20 marzo 2025

TERTIA PUGNA-8


 


 TERTIA PUGNA

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

Capítulos:    1     2     3     4     5     6     7    8


CAPÍTULO 8.- SANGRE INOCENTE


I am not a god, neither a saint
I am no hero, I am just a friend (...)
Two hands to hеal the pain
(Sunburst, "Samaritan")

    La vida es como una caja de dinamita: puedes aprender a manejarla, pero no te descuides. Porque también puede ser que salgas volando cuando menos te lo esperas.

    O que desaparezcas bajo las ruedas de un bólido de dos toneladas.

    - ¡¡Maggie!! -gritó Nina, lanzándose hacia el vehículo que le había arrebatado a su amiga. Intentó rebuscar bajo el amasijo de hierros, rogando sin cesar-: Por favor, Dios mío, ¡que no esté muerta!


    Entonces sucedió algo casi único. A fin de cuentas, como diría Gabriel, no es frecuente que un ser humano tenga ocasión de rezar en presencia del puto Arcángel Supremo.

    La calle se inundó de luz purísima (y de un cursi olor a rosas). La invocación despertó en Azirafel un poder abrasador: a punto estuvo de descorporizarse. Pero consiguió dominarse, dejar de brillar como un foco halógeno e imponer las manos sobre el metal: se concentró para elevarlo...

    ... y le resultó mucho más fácil de lo que esperaba. El doble de fácil, para ser exactos. 

    Cualquier otro ángel se habría puesto en guardia al ver a Crowley, con las alas aún desplegadas, recitando un conjuro en la lengua del Infierno. Pero Azirafel sonrió:

    - Gracias por... 

    - No lo hago por ti. ¡Sólo es porque conozco mejor que tú estos trastos! -le interrumpió Crowley. Sus ojos de serpiente se clavaron en los del otro, señalaron una dirección y el ángel obedeció. Juntos apartaron el maltrecho vehículo, sincronizándose como engranajes de una maquinaria, que por fin, volvía a estar completa.

    Como en el pasado. 

    Como debería haber sido en el futuro.

    - Maggie... -gimió Nina. La joven morena se acercó temblando a la librería, sin atreverse a mirar la entrada. Porque, contra la puerta, el Jaguar debería haber aplastado a...

    - N-no... ¿¿¡no está!?? 

    - ¡Milagro! -anunció la voz jubilosa de Muriel desde el interior del edificio. A través del hueco de la entrada (ya no había puerta), todos vieron que el ángel novato sostenía en sus brazos a Maggie-. ¡Por fin he hecho un milagro!

    Nina entró, espoleada por la adrenalina:

    - Maggie, ¿¡estás bien!? ¡Creí que ese trasto te había planchado contra la puerta! 

    - ¡Imagina lo que creí yo! -balbuceó la aludida, acabando de ponerse en pie-. Sí que es un milagro...

    - Más bien medio milagro. Tienes una hemorragia interna -señaló Crowley desde el umbral. Se había quitado las gafas, para examinar las lesiones con su visión infrarroja de serpiente.

    - Podría ser peor -sonrió valientemente Maggie-. No sé cómo lo has hecho, Muriel, pero gracias.

    - Sólo quité la puert... - la sonrisa de Muriel se heló al ver quién más se aproximaba -. Aunqueee... ¡s-seguro que no cambié nada importante! N-no puedo interferir en asuntos de hu-humanos...

    El Arcángel Supremo cruzó el umbral, miró al ángel novato y... se vio a sí mismo, años atrás. Ocultando sus bienintencionados deslices a sus superiores, tras la máscara de una sonrisa de terror. 

    - No temas  Muriel -decidió, mirando para otro lado-. No he visto que hayas hecho nada inapropiado.

     ¿Así se sentía Gabriel cada vez que Azirafel mentía?

    ¿Sospechaba más de lo que parecía?

    La voz de Crowley lo sacó de su ensimismamiento:

    - ¡Ángel! ¡Haz lo tuyo!

    - ¿Perdón...?

    - ¿No la curas? ¡Está más blanca que tu despacho!

    - Sólo es un mareo -protestó Maggie, aunque comenzaba a ver borroso. Tuvo que sentarse para contener las náuseas.

    Azirafel asintió, deseando ayudar, pero miró a su espalda... y se quedó rígido en el sitio.

    Maldición. Nos vigilan.

    - ¿De verdad no puede interferir? -se exasperó Nina - ¿A estas alturas? ¿Después de lo que nos mangoneó en el baile?

    El exdemonio contempló, boquiabierto, cómo el arcángel se marchaba. No sabía si lo que sentía era asombro, furia o decepción. Sólo se preguntaba cómo había dedicado tanto tiempo de su vida a alguien así. 

    - Crowley, ¡al menos, ven tú! -suplicó Maggie, con un brusco espasmo de dolor.

    La invitación deshizo la barrera invisible que retenía a Crowley: éste perdió el equilibrio, cayó dentro de la librería, se levantó entre blasfemias y examinó el mapa de luces infrarrojas que era Maggie:

    - ¡Una arteria enorme se está oscureciendo! Su luz se derrama fuera de...

    - ¿¡Qué!?

    - No lo ves, pero confía en mí -Crowley señaló un punto bajo la piel de Maggie. Ahí dentro hay una arteria rota, Detective Contable. ¡Repárala!

    - No d-debo -tembló Muriel-. Y no puedo. Yo no soy suficiente...

    - Conmigo, sí lo eres. ¡Yo contengo la hemorragia interna y tú reparas!

    Muriel miró con angustia la salida, por la que había desaparecido su superior. Pero se volvió hacia sus amigas y también vio temor en ellas. Ambas alternativas le daban miedo, tanto si elegía obedecer como si no.

    Pero, al menos, podía elegir. 

    Y lo hizo.

    Hay un aura humana: siéntela. No está completa: dentro hay algo roto. Pero has leído libros y sabes cómo debería ser esa arteria. Intentas canalizar un poco de poder para restaurar su forma. Y lo consigues: es como reparar un tubo. Aunque vacío, claro: no sabes llenarlo...

    - Buen trabajo, Detective Contable -elogió Crowley-. ¡Mi turno!

    Se dice que los demonios no pueden curar, pero había algo que Crowley sí sabía remediar: la resaca. El truco estaba en retirar el alcohol de sus venas para devolverlo a la botella, combinando mecánica de fluidos y tacañería. Haría falta mucha imaginación para curar a nadie con eso, pero la imaginación era su especialidad. Visualizó a Maggie como si fuera una botella, chasqueó los dedos y...

