados de 15 años atrás y otra a las cercanías del Acueducto de Segovia en tiempos romanos. En caso de una misión urgente (y las misiones del tiempo tienen pinta de ser todas urgentes, desde que se detecta laintrusión hasta que puede cambiar la Historia) no tendría sentido dejar a los operativos en sus lugares residenciales habituales si hay que perder días en ir a buscarlos a caballo.

- Traslado temporal: es muy probable que las puertas hayan sido encontradas en otros sitios y llevadas luego hasta el Ministerio (un poco al estilo Monstruos S.A., donde las puertas se guardan aparte y se trasladan a la fábrica para su uso). La razón para suponer esto es que, aunque podría haber una razón para que en un pozo de Madrid hubiera cientos de accesos a otros tiempos y lugares (un accidente en el pasado o futuro) es clave para la trama que hay otras puertas en lugares distintos, las no-autorizadas. Parece también que las puertas pueden ser clausuradas.

- El Ministerio miente: las puertas no sólo llevan al pasado. Está claro que si el vigilante de la puerta romana, por ejemplo, hubiera cruzado la puerta hubiera llegado a 2015, es decir, al futuro... que es precisamente lo que hicieron el francés y el afrancesado que pretendían cambiar el curso de la Guerra de la Independencia en este episodio, encontrar una puerta en su tiempo que conducía a nuestro presente, pero para ellos el futuro. Por lo tanto nada impide que haya más puertas que llevan a tiempos posteriores al nuestro, aunque sería comprensible que el Ministerio no quiera hacer sabedores de ellos a todos sus agentes.

¿O sí? Incluso si de algún modo Lola consiguió localizar una puerta y entregársela a los franceses para sus planes, es cierto que todas las puertas van a tiempos distintos por un lado... pero al mismo por el otro. El lado "interior" de la puerta, de todas las puertas hasta ahora, va siempre al mismo destino, que va avanzando en el tiempo al mismo ritmo que el de la otra época, pero que coincide en estos momentos con 2015. ¿Es a eso a lo que se refiere el subsecretario Martín con que las puertas no viajan al futuro? ¿Que todas las puertas están sincronizadas en un lado y por tanto todas llevan siempre al mismo tiempo que para nosotros es el presente? No sabemos si las puertas se crean o se encuentran, pero lo que sí parece es que hay algo que las "geolocaliza" siempre por uno de los lados.

- Episodios Multi-Ministerios: no obstante, la abundancia de puertas nos lleva a preguntarnos. ¿podemos llegar a ver a equipos del ministerio originarios de tiempos distintos? Sí, si hay dos puertas que dan aproximadamente a la misma zona con diferentes "decalages" entre ellas: es decir, si una puerta actual da un salto de 200 años hasta 1815 y el equipo del ministerio de 1915 tuviera otra puerta con un salto de 100 años, podría encontrarse en esa aventura con el equipo actual, tal vez con visones muy diferentes de su misión... Desde luego, en aquel caso, sí sería posible viajar al futuro, si el equipo del ministerio de 1915 en vez de volver por su puerta volviera por la del ministerio de 2015. Por supuesto, los archivos del ministerio deberían bastar para saber si el equipo de 1915 ya resolvió aquella emergencia y por tanto no hace falta enviar a otro equipo en 2015... pero ¿y si hubiera dos emergencias, desconocida una de las dos para el equipo más antiguo?

- El Listín. Irene da a entender que hay cambios constantes, y aunque lo dice de pasada eso es muy interesante. Por un lado porque implica que pueden añadirse nuevas puertas con frecuencia. Por otro porque puede significar que las puertas no siempre conducen al mismo tiempo (algo que de momento no cuadra con lo que sabemos) o no siempre están en el mismo sitio (algo que tendría más sentido y conectaría con la posibilidad antes mencionada de que las puertas no-autorizadas puedan llevarse físicamente al Ministerio).

- Repito la pregunta que me hacía ayer: ¿cómo ha hecho el funcionario fan del Athlético de Madrid para asistir más de veinte veces el mismo partido de fútbol, si el tiempo transcurre igualmente en todas partes... específicamente yendo a través de la misma puerta? ¿Se puede hacer que una puerta vaya a un mismo tiempo varias veces?

