19 febrero 2015

El Festival de los Cerezos/14

Separado de Ikari, Kousei daba sus primeros pasos en solitario por los alrededores de Koyotei. "Asuntos que atender", había dicho el aasimar al separarse, antes de citarle al ocaso en la casa de te "Viento-Sobre-El-Agua".

"Aquí está mi casa", se decía el monje errante, mirando los edificios bajos, la animada vida que parecía haber alrededor del río, el pequeño castillo del daimyo local y la impresionante mole ocre del Kazunan, con apenas un hilo de humo emergiendo de la cumbre. "Pero, ¿estará también mi hogar?", se preguntaba.

Wakahisa también se fue con presura. Casi se diría que furtivamente: cuando uno de los dos muchachos le preguntó si luego se verían, la anciana lanzó sin volverse apenas un gesto que podía significar cualquier cosa. Decidido, Kousei cruzó el torii del Este, al que llamaban "El profeta", entró en Koyotei y sintió como si una especie de losa que pesara sobre su pecho se liberase: sí, en parte aquello era volver a casa. A una casa que no recordaba haber pisado, pero a la que pertenecía. Sus padres crecieron aquí, aquí se conocieron y aquí vivían cuando tenían su edad. Éstas eran las calles que pisaron, ése el río que les mecía y aquel el volcán que les vigilaba.

Pagó una moneda de cobre para cruzar el largo puente rojo, tendido sobre la zona más ancha del río, en su curva, y se dirigió hacia el Kazunan, en las partes bajas de cuya falda se encaramaban los edificios. Así, llegó hasta un complejo bastante impresionante, rodeado de una empalizada de bambú. Coincidía con las descripciones que ella le había hecho en sus cartas: el balneario "Boca del Infierno". El aire estaba cargado de humedad y de los olores particulares de las aguas termales. En la puerta, cerrada, le saludaron dos guardias jóvenes elegantemente uniformados, que sostenían largas lanzas:
- Buenas tardes, honorable visitante.
- ¿En qué podemos ayudarle?
- Buenas tardes. Vengo a visitar a Ogura Yumeiko, mi hermana -dijo el errante con una ligera inclinación de la cabeza. Y añadió con una sonrisa de felicidad-. He vuelto a casa para reencontrarme con ella y disfrutar del Festival de los Cerezos.
- Un motivo muy honorable. Se nota que habéis emprendido un viaje largo -lo que en realidad quería decir el guardia de la derecha es que creía que Kousei había venido a ver a una amante, y que llevaba la ropa sucia.
- Las puertas se cierran una hora antes de caer el sol, lamentablemente. Probad mañana -lo que el guardia de la izquierda quería decir en realidad... bueno, era que no le abrían a un desconocido a esas horas. A veces incluso la recargada tradición social minkana era directa.
- Disculpad mi aspecto -Kousei dio una rápida ojeada a sus ropajes, que ahora caía por primera vez estaban cientamente sucios y arrugados-. He venido directamente al llegar sin siquiera asearme un poco.Volveré mañana para encontrarme con Yumeiko, aunque... -preguntó esperanzado-, ¿sería mucho pedir que os confiara la entrega de una nota para ella? Podría escribirle que se reuniera conmigo en la casa de te "Viento-sobre-el-agua". No quisiera importunaros, si lo que pido está fuera de lugar os ruego disculpéis mis modales de forastero.
- A la Señora no le gusta que molesten a las geishas -respondió, empecinado, el primer guarda.
El segundo parecía más amable:
- Yumeiko... No me suena que resida aquí ninguna "flor" con ese nombre. Podría trabajar en otra casa. De todos modos, si venís por la mañana podéis entrar y preguntar vos mismo... Lo siento.
- Lamento haberos importunado. Volveré mañana.

Y con una resignación encomiable, el monje bajó la cuesta de vuelta hacia el río. Se dio cuenta enseguida que las escasas tiendas que había en esta orilla eran mucho más elegantes y caras que las de la contraria, que era donde compraban los locales: este lado debía estar pensado para los visitantes del pueblo que se hospedaban en los diversos balnearios surtidos de las aguas termales del Kazunan. Entró en uno pequeño cerca del puente, el "Nube Hirviente", y por sólo cuatro piezas de plata se dió un reparador baño caliente con jabón y toallas perfumadas, y para cuando salió una hora después encima se habían ocupado de dejar su túnica de viaje en perfectas condiciones. Sintiéndose un hombre nuevo, Ogura Kousei buscó la casa de te en la que había quedado con su amigo aasimar.
(CONTINUARÁ...)


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