20 octubre 2014

Flatline [spoilers]

Jamie Mathieson vuelve a escribir el capítulo de esta semana de Doctor Who, "Flatline", y como hace siete días vuelve a dar perfectamente en el clavo, con un tema muy diferente pero tan apropiado para la serie como el anterior. En ciertos aspectos "Flatline" es un episodio muy Moffat, en tanto que coge algo típicamente moderno, cotidiano -el póster de Stuart Manning que podéis ver a la derecha homenajea a Banksy- y lo vuelve terrorífico. De esa forma podríamos ver similitudes con los gatos de "Survival" (1989), la televisión de "The Idiot's Lantern" (2006) o el wi-fi en "The Bells of St. John" (2013), pero especialmente con los dibujos infantiles de "Fear Her" (2006) y las sombras de "Silence in the library" (2008). Como todo buen capítulo, no obstante, incluso el núcleo de la trama principal de Mathieson va más allá.

El juego con las dimensiones exteriores de la TARDIS convierte el mismísimo "bigger on the inside", algo por lo general acogedor, tranquilizador, símbolo de terreno conocido, de fortaleza impenetrable, en una prisión inescapable, un terreno que en más de una ocasión nos recuerda al que el Cuarto Doctor caminara peligrosamente en "Logopolis" (1981). Y a diferencia de lo que pudiera ocurrir en "The Edge of Destruction" (1964), "Amy's Choice" (2010) o "Journey to the Center of the TARDIS" (2013), esta vez el Doctor tiene que afrontar el peligro, el asedio, en solitario... mientras Clara hace las veces del Doctor en el exterior. ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo sería un Doctor femenino? Clara nos da una respuesta aproximada de cómo hubiera sido, por ejemplo, una Quinta Doctora.

Y ese terreno es incluso más peligroso que el que la propia TARDIS presenta al Doctor o la amenaza de unos seres de otra dimensión (en seguida volvemos a ellos): en otras ocasiones el Doctor ha ido enseñando a su compañera/o un cierto camino hacia la "Doctoricidad" que en parte significa enfrentarles a sus demonios y en parte hacerlos aceptar su potencial para ser mejores. Ocurrió en la relación entre el Séptimo Doctor y Ace, también con el Undécimo Doctor y Rory, y aunque no ha sido algo voluntario por parte del Duodécimo, es algo a lo que Clara va acercándose. A enfocar sus viajes como lo hace el Doctor (el final de "Mummy in the Orient Express" es muy llamativo en ese sentido) y en este caso en asumir el papel del Doctor, tanto en lo bueno como en lo malo, en la aceptación del mal menor. Es una senda muy peligrosa la que está caminando Clara Oswald: puede que, como consecuencia de haberse metido dentro de la linea temporal del Doctor y vivido mil vidas junto a todas sus encarnaciones, esté empapándose directamente de él. Aunque no haya sido evidente desde el principio, hay un camino cada vez más claro en ese sentido que va desde "Deep Breath" (el estado inicial de negación), sigue por "Into the Dalek" (Clara buscando el recuerdo), "Listen" (Clara es el monstruo que "hace mejores" al Doctor y a Danny Pink), y trastabillea alternamente entre sus dos naturalezas, como un balancín, entre "The Caretaker", "Kill the Moon", "Mummy in the Orient Express" y ahora "Flatline". Casi se podría decir que eso, y no el red herring de Missy es el verdadero hilo conductor de la temporada... si no fuera porque al final de este episodio descubrimos con alarma que, muy probablemente, ambos hilos SON EL MISMO.

Volvemos a los seres de la segunda dimensión: el planteamiento de su universo y de su propia existencia por parte del Doctor, su interacción con el mundo tridimensional y la energía que fluye en él, la dificultad para la comunicación y las desastrosas consecuencias que tiene su intento de contacto construye uno de los mejores episodios de ciencia ficción de la serie en mucho tiempo, la antítesis de los aspectos más espúrios de "Kill the Moon". Si hay algo a lo que "Flatline" recuerda es a la novela Los propios dioses (The gods themselves, 1972) de Isaac Asimov, y eso son palabras mayores.

Todos los actores cumplen bien con su cometido, sin que ninguno brille especialmente aparte de Peter Capaldi y, sobre todo, Jenna Coleman, que se supera una vez más en este episodio para ofrecernos una nueva faceta de su interpretación de Clara, quién es y en qué se está convirtiendo. Los decorados y el vestuario son adecuados aunque un tanto demasiado genéricos en algunos momentos, y la representación del monstruo alterna entre lo desconcertante, lo terrorífico y lo convencional, algo que probablemente se ajusta a la mayoría de episodios que dirige Douglas Mackinnon ("The Sontaran Stratagem", 2008; "The Power of Three" 2012, "Cold War", 2013) y que nunca se han destacado por la originalidad: correctos pero no rompedores. Mención aparte merece la banda sonora de Murray Gold, que quizás vuelve a registros más propios del Undécimo Doctor pero que  ha compuesto para este episodio la primera partitura que, personalmente, me ha llamado la atención en esta temporada. 

En definitiva un buen capítulo de Doctor Who, recomendable para los que disfruten con la ciencia ficción y más disfrutable cuanto más recorrido hayan vivido junto a Capaldi y Coleman, que le vale por mi parte un 9/10.