- Probablemente, con su llamada al final del capítulo, Julián ha provocado la muerte de su mujer, retrasándola unos minutos respecto a la rutina que hubiera seguido sin esta y haciendo que se encontrara con el coche con el que tuvo el accidente y que dos minutos antes no hubiera estado ahí. Y es más probable eso que lo contrario (que la llamada haya evitado la muerte) porque eso evitaría que Julián entrara a formar parte del Ministerio y, paradojicamente, que pudiera llamar al pasado para evitar la muerte de su mujer. ¿O, en claro homenaje a "El Día del Padre" de Doctor Who acabaremos viéndole a él al volante del coche que la mató para poder restablecer la línea temporal?

Aún no tenemos pistas de qué puede ser lo que impulsó a Lola Mendieta a abandonar el Ministerio (si es que lo ha hecho), con/para quién trabaja (¿a quién llamaba?) o qué puede pasar si el tiempo es alterado (¿tiene mecanismos el Ministerio para detectar los cambios a tiempo y tratar de rectificarlos? ¿Va afectando a eras concretas mientras su efecto se extiende por la línea temporal o se aplica de repente a todo el contínuo? ¿Por qué no se han clausurado puertas tan peligrosas como la que va a tiempos del Imperio Romano, si cualquier pequeño cambio en aquella época podría ser catastrófico para el presente? ¿Es que el Tiempo es más resistente de lo que puede parecer, se resiste a ser cambiado?). 

Quedan muchas horas de El Ministerio del Tiempo por delante, y seguro que varias de estas preguntas encontrarán respuesta (y despertarán otras nuevas) en los episodios por venir.

25 febrero 2015

El Ministerio del Tiempo - 1: "El tiempo es el que es"

Barro. Sonido descompensado, un tanto caótico, como si nos hubiera afectado el estallido demasiado cercano de una bomba.

Hombres con armadura, heridos o muertos: una guerra, sí, pero sin bombas.

Un caballo. Una bandera. Flandes, 1569. Y un Alonso de Entrerríos que, a punto de ser ajusticiado por agredir a un superior torpe y deshonroso, recibe la oferta de hacerle pagar la muerte de tantos buenos hombres, salvarse e iniciar una nueva vida al servicio de la Corona

Así comienza el primer capítulo de El Ministerio del Tiempo, la nueva serie de TVE sobre una sección secreta del gobierno español dedicada a evitar que nadie cambie el curso de la historia. Además de a Alonso, pronto ficha a Amelia Folch, una de las primeras universitarias españolas, sacada de 1880; y a Julián Martínez, un miembro del SAMUR con tendencias autodestructivas tras la muerte de su esposa, que topa por accidente con un puñado de franceses salidos de la Guerra de la Independencia y que conducirán la trama de su primera misión.

El episodio tiene esencialmente tres tramas que se alternan y en algún caso entrecruzan: una primera de presentación de los personajes y del ministerio (con algunas semillas que serán importante más adelante); una segunda, la misión tras los franceses (donde la serie demuestra baza más consistente); y en tercer lugar la obsesión de Julián por regresar al pasado para volver a ver a su mujer. Hay un cuarto hilo del que sólo hemos empezado a ver el arranque: Lola Mendieta, la agente que daban por muerta y que está trabajando con/para alguien supuestamente ajeno al Ministerio.

El conjunto es convincente, simpático y casi atractivo... o atractivo a ratos. En algunos momentos se vuelve "blando", procedimental, como si una escena, una reacción o un nuevo avance del guión fueran un puro trámite, un "seguir hasta la siguiente" pero sin fuerza propia, sin razón de ser. Sin embargo, no pasa a menudo, y casi todas las tramas dejan algo en el aire que impulsa a querer ver el siguiente paso. Casi todas: Amelia es un personaje con el que es fácil empatizar, pero sin embargo aún no tiene una trama propia que la haga imprescindible en el grupo, sin embargo ya ahora me sentiría mal si a Alonso o incluso a Julián se lo cargaran en un capítulo. Le falta una chispa de algo que yo creo que le darán ya en el siguiente capítulo.

Pros:
- El sencillo hecho de que en España se haya estrenado una serie de este calibre que juegue con la ciencia-ficción.
- Las mejores frases se las lleva el personaje de Jaime Blanch ("No va a ser bueno el jodío, ¡es Velázquez!", "Somos españoles, ¿no? Improvisen"), aunque probablemente los dos más frescos y mejor construídos ya en este estadio inicial sean el Alonso de Nacho Fresneda (¿quién demonios es Alatriste?) y la Irene de Cayetana Guillén Cuervo.
- La luz: en la primera escena del bar en que Julián ha viajado al pasado, la diferencia esencial entre el del pasado y el del presente está en la iluminación, más que en la peluquería o el vestuario.
- Que ya desde el primer capítulo estemos aprendiendo unos códigos específicos de la serie: las llamadas  de móvil, las "puertas clandestinas", el Listín, los agentes renegados...

