28 febrero 2017

Oscars 2017: Resultado

Sólo por el derroche de carisma posterior de Emma Stone aplaudiendo y defendiendo Moonlight, y por las caras de asombro del respetable en la platea, ya vale la pena el desbarajuste del final de los Oscar de este año. Bueno, vamos a ver si he acertado algo...:

Mejor Película: La La Land. ¡Sí! No. Eh... no, parece que finalmente no. Moonlight se hizo con la estatuilla.
Mejor Película Animada: Kubo y las dos cuerdas. ¿Cómo que Zootropolis? ¿Ese Blacksad descafeinado previsible?
Mejor Película de Habla No Inglesa: Toni Erdmann o Land of Mine. Ni una ni otra: The Salesman (Iran).
Director: Barry Jenkins (Moonlight). Damien Chazelle (La La Land). Otra vez que inter-fallo peli y dire.
Actor Principal: Denzel Washington por Fences. Casey Affleck. Tócate las narices con el prenda...
Actor Secundario: Jeff Bridges por Comanchería. Mahershala Ali por Moonlight. Bien por él.
Actriz Principal: Emma Stone por La La Land. ¡Sí! Primer acierto de la velada... Quizás será el único
Actriz Secundaria: Octavia Spencer por Figuras Ocultas. Viola Davis por Figuras Ocultas. Que ya sé que no es lo mismo, pero tienen cosas en común.

Guión Adaptado: La Llegada. Moonlight
Guión Original: Langosta. Manchester by the sea

Vestuario: Florence Foster Jenkins. Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos
Dirección de Arte: Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos. La La Land. ¿En serio, Academia?
Maquillaje y Peluquería: Escuadrón Suicida. Sí, ya, pero hay algo en Star Trek: Más allá que no me cuadra. Sobre todo en HD
Cinematografía: Moonlight. La La Land
Montaje: La Llegada. Hasta el último hombre. La segunda mitad, porque la primera...
Efectos Visuales: Kubo y las dos cuerdas. El libro de la selva. No seré yo quien lo discuta.


Mezcla de Sonido: La Llegada. Hasta el último hombre
Edición de Sonido: La Llegada.
BSO: La La Land (Justin Hurwitz).
Canción: "How Far I'll Go" de Moana. "City of Stars" de La La Land

Corto animado: Piper.
Corto de imagen real: Timecode. Sing. Creo que la española era una apuesta más creativa y valiente...

Documental corto: 4.1 Miles. The White Helmets.
 Documental largo: 13th. OJ: Made in America.

Fracaso colosal: 5 aciertos que saben a poco, y a no tener demasiada idea de por dónde iban a ir los tiros académicos de este año. Lo cuál cuadra con el patrón de mi historial ^____^U

Enhorabuena a las ganadoras y a los que las han disfrutado. Enhorabuena a los que han disfrutado a las perdedoras. Y enhorabuena a la máquina de hacer que el cine nos importe tanto.

Menos a Price-Waterhouse, que vaya lío que os habéis marcado...

24 febrero 2017

Oscars 2017: Previsión

http://revistasfx.com/
Llevo tiempo sin venir. He dejado fanfics a medias, artículos por compartir y, en general, no me he ocupado de este lugar como era debido. Por suerte, Mari sí que ha seguido publicando de vez en cuando.

La razón es, en realidad, dos razones que no esconderé que me llenan de orgullo: el nuevo libro que he estado escribiendo, It's Showtime!, sobre el cine musical, que sacará en marzo Editorial UOC dentro de la interesante colección "Filmografías Esenciales"; y la edición española de la revista SFX, un icono de la ciencia ficción y el fantástico, de la que soy redactor jefe y que hoy ha salido a la venta.

Pero hay citas ineludibles, y una de ellas, en este blog, son los Oscar. Que nunca veo en directo, dicho sea de paso. Y aún así, de los que comparto con vosotros cada año mi apuesta personal. Esta es la de este año:

Mejor Película: La La Land.
Mejor Película Animada: Kubo y las dos cuerdas.
Mejor Película de Habla No Inglesa: Toni Erdmann (Alemania). Aunque Land of Mine también me gusta.
Director: Barry Jenkins (Moonlight).
Actor Principal: Denzel Washington por Fences
Actor Secundario: Jeff Bridges por Comanchería.
Actriz Principal: Emma Stone por La La Land.
Actriz Secundaria: Octavia Spencer por Figuras Ocultas.

Guión Adaptado: La Llegada.
Guión Original: Langosta.

Vestuario: Florence Foster Jenkins.
Dirección de Arte: Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos.
Maquillaje y Peluquería: Escuadrón Suicida.
Cinematografía: Moonlight.
Montaje: La Llegada.
Efectos Visuales: Kubo y las dos cuerdas

Mezcla de Sonido: La Llegada.
Edición de Sonido: La Llegada.
BSO: La La Land.
Canción: "How Far I'll Go" de Moana.

Corto animado: Piper.
Corto de imagen real: Timecode.

Documental corto: 4.1 Miles.
Documental largo: 13th.

He intentado concentrarme en los puntos fuertes de cada propuesta... Que no suele ser lo que mira Hollywood, y por eso acierto siempre tan pocos ^___^ El lunes veremos...

14 febrero 2017

Mdt: Un Acto de Amor (VII)

(Viene de "Un Acto de Venganza")


Un Acto de Amor (VII)
Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  | Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of) 

Por Mª Nieves Gálvez

   (Lisboa, 5 de Mayo de 1589)
  
   El corral de comedias estaba lleno a rebosar: el público rugió cuando, en el escenario, una reina terrorífica se derrumbó entre nubes de humo, mientras un trovador cantaba su derrota:
  
   "¡así caerá Elizabeth,
   así la nueva Atalía,
   del oro antártico arpía,
   del mar incendio cruel!" [1]
  
   Los espectadores comenzaron a abuchearla; pero la formidable dama resurgió amenazante, haciéndoles retroceder horrorizados. Después se envolvió en su capa con un gesto teatral y se retiró bruscamente.
  
   - ¡Sois la mejor malvada que he visto nunca! - celebró una voz jovial, cuando la actriz bajó del escenario.
  
   Amelia, pues ella era la "cruel Elizabeth", abrió unos ojos como platos al reconocer a su "admiradora".
  
   - ¿Irene? ¿Qué haces aquí?
  
   - Contener las ganas de darte un beso -sonrió la jefa de Logística con picardía-. No has podido evitar meter a Lope en tus planes, ¿eh, pillina?
  
   - Sabes que esta propaganda ayudará a corregir la Historia -le recordó Amelia en voz baja, encaminándose hacia la alcoba que utilizaba como camerino-. Para que el pueblo portugués no se deje engañar por Inglaterra.
   
   - Lo sé. Buen trabajo -asintió Irene con admiración, antes de recuperar la sonrisa cómplice-. Y si además puedes aprovechar para divertirte, tanto mejor. ¡Chica lista! ¿Quieres recordar todo esto?
  
   La joven se detuvo, con la puerta de la habitación a medio abrir:
  
   - ¿De qué hablas?
  
   - Piénsalo bien: has hablado de corregir la Historia. Pero si lo consigues, ¿qué recordaremos tú y yo?
   
   Amelia miró en todas direcciones nerviosamente, terminó de abrir la puerta y bajó la voz:
  
   - No deberíamos hablar de esto aquí fuera. Pasa.
  