14 octubre 2014

Mummy on the Orient Express [spoilers]

Tras el ligero faux pas (o no) del episodio pasado, Doctor Who ha vuelto esta semana con un capítulo redondo que parte de lo mejor de la anterior para seguir adelante sin frenos, como un tren desbocado. Y lo hace con un misterio lleno de asesinatos, con una especie de capítulo-problema a la manera de Agatha Christie, todo ello muy oportuno para una aventura ambientada en el tren más mítico de todos: Mummy on the Orient Express.
Esta va a ser una review algo más breve de lo habitual, porque el capítulo se deja disfrutar de principio a fin, y cuando topas con un capítulo así lo que hay que hacer es disfrutarlo. Cada uno de los actores invitados cumple perfectamente con su labor, y me quedo especialmente con el Jefe de Máquinas, un brillante Frank Skinner al que no me hubiera molestado ver quedarse en la TARDIS... y seguro que a él tampoco, siendo como es un fan letal de la serie como Capaldi.
El guión de Jamie Mathieson, que se estrena en Doctor Who, resulta fascinante, sencillo pero efectivo, lleno de giros y recovecos, con un planteamiento que de nuevo, y con este Doctor sucede a menudo, nos recuerda al Cuarto (esas jelly babies no son nada ocasionales, y ese primer atisbo del sarcófago abriéndose con colores saliendo de su interior es un guiño directo a "Pyramids of Mars", 1975), para cambiar de repente entre la madera cálida de la sala de control secundaria de la TARDIS a los fríos pasillos de una Estación Espacial Nerva. Y un GUS del que no creo que tardemos demasiado en volver a oír hablar. El próximo capítulo también será suyo y promete muchísimo: "Flatline", una trama sobre seres que sondean dramáticamente nuestro mundo y la TARDIS en busca de la tridimensionalidad.
La dirección de Paul Wilmhurst es impecable, incluso mejor que la de la historia anterior que también corrió a su cargo, tanto en lo visual (impecable el trabajo de todos los departamentos de diseño y vestuario) como en el trabajo con los actores. Es quizás importante que haya trabajado con Jenna Coleman en ambos casos para poder elaborar mucho mejor la evolución de Clara desde uno hasta el otro. Porque la relación del episodio con los que le preceden en esta primera temporada de Peter Capaldi es otro de los aciertos, perfectamente medida en cuanto a evolución de carácter, facetas, reacciones, personalidad. En ese aspecto, que se refiere al "arco" no en el sentido argumental pero sí en todo lo demás (la frialdad de este Doctor frente a las muertes que no puede evitar), creo que hay que felicitar y mucho tanto a Capaldi y Coleman como a Steven Moffat. Clara acaba quedándose con el Doctor, sí, pero el momento en que decide hacerlo por su adicción a la adrenalina, a la "alteridad", a ser una companion, nos pone sobre alerta y nos promete que su vida puede estar en enorme peligro a partir de ahora (como si no lo hubiera estado siempre).


Sin resultar tan sorprendentemente distinto como fuera "Listen", sin dejar con la boca abierta ni aportar algo esencial a la mitología de la serie, este episodio me ha parecido sencillamente perfecto. Aquí va mi primer 10/10 para un Capaldi.

Conexiones: además de al ya comentado "Pyramids of Mars", hay otros homenajes o referencias esparcidos por el episodio.
  • El traje de Capaldi recuerda mucho al del Primer Doctor alrededor de los tiempos de "The Gunfighters" (1966), aunque con un toque del corbatín del Tercero;
  • Varios de los científicos que viajan en el tren tienen looks similares a celebridades como Marie Curie, Richard Feynman o Albert Einstein. El secuestro de famosos científicos para resolver un problema ya apareció en "The Time Warrior" (1974) y "Time and the Rani" (1987).
  • La capacidad del Doctor de sobrevivir sin aire ni presión durante varios minutos seguidos apareció por primera vez en "Four to Doomsday" (1982) y reapareció más recientemente en "The Doctor, the Widow and the Wardrobe" (2011).
  • El Doctor menciona que GUS ya trató de atraerlo al Orient Express espacial en el pasado, incluso "llamándole directamente a la TARDIS". El momento concreto pudimos verlo en el minuto final de "The Big Bang" (2010).
  • La referencia más evidente probablemente sea la frase "are you my mummy?" con la que el Doctor evoca "The Empty Child/The Doctor Dances" (2005).
  • Christopher Villiers, el actor que interpreta al Profesor Moorehouse (el experto en mitología alienígena), ya apareció en "The King's Demons" (1983) como Hugh Fitzwilliam, mientras que Janet Henfrey, la Señora Pitt (la primera víctima de la momia), hizo lo propio como Miss Hardaker en "The Curse of Fenric" (1989).

(Actualizado el 17 de octubre)

09 octubre 2014

Kill the Moon [spoilers]: Review :-(

Creo que ya he comentado todo lo fantástico que tiene "Kill the Moon". Pero hay otros aspectos del capítulo que son menos fantásticos.

O para ser exactos: son DEMASIADO fantásticos.

