TERTIA PUGNA
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Mientras tanto, en las profundidades del Inframundo, Crowley arrugó la nariz al percibir el hedor familiar del Kur: cieno, podredumbre y desesperación. Sus pupilas verticales se ensancharon, mostrándole tres sombras que lo rodeaban en la penumbra.
- ¡Camina, traidor! -Hastur le propinó un empellón y tomó la delantera, mientras Furfur y un nervioso Eric cerraban la marcha-. ¡Alguien va a pagar por lo de mi brazo!
- Ah, la típica cortesía de Hastur. Eres un enjambre, ¿no puedes redistribuirte para volver a tener brazo? Aunque claro, como has perdido una parte, ¿si hicieras eso te quedarías enano? ¡Hazlo, quiero verlo!
Furfur y Eric tuvieron que contener la indignación de Hastur y guiar al grupo hasta la escalinata que Crowley más temía: la de Abajo del Todo. Era amplia y elegante, de granito oscuro, y estaba custodiada a intervalos regulares por bellos demonios con alas de murciélago.
- ¿Íncubos y súcubos haciendo tareas de vigilancia? -señaló Crowley.
- No queda casi nadie más -gruño Furfur-. El halo de tu novio hizo una masacre.
El grupo obligó a Crowley a descender por la sombría escalinata hasta el final: una doble puerta de obsidiana, irisada en franjas concéntricas de diferentes tonos de negro. Dos Erics (al parecer ya no quedaban minotauros) abrieron los pesados batientes para dar paso al recinto de la más alta jerarquía: un imponente salón de mármol negro veteado de rojo. Al fondo de la sala, Satán presidía la estancia desde un trono colosal, flanqueado por dos tronos de menor tamaño: el de su derecha estaba ocupado por el Gran Duque Astoreth, una monstruosidad de larga melena y muchos dientes. El otro, el del Gran Duque Belcebú, estaba significativamente vacío. Los cuatro recién llegados doblaron la rodilla ante ellos, presos de un temor reverente.
- Parece que Crowley al fin se ha dignado a venir -se burló Satán-. ¿Alguien tiene algo que decir?
- ¡Traición! -el dedo acusador de Furfur señaló a Crowley y al trono vacío-. ¡Shax, sucesora de Belcebú, ha desaparecido al intentar reunirse con este renegado!
Crowley meneó la cabeza con fingido aburrimiento:
- ¿Otro juicio? -soltó una carcajada seca-. ¿Qué es esto, el Día de la Marmota?
- Déjate de roedores, Crowley -sentenció Astoreth-. ¿Qué sabes de la desaparición de Shax?
- Que cuatro ángeles me acusaban de algo y entonces Shax se metió en medio. ¡Una ocurrencia inteligentísima!
- ¡Nos usaste para desviar esa acusación! -rugió Hastur, mostrando el muñón de lo que había sido su brazo-. Hiciste que el Arcángel Supremo me atacara, ¡me usó como chivo expiatorio!
- ¿Chivo expiatorio? -se interesó Satán- ¿Un ángel es capaz de hacer eso?
- Ése sí, ¡y hace años que le deja mensajitos telefónicos a este traidor!
El Adversario frunció el ceño, pensativo:
- Después quiero más detalles, Hastur. Pero primero tengo una noticia: Furfur, te he hecho llamar porque fuiste el primero en sospechar que había una alianza entre ese ángel y Crowley, en 1941. No conseguiste pruebas, pero resultó ser cierto y mostraste iniciativa ahí arriba. Por esa eficiencia, sustituirás a Crowley y Shax como Embajador del Infierno en la Tierra.
Furfur se irguió con orgullo, tartamudeó palabras de agradecimiento y se despidió con una reverencia a Satán y Astoreth (y miradas de desprecio a los demás). En cuanto las puertas se cerraron tras él, Satán continuó:
- Ahora quiero oír más sobre el tema del chivo expiatorio.
- Shax y yo ofrecimos un trato a este traidor -Hastur señaló a Crowley-: matar a criminales humanos. Pero la siguiente vez que quisimos hablar del tema, ¡Azirafel nos atacó para silenciarnos!