   La alcoba estaba atestada de disfraces para la función teatral. Amelia indicó la salida a una muchacha que parecía adecentarlos:
  
   - Descansad un rato; esta mujer me ayudará.
  
   La moza sonrió encantada y abandonó la estancia. Amelia atrancó la puerta, se quitó el tocado y señaló a Irene los complicados lazos de su espalda:
  
   - Me vas a tener que echar una mano para soltar esto. ¿Por qué vienes justo ahora? Tengo poco rato para cambiarme.
   
   - Lástima; me gustaría tener más tiempo -sonrió Irene. Era curioso: ella, tan descarada, tan segura, estaba de pronto nerviosa como un crío en Navidad. ¿Estaba Amelia coqueteando con ella a propósito? No, era imposible... Irene se concentró en deshacer los lazos con delicadeza, esforzándose en no detener sus manos sobre el talle de Amelia más tiempo del imprescindible.
   
   - No puedo esperar a que vuelvas al Ministerio, Amelia. Esto es importante: ¿qué pasará con tus conocimientos, si Julián y Alonso corrigen la Historia?
  
   La joven jefa de Patrulla sonrió, complacida. No sólo por notar el nerviosismo de Irene, que contuvo una exclamación de deseo cuando por fin consiguió abrir el complicado corpiño. Sino también por la oportunidad de investigar algo importante. Algo casi único.
   
   - Tengo una teoría -anunció Amelia, con tanto entusiasmo como si se encontrara en los laboratorios de su Universidad.
  
   - Sabía que la tendrías -fue la admirativa respuesta-. Pero el Libro de las Puertas no dice nada claro sobre cambios en la Historia. Salvador dudaría...
  
   - Sin embargo, lo estás deseando tanto como yo -sugirió Amelia al desprenderse del lujoso disfraz de reina, todavía de espaldas... pero sin demasiados tapujos. ¿Estaba provocando a Irene? -. Por eso has venido hasta aquí para hablar de ello, en vez de hacerme ir a su despacho. ¿Me equivoco?
  
   Irene se rindió. Estaba claro que su subordinada Amelia era demasiado lista para andarse con rodeos:
   
   - Está bien. Sí, pero yo también tengo dudas. Supongamos que hay dos líneas temporales. En la que yo recuerdo no hubo Quijote ni Siglo de Oro, porque en estas fechas Inglaterra absorbió Portugal y nos derrotó definitivamente. Alonso dice que en su línea temporal sucedió lo contrario... pero él no es experto en Historia. ¿Cómo sabes que su versión es la correcta?
  
   - Alonso estaba viajando por las Puertas del Tiempo cuando sucedió el cambio. Tú y yo estábamos en casa.
   
   - ¿El que viaja tiene razón? ¿Ésa es tu teoría?
   
   - La he visto confirmada en varias ocasiones -asintió Amelia.
   
   - Pero... -Irene apartó la vista, sin saber cómo abordar el difícil tema-: Lo que cuenta Alonso se parece demasiado a sus deseos. ¿Y si, en realidad... está intentando cambiar las cosas a su gusto?
  
   Amelia comenzó a vestirse, súbitamente seria:
  
   - Confío en Alonso.
  
   - ¿Tanto?
   
   La joven, ahora ataviada con un disfraz de sirvienta, miró a los ojos de su superior:
  
   - Sí -dijo al fin-. Y también en ti.
   
   Irene suspiró, aliviada:
  
   - Espero que eso signifique que puedo ayudar en algo. ¿Qué quieres que haga?
  
   - De momento, anudarme este corpiño -sonrió la joven, antes de añadir-: y después, el primer experimento. En las próximas horas Julián corregirá un cambio: la muerte de María Pita en la batalla de La Coruña. Tú esperarás en casa y yo aquí. Así sabremos a quién de las dos le cambia la memoria. Y si recuerdas esta conversación y yo no, Irene... -Amelia se dio la vuelta y besó a su superior en los labios-... la Historia de Portugal y del Siglo de Oro estará en tus manos.
  
   La veterana recibió el beso con tanto placer como extrañeza.
   
   - Nunca habías hecho esto.
   
   - Oh, sí -replicó Amelia, repasando unos papeles: el texto para su siguiente escena-. Pero fue en otra línea temporal y no lo recuerdas. Y no fue por el mismo motivo que ahora.
  
   Irene ya no sabía qué pensar. Terminó de vestir a la joven y la miró con suspicacia:
  
   - ¿El beso fue para convencerme? -dedujo al fin.
  
   - La otra vez, sí -Amelia sonrió con picardía al añadir-: ahora no.
  
   Dos golpecitos en la puerta interrumpieron la conversación. Amelia abrió para dar paso a Alonso:
  
   - Nos llaman a escena. A vos y a mí.
  
   Ella le miró con total confianza:
  
   - Voy contigo.
  
   Sólo las dos mujeres sabían hasta qué punto era cierta la respuesta. Amelia siempre estaría con Alonso; y él con ella. Apoyándose lealmente.
   
   "Uña y carne. Como era yo con Leiva", recordó tristemente Irene, cuando se quedó a solas.
  
   Se puso en marcha hacia el Ministerio. Y se preguntó quién de las dos estaría en lo cierto. Quién recordaría aquel beso.
  
   "Es como una apuesta" decidió Irene, intentando animarse. "Quien acierta, conserva la memoria".
  
   Pero Amelia no solía equivocarse. Por lo tanto...
  
   "Chica lista" admitió deportivamente, con una sonrisa de buen perdedor. "Siempre se queda la mejor parte..."

[1] Adaptación de "Rimas Humanas" (núm. 264), de Lope de Vega

  
(CONTINUARÁ...) 


Un Acto de Amor: Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  | Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of) 

19 noviembre 2016

MdT: Un Acto de Amor (V)

(Viene de "Un Acto de Venganza")



Un Acto de Amor (V)
Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of) 


   Por  Nieves Gálvez

   "Nuestras vidas son los ríos
y van a dar en la mar,
que es el morir"
   (Jorge Manrique, 1477)

   "...va mi navecilla
   corriendo este gran mar con suelta vela,
   hacia la infinidad buscando orilla"
   (Francisco Aldana, 1577)

   (Alcazarquivir, Marruecos. 4 de Agosto de 1578)
   Todo había salido mal; y Don Sebastián no podía culpar a nadie más que a sí mismo.
   Tantos planes, leyendas épicas y sueños; tanta gente que dependía de él. La última "Cruzada" se había perdido, por no escuchar al estratega Francisco Aldana: a la persona que más amaba en este mundo...
   -¡Tomad mi caballo y huid! -ordenó Don Sebastián, espada en mano-. Yo os he metido en esto, Francisco. ¡Marchaos y vivid para vengarme!
   -Son demasiados -objetó el capitán Aldana, luchando tan bravamente como él-. ¡Ya no hay tiempo sino de morir, mi señor!
   No había reproche en aquellas últimas palabras, aunque debería haberlo. Noble y valiente hasta el final: así era Aldana...


   Unos golpes en la puerta le despertaron. Habían pasado once años, recordó. Estaba en 1589. ¿Es que nunca podría olvidar aquello?

   -Está hecho, capitán -anunció una voz en holandés, desde el exterior-. Hemos capturado el segundo barco.

   -¿Ya es de día? -contestó Sébastien, en el mismo idioma.

   -Faltan dos horas.

   -No perdamos tiempo -urgió el capitán, intentando olvidar su tristeza para centrarse en peligros más urgentes-. Despertad a los prisioneros.