Recordemos que Doctor Who es una serie que combina muchos elementos: comedia, fantasía, acción, terror, romance. Pero esencialmente Doctor Who es una serie de ciencia ficción: no sólo porque transcurra muchas veces en el espacio, aparezcan naves y extraterrestres, y se juegue con conceptos como el viaje en el tiempo. Aunque no sea ciencia ficción hardcore, Doctor Who parte por lo general de la premisa que todo tiene una explicación, que hay sitio en el cosmos para la maravilla y la sorpresa y lo extraño, por supuesto, pero que todo puede ser más o menos explicado sin necesidad de recurrir a términos como "magia", "dioses" o "demonios". El Doctor sigue viajando para descubrir que se equivoca (cf. "The Satan Pit", 2006 o "The Pandorica Opens", 2010), pero a día de hoy la magia es ciencia aún por explicar, y los dioses y demonios, formas de vida superiores pero formas de vida, en el fondo. Y lo esencial de todo eso es que hay una constancia, que hay una correlación entre causa y efecto; que hay reglas, en definitiva.

Todo esto viene a cuento de que "Kill the Moon" es, posiblemente, el capítulo más anticientífico de toda la historia de Doctor Who. Y sí, quiero decir aún más que los tiburones voladores de "A Christmas Carol" (2010) o los árboles que dan, de forma natural, bolas de navidad de "The Doctor, the Widow and the Wardrobe" (2011). Más incluso que las "ecuaciones aturdidoras" de "The Leisure Hive" (1980). Aquí no estamos hablando de conceptos nuevos, de tecnologías imposibles y energías desconocidas. La patada en la boca a la ciencia de "Kill the Moon" está en su uso defectuoso de términos perfectamente conocidos como peso, masa, gravedad, crecimiento, etc. La verdad es que el capítulo no hace sino soltar un despropósito tras otro: ¿por qué la criatura de la Luna aumenta exponencicalmente de peso cuando los Mexicanos comienzan sus tareas de excavación? ¿De dónde sale toda esa masa súbita que, de repente, altera las mareas de la Tierra? ¿Por qué llaman "bacterias unicelulares" a unas arañas que claramente tienen células muy especializadas y diferenciadas formando patas, dientes, ojos...? ¿Por qué nos dicen que un spray no puede usarse en el vacío cuando sólo hace falta que haya una diferencia de presión entre lo que hay dentro y fuera del envase, como la que evidentemente hay? ¿Cómo puede una criatura que nace del interior de la luna dejar otra luna-huevo en su lugar inmediatamente tras nacer? ¿¿De dónde ha salido la masa para esta??

En parte creo que hay que culpabilizar al guionista del episodio, Peter Harness, que se enfrenta a su primer guión de ciencia ficción (si es que puede contar como tal) de su carrera, pero es imperdonable que nadie por encima suyo haya supervisado la gran cantidad de errores que comete, porque entre esos supervisores sí que hay gente que domina el género ci-fi. ¿En serio nadie ha pensado en comentarle cuanto menos la ley de la conservación de la energía? 

El gran problema de "Kill the Moon" es que tiene muy buenos conceptos que son acribillados por sus defectos. Es posible suspender la incredulidad, pero también hay que conservar el suficiente criterio como para distinguir cuando alguien no está escribiendo buena ciencia ficción: y "Kill the Moon" no es buena ciencia ficción en cuanto abandona el nivel de sinopsis y se pone a construir los elementos que le deben permitir desarrollarse. No nos pide que suspendamos la incredulidad: nos pide que ignoremos lo que sabemos y que abandonemos toda esperanza. A más de uno se nos ocurrirían formas de explicar los varios "errores" que hay en el guión y que hemos mencionado (energía solar, fuentes de materia extradimensional...): pero no están ahí. 

Esto no es "tiene poderes psíquicos porque su cerebro cuenta con una conexión neuronal extra". Esto es "lo hizo un mago".

Tal y como ha acabado apareciendo en pantalla, este episodio es una afrenta a la memoria de hombres como Sydney Newman, Kit Pedler, Christopher Bidmead o Andrew Cartmel, que se esforzaron por introducir al menos verosimilitud científica en sus tramas, cuando no directamente las basaron en investigaciones concretas y conceptos contrastados.

Dicho alto y claro: "Kill the Moon" es el peor capítulo de ciencia-ficción en los 51 años de la serie. Y eso que, como mencionamos antes, la competencia era feroz...

08 octubre 2014

Kill the Moon [spoilers]: Review :-)

Hay muchas cosas buenas que puedo deciros de "Kill the Moon", el último episodio de Doctor Who que ha estrenado la BBC. La primera de todas es que Stuart Manning sigue haciendo un trabajo excelente a la hora de plantear sus carteles retro de los capítulos para Radio Times.

Más allá de eso, podemos afirmar que "Kill the Moon" nos ofrece una oportunidad de oro para descubrir que el Doctor, como dijo en "Deep Breath", piensa empezar a hacer algo respecto a los muchos errores que ha cometido en su vida. Su decisión en este episodio es una respuesta directa a las que tomaron su Décima encarnación en "The Waters of Mars" (2009) y la Undécima en "The Beast Below" (2010). Tal vez su enfrentamiento con Danny Pink en el capítulo anterior le ha hecho recordar que no sólo es un viajero, un aventurero y un héroe, sino que, sí, por supuesto, también es un Señor del Tiempo. En ese sentido, y aunque a Clara Oswald le suene a paternalismo, el Doctor hace lo que tiene que hacer como alienígena repsonsable -¡por una vez! Pero sería aburrido si lo hiciera siempre- y deja a los humanos tomar las riendas de su propio destino. Podríamos incluso decir que "The Waters of Mars" y "The Beast below" son consecuencias directas de la decisión de no intervención que toma el Doctor en este "Kill the Moon".