    - ¡Le está volviendo el color a la cara!  -celebró Nina-. Maggie, ¿me oyes? ¡Dime algo!

    - ¿La sangre ha vuelto a su sitio? -Muriel miró a Crowley con admiración-. ¿Cómo lo has hecho?

    - ¡Con un truco de borracho! Si puedo mover alcohol de un sitio a otro, también puedo mover otros líquidos. ¡Siglos de vicio me han preparado para este momento! 

    - Eso no tiene sentido, pero gracias -sonrió Maggie, más recuperada-. Bendito seas, Crowley...

    - ¡No bendigas, joder! ¡Que eso escuece!- protestó él. 

    Pero, en realidad, sonreía cuando dio la espalda al trío: estaba satisfecho. Sobre todo, por la reacción de Muriel.

    Se le podía tentar. Sabía desobedecer.

   Apartando de su mente intrusivos recuerdos de borrachera, se dirigió al exterior. Tenía asuntos que atender. El primero, averiguar a dónde había ido con tanta prisa el puto Arcángel Supremo.


    - - - - - - - - ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -


    Un gélido aguacero azotaba las calles del Soho. Azirafel se encogió al salir de su librería, pero no a causa del frío:

    - Veinticinco Lázaros -le sobresaltó una voz acusadora-. ¡Otra vez! 

    El Arcángel Supremo se detuvo en el umbral y reprimió una disculpa. Llevaba milenios disculpándose; le estaba costando quitarse esa costumbre. 

    - Sesenta y cinco -corrigió, intentando sonar autoritario-. Pero no necesitas venir para eso, Miguel. ¡Es mi caso!

    - Entonces, ¿eres tú el causante? 

    - Al contrario: soy el que lo investiga -Azirafel mostró el documento firmado por el Metatrón y leyó en voz alta-: "-65 Lázaros. Destruye al responsable".

    - No venimos por eso. Es un tema menor  -intervino alguien más. Incluso antes de verle doblar la esquina, su aura y el zumbido de su silla de ruedas eran inconfundibles-. Ha habido otro milagro hace unos minutos.

    - Veinticinco Lázaros positivos -asintió Miguel.

    Saraqael detuvo su silla junto a los restos humeantes de lo que había sido un Jaguar clásico y señaló los daños en la fachada de la librería: 

    - ¿Esta cosa chocó contra nuestra Embajada?

    Azirafel asintió, inquieto:

    - Sí, hace unos minutos. Lo aparté con un milagro y... ah, entonces sí fui yo -admitió. Posó una mano en el hombro de cada intruso y se los llevó hacia el ascensor-. Supongo que me excedí por accidente. Vayamos a transmitirle al Metatrón mis disculpas.

    - ¿Sólo eso?

    - Sólo eso -Azirafel les metió más prisa: no quería que se quedaran a curiosear en la librería-. ¿Qué más podría ser?

    La respuesta fue rápida. Inoportunamente rápida.

    El aire aumentó su densidad hasta un nivel casi sofocante. Las gotas de lluvia ralentizaron su caída, se detuvieron sin tocar el suelo y comenzaron a ascender lentamente. El efecto se propagó en todas direcciones, como una onda expansiva, pero muda y luminosa. Y el epicentro del milagro era...


    - ¡Nuestra Embajada! -anunció Saraqael: el panel de control de su silla era un caos de luces y códigos de alarma-. ¡Esta vez son veinte Lázaros!

    Miguel corrió hacia la librería, chocó contra alguien que salía y rugió al reconocerlo:

    - ¡Demonio! ¡Abandona este lugar!

    - Con mucho gusto -fue la burlona respuesta-. Este sitio es aburrido, ¡y tú también!

    - ¡No tan rápido! -a Miguel siempre le molestaba que Crowley no se dejara intimidar-. ¿Qué maldad estabas haciendo ahí dentro? ¡Habla o te fulmino!

    Antes de que Crowley elaborara una respuesta más insultante, una voz tímida intervino:

    - N-no hacía nada malo... -Muriel se asomó al umbral temblando de miedo, pero continuó-: s-sólo me ayudaba a curar a un ser hum...

    - Muriel, ¿estás interfiriendo en asuntos humanos? -se escandalizó Miguel-. ¿¿Y pactando con demonios??

    Azirafel no pudo contenerse más. Sabía por experiencia cómo se sentía Muriel: debatiéndose con angustia entre el Bien y el Deber (que ni siquiera deberían ser antónimos). No era justo.

    - ¡¡Basta!! -estalló-. Soy su superior. ¡Asumo la responsabilidad!

    - ¿Estás seguro? -Miguel sonrió con astucia-. Porque un trato con demonios te podría costar el puesto de Arcángel Supremo.

    Crowley se volvió con furia:

    - ¡Si quieres quitarle el puesto, búscate otra excusa! Yo ya no trabajo para el Infierno. ¿Recuerdas?

    - Es curioso que saques el tema - intervino una voz tan refinada como terrorífica, acompañada por el compás de dos carísimos zapatos de tacón y suela roja. La recién llegada señaló el vehículo siniestrado e inquirió-: ¿Tienes algo que ver con esta muerte, Crowley?

    El interpelado echó un vistazo a los restos que señalaba Shax y se le heló la expresión. ¿Era el Jaguar contra el que había competido su Bentley en la M25? ¿Qué estaba haciendo allí?

    Azirafel también se quedó helado. Porque en el documento firmado por el Metatrón, la cifra escrita cambió en aquel momento:

    "-66 Lázaros. Destruye al responsable".

    - - - - - - - - ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

No soy un dios, tampoco un santo,
no soy un héroe, sólo un amigo (...)
dos manos que curan tu dolor
(Sunburst, "Samaritan")


<Capítulo anterior<       (CONTINUARÁ...)


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Otros relatos inspirados en el universo de Good Omens:   

Papilio Tempestae (one shot. Infancia de Warlock)

1 Natividad    2 Tentación    3 Pasión

 

02 diciembre 2024

¡Arriba el telón! 17 críticas (y van 229)

     Recopilando más críticas escénicas publicadas en EnPlatea.com, en esta ocasión tenemos una ración XL mientras hilamos las de junio, julio y septiembre, incluyendo el Grec 2024, hasta mi parón... que debía haber sido por operación pero que finalmente lo fue por no-operación mientras me recuperaba (por suerte, bien y rápido🥳) de un shock anafiláctico provocado por el antibiótico en quirófano.