   Sébastien se vistió con rapidez, mientras su ayudante se alejaba en busca de Julián, Alonso y Lola. Tenía prisa: había vidas que sí podía salvar. Quizá eso le daría algún consuelo.

   "Aunque pasen siglos, repararé lo que hice, Francisco" se juró, como cada día. "Para poder mirarte a la cara cuando volvamos a reunirnos en el Cielo. Igual que todas las gotas vuelven a reunirse en el mar".

* * * * * * * * * *

   (Oficinas del Ministerio, 2016)

   Salvador Martí estaba muy ocupado. No tenía tiempo (ni humor) para una reunión por sorpresa. Cuando además supo para qué, le pareció la gota que colmaba el vaso:

   -¿Financiar una obra de Lope de Vega? -repitió, atónito-. ¡Si no tenemos ni para arreglar el montacargas!

   -Es para proteger la Historia -respondió Amelia.

   -¿Protegerla de qué? -se exasperó el subsecretario-. Por cierto, ¿se sabe algo de Julián?

   -Su teléfono ya tiene cobertura, pero no contesta -informó la jefa de la patrulla-. Y hemos detectado un problema.

   -No debió usted dejarlo fuera de territorio ministerial -se inquietó Salvador-. ¿Cómo piensa solucionarlo?

   -El problema es otro: Alonso dice que hay un cambio en la Historia.

   Salvador miró a Entrerríos con escepticismo:

   -¿Se trata de una época anterior a usted?

   -No. Pero he vivido varios meses en el futuro -replicó el soldado -. Y he notado algo extraño: esta semana, la tienda portuguesa de mi calle ha cambiado de idioma. Ahora todo lo que vende tiene nombre inglés. Por ejemplo, Fish & Chips; una bazofia, por cierto.

   -Eso no es nuevo -replicó Salvador-. Hace siglos que en Portugal hablan inglés y cocinan así de mal. Usted no conoce bien nuestro tiempo, eso es todo.

   -¡También ha cambiado la gente de eso que llamáis televisión! Como ese tal Cristiano Ronaldo: la semana pasada hablaba español con acento portugués. ¡Hoy lo habla con acento inglés! Y además, está lo de María Pita.

   -Recuerdo que María Pita murió defendiendo La Coruña -asintió Amelia-. Pero según Alonso, la semana pasada le dije lo contrario. Y yo nunca bromeo con esas cosas.

   Salvador se quitó las gafas y frunció el ceño. Ese último detalle podía tener importancia.

   -Sumando todo, sí podría haber un cambio en la Historia. Pero normalmente lo detecta una patrulla que haya estado de viaje. No media patrulla, como ahora.

   -Amelia no estuvo de viaje estos días. Sólo Julián y... -Entrerríos bajó la vista, avergonzado-. Y yo, por un motivo personal.

   El subsecretario suspiró: ¿Alonso, otra vez de turismo por las Puertas? Si no fuera tan leal y eficiente en su trabajo...

   -Aun así, necesitamos que lo confirme alguien más. Una persona de esta época -decidió Salvador, comenzando a marcar un número de teléfono-. Si Julián está de viaje, también recordará lo mismo que Alonso. Tendremos que insistir hasta que conteste.

   -Sólo una cosa más, señor -apuntó Amelia-. Será mejor que no le digamos a Julián que su mujer está viva.

   Su superior se detuvo, con el número a medio marcar.

   -¿¿Disculpe??

   -Si realmente ha habido un cambio en la Historia, cualquier cosa puede ser diferente -fue la fría respuesta de la mujer-. Incluso ésa.

   "Ésa y otras mil más", pensó Salvador. "¿Por qué precisamente Maite?"

   Estaba claro que Amelia sabía algo más de lo que decía. Pero el subsecretario no tenía ganas de jugar a las adivinanzas.

   -Centrémonos en Portugal, si es que nos contesta -decidió, terminando de marcar-. Aunque sea lo de los futbolistas; porque otra cosa, con los conocimientos de Historia de Julián...

* * * * * * * * * *

   (Contraarmada Inglesa, 2 de Mayo de 1589)

   Francis Drake estaba furioso: había perdido dos hombres y un cofre de armas especiales, valiosísimas. Coincidiendo con la fuga de aquel extraño "matrimonio" español: ¡espías, en su mismísima nave capitana!

   -¡Registrad los demás barcos! -ordenó a su tripulación-. ¡Uno por uno, si hace falta! Tenemos que saber si esos malhechores siguen vivos.

   Varias chalupas descendieron del "Revenge" antes del amanecer, repletas de oficiales de Drake; su visita despertó con una desagradable sorpresa a docenas de naves de la flota. El corsario y almirante estaba decidido a dar caza a los fugitivos. Y a ejecutar de manera ejemplar a quien les diera cobijo, si no colaboraba de inmediato.

   No resultó fácil: las tripulaciones de varios navíos no concordaban con las listas oficiales. Habían tenido lugar dos naufragios aquella misma noche, le informaron: los escasos supervivientes habían sido rescatados por otras embarcaciones. Aquello dificultaría la búsqueda de los españoles fugados, comprendió Drake con furia.

   Y su cólera habría sido aún mayor si hubiera sabido qué rumores comenzaban a circular en voz baja: monstruos marinos. Una gran sombra que devoraba barcos en la noche: el Leviatán, sin duda. Algunos comenzaban a hablar, en secreto, de desertar.

* * * * * * * * * *

   Mientras tanto, el capitán del pequeño velero holandés no perdía el tiempo. Despertó a los fugitivos españoles antes de que clareara el alba:

   -Mi aliada O'Malley ya ha asaltado el segundo barco de vuestra lista -anunció Sébastien Aldanne, señalando el ojo de buey: a través la redonda abertura divisaron una luz que se movía en la niebla-. Esa señal indica que todo es correcto. Decíais la verdad.

   -¿Qué ha sido de las armas? -se interesó el hijo de Alonso, levantándose de un salto.

   -Las tiene ella. Ahora mismo os enviaré a su nave, porque no podéis seguir aquí. Drake ya os debe estar buscando por lo que habéis hecho.

   -Esas armas no son normales: podrían cambiar la Historia -se inquietó Julián, levantándose con un gesto dolorido-. No deberíamos dejarlas en malas manos.

   -Yo decidiré lo que son malas manos -le atajó Aldanne-. Mi trato con la pirata O'Malley incluía sólo un barco. Pero queréis capturar muchos más, ¡algo le tengo que ofrecer a cambio!

   -Los dos tenéis parte de razón -razonó Lola, con su típica serenidad-. Deberíamos ceder algunas armas a nuestros aliados. A condición de que no sean muchas...

   -¿Me vais a poner condiciones? -la mirada del capitán se endureció-. ¿Así, a ciegas? ¿Sin decirme qué son exactamente esas armas ni quién os envía? Tendréis que hablar más claro -se retiró hacia la salida e hizo una señal a sus guardaespaldas-. Esta mujer viene conmigo para interrogarla. Los demás preparaos para partir: la chalupa estará lista en media hora. Y recordad que os estoy escondiendo de Drake: me juego el cuello, y el de mis hombres.

   La puerta se cerró y las llaves volvieron a girar, dejando encerrados a Julián y al hijo de Alonso. El enfermero comenzó a vestirse, gruñendo: le dolía el cuerpo a cada movimiento. Los golpes que había recibido en el interrogatorio de Drake se habían convertido en espectaculares cardenales.