Todo ello nos lleva aún más al pasado, a la etapa de Tom Baker: a "Underworld" (1978), el serial en el que descubrimos porqué los Señores del Tiempo establecieron su política de no-intervención (y que también tiene que ver con planetas huecos). Y a "Genesis of the Daleks" (1975): el Doctor tuvo un momento decisivo al final de ese serial, poniendo en la balanza el futuro de millones de vidas frente a la ejecución de un ser aún no-nacido. Aquí le toca a la Capitana Lundvik y a Clara tomar esa decisión ("do I have the right?"), que intentan transferir democráticamente (o por cobardía) a la Humanidad, pero que eventualmente toman ellas mismas. Concretamente Clara. Por lo que el Doctor está influyendo sin influir... Porque como el Séptimo Doctor  afirma en "Remembrance of the Daleks" (1988) -una de las historias que son consecuencia directa de "Genesis"-:
"Los Daleks tienen una nave nodriza ahí arriba capaz de borrar este planeta del espacio. Pero incluso ellos, implacables como son, se lo pensarían dos veces antes de hacer una alteración tan radical en la línea temporal."
A Clara esa actitud del Doctor, que como hemos dicho ella califica como paternalista, no le gusta. No le gusta en absoluto. En el fondo su actitud esconde un rechazo a la responsabilidad extrema a la que la ha sometido (Rory tampoco se lo tomó bien en "The Girl Who Waited" (2011)); tiene el punto de realismo que también comparte Courtney Woods de querer irse a la Tardis hasta que pase el peligro, de querer irse a casa cuando las cosas se ponen feas. El motivo por el que pocos de nosotros aguantaríamos más de un viaje con el Doctor y por el que Tegan Jovanka le abandona en "Resurrection of the Daleks" (1984). Bueno, Clara, no digas que el Doctor no te avisó ya en Akhaten: "nosotros nunca salimos huyendo". Parece que no habías caído en que el "nosotros" podía tocarte también a ti...

En el meóllo de la cuestión está partir de un ambiente típico de película de terror espacial -el monstruo que acecha en una base "abandonada" llena de cadáveres- para meternos en consideraciones mucho más terrenales y polémicas que podrían ir desde el derecho al aborto, las consecuencias de la democracia en manos de la masa aterrorizada, el cambio climático, la importancia de la exploración espacial, y otras tantas similares. Por muchas pegas que se le puedan dar a sus respuestas, lo que está claro es que plantea preguntas interesantes a las que cada uno de nosotros podría dar respuestas diferentes que el que tiene al lado.

La resolución final sobre lo que esconde realmente la luna mantiene un diálogo interesante con "Doctor Who and the Silurians" (1970), "Cold Blood" (2010) y "Dinosaurs in Space" (2012): los silurianos dejaron la Tierra o se enterraron bajo ella por miedo a que el planeta colisionara con otro que su gravedad había capturado, y que acabó siendo la Luna... y que ahora ha acabado resultando ser el huevo de una criatura espacial sin parangón. 

En el aspecto sentimental, hay quien le echaba en cara a Danny Pink -ya en "The Caretaker"- que es muy poco saludable poner una condición como "si no me lo cuentas todo, hemos roto". Pero hay que partir de dos premisas:
1) que hasta el momento Clara le ha mentido en aspectos muy importantes, e incluso peligrosos, de lo que pasaba a su alrededor, y que desde el punto de vista de Pink se está lanzando un poco a ciegas en esta relación. Pink necesita poner unos límites y dejarlos claros;
y 2) que no todas las relaciones de pareja tienen la profundidad y el "hasta la muerte" de la de Rory y Amy. Hay otras que son más convencionales, más de culebrón cotidiano; con sus cutreces y sus imperfecciones.
En este "Kill the Moon" tenemos una continuación directa de esa conversación del capítulo anterior, y vemos que Danny está pensando tanto en el bienestar físico y emocional de Clara como en sus necesidades complejas de combinar normalidad y aventura. Danny no aprovecha el "calentón" de la señorita Oswald para alejarla del Doctor, sino que le recuerda precisamente que está enfadada, que no está viendo las cosas en perspectiva, y que dejar algo que te apasiona sólo porque has tenido un mal día no es justo con los demás ni con uno mismo. Y con algo tan pequeño como es su escena con Clara, su personaje sigue creciendo poco a poco y ganando tridimensionalidad.

Por diversos motivos, "Kill the Moon" tiene números para ser un entretenido capítulo de Doctor Who, apropiado tanto para los que quieren una historia llena de tensión a lo Alien como para los que esperan algo más.

Aunque... esto es sólo media review. Si con esto te basta, no continúes hasta la segunda mitad porque la cosa va a ponerse fea...

Grandes momentos: la referencia a "Let's kill Hitler". Las dudas del Doctor sobre si, en su estado actual, podría seguir regenerándose permanentemente.

Diálogos memorables: "Te voy a dar un guantazo tan fuerte que te vas a regenerar".

06 octubre 2014

¿Un adios imperfecto?

En caso de que hayáis llegado buscando la crítica de Kill the Moon, lamento deciros que tendréis que esperar aún, porque no está el horno para bollos. Estoy de muy mala leche.