     Uno entre 22 222: si es que soy raro hasta para las alergias... 😅 ¿Sería una premonición la reseña de Els Miserables de Mas Fiol?

213. Las bingueras de Eurípides: "El tostaero dionisíaco" (19 de junio)
214. Apocalípticamente correcto: "A la libertad por el desengaño" (20 de junio)
215. Paradise: "Filoctetes, el acorralado" (25 de junio)
216. ALMA Festival - Glen Hansard: "Mística de rodillas, y a trepar la montaña" (28 de junio)
217. Grec - Macho grita: "Fundación e imperio (español) a golpe de guerra civil" (1 de julio)
218. Grec: "Todas las caras de Tirant lo Blanc" (3 de julio)
219. Grec - Romul i Rem, el musical: "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?" (8 de julio)
220. Grec - Artemis: "24 mentiras por segundo" (12 de julio)
221. Grec - La gran nit de Dagoll Dagom: "Historia y magia de la llave del fuego (15 de julio)
222. Grec - Els miserables: "Will you give all you can give? Really?" (19 de julio)
223. Grec - Villa: "¿Qué hacemos con las ruinas del infierno?" (24 de julio)
224. Grec - Hamlet. En els plecs del temps: "Seré o no seré. Esa fue la cuestión" (26 de julio)
225. La colección: "Coleccionamos vidas, historias, verdad" (9 de septiembre)
226. L'enterrador: "Cainismo y dignidad" (13 de septiembre)
227. Com cantar Sobreviviré sense que m'exploti un pulmó: "Fiato contra asfixia" (16 de septiembre)
228. Mar i cel: "El último himno de Dagoll Dagom" (19 de septiembre)
229. Godspell: "Formando a los habitantes de la ciudad más hermosa" (20 de septiembre)

Críticas 20151 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42     Críticas 201643 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 201775 a 79     Críticas 201880 a 88
     Críticas 201989 a 97 | 98 a 107 | 108 a 112
Críticas 2020113 a 116
     Críticas 2021117     Críticas 2022118 a 123 | 124 a 133
Críticas 2023: 134 a 137 | 138 a 146 | 147 a 154 | 155 a 163 | 164 a 172 | 173 a 185
Críticas 2024: 186 a 199 | 200 a 212 | 213 a 229
La gran nit de Dagoll Dagom. Teatre Grec

29 julio 2024

TERTIA PUGNA - 7


 TERTIA PUGNA

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

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CAPÍTULO 7.- SESENTA Y CINCO LÁZAROS





    (Local de Madame Sandwich, en la parte "exótica" del Soho)

    - Aquí todo es muy caro, Sastra.

    - No me llamo "Sastra" ni "Costurera", sino Madame Sandwich. Y tengo que pagar a mis empleadas dignamente.

    - ¿Dignamente? -el viejo yuppie soltó una risotada tan estridente que casi se oyó por encima de la música del local-. ¡Pero si son...!

    - ¡Son trabajadoras! -le cortó la gerente con firmeza-. Prestan un servicio. ¡A cambio de un sueldo!

    - ¿Eres empresario y no lo entiendes? -se burló uno de sus compañeros de borrachera-. Como seas igual de roñas en todos tus negocios...

    El avaro, ofendido, buscó las llaves de su Jaguar y se encaminó hacia la salida. Madame Sandwich palideció cuando le oyó mascullar el nombre de un tugurio barato de los bajos fondos.

    - ¿Qué pasa con ese sitio? -se interesó uno de los clientes restantes. 

    - Que allí no tratan bien a sus chicas -contestó ella con tristeza. Sospechaba que aquel horrible lugar estaba implicado en delitos de trata de personas. Pero, por desgracia, no tenía pruebas.




    Minutos después, un Jaguar clásico aparcó frente a un lóbrego tugurio de los bajos fondos. Pero fuera del local no montaba guardia el hampón acostumbrado, sino un fumador de mirada sucia, pelo cano y aura demoníaca.

    - ¿Tú quién eres? -preguntó el fumador, relamiéndose con disimulo; estaba consultando la agenda de un teléfono móvil-. No estás en esta lista.

    - Soy cliente habitual -gruñó el avaro, abriendo la puerta del Jaguar para apearse.

    El fumador esbozó una sonrisa sucia y avanzó un par de pasos. Era Hastur, aunque no lucía su rostro habitual: por precaución, él y Shax habían decidido cambiar de apariencia cada vez que atacaran a un nuevo humano.

    - ¿Estás al tanto del bienestar laboral de este negocio? -preguntó al cliente.

    - Ni lo sé ni me importa -se encogió de hombros el yuppie-. ¿Puedo entrar ya?

    - Así que eres cómplice -Hastur avanzó otro paso y se relamió de nuevo; había algo corrupto en su olor y en sus modales-. Hoy ya he comido con sesenta y cinco... ejem... "clientes" como tú, pero puedo hacerte un hueco. Por favor, baja de ese carruaje, o como sea que se llame ahora, y... -sonrió ávidamente- acompáñame para comer.

    El otro ya tenía un pie fuera del Jaguar, pero se lo pensó mejor y volvió a meterlo. Ya estaba cerrando la puerta cuando se le echó algo encima. Si no hubiera sabido que era imposible, habría jurado que era una especie de... ¿enjambre? 

    "Prefiero no saberlo" decidió, pisando a fondo el acelerador. No sabía por qué le asaltaban aquellos escalofríos, pero necesitaba alejarse de allí cuanto antes.

    - - - - - - - - ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    Azirafel estaba inquieto: Metatrón le había enviado contra Crowley sin pruebas, por simple odio personal. El Arcángel Supremo habría preferido no volver a reunirse con el que fue su amigo: su despedida había sido demasiado dolorosa. Pero, precisamente por eso, debía demostrar la inocencia del exdemonio. Le había hecho daño. Se lo debía. 

    - Escúchame de una santa vez -insistió Azirafel con urgencia-. Sesenta y cinco: ¿te suena esa cifra, Crowley?

    Éste se encogió de hombros con chulería:

    - Sí, la fecha de tu puto anuario. Lo he regalado para hacer una buena obra: ¡de nada!

    - ¿Eso es todo? -sonrió Azirafel con alivio. Su antiguo amigo no parecía saber nada de acerca de crímenes sobrenaturales...