   -Ese Sébastien Aldanne dirá lo que quiera, pero es menos holandés que yo -rezongó, preguntándose si ese detalle era tranquilizador o no.

   -Al menos ha cumplido su palabra; ya ha eliminado los dos barcos que le hemos pedido -razonó el joven-. Pero sí, oculta cosas.

   -Entonces se llevará bien con Lola -resopló Julián con sarcasmo-. No he conseguido sonsacarle quién es Aldanne. Creo que ella lo sabe, pero no suelta prenda.

   -No es la única que calla demasiado.

   El enfermero se volvió, extrañado por el tono acusador.

   -¿Qué...?

   -Mi padre -le recordó Alonso-. ¿Qué sabéis de él?

   -¿A qué viene eso ahora? -Julián se señaló el ojo amoratado y el labio partido-. ¡He dado la cara por ti, literalmente!

   -Sí, me protegisteis por una promesa a alguien. Pero no me queríais decir a quién. ¿Por qué habéis tardado tanto en contarme que conocisteis a mi padre?

   Julián se encontraba ante un dilema. ¿Qué derecho tenía a mentirle sobre su familia, al fin y al cabo?

   Un zumbido rítmico interrumpió sus cavilaciones: el teléfono del Ministerio. Salvado por la campana.

   -¿Qué es ese ruido? -se sorprendió el muchacho.

   Julián consultó la pantalla del móvil y recordó que el joven nunca había llegado a verlo funcionar.

   -Significa que por fin estamos en aguas españolas -contestó, más animado-. Oye, te prometo que hablaremos luego. Pero ahora tengo un mensaje del Ministerio. De mis superiores.

   -¿Esa cosa envía mensajes?

   El enfermero ya no le hacía caso: estaba intentando escuchar, mientras toqueteaba la pantalla.

   -Se oye mal. Será por el chapuzón de ayer -pulsó el icono de manos libres, para probar suerte con el otro altavoz -. ¿Hola?

   -¡Julián! ¿Estás bien? -sonó la voz de Amelia, sobresaltando al joven soldado-. ¿Dónde estás?

   -En la Contraarmada Inglesa. Cerca ya de España.

   -Por favor, Julián -se inquietó Amelia-: dime que no estás llegando a Santander.

   -Pues hacia allí vamos derechitos. A este paso, llegaremos mañana.

   -No deberíais...

   La voz de Amelia titubeó por un instante, pero pronto recuperó su habitual firmeza:

   -Te colaste ahí como médico, ¿verdad? -prosiguió la joven-. ¿Encontraste las armas del futuro?

   -Sí, y hemos eliminado algunas. Pero no todas, porque están repartidas en varios barcos -Julián recordó el alarmante aviso de Lola-: ¡Hay demasiados, y puede ser por mi culpa! ¿He curado a demasiada gente de Drake? ¿Y si he cambiado la Historia?

   -¿Cuáles podrían ser esos cambios en la Historia? -inquirió la voz de Salvador; su tono transmitía preocupación.

   -Portugal podría caer en manos inglesas. Es lo que estamos intentando corregir.

   Se hizo el silencio. El subsecretario tardó un tiempo en contestar:

   -¿Cómo sabemos que salvar Portugal es la Historia correcta?

   -¿Pero qué coj....? -Julián tuvo que contenerse para no terminar la imprecación-. ¡No me diga que para usted, Portugal es inglés!

   "Por eso ha titubeado Amelia hace un momento", comprendió el enfermero. "Porque ya no confía en la Historia que conoce". En otras circunstancias, se habría reído: aquello debía ser una auténtica putada para una sabihonda como ella. "¡Y para mí!" se inquietó, paseando nerviosamente. "¡Ya no podré pedirle información!"

   -Sí, Portugal es inglés para ellos -intervino la voz de Entrerríos padre, a través del altavoz-. Pero no para vos ni para mí, Julián. Escuchad: siento preguntar esto, pero es necesario. ¿Cuándo fue la última vez que visteis a vuestra mujer?

   Esta vez fue el enfermero quien enmudeció. El hijo de Alonso se alarmó al ver su expresión, repentinamente lúgubre.

   -¿Qué sucede? -le conminó, zarandeándole suavemente.

   Julián apartó al joven de malas maneras y respondió al teléfono con acritud:

   -El día que murió atropellada, y lo viví dos veces. En el año 2012. Ya no puedo usar Puertas del Tiempo para verla. ¿A qué viene esa pregunta?

   -Porque aquí... sucedió en otra fecha -mintió rápidamente Amelia-. Eso confirma que ha cambiado la Historia.

   El enfermero frunció el ceño. Le había parecido notar un tono extraño en aquella respuesta.

   -Si decís que el futuro ha cambiado -reaccionó el hijo de Alonso-, tendremos que sabotear más naves de Drake, para corregirlo. Ya llevamos dos.

   -Os ayudaremos desde el Ministerio -ofreció Amelia-. Financiando propaganda anti inglesa en Portugal. Lope ya está en ello, en aquella posada de Lisboa que conoces. La del Galleg...

   -Amelia, ¡no tenemos presupuesto! -la interrumpió Salvador-. Gracias, Julián. Llámenos si hay novedades.

   El enfermero soltó una maldición cuando, a pesar de sus protestas, sus superiores pusieron fin a la llamada. Tenía un mal presentimiento. Y no hizo sino empeorar, cuando oyó a su espalda el ruido de la cerradura.

   Se volvió para contemplar lo que temía: la puerta estaba abierta, y el capitán Sébastien Aldanne le contemplaba desde el umbral. No estaba solo.

   -Así que armas del futuro, y un Ministerio que corrige cambios en la Historia - el capitán cruzó una sonrisa cómplice con su acompañante: Lola. Era evidente que ambos habían escuchado toda la conversación-. Julián, tenemos que hablar.

   El enfermero miró a la espía, atónito:

   -Lola, ¿qué has hecho?

   La mujer le dirigió una mirada extrañamente comprensiva:

   -Eso mismo le podrías preguntar a Amelia, ¿no has notado nada raro en su voz? -sonrió sin alegría-. Nunca te fíes de nadie, Julián. En general. De nadie.

* * * * * * * * * *

   ("Leviatán", barco pirata de Grace O'Malley. Dos horas después)

   Julián, Lola y el hijo de Alonso no podían dar crédito a sus ojos: ¡una mujer, capitana pirata! No era joven, pero sí enérgica: desprendía tanta autoridad como Ernesto o Salvador. O como la mismísima Elizabeth I de Inglaterra.

   -¡Y yo creyendo que esto sólo pasaba en las películas! -se asombró el enfermero.

   -Extraño saludo -se burló la líder irlandesa, en un castellano defectuoso-. No conozco esa palabra, pero tenéis razón: los hombres nunca hablan de estas cosas. No soportan que una mujer se enfrente a ellos.

   -Perdón... disculpad mis modales -el enfermero intentó una reverencia con floritura como la de Alonso; Lola saludó con mucha más elegancia-. Un honor.

   -Drake no conoce la existencia de este navío -explicó Aldanne a los tres españoles-. Aquí no os buscará.

   -Este barco está asaltando naves inglesas, ¿verdad? -Alonso sonrió con malicia-. ¿Puedo tomar parte?

   O'Malley asintió, complacida. Le interesaba poner a prueba al joven. Así sabría qué tipo de gente estaba subiendo a bordo.

   -Os presentaré a mi segundo -accedió, indicando al joven que la siguiera-. Lord Sébastien, podéis regresar a vuestra nave: gracias por los nombres.