Contras:
- Julián a veces se queda "corto" en su reacción a los acontecimientos, aunque otras tenga grandes puntazos como personaje que le dan personalidad y juego (desde sus referencias a Terminator a la sorna de hacerse llamar "Curro Jiménez" en la Posada del Oso). Transpira poco lo que le pasa.
- Una cierta facilidad para caer en frases típicas de género. Que estamos viendo género, pero a veces parece que los personajes también lo sepan.

Misterios:
- Si el tiempo pasa por igual tras todas las puertas, ¿cómo es posible ir a ver el mismo partido del Athletico de Madrid varias docenas de veces atravesando la 58?
- ¿Provocó Julián la muerte de su mujer con la llamada que le hizo desde el futuro, haciendo que se cruzara con un coche que no hubiera estado allí si ella hubiera salido de casa 2 minutos antes?

¿Homenajes whovian?
- "No existe la máquina del tiempo".
- Los maniquíes tétricos tras la entrada de la puerta del Ministerio.

En resumen: muchas ganas de ver el segundo capítulo de El Ministerio del Tiempo, especialmente alimentadas por el resumen al final del primero, donde se revela una complejidad de más enjundia y una intensidad prometedora.

Tampoco se lo podemos pedir todo a un primer episodio, que necesita sentar tantas bases e incluso ser mucho más expositivo que los que le seguirán, con el mismo número de minutos: el tiempo es el que es...

23 febrero 2015

Oscars 2015: Un mal año

Tras una progresión de 8, 8, 8 y 10 aciertos, por fin el año pasado conseguí acertar 12 de las categorías de los Oscars, el 50%. Este año mis predicciones las he lanzado un poco al aire: no he visto buena parte de las películas que acumulaban el grueso de nominaciones, y me he dejado llevar por la opinión de quienes conozco que sí las han visto... aparte de una cierta animadversión personal hacia Birdman que me ha hecho fallar en muchas de las categorías.

Mejor Película: La teoría del todo|Birdman.
Mejor Película Animada: Como entrenar a tu dragón 2|Big Hero 6. Las dos me gustaron, pero la de Dreamworks me pareció más madurada, una demostración de cómo hacer una buena secuela. De todas formas, para mí la mejor película animada del año no estaba nominada y se llama La LegoPelícula.
Mejor Película de Habla No Inglesa: Historias Salvajes (Argentina)| Ida (Polonia).
Director: Wes Anderson por El Gran Hotel Budapest|Alejandro G. Iñárritu por Birdman. Rabia rabiosa, me da...

Actor Principal: Eddie Redmayne por La teoría del todo.
Actor Secundario: J. K. Simmons por Whiplash.
Actriz Principal: Rosamund Pike por Perdida|Julianne Moore por Booyhood. No sé, a mí Pike me pareció mucho más matizada en su thriller...
Actriz Secundaria: Keira Knightley por The Imitation Game|Patricia Arquette por Boyhood.Ya,  apostar por Knightley era un disparo en la oscuridad...

Guión Adaptado: Whiplash (Damien Chazelle)|The Imitation Game.
Guión Original: El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson y Hugo Guiness)|Birdman. Últimamente no doy ni una con los guiones...

Vestuario: El Gran Hotel Budapest (Milena Canonero).
Dirección de Arte: El Gran Hotel Budapest (Adam Stockhausen y Anna Pinock). De los más merecidos de este año.
Maquillaje y Peluquería: Guardianes de la Galaxia (Elizabeth Yianni-Georgiou y David White)|El Gran Hotel Budapest. Últimamente parece que la Academia valora más los maquillajes sutiles.
Cinematografía: El Gran Hotel Budapest (Robert Yeoman)|Birdman. En este apartado, entiendo las razones, y hasta yo dudé si votar por ella. La cinematografía es su gran baza.
Montaje: El Francotirador (Joel Coz y Gary D. Roach)|Whiplash..
Efectos Visuales: X-Men: Días del Futuro Pasado (Richard Stammers, Lou Pecora, Tim Crosbie y Cameron Waldbauer)|Interstellar. A Marvel le tienen manía...