    ... hasta que el exdemonio, siguiendo su mirada, al fin se volvió hacia Nina y reparó en el periódico que ésta sostenía. Al ver la trágica noticia de la portada se le dilataron los iris amarillos, ocupando sus ojos por completo:

    - Espera, ¿por eso venías, áng... "arcángel supremo"? -le espetó con sorna-. ¿Por unos cuantos pederastas que están mejor muertos?

    Azirafel palideció al escuchar la confesión: tuvo que desabrocharse el cuello para intentar recuperar el aliento. Crowley observó, molesto, que el nuevo Arcángel Supremo ya no portaba su antiguo abrigo, sino uno gris plateado, irritantemente similar al de Gabriel, con un sospechoso bulto a la altura de la cintura.

    - ¿Llevas una espada bajo ese abrigo, o es que te "alegras" de verme? -coqueteó con grosería.

    Su interlocutor reprimió un temblor en sus manos al mostrar a Crowley un documento, escrito de puño y letra del Metatrón en un alfabeto más antiguo que el Mundo:

    "Londres. -65 Lázaros. Destruye al responsable".

     - Por favor -rogó-, ¡dime que no estás metido en esto! 

    El acusado bajó la voz hasta convertirla en un susurro extrañamente rugiente:

    - ¿Y si lo merecían? Dime, ¿qué harías?

    La mirada de Azirafel se convirtió en una súplica:

    - No te he pedido exactamente me digas la verdad. 

    - Retorciendo las normas, ¿eh? -asintió Crowley, con una mueca astuta-. Siempre he admirado lo cabrón que puedes llegar a ser.

    - Ejem... ¿gracias?

    - En fin, áng... arcángel; contestando a tu pregunta...

    El rugido de un motor y un chirriar de frenos interrumpieron la frase, seguidos por el terrible estrépito de una colisión. Un enorme Jaguar clásico, después de destrozar varias farolas, se estrelló contra la fachada de la librería.

    A juzgar por su trayectoria, parecía proceder de los bajos fondos. 

    Y a su paso, Maggie había desaparecido.





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Otros relatos inspirados en el universo de Good Omens:   

Papilio Tempestae (one shot. Infancia de Warlock)

1 Natividad    2 Tentación    3 Pasión


  

25 junio 2024

TERTIA PUGNA - 6


TERTIA PUGNA

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

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CAPÍTULO 6.- ERRORES DEL PASADO



"Hice lo del halo".
"Al Infierno no le va a gustar".
"Sólo lo deberíamos hacer en combate.
Podría tomarse como una declaración de guerra".
(Good Omens, temporada 2, capítulo final)


     (Londres, antigua librería en el Soho):

    A veces hay cosas que intentamos olvidar. Porque nos desagradan demasiado... o por todo lo contrario. Pero no se puede huir de ellas eternamente.

    Eso es lo que pensó Muriel, al sorprenderle una repentina ráfaga de luz. Blanca, intensa, condensándose en una figura sólida…

    - ¡Perdón, Arcángel Supremo! -gimió el ángel novato, postrándose ante el círculo de luz-. No debí vender tu anuario… ¡losientolosientolos…!

    - Soy yo quien debe pedir perdón -le consoló Maggie-. Porque dejé entrar a quien no debía y...

    - No importa: te perdono -respondió una voz amable-. Y a ti también, Muriel. En realidad, ni siquiera vengo por eso.

    Maggie sonrió al reconocer al recién llegado: 

    -¡Señor Fell!

    Azirafel salió del círculo de invocación, comprobó con discretos toquecitos que (por una vez) había conseguido usarlo sin descorporizarse, tomó aire y...


    Y el aroma del pasado se le echó encima con la delicadeza de una prensa hidráulica. Era como respirar recuerdos: Proust habría estado orgulloso. Olor a libros, a la madera de su escritorio, a la tapicería del sillón donde solía beber con...

    - ¡Rayos! -imprecó, intentando reprimir la palabra "hogar". Porque, como recordó con tristeza, aquél ya no era su hogar. 

    - ¿Un té? -ofreció Maggie, empeorando su nostalgia sin querer.

    Azirafel resistió la tentación y huyó hacia la salida, mascullando algo sobre “Sesenta y cinco Prousts… estooo… Lázaros”. Suponía que en el exterior sería más fácil olvidar todo lo que había perdido. Pero apenas abrió la puerta, descubrió que se equivocaba.

    - Rayos -repitió. Pero esta vez era descriptivo. 

    El fulgor de un relámpago le mostró una calle rebosante de recuerdos: el frío repiqueteo de la lluvia en su rostro, olor a contaminación, a asfalto mojado, a… bueno, a Londres. Llevaba tiempo intentando olvidarse de aquella ciudad, y del ángel caído que asociaba a ella, como el adicto que intenta desengancharse. Pero no se puede huir eternamente.

    Sobre todo porque él estaba allí, en la calle, a sólo unos pasos de distancia. Echaba humo: la lluvia se evaporaba al tocarlo. Ceñudo, hostil, rabioso... 

    "En dos palabras: como siempre" sonrió Azirafel, avanzando unos pasos hacia Crowley. Incluso la misión se parecía a las de antaño: cooperar con él, pero fingiendo acusarlo, por si sus superiores vigilaban. Sólo tenía que formular la acusación de una manera fácil de rechazar, como por ejemplo...

    - ¡Sesenta y cinco, Crowley! ¿Cómo has sido capaz?

    Pero su optimismo se llevó un jarro de agua fría al no recibir exactamente una negativa: 

    - Extraño saludo, Azirafel. ¿Recuerdas que declaraste una guerra?

    - - - - - - - - ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    Mientras tanto, en un laboratorio de Scotland Yard, tres policías se estaban acercando demasiado a un caso que les venía grande. Infernalmente grande:

    - La cifra de muertes sigue subiendo -gruñó la inspectora Jones-. Parece una auténtica guerra.

    - Ya son 65 -asintió la forense Sato, cotejando los resultados de varios análisis-. Sin rastro de armas, toxinas ni enfermedades. Sólo han sido devorados a velocidad acelerada. ¡Antinaturalmente acelerada!

    - ¿Por un enjambre de bichos raros? ¿Alienígenas? ¿Demonios? -se burló el tercer agente.