Sí, y lo más frustrante es que estoy cabreado sin un objetivo concreto. No estoy enfadado contra nadie, sino contra algo. Y la causa de mi frustración, mi tristeza y mi ira es la noticia de que Vision Factory abandona la producción de fanfics de Doctor Who. Si sois habituales de esta página o lleváis al menos un año en el mundillo whovian sin duda sabéis que Vision (antes The No-Nose Dog Project) eran los creadores del mediometraje El mundo imperfecto y sus continuaciones, los minisodios Esas horas de la noche, El día de la Madre, La caída del Capitán y La tragedia de la dama y el tiempo (estos dos últimos, aún por comentar aquí). A este habían de seguir Las sombras de Tara, que se encontraba en postproducción, y en el que habríamos reecontrado con el Cuarto Doctor de Albert Boix, viajando esta vez con Romana I (interpretada por Míriam Mantolán), así como otro más antes de llegar a El mundo imperfecto, una gran producción, secuela de la original y continuación de todas las tramas abiertas en los seis minisodios, y que debía cerrar el ciclo. Por lo que he podido oir de lo que aún no se había podido rodar, os aseguro que iba a ser una producción magnífica, alucinante, espectacular.

Ahora todos esos proyectos se perderán, como lágrimas en la lluvia. Y lo harán porque los productores de estos cortos que aún quedaban por rodar hemos perdido la fé en ellos. Sí, hablo de todos nosotros: El mundo imperfecto ha sido desde el principio un proyecto hecho por fans para fans, su director Sergi Paez el primero de todos en ambos casos. Lo fue cuando arrancó y lo ha seguido siendo minisodio tras minisodio: la financiación de cada uno se ha debido por completo a la buena voluntad de los que han trabajado en ellos y a los verkamis que han permitido engrasar las ruedas, construir decorados, preparar efectos, maquillajes, etc. La ambición, el reto circense de superar la calidad anterior en cada proyecto posterior, y la satisfacción que eso nos ha dado a los espectadores del mismo en calidad artística, en experiencia audiovisual, requiere una inversión mayor también por parte de... de nadie más que de nosotros mismos. Y sin embargo, la inversión, lo que hemos ido aportando todos al verkami, no ha hecho sino reducirse hasta hacer la empresa inviable.

Vision Factory abandona los cortos de Doctor Who y no es porque no quieran hacerlos: es porque ya no queremos que los hagan. Porque nosotros ya no aportamos nuestro granito de arena y la playa se la ha comido el mar.

¿O me equivoco? No, no me lo digáis a mí: decídselo a ellos. ¿Creéis que the show must go on? ¿Queréis ver Las sombras de Tara y lo que os espera más allá? Decídselo por Twitter a Vision Factory, The No-Nose Dog Project o Sergi Paez. Decídselo por Facebook. Buscad al equipo en las convenciones y repetídselo.

Estamos con vosotros. No os vamos a abandonar. Queremos MÁS.

01 octubre 2014

Club Hellfire: Musicals frikis

Quan l'Àlex Santaló i el Capità Urias em van comentar que preparaven el retorn del Club Hellfire, i que volien començar la segona temporada parlant de musicals frikis, vaig seure comodament en la meva butaca orellera, vaig pessigar-me pensativament el bigoti, vaig aclarir la gola i els vaig contestar
ON S'HA DE FIRMAR!?

Ja desprès em van dir que no cal, que ens estalviem la paperassa i que les signatures amb sang ho deixen tot perdut. M'ho he passat pipa amb un programa que és només una introducció a aquesta "altra mena" de musicals -però quina introducció!- i a sobre he conegut un home que ho sap TOT sobre el cinema: en Fausto Fernández. Chapeau, monsieur!

Aquí el teniu, el "Hellfire Club" 2x01:

30 septiembre 2014

El Festival de los Cerezos/12

- ¡Corred hacia aquí! -gritó Katsumi, tratando de llamar la atención de los aterrorizados jornaleros-. ¡Yo  intentaré detenerlas!

La novicia de Shizuru se plantó en mitad del camino, sosteniendo la katana con fuerza y tratando de adoptar la posición marcial estratégicamente más adecuada. Los entrenamientos junto a Sora y la madre superiora Aoi pasaban por su mente mucho más rápido de lo que las hormigas gigantes embestían por el campo.
Tras ella, Têru se maldecía por no haber recordado la inutilidad de lanzar un hechizo de sueño a unos insectos y repasaba lo que conocía de aquellos seres: por el tamaño de las mandíbulas y las patas, las dos que venían eran de tipo obrero. Por suerte no tenían aguijón ni inoculaban veneno alguno. Y sin embargo había algo extraño en ellas, en la desproporción de alguno de sus miembros, de sus ojos, de sus bocas, en el brillo rojizo que bordeaba su mirada oscura y en lo erizado del vello del dorso. No eran hormigas corrientes... incluso obviando que medían más de un metro.

Los campesinos corrieron hasta rebasar la bien protegida figura de Katsumi, su flamante armadura casi nueva. Trastabillearon otra vez, casi tropezaron con el terror pintado en sus rostros, y se desplomaron sobre la cebada en cuanto cruzaron al margen contrario del camino. Inmediatamente llegó la primera de las hormigas gigantes: Katsumi le pegó un tajo con la katana, débil, destinado a atraer su atención más que a herirla. Y desde luego que la obtuvo: la criatura se revolvió hacia ella y la mordió en la pierna derecha. Katsumi sintió un dolor agudo cuando las afiladas mandíbulas se cerraron sobre ella. Un dolor que sólo en parte era físico: había algo más, algo perverso y antinatural que trataba de destruirla con aquel mordisco. Sin detenerse a pensar en ello, apartó con el escudo que llevaba prendido del brazo izquierdo a la segunda hormiga.