Mezcla de Sonido: Whiplash (Craig Mann, Ben Wilkins y Thomas Curley).
Edición de Sonido: El francotirador (Alan Robert Murray y Bub Asman).
BSO: Interstellar (Hans Zimmer)|El Gran Hotel Budapest (Alexandre Desplat). Y yo que me alegro de haberme equivocado.
Canción: "Everything is Awesome", La LegoPelícula (Shawn Patterson)| "Glory" de Selma. Sí hombre, ¡anda ya, Academia! Vale que es lo único bueno de esa película, pero aún así...

Corto animado: The Bigger Picture|Feast. Y a mí que la historia del perro no me llegó tanto...
Corto de imagen real: Aya|The Phone Call

Documental corto: La Parka|Crisis Hotline: Veterans Press 1.
Documental largo: The Salt of the Earth|CitizenFour. Nada, Wenders, que no...

Resumen: 6 de 24. Mi peor año desde 2009, cuando sólo acerté 4... Descontento en general con mi resultado y con el resultado. En fin, ¡that's entertainment!

20 febrero 2015

El Festival de los Cerezos/15

Tras vender el par de cosas de valor que habían sacado de su combate con los apestosos seres azules, Ikari se encaminó al templo de Desna para hacer sus pesquisas cuanto antes. En Koyotei y las granjas que lo rodeaban no había ningún culto que destacara especialmente: mucha gente todavía adoraba a los kami más que a las deidades, y les dedicaban pequeños y ancestrales altares en cualquier esquina, o marcaban con cuerdas alrededor de árboles o piedras. Los seguidores del tamashigo, por tanto, eran mayoría. Sin embargo, había templos dedicados a Shizuru, Desna, Yamatsumi, Irori y alguna otra capilla más, y se contaba que en la montaña había un templo perdido dedicado a Tsukiyo. De todos, el templo de Shizuru era el más grande, pero no tanto porque fuera la deidad nacional sino porque al hacer también las veces de casa de enfermos local necesitaba el espacio.

La diminuta capilla con la imagen de Desna está vacía, pero Ikari dejó una contribución de una pieza de oro. Al lado, en la sala de conciertos donde solía cantar el reducido coro, el aasimar encontró al sacerdote, un Tian-Shu llamado Lu Hao, ensayando una partitura de ópera para el Festival. Tras presentarse respetuosamente, le contó la historia de lo que les había ocurrido en el claro de Wakahisa, y le pidió ayuda para poder combatir a criaturas similares, si volvía a darse la situación, o incluso si estaría dispuesto a acompañarles, ya que después del Festival estaba pensando en volver para zanjar el tema.

- Oh, vaya, parece un lugar peligroso -dijo Lu Hao, acongojado y entusiasmado a partes iguales-. Sería muy interesante explorarlo, aunque si lo que necesitas es una escolta efectiva y temieras que haya muertos vivientes, te recomiendo humildemente que visites el templo de Shizuru. He oído decir que la joven novicia Uchida Katsumi es tan buena con la katana como puro su chi. Sin duda te sería de más ayuda que los cánticos de este viejo trasnochador. ¡Oh, pero cuando vuelvas, no dudes en contarnos la historia! Seguro que a la congregación le parecerá apasionante.
Katsumi: podía vivir con aquello, si le llevaba a ver otra vez a Katsumi. Pero antes necesitaba asegurarse:
- ¿Se está produciendo alguna conjunción astral, o hay alguna profecía sobre esto, o está consignado en los anales que haya ocurrido antes?

- Las estrellas están... extrañas -acabó diciendo Lu Hao a falta de una mejor expresión-. Llevan extrañas desde que tengo uso de razón, recuerdo que mi maestro ya lo decía. Supongo que tendrá que ver con la desafortunada muerte del bendito Aroden. Pero desde hace un par de meses están... podría decir aún más raras. Ahora que lo pienso, deberías buscar a ese pillastre de Têru, ¡alabado sea su buen humor! El sen Kokomo Tachibana, me dijo ayer que nuestro kitsune había tenido un sueño mágico hace algunas noches y que había despertado con un medallón de jade en las manos, el símbolo sagrado de Tsukiyo. ¡Un portento! Quizás fuera un sueño profético, pero no recuerdo los detalles concretos que me contó el sen, mi memoria no es lo que era... Deberías buscar a ese zorrillo adorable para escucharlo de primera mano.