   -¿Qué nombres? -inquirió Julián, una vez la capitana les hubo dejado a solas.

   -Le he dado a Sébastien la lista completa de naves -sonrió Lola-. Todas las que llevan armas de Leiva.

   -Y yo se la he dado a Grace O'Malley. Debo volver a mi barco, pero antes... -Sébastien sacó un papel de entre sus ropas-. Enseñad este retrato a vuestro compañero y a la gente de O'Malley. Si veis a este hombre, necesitaré que me hagáis un favor. Escuchad...

   Julián memorizó las instrucciones y contempló con desconfianza cómo el "humilde comerciante" regresaba en su chalupa hacia el velero holandés. Y hacia algo lejano que no podían ver, pero que estaba allí, tras la niebla: la Contraarmada Inglesa.

   -Siempre me dices que no confíe en nadie -reprochó el enfermero-. ¿Por qué le has dicho tanto, Lola?

   -Si supieras más de Historia, lo entenderías -fue la misteriosa respuesta-. Ha prometido narcotizar a algunos timoneles más y lo hará. La Contraarmada Inglesa no podrá rechazar sus provisiones; están en las últimas. Agotaron demasiadas antes de zarpar.

   -Sí, claro. Pero nos ayuda porque quiere las armas, ¿no?

   Lola le miró con complicidad:

   -Él no está en el barco que va a capturar las armas. Y nosotros sí. ¿Comprendes?

   El enfermero asintió con aprensión.

   -Eso es lo malo -se limitó a contestar-. Que comprendo lo que tenemos que hacer. Y como nos pille él o la capitana, la llevamos clara.

* * * * * * * * * *

   Anochecía; el hijo de Alonso se encontraba en su elemento. No hablaba el idioma de los piratas irlandeses, pero estaban de su parte: contra Inglaterra. Y se entendían a la perfección en el lenguaje de las armas.

   Sébastien Aldanne había cumplido su promesa. Los timoneles de tres naves inglesas cayeron en la trampa de las raciones narcotizadas: uno al atardecer y dos más a lo largo de la noche. Era lo que Grace O'Malley estaba esperando: en cuanto los notó rezagarse a la deriva dio la orden de atacar.

   El "Leviatán" irlandés se acercó entre la bruma nocturna, como un gigantesco fantasma: los garfios de abordaje se afianzaron en silencio. Los primeros ingleses fueron apresados durante el sueño; pero un prisionero, con riesgo de su vida, al fin dio la voz de alarma. Entonces comenzó el combate.

   Los sables lanzaron chispas al entrechocarse en la oscuridad. El joven Alonso se sumó a la refriega con entusiasmo. Su técnica de armas dobles le ganó la admiración de los irlandeses: detener con la daga, atacar con la espada y sorprender de nuevo con la daga cuando el enemigo menos lo esperaba. Sin dar tregua.

   La primera embarcación inglesa, aislada del resto de la Contraarmada, tardó poco en rendirse. Las otras dos se resistieron más, pero acabaron por seguir una suerte similar. Mientras los piratas terminaban de apresar a los vencidos, Alonso se dirigió directamente al camarote principal: tenía bien claro su deber. Lo había acordado con Julián, a espaldas de Lola. Encontrar las armas del futuro antes que nadie y lanzarlas por la borda.

   Sonrió con malicia cuando comprobó quién estaba al mando del último barco derrotado:

   -Hoy es mi día de suerte -anunció Alonso en inglés, llevando su mano al pomo de la espada-. Tengo un retrato vuestro. Alguien os busca.

   -No sois digno de mi sable -replicó altivamente su adversario.

   -Entonces apreciaré más aún el honor, Lord Essex -contestó el joven con insolencia-. ¡Defendeos!

   Los dos hombres cruzaron sus aceros: un plebeyo español contra el noble más importante de Inglaterra. Y a pesar de la diferencia de alcurnia, el aristócrata no podía imaginar hasta qué punto estaban igualados.

* * * * * * * * * *

   En el puente del "Leviatán", la capitana O'Malley contempló el resultado del abordaje y dio unas últimas órdenes a su segundo. Estaba satisfecha por la victoria, pero aún no había encontrado lo que buscaba: los nuevos cofres de armas de los tres navíos capturados. Comenzaba a preocuparse.

   -Impresionante -la aduló una voz: era Lola Mendieta-. Ya tenéis cinco barcos de Drake.

   -Y desertarán más, si siguen sin saber qué "monstruo" está "devorando" sus naves -se jactó Grace en castellano. Pronunciaba bastante bien la "r": al fin y al cabo, hablaba mejor gaélico que inglés.

   -Agradecemos que nos ayudéis, pero ¿por qué? -intervino Julián, atreviéndose por fin a abordar el tema.

   -Ya hablaremos luego -gruñó la irlandesa-. Ahora no tengo tiempo. ¡Volved al camarote!

   -¿Es por las armas?

   Cuando la pirata se volvió hacia él, tan indignada como ávida de información, Julián supo que había dado en el clavo.

   -¿Qué sabéis de las armas?

   -Son especiales -confesó él con cautela-. Sé que ya tenéis un cofre, pero debo devolverlas a España.

   -Si no, Inglaterra podría recuperarlas y hacerse más fuerte de lo que ya es -interrumpió Lola, temiendo que Julián metiera la pata-. Eso no os conviene, ni a vos ni a nosotros.

   La líder chieftain sonrió con ferocidad:

   -Yo les daré buen uso. Si consigo suficientes armas como ésas, Irlanda conquistará Inglaterra. ¡No pongáis esa cara! Así Drake dejará a España en paz.

   El enfermero intentó ocultar su pánico: ¡Lo que faltaba! ¿Más cambios en la Historia?

   -No podéis atacar Inglaterra, de momento -contestó Lola, sin dejarse impresionar-. ¿No hay un familiar vuestro como rehén en Londres?

   Grace torció el gesto. Habría preferido guardarse algún as en la manga.

   -Estáis bien informada- admitió al fin.

   -He sido espía en la Corte de Elizabeth. Pero eso os conviene -la mirada de Lola se llenó de complicidad-. Puedo ofreceros un trato mucho mejor que unos baúles de arcabuces.

   -¿Por ejemplo? -se desanimó Grace-. Mañana llegaremos a Santander: habrá una gran batalla y puede morir un hombre importante. Alguien que necesito vivo, para que Elizabeth libere a mi sobrino. Sólo sé que navega en una nave de esta lista, pero no cuál.

   Lola sonrió taimadamente:

   -¿Un rehén? ¿Y si yo supiera en qué embarcación está exactamente?

   La chieftain le miró con suspicacia:

   -¿Y cómo asaltaré esa nave en el tiempo que queda, si os devuelvo las famosas armas?

   -Bueno, supongo que si sólo os quedáis un cofre... -cedió Julián-. Lo suficiente para equipar este barco.

   Grace sonrió ampliamente:

   -Ahora nos empezamos a entender.

* * * * * * * * * *

   El almirante Drake había pasado el día y parte de la noche dando caza a los espías españoles; sus hombres estaban registrando media flota. Sin éxito.

   "No puedo retrasarme más" admitió al fin. "Ya estamos llegando a Santander".

   Amanecía. Sin descansar apenas, convocó a los capitanes de los navíos principales. Era hora de planificar el asalto a la ciudad.