- ¡Haced un fuego! -masculló Têru a los campesinos. Lo miraron con ojos muy abiertos:
- ¿Con qué quieres que hagamos un fuego, ahora?

El kitsune se adelantó un poco y, con un movimiento seco, hizo aparecer en su mano un fruto de aspecto enfermizo, verde y preñado de un zumo ácido. Lo tiró contra una de las hormigas con la esperanza de quemarla... pero al estallar sobre la costra quitinosa que la recubría, la energía arcana mutó caprichosamente. En lugar de humear, el insecto gigante comenzó a rielar, y a oscilar entre la imagen imprecisa de otras cinco hormigas.
- ¡Ups!
- ¿Ups? -Katsumi estaba boquiabierta mientras trataba de mantener a las criaturas a raya-. ¡¿Pero tú de parte de quién estás?!
Los dos campesinos que habían llegado huyendo siguieron su carrera por entre las hileras de cereales. No obstante, ver a los dos jóvenes plantar cara a los enormes seres infundió valor en el corazón de los otros tres. Uno de ellos golpeó con el rastrillo a una de las imágenes fantasmales de la hormiga, que desapareció:
- ¡Es una ilusión! ¡Sólo hay dos!

Katsumi se protegió un flanco, rechazando más contactos con aquellas fauces chasqueantes, mientras clavaba la katana, ahora sí con fuerza, en la otra hormiga. Los insectos retrocedieron unos pasos, aprensivos. Eso envalentonó aún más a los campesinos, que rodearon a las criaturas: no siempre acertaban con sus golpes, ni los dirigían de manera efectiva contra las partes blandas de las hormigas, pero de vez en cuando eliminaban alguna de las copias ilusorias creadas por error o las distraían lo suficiente para que las frutas ácidas de Têru y los tajos contundentes de Katsumi las fueran cansando.

La hoja de la katana seccionó la cabeza de la hormiga gigante herida: salió rodando camino abajo, mientras el cuerpo se estremecía unos instantes antes de quedar exánime, sangrando en el camino. Al mismo tiempo la otra criatura, cuyos bordes aún rielaban imprecisamente, dirigió su atención al kitsune y le mordió el abdomen. El zorro aulló y respondió a su vez con un mordisco, retrocediendo por el campo.
- ¿Me quieres a mí? ¿Te gusta la carne de zorro? ¡Ven a por mí, ven a por mí!
Las hoces de los campesinos chocaban contra el caparazón de la criatura, haciendo saltar chispas como si golpearan una piedra con metal. Las dos últimas copias ilusorias con las que compartía espacio se deshilacharon en el aire, como humo.
- Protege a tus fieles -murmuró Katsumi. Un destello de energía dorada emanó de su cuerp, bañando a todos los humanos y al kitsune, pero curiosamente no a la hormiga, restañando algunas de sus heridas y devolviéndoles una parte del vigor. El campesino más fornido de los tres le clavó la hoz al desproporcionado bicho entre los cuartos traseros. ¡Sangre al fin!

La hormiga parecía histérica. Se revolvía hacia cada uno de ellos con cada nuevo golpe y casi derribó a Katsumi en sus enloquecidos giros. El labrador fornido se llevó un mordisco que le dejó un buen surco de sangre en el brazo. Pero golpe tras golpe, puñalada tras puñalada y corte tras corte acabaron con la resistencia de la criatura y esta acabó doblando las seis rodillas y mordiendo el polvo.

Los cinco estaban jadeando:
- Bien hecho camaradas, ¡gracias Katsumi!
- Gracias a todos -respondió ella-, no lo hubiéramos conseguido si no hubierais sido tan valientes.
- Criaturas del demonio -dijo uno de los campesinos, pateando el cuerpo quitinoso más cercano.
- Quizás tengas razón -sugirió Têru-. Además de su tamaño extraordinario, estas hormigas tenían algo... diabólico en su mirada.

Katsumi limpió la katana en la hierba antes de envainarla de nuevo. Con un rápido vistazo comprobó el estado de las heridas de todos:
- Permitid que la bendición de Shizuru sane vuestras heridas en gratitud por el valor demostrado -y añadió con una afable sonrisa-. Tendréis una buena historia que contar en la fiesta.
La kannushi cerró los ojos, encomendándose a las alturas, mientras sentía como el poder divino de Shizuru la invadía, canalizándose a través de su cuerpo y sanando las heridas de todos. 
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Dieron media vuelta. En la granja de Suripachi Taro, Têru y Katsumi fueron oportunamente informados de que, en efecto, la muy querida bruja Wakahisa pasó hacía algunas horas con dos jóvenes de camino a Koyotei, que este año iba a llegar incluso antes del comienzo del Festival, y que sin duda aquello era un signo de buena fortuna.

Aunque apretaron el paso, no lograron darles alcance aquel día, ni al siguiente. Los campesinos con los que se cruzaban les indicaban que, sí, Wakahisa y los dos jóvenes habían pasado por ahí algunas horas antes, pero la anciana y sus acompañantes parecían haber madrugado más que ellos y mantener un paso endiabladamente intenso de vuelta a Koyotei.

Finalmente, cuando estaban a punto de alcanzar Koyotei al caer la tarde del día 28, divisaron un grupo de figuras a lo lejos, que cruzaban en aquel instante bajo el Torii conocido como "El Profeta". Una de ellas tenía, claramente, una larga melena blanca, la señal de Wakahisa. En cuanto hubieron cruzado, las tres figuras se separaron y sigueron caminos distintos.