    - Tyler, no tiene gracia -protestó Jones-. Entre las víctimas está mi confidente y sus contactos. No sólo vendían drogas: estaban en una red de trata de personas. Y justo cuando iban a llevarme hasta los peces gordos... 

    - Desaparecen sin dejar pistas analizables -concluyó Sato-. Qué conveniente para los peces gordos. 

    - ¿Y las cámaras de tráfico, Tyler? ¿Han registrado algo en el lugar de los hechos?

    - Hemos captado a docenas de personas y vehículos, pero ninguno se repite. Lo único sospechoso es... -Tyler consultó su tablet-: un par de vehículos con las matrículas tapadas, en la zona y fecha de la primera muerte. Un Jaguar y un Bentley clásicos.

    - ¿Como los del caso de la M25? -se animó Jones-. No es una prueba concluyente, pero al menos serán fáciles de identificar: los clásicos son escasos. Gracias, Tyler. Si los vuelve a detectar...

    - Eso es lo mejor -sonrió él-. ¿Quiere ver las cámaras en directo?

    La inspectora ojeó la tablet de su compañero... y su expresión cambió al ver las imágenes: 

    - Desde luego, esto no se ve todos los días.

    La cámara mostraba una tormenta curiosamente pequeña, que sólo afectaba a una calle del Soho. Y un Bentley muy antiguo, aparcado junto a una vieja librería. 

    - Aún no tengo pruebas, amiguito -le susurró al Bentley-. Pero sé que tienes algo que ver con mi guerra.

    Jones casi juraría que los faros del vehículo parpadearon a modo de respuesta.


    - - - - - - - - ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    Azirafel frunció el ceño: no tenía tiempo para distracciones. Estaba demasiado ocupado investigando un crimen de 65 Lázaros (aunque ni siquiera sabía de qué clase: no tenía ninguna pista) y rezando para que su interlocutor no estuviera implicado.

    - Crowley, no he venido a hablar de guerras. Escucha....

    El exdemonio lo encaró bruscamente, tenso como una cobra a punto de atacar:

    - ¿Y a qué vienes? Dijiste que irías Arriba para "mejorar las cosas". ¿Recuerdas? 

    - Sí, pero...

    - Vaya mierda de mejora -bufó Crowley, meneando la cabeza-. ¡Ni siquiera has desconvocado tu guerra!

    - ¿Mía?

    - Sí. ¡Tú hiciste lo del halo!

    - ¡Ah, eso es agua pasada! He venido a hablar de algo más import...

    - ¿¡Más que una guerra!? 

    El arcángel se mordió el labio para no contestar: "Sí. Tu vida está en juego, porque te acusan de un crimen infernal, y tú eres lo que más me importa". Pero no podía decirle algo así en público, así que se limitó a recordarle:

    - Ya tuvimos un acuerdo de paz.

    - Eso creía yo. Pero sólo sirvió para que no ejecutaran a esos dos desertores, Gabriel y Belcebú. Los de Abajo no prometieron nada más, y acabo de saber que siguen en pie de guerra.

    - Pero... ¡no deberían! -palideció Azirafel, retrocediendo un paso-. ¡Yo no quería eso, sino sólo defenderme! Me dejaste solo y...

    - Te dejé protegido -replicó Crowley, desdeñando descaradamente su parte de responsabilidad-. Estabas en una Embajada a la que ningún demonio podía entrar sin ser invitado. 

    - Sí, pero...

    - Los invitaste a entrar y los masacraste. Lo entiendo, le hice algo parecido a Ligur. ¡Pero parece que matar a invitados en una Embajada rompe normas diplomáticas, POR LO QUE SEA! -reprochó, elevando la voz cada vez más-. ¿Y los de Arriba? ¿Van a detener esto?

    - Ejem... no han dicho nada, aparte de alguna alusión a la Segunda V...

    - ¿¡NADA!? -estalló Crowley, avanzando con largas zancadas hasta detenerse a sólo unos centímetros de su adversario-. ¿Para eso eres el Arcángel Supremo?

    La tormenta se intensificó hasta convertirse en diluvio. Estaban solos en la calle y, gracias a la magia de Crowley, ningún ser humano se asomaba al exterior. Excepto dos personas de mente más alerta, ocultas en el umbral de sendos edificios: Nina y Maggie.

    Esta última lamentaba amargamente su culpabilidad:

    - No fue él quien los dejó entrar -confesó la tímida rubia, avanzando bajo la lluvia hasta quedar a pocos pasos de Azifarel-. Fui yo. No quise invitarlos, pero retorcieron mis palabras y...

    Crowley se quitó las empapadas gafas y estrechó los ojos con malicia:

    - Y por eso los humanos no deberían mezclarse en nuestros asuntos. ¡Debí evacuarte con los demás!

    - Sólo fue un error, y se arrepiente mucho. No para de pensarlo -la defendió el Arcángel Supremo en un tono amable, pero extraño. Alzó una mano para invocar un milagro-: Maggie, debes olvid...

    - ¡No! -intervino Nina, saliendo de su escondite-. ¡No te atrevas a borrarle la mente!

    El arcángel volvió su atención hacia Nina... y la visión de ésta se oscureció de repente, como si alguien hubiera extendido un telón negro ante sus ojos. Ella temió lo peor pero, para su sorpresa, descubrió que aún recordaba aquella terrible noche. Y que la barrera negra desplegada ante ella era, en realidad, un enorme par de alas. Cubiertas de magníficas plumas oscuras, similares a las de un águila, pero mucho más grandes.

    Las alas protectoras de... ¿¡Crowley!? ¿¡Desde cuándo tenía alas!?

    - Ya la hasss oído, áng... arcángel -siseó con furia el demonio alado-. No tienesss derecho a manipularlesss la mente.

    - ¡Pero si tú mismo has dicho que los humanos no deberían...! -protestó el otro, con la voz cada vez más chillona por los nervios- ¡Es por su bien!

    - Ah, ¿sí? Pregúntaselo -Crowley plegó las alas sólo a medias, listo para volver a extenderlas en caso necesario, y preguntó sin mirar a su protegida-: Nina, ¿quieres olvidar?

    Ella balbuceó una negativa, todavía aferrada al periódico del día. Aquel periódico, con aquella terrible noticia en portada.

    Una portada que, al apartarse parcialmente las alas negras, Azirafel pudo leer perfectamente:


    "El Devorador arrasa los bajos fondos".

    "Scotland Yard investiga 65 muertes inexplicables".    