   Sólo entonces comprendió que faltaba alguien importante. Obsesionado con la búsqueda de los espías, había descuidado la vigilancia de una nave.

   -¿Dónde está Lord Essex?

   Nadie supo darle razón. Tuvo que enviar nuevos emisarios hasta comprobar, con creciente inquietud, que había vuelto a suceder: ¡Más embarcaciones desaparecidas durante la noche! Y una de ellas era, precisamente, la que más temía perder: el "Swiftsure".

   "¡El barco de Lord Essex!"

   El "Revenge" volvió sobre su estela, pero apenas consiguió encontrar algunos restos flotantes. Debían haber caído de las naves perdidas, pero ¿habían naufragado éstas realmente? ¿O habían desaparecido como por arte de magia?

   -Aquí no están, señor -concluyó el segundo de a bordo-. Si no se han hundido, pueden haberse adelantado por algún motivo. El viento ha arreciado hacia el Oeste.

   El almirante calculó rápidamente las posibilidades. Essex era muy ambicioso: quizá intentaba asaltar la Coruña antes que Drake. O tal vez estaba en peligro. En ambos casos, había que encontrarlo cuanto antes. Tendría que olvidarse de atacar Santander, aunque le costara un rapapolvo de su Reina. Perder al amante de ésta, Lord Essex, podría salirle mucho más caro: ¡la horca!

   -¡A toda vela! -ordenó-. ¡Hacia Poniente!

   -¿No debíamos atacar hoy Santander? -replicó el contramaestre-. ¿Por qué ordenáis poner proa hacia Galicia?

   -¡Ha cambiado demasiado el viento! -improvisó Drake, añadiendo excusas cada vez menos creíbles-: Y lo que buscamos ya no está aquí. ¡Hay un tesoro en La Coruña! ¡Vamos, moveos, moveos!

   Los extraños y contradictorios pretextos eran lo de menos: los atónitos oficiales no tuvieron más remedio que obedecer. Nunca conocieron la verdadera razón. Ni ellos, ni la Historia.

   En 1588 la Armada "Invencible" española había cometido un gran error: pasar ante la ciudad de Plymouth sin atacarla.

   Un año después, la Contraarmada "Invencible Inglesa" hizo lo mismo: desviarse sin atacar Santander, a pesar de que era su primer objetivo. Y también fue un error.

   Repetir la Historia suele serlo.

* * * * * * * * * *

   El sol brillaba en lo alto. La tripulación del velero holandés había tenido que hacer turnos para navegar sin pausa. Día y noche. Era la única manera de salvar el cuello: ganarle varias horas de ventaja a Drake.

   -El "Leviatán" de O'Malley ya debe estar a medio camino de Irlanda -anunció Sébastien a los tres españoles. Grace se los había enviado de vuelta, antes de que ambos barcos separaran sus destinos.

   Ya no eran prisioneros; tenían libertad para moverse por todo el buque holandés. Después de descansar un poco, habían decidido subir a cubierta: Julián necesitaba luz para trabajar.

   -Extraña mujer, esa irlandesa -comentó el joven Alonso-. Y admirable.

   -No te muevas -le reprendió el enfermero, intentando ajustarle los vendajes-. ¡Hay que ver cómo te ha dejado ese Lord Essex!

   -Peor le he dejado yo a él -rió el muchacho-. Aunque para ser un "lindo", no luchaba mal. ¡O'Malley parecía complacida cuando se lo entregué!

   -Menos mal que lo has capturado vivo -gruñó Lola- Si no, Grace nos habría matado por eliminar el cofre de armas.

   -No debisteis tirarlas al mar -asintió Sébastien-. ¡Qué desperdicio!

   Julián interrumpió un momento su trabajo:

   -Agradezco que nos hayáis salvado de Drake. Pero no podemos confiar esas armas a nadie. Pueden cambiar la Historia.

   -¿Todavía no te fías de él? -reprendió Lola-. ¡Se ha jugado el cuello por nosotros! Si supieras...

   -Ésa es la cuestión: que lo sé.

   Sébastien y Lola clavaron la vista en él:

   -¿Qué es lo que sabes?

   El enfermero terminó concienzudamente el vendaje antes de encararse con los dos espías:

   -Hablemos claro, Sebastián: usted no es comerciante, ni tampoco francobelga. Soy inculto, pero no tonto.

   -Tenéis el mismo anillo que ese Crato -asintió Alonso-. Que es de sangre real, aunque sea un traidor.

   -Y mírese -prosiguió el enfermero-: rubio, pálido, dolicocéfalo, frente muy alta, mentón demasiado grande y prominente con prognatismo de clase II, que causa mala oclusión bucal. Ya he visto antes una cara parecida, y no era de fiar. La de Felipe II: un metomentodo que no tendría reparos en cambiar la Historia para reinar hasta el infinito y más allá.

   -¿Estamos ante un pariente de Su Majestad? -se inquietó Alonso.

   -¡Julián! -rugió Lola-. Precisamente por eso, ¿cómo te atreves a hablarle así?

   Sébastien se había quedado boquiabierto, y no sólo a causa del prognatismo de su mandíbula.

   -Sois descarado, pero astuto -rió al fin-. Sí, yo también ayudaría a mi país hasta el fin de los tiempos, si estuviera en mi mano. Pero no quiero un trono: sólo hacer el trabajo.

   -¿En serio?

   -Ya estuve en lo más alto una vez, y no bastó -respondió con tristeza, perdiendo la mirada en horizonte-. A veces, para enterarse de las cosas, hay que estar abajo. Con la gente humilde. Como hago ahora.

   Julián se acodó en la borda junto a él, pensativo. Tal vez se había pasado de la raya.

   -¿Cómo vais a ayudar en un barco pequeño, perdido en mitad del mar?

   -Con toda la información que hemos reunido -Sebastián guiñó el ojo al añadir-: Y con correo aéreo.

   -¿¿Perdón??

   El capitán dio una orden en holandés a su segundo. Poco después, éste volvió con la respuesta: una jaula, que contenía una paloma en su interior.

   -Llevará un mensaje importante a Lisboa -anunció el capitán-. Gracias a los tres por la información.

   -¿Qué estáis enviando, Sébastien?

   -La paz -fue la respuesta-. Por cierto, podéis llamarme Don Sebastián.

   -¿Don Sebastián de Portug...? -se santiguó Alonso-. ¡Pero si lleváis once años muerto!

   El espía de sangre azul sonrió misteriosamente, pero no contestó: ató el mensaje y liberó el ave. La paloma levantó el vuelo, dio un par de vueltas para orientarse y se dirigió al suroeste. Hacia un destino invisible en la lejanía, pero que para ella estaba tan claro como si tuviera una brújula en la cabeza: su nido. Su hogar.

   -Ve a casa por mí -susurró Don Sebastián con nostalgia-. A Portugal.