Faltaban apenas 72 horas para que arranquase el Festival de los Cerezos.

29 septiembre 2014

El Festival de los Cerezos/11

- Nací aquí, a las afueras de Koyotei. Mis padres son músicos itinerantes, y quiso el destino o la fortuna que mi madre me pariera en las cercanías de este pueblo y no en otra parte. Pero es una mera casualidad: no pertenezco a ningún lugar concreto. Pasé mi infancia recorriendo los caminos junto a ellos y aprendiendo los rudimentos del arte. Wakahisa fue la matrona que asistió a mi madre en mi alumbramiento, y tras dejar a mis padres pasé algunos años con ella, mientras trataba de que aprendiera los misterios arcanos... pero creo que el estudio no es lo mío. Prefiero tocar música, contar historias y andar por los caminos en una agradable compañía.

El alegre kitsune tocó unos acordes sencillos en su laúd. Teru caminaba por la senda que llevaba hacia el Este, aparentemente contento de estirar las piernas, de alejarse de la rutina del pequeño enclave y de viajar con la hermosa novicia. Katsumi suspiraba, impaciente, mientras el kitsune parloteaba.

- Tengo tres hermanos, pero no son tan divertidos como yo, jaja.
- Têru: te conozco desde hace casi 10 años.
- ¿Estás segura? -respondió, pícaro, el kitsune-. Ya nunca te veo de fiesta por el pueblo. Hace casi un año que no sales con nosotros a divertirte... Yo creo que te han cambiado, que ya no eres la misma. Y a los extraños hay que presentarse educadamente, jiji.

La primera noche de aquel viaje, Têru volvió a tener el mismo sueño, y fue la última que se repitió. Al día siguiente caminaron rodeados por campos de trigo y al tercero, de cebada. El número de granjas había ido disminuyendo a medida que se dirigían más al Este. Y entonces alcanzaron el límite de los terrenos de la última de todas. Tres esforzados jornaleros estaban quitando las malas hierbas de los límites de un campo de cebada en pleno crecimiento, faltaba a penas mes y medio para cosecharla. Más allá de donde trabajaban comenzaba la pradera salvaje, y mirando bien hacia el horizonte podían divisarse las estribaciones de un gran bosque que llegaba hasta el sur.
- ¡Buenos días, viajeros! -dijo uno de ellos al verlos. Dejaron de trabajar y se acercaron para acariciar el lomo del kitsune con la fruición de quien cree que da buena suerte-. ¿Os dirigís hacia la costa?
- Buenos días -respondió con una sutil inclinación de la cabeza la novicia-. ¿Ya estáis preparados para la celebración de la próxima semana?
- Oh, hay muchas ganas de terminar los trabajos para poder ir al Festival, elevada kannushi.
- ¿Les echamos una mano amigos? -dijo Têru para sorpresa suma de su compañera, que lo tenía por un haragán-. Nos dirigimos a casa de la reverenda Wakahisa, pero supongo que tenemos un poco de tiempo para echar una mano, ¿no, Katsumi? Por cierto, ¿de quién es esa granja tan grande que hemos cruzado hace poco?
- ¿A baba Wakahisa? Pero no es posible...
- Tenéis que haberos cruzado...
- Pasaron por aquí en vuestra dirección no hará ni dos horas. Viajaba con dos muchachos jóvenes.
- Sí, uno con aspecto de simio y el otro con una horca de tres dientes. Quizás aún...

Entonces, un grito procedente de detrás de los campesinos rompió la tranquilidad de la soleada mañana. Por entre la cebada llegaban lanzados otros dos de sus compañeros, corriendo como alma que llevara el diablo.
- ¡Vienen los yokai! ¡Que vienen los yokai!
- ¡Son gigantes, oh, gigantes!
Katsumi y Têru trataron de divisar algo tras los que gritaban. A unos 10 metros tras ellos había unas hierbas altas y matorrales por entre los que habían aparecido corriendo. ¿Gigantes? No se veía que nada les persiguiera. O tal vez sí que había una cierta agitación entre la espesura...

Têru tomó la iniciativa:
- ¡Venid aquí, conmigo! -llamó a los dos que huían hacia ellos y a los tres con los que habían estado hablando. Les conminaba a cruzar la senda y esconderse entre la cebada que crecía al otro lado del camino. 
Katsumi aún no veía que viniera nada, pero empezó a salmodiar un rezo, encomendándose a la protección de Shizuru. Fue entonces cuando algo marrón oscuro, del tamaño de un poni, salió a toda velocidad de entre las matas del fondo, seguido de otra criatura igual. Sus seis patas se movián a una velocidad endiablada y llevándolas a través de la cebada, ganando cada vez más terrenoa  los pobres campesions que corrían por sus vidas. Dos pares de mandíbulas chasqueaban y otras tantas antenas oscilaban por encima de unos ojos negros y brillantes.
- ¡Son hormigas gigantes!
- Yo me encargo -afirmó con seguridad Têru mientras murmuraba unas palabras en la lengua secreta de los bosques. Nada ocurrió, las enormes hormigas seguían corriendo hacia ellos y estaban a punto de alcanzar a los campesinos... y a ellos dos-. ¡Maldición!
- ¿Qué has hecho?
- Un conjuro de sueño. Es... es muy efectivo con los animales. Normalmente...
- Yo las veo muy despiertas -y muy cerca.
- Esto... Quizás haya olvidado que los insectos no tienen mente y no les afecta...
La clérigo desenfundó la katana y se preparó para el combate que se preveía difícil.