Y dibujando una mariposa en el aire despidió a Ikari y siguió con los ensayos. Que claramente necesitaba con urgencia.
El aasimar visitó "Las 12 Casas"... pero Têru, por alguna razón, no se encontraba allí a aquellas horas, así que le pidió a Hiro, el posadero, que si lo veía lo guiara hacia la casa de te "Viento-sobre-el-agua" al caer el sol. Cruzó entonces el puente y se dirigió al templo de Shizuru: llamó a la puerta y le abrió, precisamente, Uchida Katsumi. A ojos de Ikari, parecía tan joven como Têru, pero mucho más centrada. Estaba preciosa con su uniforme de sacerdotisa rojo y blanco, con el pelo recogido sencillamente en un moño atravesado por un palito y un suave acento a especias en su aroma. Pareció sorprendida ante la llegada de Ikari, y se sonrojó un poco cuando le explicó la base de lo ocurrido y lo que opinaba el clérigo de Desna:
- No soy dueña de mi destino, Ikari-san -dijo entonces la novicia-. Deberías hablar con la Reverenda Madre.
Y le condujo por el pequeño complejo. El templo de Shizuru estaba dividido en dos mitades atravesadas por un arroyo termal que, pese a pasar primero por el complejo del balneario "Boca del Infierno", mantenía aún en aquel punto propiedades interesantes para el tratamiento de los enfermos. Era por eso que en los dos edificios del templo había enfermerías. En el del sur se encontraban además las habitaciones de las sacerdotisas y novicias, y en en el del norte el espacio para el culto, presidido por una estatua de la diosa de Shizuru, un altar para honrar a los antepasados y una pequeña capilla en honor a Tsukiyo.

Ikari dejó un nuevo donativo e hizo una profunda reverencia cuando llegó ante la líder de la congregación, la Reverenda Madre Setsuna Aoi. La dama Aoi era una mujer de unos 35 años, de porte alto y distinguido, con una vieja cicatriz provocada por el fuego alrededor de ambos ojos, que parecían velados. En aquel momento estaba ocupándose de los arreglos florales en honor a Tsukiyo.
- Alabados sean tus ancestros y ensalzado sea su nombre, noble idyllkin -le saludó ella-. No salgo demasiado del monasterio, estos últimos años: mis piernas... -notó entonces Ikari por primera vez que la Reverenda renqueaba al caminar-. Tenía muchas ganas de conoceros. Sois una bendición para este pueblo

Escuchó entonces atentamente sus explicaciones: el bosque de Wakahisa. La resolucion de investigar y la conveniencia de llevar ayuda sacerdotal. La recomendación de Lu Hao.
- Hmm, ya veo. Hablaré con baba Wakahisa para  conocer su parecer, pero sí que resulta preocupante lo que decís. Una expedición así parece, cuanto menos, digna de consideración: no obstante, y sin querer importunaros, he de decir que, aunque muy prometedora, Uchida Katsumi es aún sólo una novicia. El honorable Lu Hao a veces se apresura demasiado... Durante este Festival de los Cerezos se celebrará como cada año la prueba del primer grado de maestría para recibir la aprobación imperial y si ella se considera preparada, no dudaré en darle mi permiso para que se presente a evaluación. Una vez pase la prueba, con la vaina roja en sus manos, será oficialmente responsable de su propio destino. Aunque seguirá bajo la disciplina de la Orden, la apoyaré si desea enfrentarse a una tarea como la que mencionais. 
La conversación no duró mucho más, en la que ambos intercambiaron triviales cortesías típicas de quienes no se habían visto aún pero llevaban tiempo oyendo hablar del otro. Al partir, no le pareció oportuno extenderse en explicaciones a Katsumi sobre la conversación y la citó al cabo de unos minutos donde ya había quedado con los otros jóvenes.

Y así fue como, tras asearse cada uno y ocuparse de sus pequeños asuntos personales, Ikari, Katsumi, Kousei y Têru se encontraron en la casa de te "Viento-Sobre-El-Agua", con un farolillo anaranjado en la puerta, desde donde podía verse, al otro lado de la plaza, la magnífica estructura del castillo del daimyo Honda y el plácido reflejo de las aguas del río.
(CONTINUARÁ...)