(CONTINUARÁ...)
Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of) 

Don Sebastián I de Portugal
(1557 Lisboa - 1578 Alcazarquivir)

Atribuido al pintor Alonso Sánchez Coello

24 octubre 2016

MdT: Un Acto de Amor (IV)

(Viene de "Un Acto de Venganza")


Un Acto de Amor (IV)
Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of) 

Por Mª Nieves Gálvez

Seguir y seguir... ¿alguien sabe para qué vivimos?
(Queen, "The show must go on")


   (Contraarmada Inglesa, 1 de Mayo de 1589)

   "Me llaman Sébastien Aldanne. Y en realidad, no existo. 
   En otra vida fui Don Sebastián. Pero ya no existe aquella vida; tampoco existe mi honor. Ni la gente que amé, odié o goberné. No queda nadie.
   Todo fue por mi culpa. Creí que podía tocar el Cielo con mis manos, amor mío. Pensé que nada era imposible si tenía fe en mis ideas. Pero en mi soberbia, no comprendí que existían más ideas: las de mis súbditos. Y por no escucharlos, ése fue mi castigo: perderlos. Sobre todo a ti, Aldana. 
   Te tengo presente desde entonces: uní tu nombre al mío. Como unió Atenea su nombre al de su amada Palas, cuando la llevó a la muerte en la batalla.
   ¿Para qué quiero ya la vida? La dedico a reparar mi error, aunque sé que tardaré siglos. A hacer el bien de otra manera muy distinta a la que fue mi sueño. Pero qué largo es el camino... cuánto ansío descansar en paz y reunirme contigo en el Elíseo, hermano. Daría cualquier cosa por un minuto más contigo. Daría la vida entera, por no vivirla sin ti..."

   Unos golpes en la puerta del despacho interrumpieron a Sébastien. Éste dejó de escribir y dio la orden de entrar.

   -¿Qué deseáis de mí, capitán? -inquirió el visitante: era el más joven de los prisioneros. El más fácil de tantear, a juicio del capitán. Por eso le había hecho llamar.

   -Deseo poneros a prueba -fue la respuesta de Aldanne, aparcando su tristeza para centrarse en los misteriosos náufragos que acababa de socorrer-. Me hablasteis de una lista de barcos, ¿verdad? Quiero verla.

   -¿Me juráis por vuestro honor que estáis en contra de Drake? -requirió el joven Alonso.

   Sébastien sonrió con amargura:

   -Tardaré siglos en volver a tener honor. Pero sí; estoy contra Drake. Eso os lo juro.

   -¿Por qué? -insistió el muchacho, poco satisfecho con la respuesta.

   Aldanne no era dado a confidencias. Pero había una sinceridad y una pureza en la mirada del joven que no había visto desde hacía mucho tiempo. Se sorprendió cuando se escuchó a sí mismo confesar:

   -Por amor a Portugal. Ya no me queda nada más.

   Alonso reflexionó, algo sorprendido por la última frase.

   -Yo también os pondré a prueba: os daré los nombres de dos barcos. Si no traicionáis vuestra palabra, os daré más.

   -No estáis en posición de ponerme condiciones, si estimáis en algo vuestra vida.

   -Eso no importa: yo la daría por mi país. ¿Y vos?

   El capitán Aldanne sonrió con tristeza. Comprendía al muchacho. Idealista y leal, como fue él; pero sin el error de la soberbia.

   -Os contaré algo que sucedió hace un mes. La razón por la que llegué con tanto retraso a Plymouth. Para que sepáis en qué poco valoro mi vida, y qué piensan de Inglaterra mis aliados.

* * * * * * * * * *

   (Canal de la Mancha. Aproximadamente un mes antes)

Audiencia entre Elizabeth I de Inglaterra
y la noble rebelde/pirata irlandesa Grace O'Malley
   El abordaje había sido breve: la víctima no era un navío de guerra, sino un simple mercante. La mano de hierro que gobernaba el carrack pirata subió al velero capturado, haciendo temblar a quienes habían oído sus hazañas, y provocando exclamaciones de asombro en los muchos que aún no le conocían.

   -¡Pero si es...!

   -¿Cómo es posible?

   -¡Nunca lo habría imaginado!

   Los invasores tuvieron que apartar a culatazos a los boquiabiertos prisioneros, hasta que uno osó encararse con ellos:

   -Soy el capitán del velero. Perdonad a mi gente, os lo ruego -suplicó en latín-. Si necesitáis matar o tomar rehenes, elegidme sólo a mí.

   -No usáis la lengua de los perros ingleses. Y sobre todo, no me miráis como si fuera un bicho raro por ser mujer -respondió la capitana pirata en el mismo idioma, satisfecha-. Bien, eso debe significar que conocéis mi nombre: Grace O'Malley. Noble de Irlanda que resiste al yugo inglés.

   -Así es, mi señora, y es un honor. Soy Sébastien Aldanne, comerciante de Flandes. Y tengo algo que ofreceros, a cambio la vida de mis hombres.

   -Ya tengo vuestro barco y vuestras mercancías -se encogió de hombros la ilustre pirata de sangre azul-. Es valioso: aliviará los impuestos que Inglaterra exige a mis pobres súbditos. No hay más que me podáis ofrecer, así que lo siento por vuestras vidas. Normalmente las perdonaría, pero esta vez no me puedo permitir manteneros hasta ver tierra: malos vientos me han arrastrado demasiado lejos de mi territorio.

   -¿Y si os dijera que sé que Elizabeth I tiene a vuestro sobrino en la Torre de Londres? -la presionó Aldanne-. Sé que por eso no podéis atacar los intereses de Inglaterra como antes. Y precisamente mi barco es necesario para aprovisionar a la Contraarmada Inglesa.

   -¡Osado! Cortadle la lengua a ese idiota -ordenó Grace en gaélico a su segundo. Después añadio en latín-: Con mi paciencia no se juega, Sébastien. Da igual que tengáis amigos ingleses: nunca sabrán que os he matado yo -la líder rebelde irlandesa soltó una carcajada triunfal ante la expresión de Aldanne-: Es lo bueno del mar. ¡Nunca hay testigos!

   -¡Tengo algo más! -cedió al fin el prisionero-. Mirad mi anillo.

   La capitana sonrió con sorna y detuvo a su segundo, que ya tenía en la mano un puñal para segar la lengua de su víctima.

   -Espera; desátale las manos. Deja que nos las enseñe y que nos explique esa oferta. Capitán Aldanne, elegid bien vuestras palabras, porque de lo siguiente que digáis dependerá vuestra vida.

   -Puedo poner en vuestras manos cualquier nave de la Contraarmada Inglesa. No muchas, sólo una o dos, pero a vuestra elección.

   -Aunque eso fuera cierto, ¿para qué iba yo a arriesgarme a asaltar algo tan grande? Vuestro barco ya vale el dinero que necesito ahora, y no tenéis manera de cumplir mi otro deseo: la libertad de mi sobrino. Elizabeth me teme demasiado para soltarlo.

   -Ahí está lo mejor. ¿Sabéis quién se ha embarcado en esa flota?

   La pirata ahogó una exclamación cuando Aldanne le dio uno de los nombres. ¡Lord Essex! ¡La persona más estimada por su enemiga!

   -¿Cómo ha permitido Elizabeth que ese cortesano se embarque en una guerra? -reflexionó-. Si yo pudiera echarle la mano encima...

   -Podríais intercambiarlo por vuestro sobrino -sonrió Aldanne-. Ésa es mi oferta: yo pondré en vuestras manos el barco en el que viaja. Sólo tenéis que perdonar mi nave y a mis hombres; yo les daré instrucciones para serviros. Con mi vida haced lo que queráis.

   Grace le escrutó con la fría desconfianza de quien ha vivido ya demasiadas traiciones:

   -¿Y cómo sé que cumpliréis vuestra palabra?

   Sébastien Aldanne alzó las manos, libres ya de ataduras, y mostró el anillo que lucía en una de ellas:

   -Porque en realidad soy un espía, enemigo de Inglaterra. Y la Contraarmada Inglesa está en contra de todo lo que represento.