28 septiembre 2014

The Caretaker [spoilers]

Llegamos a la mitad de la temporada 2014 de Doctor Who con los protagonistas enfrentados finalmente a lo que tanto habían aplazado... o mejor dicho, a lo que tanto había aplazado Clara Oswald: The Doctor meets Danny Pink... y por supuesto que saltan chispas.

Stuart Manning vuelve a firmar un poster sublime
El episodio parte de un divertido guión que es puro Gareth Roberts, un Gareth Roberts que extrae lo mejor de "The Lodger" y "Closing Time" (el Doctor de incógnito en el mundo real, diálogos ágiles y divertidos, relaciones personales llenas de secretos) pero también de The Sarah Jane Adventures, con la participación en este caso de Steven Moffat, que me parece le influencia de forma muy beneficiosa. La historia que construyen es heredera de "An unearthly child" (1963) y "Remembrance of the Daleks" (1988), precuelas para el interesado por toda esa "energía artrón" a la que hace referencia el Doctor e incluso por los motivos que le llevan a pensar en Coal Hill School y en pedir un trabajo como bedel; pero también lo es del Couplings de Moffat o del Doctor Who como culebrón que a veces construía, y muy bien, Russell T Davies. El recuerdo del egocentrismo de este Doctor, en forma de mirada al Undécimo Doctor, es hilarante.

Porque sí, tenemos un robot como núcleo de la trama, como monstruo y peligro al que vencer, pero el centro de la historia son esta vez las relaciones personales. La dinámica que tiene a Clara entre dos mundos -divertidísima la escena precréditos del episodio- pero también entre dos hombres, el Doctor y Danny Pink; y no en el sentido romántico en el que podía encontrarse Amy Pond, con el Undécimo y Rory, o Rose Tyler, con el Noveno y Mickey. Son dos hombres tan diferentes como el agua y el fuego, pero a la vez tan parecidos como la niebla y el vapor. Dos hombres condenados a chocar y condenados a entenderse.

Digámoslo claro: cuando el Doctor le dice a Clara que le recuerda a una profesora a la que una vez conoció, y ella le dice que sí, claro, a ella misma, Clara se equivoca. El Doctor se está refiriendo a Barbara Wright, su primera compañera involuntaria en 1963, unos 1800 años atrás para el Doctor. La no aparición en este capítulo del otro primer compañero del Doctor, Ian Chesterton, que muchos esperaban desde que "The Day of the Doctor" (2013) nos revelara que Ian es miembro del consejo directivo de Coal Hill School, no es baladí. No hace falta que Ian asome la cabeza porque Danny Pink tiene todos los números de convertirse en nuestro nuevo Ian. El Doctor incluso le cambia la profesión -que usa como apodo- constantemente para meterse con él: PE (Educación Física) en vez de profesor de Matemáticas, como a Chesterton le llamaba constantemente desde Chesterfield hasta Chatterton o Charterhouse. E incluso el propio póster del capítulo diseñado para Radio Times tiene claro que PINK es la clave de la trama.

Nos falta el tercer elemento, claro: la "nieta", Susan. Aunque el reparto de papeles en el diálogo que "The Caretaker" establece con "An Unearthly Child" no es del todo literal, y Clara hace un poco las veces de Susan -la muchacha a la que el profesor de ciencias quiere proteger pero que ya está viajando en la Tardis y debe hacer las presentaciones y limar asperezas en ambas direcciones-, la niña en este episodio es Courtney (Ellis George), mucho más parecida en carácter al propio Undécimo Doctor que Clara. Una rebelde, una mala influencia, una curiosa vital, un culo de mal asiento... como él.

La realización de Paul Murphy, en su segunda dirección en la serie tras el reciente Robot of Sherwood, brilla con agilidad, frescura y sentido del ritmo. Desde las secuencias iniciales hasta el tratamiento de los diálogos, las secuencias de acción, la cotidianeidad de la escuela, los pequeños homenajes (a Cazafantasmas, por ejemplo) o las soluciones sencillas para presentar al monstruo en acción de forma que parezca mínimamente creíble (planos cortos, desequilibrados y en movimiento) o como la TARDIS es descubierta ante los distintos personajes. Como es marca de la casa, tal vez el episodio se desinfla un poco en el último tercio, pero el uso del puro lenguaje de programación y la suplantación de la jerarquía militar -¿inspirada por Danny?- son grandes avances a la hora de presentar al Doctor enfrentándose a sus enemigos de maneras propias y personales: obra de los guionistas pero bien presentada por el director.

En esencia lo que Murphy consigue es que los tres protagonistas consigan dar el 100% de sí mismos en un episodio que abandona los rincones épicos. Ese desarrollo, esa interacción, ese planteamiento de las bases de los personajes, es lo que hace que "The Caretaker" sea uno de los imprescindibles de éste año.

BONUS POINTS: ...por la broma sobre River y las nutrias. Uno puede imaginarse con facilidad la pelea y a River largándose "con el coche" ^_________^

Y por la primera pista de que el "Más Allá", la "Tierra Prometida" no son sólo lo que parecen, que es algo con un nombre más whovianamente aceptable que lo que el mero misticismo implica (la "Nethersphere" = Nadaesfera).