    ¡65 asesinatos sobrenaturales! La mirada de Azirafel se iluminó al descubrir que por fin tenía una pista. ¡Todo encajaba!

 



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Otros relatos inspirados en el universo de Good Omens:   

Papilio Tempestae (one shot. Infancia de Warlock)

1 Natividad    2 Tentación    3 Pasión

18 junio 2024

Papilio Tempestae (1 de 1)

 


PAPILIO TEMPESTAE

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez


Relato anterior: El Maestro y la Serpiente                                 


(Londres, 2013. Mansión del Agregado Cultural de USA)

    El pequeño Warlock miró la pantalla del ordenador portátil con curiosidad:

    - Nanny Aztoreth, ¿pada qué zidve ezto?

    - Esto, querido Warlock, es un videojuego.

    - Papá y mamá ziempe dicen que zoy demaziado pequeño para videojuegoz.

    Nanny Astoreth sonrió, enseñando sin disimulo sus colmillos de depredador:

    - Entonces será mejor que no se lo digamos cuando vuelvan de su viaje, ¿verdad?

    El pequeño asintió y se concentró en la pantalla: parecía una versión informatizada de una casa de muñecas.

    - Los Sims -anunció la niñera, con mal disimulado orgullo-. La versión online con micropagos de dinero real fue uno de mis mejores inventos.

    - ¿Funcionó bien?

    - Las versiones normales, como la tuya, sí. Pero la de dinero real la ideé para tentar a unos magnates informáticos demasiado codiciosos -sonrió malévolamente al añadir-: Y eso les cambió la vida. ¡Ni el crack del 29!

    - ¿29? ¿Ezo ez bueno o malo?

    Nanny Astoreth se relajó en su asiento del jardín, complacida. Por fin podía cumplir su cupo diario de enseñanzas malvadas y, al mismo tiempo, estrenar su petaca de vodka soviético añejo. Señaló la pantalla y sentenció:

    - Querido, perteneces a una clase superior. No te debes ocupar del bien, sino de controlar a la gente. Cuando seas mayor manejarás a millonarios de verdad, así que…

    - ¡Ah, contol! Déjame contolar el videojuego un poco.

    La niñera suspiró: Warlock era demasiado pequeño para ciertos conceptos. Pero en fin, por algo se empieza, decidió volviendo al ataque:

    - Con este juego aprenderás a ser omnipotente y omnisciente, como D…

    - ¿Omnipoqué?

    - Omnipotente significa que puedes hacer lo que quieras. Y omnisciente, que puedes ver todo lo que quieras.

    - ¡Lo que yo quieda! -celebró el niño con alegría.

    - Pero sólo a pequeña escala – intervino un recién llegado-. No se puede aspirar a ser omnipotente de verdad.

    Nanny Astoreth se sobresaltó con indignación fingida:

    - ¡Maldición, hermano Francisco! -protestó, intentando recuperar su agresividad habitual-. ¿Nos estabas espiando?

    El interpelado sonrió apaciblemente y tomó asiento junto a la niñera:

    - Trabajo aquí. Soy el jardinero, ¿recuerdas?

    - Ya hablaremos tú y yo de jardinería. ¡Consientes demasiado a esas plantas!

    - Son unas mimadas -admitió traviesamente el jardinero, levantando un dedo para reprender a la niñera-: Igual que tu pupilo, ¿no?

    - Gracias por darte cuenta -presumió ella.

    El niño resopló con disgusto:

    - Ahoda me dirá que loz videojuegoz zon maloz y que ez mejod jugar a ver laz nubez. ¿No?

    - No te preocupes -el rostro afable del jardinero irradiaba paz-. Sólo debes recordar que no se puede ser omnipotente de verdad. Sólo Dios puede.

    La expresión del niño se apagó de repente:  

    - ¿Nunca hadé lo que yo quieda? -se angustió, cabizbajo.

    - Bueno… -se ablandó el hermano Francisco, sin saber cómo consolar al pequeño, para diversión de la niñera-. En realidad… ejem... ¡ayúdame, Astoreth! ¡Es tu pupilo!

    - No, adelante -sonrió ella burlonamente-. Quiero ver cómo usas tus sapientísimas enseñanzas para un trabajo tan “fácil” como el mío.

    - ¿Omnipotente ez malo? -inquirió el pequeño con ojos de cachorrito, albergando alguna esperanza de recibir un “no”.

    - Ejem… no es que sea malo. De hecho, Dios es omnipotente y omnisciente. Pero nosotros no podemos serlo porque… -rebuscó nerviosamente alguna idea hasta que se le iluminó la mirada-. No nos cabrían tantas cosas en la cabeza. ¡Eso es! ¿Te imaginas tener que preocuparte de todo y de todos? ¡Sin descansar nunca!

    - ¿Y cocinar mi dezayuno yo zolo? -se horrorizó Warlock, cuyo único vicio (de momento) era la pereza.

    - ¡Así es! Mejor que cada persona se ocupe sólo de algunas cosas, ¿no?

    - Bueno… zi a cambio me canzo menoz…

    - Pero un día serás fuerte y no te cansarás de eso -intervino la niñera, alarmada por el cariz moralista que tomaba la conversación-. Ser omnipotente y omnisciente tiene sus ventajas, Warlock. Por eso a los humanos les gusta crear juegos, como el que estás usando, y observar cómo interactúan sus creaciones.

    - Sí, tiene cierta belleza -reflexionó el jardinero, paseando la vista sobre los parterres de flores-. Es agradable contemplar tu obra, aunque sea pequeña… la desventaja está en que hay tareas tediosamente repetitivas, pero aun así, compensa.

    - Y se pueden automatizar. Incluso Dios lo hace -filosofó Nanny Astoreth, dando un trago a su petaca. Se la pasó a su rival y añadió-: Programando, por ejemplo, las Leyes de la Física. Las que rigen la formación y evolución de las estrellas, las nebulosas, y…

    La voz de la niñera se suavizó, como si estuviera cada vez más lejos. En cierto modo era así, aunque sólo en espíritu. Ya no sonreía.

    Su compañero probó el licor y miró a Astoreth con simpatía:   

    - Adoro oírte hablar de Astrofísica -elogió, reprimiendo una punzada de nostalgia.

    Nanny Astoreth se sobresaltó como un niño pillado en falta: 

    - Tonterías. Es por culpa del vodka ruso. ¡Eso es! A los rusos les gusta la carrera espacial. ¡La verborrea astronómica debe de ser un efecto secundario!