19 febrero 2015

El Festival de los Cerezos/14

Separado de Ikari, Kousei daba sus primeros pasos en solitario por los alrededores de Koyotei. "Asuntos que atender", había dicho el aasimar al separarse, antes de citarle al ocaso en la casa de te "Viento-Sobre-El-Agua".

"Aquí está mi casa", se decía el monje errante, mirando los edificios bajos, la animada vida que parecía haber alrededor del río, el pequeño castillo del daimyo local y la impresionante mole ocre del Kazunan, con apenas un hilo de humo emergiendo de la cumbre. "Pero, ¿estará también mi hogar?", se preguntaba.

Wakahisa también se fue con presura. Casi se diría que furtivamente: cuando uno de los dos muchachos le preguntó si luego se verían, la anciana lanzó sin volverse apenas un gesto que podía significar cualquier cosa. Decidido, Kousei cruzó el torii del Este, al que llamaban "El profeta", entró en Koyotei y sintió como si una especie de losa que pesara sobre su pecho se liberase: sí, en parte aquello era volver a casa. A una casa que no recordaba haber pisado, pero a la que pertenecía. Sus padres crecieron aquí, aquí se conocieron y aquí vivían cuando tenían su edad. Éstas eran las calles que pisaron, ése el río que les mecía y aquel el volcán que les vigilaba.

Pagó una moneda de cobre para cruzar el largo puente rojo, tendido sobre la zona más ancha del río, en su curva, y se dirigió hacia el Kazunan, en las partes bajas de cuya falda se encaramaban los edificios. Así, llegó hasta un complejo bastante impresionante, rodeado de una empalizada de bambú. Coincidía con las descripciones que ella le había hecho en sus cartas: el balneario "Boca del Infierno". El aire estaba cargado de humedad y de los olores particulares de las aguas termales. En la puerta, cerrada, le saludaron dos guardias jóvenes elegantemente uniformados, que sostenían largas lanzas:
- Buenas tardes, honorable visitante.
- ¿En qué podemos ayudarle?
- Buenas tardes. Vengo a visitar a Ogura Yumeiko, mi hermana -dijo el errante con una ligera inclinación de la cabeza. Y añadió con una sonrisa de felicidad-. He vuelto a casa para reencontrarme con ella y disfrutar del Festival de los Cerezos.
- Un motivo muy honorable. Se nota que habéis emprendido un viaje largo -lo que en realidad quería decir el guardia de la derecha es que creía que Kousei había venido a ver a una amante, y que llevaba la ropa sucia.
- Las puertas se cierran una hora antes de caer el sol, lamentablemente. Probad mañana -lo que el guardia de la izquierda quería decir en realidad... bueno, era que no le abrían a un desconocido a esas horas. A veces incluso la recargada tradición social minkana era directa.
- Disculpad mi aspecto -Kousei dio una rápida ojeada a sus ropajes, que ahora caía por primera vez estaban cientamente sucios y arrugados-. He venido directamente al llegar sin siquiera asearme un poco.Volveré mañana para encontrarme con Yumeiko, aunque... -preguntó esperanzado-, ¿sería mucho pedir que os confiara la entrega de una nota para ella? Podría escribirle que se reuniera conmigo en la casa de te "Viento-sobre-el-agua". No quisiera importunaros, si lo que pido está fuera de lugar os ruego disculpéis mis modales de forastero.
- A la Señora no le gusta que molesten a las geishas -respondió, empecinado, el primer guarda.
El segundo parecía más amable:
- Yumeiko... No me suena que resida aquí ninguna "flor" con ese nombre. Podría trabajar en otra casa. De todos modos, si venís por la mañana podéis entrar y preguntar vos mismo... Lo siento.
- Lamento haberos importunado. Volveré mañana.

Y con una resignación encomiable, el monje bajó la cuesta de vuelta hacia el río. Se dio cuenta enseguida que las escasas tiendas que había en esta orilla eran mucho más elegantes y caras que las de la contraria, que era donde compraban los locales: este lado debía estar pensado para los visitantes del pueblo que se hospedaban en los diversos balnearios surtidos de las aguas termales del Kazunan. Entró en uno pequeño cerca del puente, el "Nube Hirviente", y por sólo cuatro piezas de plata se dió un reparador baño caliente con jabón y toallas perfumadas, y para cuando salió una hora después encima se habían ocupado de dejar su túnica de viaje en perfectas condiciones. Sintiéndose un hombre nuevo, Ogura Kousei buscó la casa de te en la que había quedado con su amigo aasimar.
(CONTINUARÁ...)