- No firmé eso, lumbreras -se burló Crowley-. Pero mataste en su presencia a uno de esos humanos, ¿qué esperabas?
- ¡No me atacó entonces, sino cuando intenté hablar! Y Dagon dice que vio algo más, el día que desapareció Belcebú. Al salir de la librería, vio al Arcángel Supremo y a este traidor... b-b... -Hastur se interrumpió a causa de una arcada de repugnancia-: ¡Besándose! ¡Ahí está su verdadera lealtad!
Crowley ocultó sus nervios bajo una máscara de chulería y soltó una risotada para ganar tiempo. Necesitaba defenderse ante Satán sin soltar una mentira directa, porque solía detectarlas. Así que le pareció más prudente elegir un farol que tuviera un fondo de verdad:
- ¿Lealtad? ¿Nunca piensas a lo grande, Hastur? -se burló-. Llevo siglos tentando a ese ángel, ¡y funciona! Primero la gula, con la excusa de integrarse en la sociedad humana. Después la avaricia, cuando descubrí que su moneda son los libros. Y lo tuve cerquísima de la lujuria, ¡tanto, que el Metatrón en persona tuvo que bajar para impedirlo!
Hastur se quedó pasmado, procesando la revelación sin conseguir encontrarle un punto flaco. Satán asintió lentamente:
- Es suficiente. Hastur, puedes retirarte. Eric, quiero que esta conversación conste en acta. Especialmente lo que voy a decir ahora.
El demonio orejudo tomó papel y pluma como si le fuera la vida en ello (lo cual era bastante probable), mientras un confuso Hastur se retiraba farfullando incoherencias. Cuando las pesadas puertas de obsidiana se cerraron de nuevo, Satán clavó en Crowley una mirada terroríficamente fija:
- Según mis otros informantes, lo que dices es cierto. Corromper al Arcángel Supremo demuestra una imaginación y un talento que escasea por aquí. Quedas readmitido, pero en un cargo más alto que el que ocupaste en el pasado.
- ¡Protesto! -intervino Astoreth, cambiando a una forma femenina que mostraba pocas veces: vestía una túnica bordada con imágenes de espigas, becerros dorados y otros símbolos de fertilidad-. ¡Crowley causó la muerte o desaparición de mi hermano Ba'al Zebul!
- Astarté, ya vengarás a Belcebú cuando caiga ese ángel -asintió Satán-. Pero Crowley no era el único que estaba presente aquel día, así que prefiero responsabilizarlo de otros temas. Sobre todo, después de descubrir una grabación de seguridad que demuestra que no eran enemigos: Belcebú ya le ofreció una vez lo que voy a darle ahora.
- ¿Un castigo? -se interesó Eric, sin cesar de tomar notas.
Satán soltó una carcajada terrorífica (cuyos ecos hicieron que al escribano casi se le cayera la pluma del susto) y se puso en pie, proyectando su sombra sobre todos los presentes. Señaló el trono vacío y anunció:
- No escatimaremos medios para encontrar a mi Hijo y, de paso, hacer Caer al Arcángel Supremo. Para tal fin, concedo al Demonio Crowley el rango de Gran Duque del Infierno. Con potestad ilimitada para hacer todo tipo de Mal o... -reflexionó un instante y pareció dudar antes de añadir-: o incluso el Bien, si realmente lo requiere la misión.
A Crowley se le aceleró el pulso y empezó a faltarle el aire; no podía creer su suerte. Esperaba amenazas para motivarlo a trabajar. ¿¡En cambio, le ofrecían un auténtico sueño húmedo!? Una parte de él aún quería rechazarlo todo a cambio de cierto ángel, pero... ¿para qué, si Azirafel cada vez estaba más lejos de su alcance? ¡Y podría hacer el Bien sin problemas! Así que se sorprendió a sí mismo asintiendo mecánicamente, tan aturdido por el asombro como el propio Eric.
Satán le guiñó un ojo y rió con malicia:
- Mírate, Crowley: has llegado a lo más alto. Qué lástima que tu contrato sea temporal, ¿verdad?
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