    - No hay nada malo en ponerse filosóficos…

    - ¡Nada malo, dice! ¿Qué será lo próximo que me llames, "santurrona"? ¡Ni lo sueñes! -La niñera se puso en pie y dejó la petaca en el asiento con un fuerte golpe-: Maldito vodka astrofilosófico, ¡no me extraña que Tolstoi fuera tan deprimente! Tendré que cambiar de bebida. ¡Vámonos, Warlock!

    - El niño se puede quedar conmigo un rato y… ¡espera, y tú también! -intentó detenerla, pero ella ya se alejaba hacia el edificio principal-: ¡Podemos hablar de otras cosas!

    - ¿Alguna idea? -Astoreth se volvió hacia él, desafiante.

    - No sé...

    - Ah, pues yo sí tengo una idea -decidió, más animada-. ¡Tequila!

    - ¿Sólo eso? 

    - Más que eso: ¡Cantidades extraordinarias de tequila!

    - ¿Y me dejas así, sin más?

    - ¿Quieres algo más? ¡Toma! -chasqueó los dedos y se adentró en el edificio-. ¡Ahí tienes agua!

    El hermano Francisco la miró alejarse con tristeza, mientras comenzaba a llover con una furia tan repentina como la de su compañera. Pero la lluvia no llegó a tocarlo: una de las copas de sus árboles se había extendido para guarecerlo, tanto a él como al niño. Éste último cerró el ordenador y lo protegió bajo su chaqueta, preguntando: 

    - ¿Qué ez ezo de la Fízica? ¿Por qué le enfada tanto?

    - Son leyes de la Naturaleza; forman parte de la Creación. Pero una vez creadas, hay que atenerse a ellas. Romper ese mecanismo tiene un precio, y…

    Y ese precio puede apagar una mirada radiante para convertirla en amargura, recordó a su pesar. Puede carbonizar unas alas luminosas hasta que parezcan sombras, como le pasó a ella. Puede…

    No. No se puede decir algo así a un niño de cinco años.

    - El… efecto mariposa -se limitó a contestar-. Puedes hacer que vuele una mariposa cuando no debería, pero a cambio provocarás un huracán en otro sitio.

    - ¿Y zi alguien hace una todmenta, como ahora?

    - Entonces alguna mariposa meteorológica sufrirá los efectos, aquí o en cualquier otro lugar del mundo. Se moverá sin querer, por ejemplo, como si tuviera un tic nervioso.

    - ¿Maripozaz de laz todmentaz?

    - Papilio tempestae -el jardinero parecía bromear, pero se agachó con rapidez y le señaló un extraño insecto, posado sobre una hoja-. En este caso no se mueve mucho: sólo le tiembla una antena. Eso indica que alguien está invocando una tormenta en un sitio muy específico.

    - ¿Dónde?

    - Aquí mismo. Si fuera otro lugar del mundo, se movería más. Pero no se necesita gran cosa para hacer que llueva en Londres.

    Warlock había sido aleccionado por su niñera para cometer maldades contra seres frágiles como aquél, pero se limitó a sonreír maravillado. Examinó el bello insecto durante largo rato, hasta que al final la lluvia comenzó a calarse entre el follaje que le servía de protección, marcando la hora de retirarse. El hermano Francisco lo acompañó al edificio principal y declaró, más animado:

    - Será mejor que busques a tu niñera. Creo que pronto habrá en la cocina algo que le va a gustar.

    - ¿Qué ez?

    - Cosas de mayores -el jardinero chasqueó los dedos, sonrió con picardía y añadió-: sólo dile que después, cuando te vayas a dormir, habrá algo aquí abajo para ella.

    El niño subió a cumplir el encargo, mientras su interlocutor sacaba de entre sus ropas un libro y se sentaba a leer, satisfecho por saber que (gracias a la tormenta) tenía toda la tarde libre para relajarse a solas.

    Bueno, a solas no. Esperaba a alguien.

    Y una mano milagrosa había hecho aparecer una botella de tequila sobre la mesa.   

 


Ejemplar adulto de Mariposa Meteorológica (Papilio Tempestae).
Obsérvese en sus alas el contador de tormentas característico
de esta especie, rodeado por su correspondiente mapa de líneas isobaras.


(FIN)


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06 junio 2024

¡Arriba el telón! 13 críticas (y van 212)

         Seguimos corrigiendo cómics, volvemos a la palestra profesional periodística... Y aquí van las críticas artísticas que he publicado en EnPlatea.com entre abril y principios de junio. Recordemos que desde febrero las críticas aparecen sin título individual... cosa que completo aquí en esta lista...

         Ahora una semana para coger fuerzas, porque empieza el Festival Grec a finales de mes, y va a ser intenso.

200. Bonobos: "No me chilles que no te quiero" (11 de abril)
201. Les dues cares de Maria Hinojosa: "Groucho, la monja cupletera y el Haddock ilustrado" (19 de abril)
202. Don Ramón María del Valle-Inclán: "Dos ramones y un piano" (23 de abril)
203. Conspiranoia: "Secretos y mentiras... y terraplanistas" (29 de abril)
204. Ifigènia: "Adeu, llum que jo estimo" (3 de mayo)
205. El favor: "Aquellos amigos a los que no estrangulamos porque los queremos tanto" (9 de mayo)
206. Acorar: "El límite de nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo" (9 de mayo)
207. Thauma: "Sense of wonder" (15 de mayo)
208. Nodi: de gossos i malditos: "Recuerdos de un conato de resistencia" (23 de mayo)
209. Arturo BrachettiSolo: "Fregolismo con rayos láser" (29 de mayo)
210. Banda Municipal de BarcelonaRhapsody in blue: "Entre blue notes y libros olvidados" (31 de mayo)
211. El tigre: "...y mis circunstancias" (5 de junio)
212. OSV & Marco Mezquida Trio - Porgy & Bess: "Lincoln, Gershwin... and all that jazz" (6 de junio)

Críticas 20151 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42     Críticas 201643 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 201775 a 79     Críticas 201880 a 88
     Críticas 201989 a 97 | 98 a 107 | 108 a 112
Críticas 2020113 a 116
     Críticas 2021117     Críticas 2022118 a 123 | 124 a 133
Críticas 2023: 134 a 137 | 138 a 146 | 147 a 154 | 155 a 163 | 164 a 172 | 173 a 185
Críticas 2024: 186 a 199 | 200 a 212
El favor, Teatre Goya


12 mayo 2024

TERTIA PUGNA - 5


TERTIA PUGNA

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

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CAPÍTULO 5.- CAFÉ O GUERRA


     I blared the horn 
with my fist in the air and my gas to the floor
Give me death or give me rain
I feel so numb, better give me pain
(Mischief Brew, “Gimme coffe or death”)



    Había una zona en el Soho alegre y turística. Llena de pubs, cafeterías y tiendas de souvenirs. Sólo dos negocios antiguos resistían milagrosamente a la gentrificación: una tienda de libros raros y otra de discos de vinilo. Los demás, como Nina, se veían obligados a pagar un exorbitante alquiler, por culpa de la especulación inmobiliaria.

    “Al menos, no me falta clientela" se consoló, recogiendo un diario caído. La portada hablaba sobre extrañas muertes en los bajos fondos. "Pero mis problemas no son nada, viendo lo que pasa en la otra parte del Soho".

    - ¿”Café o Muerte”? – saludó, al notar a su espalda los pasos de un nuevo cliente.

    - Un expreso séxtuple – contestó una voz inconfundible, aguda y ronca a partes iguales.

    - ¡Eso cuenta como “Muerte”! – bromeó ella, girándose hacia la voz con alegría-. No te veía desde que el Sr. Fell…. -su sonrisa se apagó al toparse con una expresión lúgubre-. ¿Estás bien?

    Crowley le dirigió una mirada de reproche. Lo cual, considerando que llevaba gafas oscuras, tenía mérito.

    - Con vodka -fue la seca respuesta-. Y sin preguntas.

    Nina le indicó una mesa libre y se apresuró a llevarle el encargo, maldiciendo su torpeza:

    - Lo siento. Te marchaste el mismo día que el Sr. Fell y pensé…

    - ¿Que nos fuimos juntos? -gruñó él. Se sentó a horcajadas sobre una silla y negó con un gesto-: Encontró una oferta mejor.

    - Pero... ¡te dije que hablaras con él!

    - Oh, sí, hablé con él -replicó Crowley con sarcasmo. Miró su reflejo en la bebida y se odió, por idiota-. Funcionó que no veas. ¡Fue la hostia!

    - Espera, ¿aún no estaba preparado y se asustó? ¿Fue por mi culpa? Lo siento, yo...

    - No, al contrario. Ya era tarde -admitió él, más conciliador. Apuró medio tazón de un trago, no sin antes añadir-: Pero no he venido a hablar de eso.

    - Qué pena; me habría gustado oír que estás con Muriel.

    - ¡Pfffff! -se atragantó el demonio, regando por aspersión la mesa y el periódico del día.

    - ¿Lo ves? -rió ella, limpiando el desastre-. ¡La gente no es tan fácil de sustituir!

    - Sí, ahora lo sé. ¡Pero no vengo por eso! -insistió él. Tomó la taza con el resto del café, se dirigió a la salida y señaló la librería desde el umbral-: Escóndete en la Embajada. O en tu trastienda, pero escóndete ya.

    -¡Espera, esa taza no es para llevar! -protestó Nina, retirando el arruinado periódico al salir tras él.

    El periódico que hablaba de extrañas muertes en....

    Un presentimiento la dejó clavada en el sitio. 

    - Crowley -susurró roncamente-. ¿Qué está pasando en la otra parte del Soho?

    - Que ahora hay unos cuantos pederastas menos -sentenció él, con desagradable frialdad. Después se volvió hacia la gente que circulaba por la calle y esbozó en el aire un gesto arcano:  

    - Se acerca una tormenta -declaró-. ¡Todo el mundo debería ponerse a cubierto!

    El conjuro fue discreto, pero efectivo: el cielo se nubló amenazadoramente y los transeúntes se apresuraron a cobijarse en los comercios cercanos. Excepto un joven escurridizo, al que Crowley le cerró el paso: 

    - Tú no, Billy “Deditos”. ¿Robando a los turistas?

    - L-lo siento, Crowley, ¡sé que esta zona es tuya! Pero no puedo “trabajar” en la mía… ¡allí muere gente!

    Crowley alzó una ceja con desdén: el ladronzuelo sólo era un crío de familia pobre, malas compañías y peor suerte. Ni siquiera tenía la maldad necesaria para prosperar en su "trabajo".

    - No irán a por ti, niño. Pero ya que estás aquí... -le entregó el carísimo anuario de 1965 y señaló una tienda de instrumentos musicales-: Quiero fastidiar al nuevo Archicretino Supremo, así que deshazte de esto. Véndeselo al dueño de esa tienda, los colecciona -susurró un precio que hizo que al indigente se le salieran los ojos de las órbitas y añadió-: ¡Vamos, vete!

    El carterista guardó el anuario bajo su abrigo y se esfumó, espoleado por un repentino aguacero. Crowley percibió varias auras inquietantes acercándose al local y maldijo por lo bajo. Se le acababa el tiempo.

    - ¿Otra vez manipulando a la gente con truquitos? -le reprochó Nina-. No tienes derecho a...

    - Tú también deberías esconderte. Se acerca algo PELIGROSO. Con mayúsculas.

    - ¡No me asustas! -protestó ella.

    Él tocó la bebida con un gesto veloz de su lengua bífida, incendiando el alcohol, y apuró el llameante contenido de un trago.

    - B-bueno, un poco sí -admitió Nina-. Pero… ¡he visto cosas peores! 

    - Y también mejores -contestó desde el otro lado de la calle una voz masculina firme, severa-. ¡Sesenta y cinco, Crowley! ¿Cómo has sido capaz?

    El ex demonio intentó no ponerse rígido al oír al recién llegado. ¡Tenía tantas cosas que decirle! Tantos sueños, tanta decepción, tanta ira...

    "Contrólate" le dijo una parte de su mente fría, calculadora. "Recuerda que es el enemigo".

    "Ojalá" contestó otra parte más rabiosa e instintiva. "Con un enemigo no habrías bajado tanto la guardia".

    Pero Crowley consiguió ignorar ambas voces y centrar su rencor en la pregunta clave: 

    - Extraño saludo, Azirafel. ¿Recuerdas que declaraste una guerra?

    

    Toqué el claxon con el puño en el aire y pisando a fondo
No consigo sentir nada, mejor dame dolor
Dame muerte o dame lluvia
(Mischief Brew, “Dame café o muerte”)

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