   La pirata de sangre azul lo miró, por primera vez, con respeto. Como a un igual.

   -Don Sebastián... ahora lo comprendo -asintió lentamente-. No existís. Sois uno de los mayores secretos...

   -Confío en que lo sabréis guardar -respondió él.

   -Si insistís, así será. No entiendo por qué no reclamáis lo que es vuestro, por cierto. Pero hablemos de negocios.

* * * * * * * * * *

   (Contraarmada Inglesa, 1 de Mayo de 1589)

   Julián estaba cansado y dolorido. Había aguantado el interrogatorio de Drake y la fuga a base de adrenalina, pero se le estaba pasando el efecto. Ya sólo tenía ganas de dos cosas: quitarse la ropa mojada y dormir. Los holandeses les habían dejado prendas secas en una de las bodegas. Se apresuró a cambiarse, antes de que el cansancio le terminara de vencer.

   -Nos han encerrado -observó, al escuchar cómo alguien hacía girar la llave desde fuera-. Sólo hemos cambiado la prisión de un barco por la de otro.

   -Por eso dije que era una estupidez huir del "Revenge" -le recordó Lola, dándole la espalda con desdeñosa calma-. En una flota, cuando escapa un delincuente, lo primero que intenta es refugiarse en otro barco. Así que cualquier náufrago es tratado como sospechoso hasta que se demuestre lo contrario.

   -No sé para qué se han llevado a Alonso; me preocupa -reflexionó Julián, acabando de cambiarse-. Ese Aldanne ha dicho que está contra Drake como nosotros, pero...

   -No te fíes mucho de él -señaló ella, cambiándose también de ropa sin demasiado pudor-. Ese falso holandés puede mentir para sacarnos información. Es lo que haría yo.

   -Sí, me imagino lo que harías -respondió él con sarcasmo, mientras se acomodaba entre varias mantas-. ¿Por qué has puesto esa cara al ver su anillo, Lola?

   Ella se detuvo un segundo. Después, sin dejar de darle la espalda, continuó vistiéndose:

   -Por nada.

   -¿Me tomas por tonto? -el enfermero se incorporó entre las mantas, lo bastante ofendido para espabilarse-. Parecía que hubieras visto un fantasma.

   -No estoy segura -fue la evasiva respuesta.

   -¿Qué duda tienes? Hasta yo sé que es un anillo de los que se usan para sellar. ¡No va a ser una pulsera de cazar pokémons!

   La mujer ignoró tranquilamente la puya:

   -Hay muchos nobles con anillos en Europa.

   -Pero el dibujo de éste me suena. Lo he visto hace poco en algún sitio: yo diría que en los documentos que ha firmado Crato con los ingleses.

   Lola terminó de vestirse, se volvió hacia él y lo miró como a un niño pillado en falta:

   -Ahí quería yo llegar. ¿En qué estabas pensando para robarle al Prior de Crato los documentos que ha firmado con Inglaterra?

   -Son importantes; nos pueden resultar útiles -se defendió él-. Crato dice que va a liberar Portugal del yugo español; pero si los portugueses vieran a cambio de qué, lo lincharían.

   -Cierto, pero sólo si le pillan con esos papeles encima. ¡Lo cual, por vuestra culpa, ya no va a suceder! -estalló Lola.

   -Se puede demostrar igualmente: ¡llevan su sello!

   -El sello de su familia -le corrigió ella-. Cada casa noble tiene varios idénticos. Ahora que ya no lleva esos papeles encima, puede lavarse las manos y decir que lo ha hecho otro pariente.

   -Perdona, ¿le conviene haberlos perdido?

   -Si es listo, sí -bufó la mujer-. Ahora tiene más posibilidades de que Portugal le aclame como nuevo Rey. Entre eso y la gente que vas curando por ahí, ¡estás cambiando la Historia! A estas alturas ya deberían haber desertado bastantes naves de Drake por culpa de enfermedades, ¿sabes? Como has cambiado eso, quizá no se salve La Coruña ni Portugal. Adiós al Siglo de Oro español.

   -No creo que sea para tanto -intentó consolarse él-. Además, ¿desde cuándo te interesa proteger la Historia?

   -Desde que comercio con obras de arte, y precisamente las mejores son de esta época -contestó ella fríamente-. Por eso os hice llegar las fotos de las armas, ¡pero sólo habéis conseguido empeorar las cosas! Esto va a ser malo para mis negocios.

* * * * * * * * * *

   (Lisboa, Mayo de 1589)

   Amelia estaba disfrutando como nunca. No sólo estaba gozando de la compañía y amorosos requiebros de Lope de Vega, sino haciendo algo aún más importante y placentero para ella: inventar versos juntos. No sólo inspirarlos, sino participar en todo el proceso creativo. Un honor tan impensable como divertido: ¡en secreto, algunos versos de ella pasarían con los de Lope a la Historia!

   -¿Queréis que sea cruel con Inglaterra? -Lope guiñó un ojo a Amelia y tomó la pluma-. Fácil: les recordaremos cuán bajas fueron las pasiones que motivaron la herejía de su anterior rey, Enrique VIII. ¡Abandonó la Iglesia de Roma por una mujer! Llevo un tiempo pensando en algo así:

"...cubrió, Enrique, tu valor,
de una mujer el amor
y de un error la porfía.
¿Cómo cupo en tu grandeza,
querer, engañado inglés,
de una mujer a los pies...?" [1]

   -Os pierde vuestra debilidad por los enredos amorosos, truhán -rió Amelia, disfrutando al esquivar una caricia demasiado atrevida y comprobar la expresión de deseo de su acompañante-. ¿No tenéis algo más directo? La idea es avisar a Portugal de que los ingleses son traicioneros en el mar, no en la alcoba. Piratas, robos, incendios...

   -¡Sois difícil de contentar! -sonrió Lope, animado por el reto. Era curioso: cuanto más le desafiaba ella, más la deseaba-. Si pongo eso en verso... "Isabel, la nueva Atalía, del oro antártico arpía, del mar incendio cruel" [2]

   -Mucho mejor; sólo os falta una alusión a Drake -le felicitó Amelia, en pie tras la silla de él, mientras se inclinaba para abrazarle por la espalda-. Así me gusta...

   El escritor notó en sus hombros el cálido y firme regazo de la joven y se preguntó si aquella musa estaría seduciéndole a propósito. ¿Se estaba riendo de él?

   -Ejem... puedo nombrarlo, sí -Lope intentó que su mano no temblara al retomar la pluma: ¿estaba consiguiendo aquella mujer ponerle nervioso? ¡A él! Entre su belleza y su sabiduría, no había duda: era una de las Musas-. Imaginad una obra épica sobre ese "Draque": significa "Dragón", así que la epopeya podría titularse "Dragontea" -volvió la mirada hacia Amelia, esperanzado-. ¿Os complace también?

   -No imagináis cuanto -sonrió ella, con sincero interés. La obra más misteriosa de Lope, prohibida por una orden de las alturas... ¿qué sucedió con ella? ¿Cuál fue su historia?

   Lope comenzó a componer lo que en un lejano futuro llegarían a ser versos de su legendaria "Dragontea", mientras una idea se abría paso en su mente. A pesar de su fogoso temperamento, tenía una inteligencia aguda que no dejaba detalles al azar:

   -¿Puedo haceros una pregunta? -repuso, con más seriedad-. ¿Por qué viene una musa en sueños a pedirme esto, si Portugal no necesita mis avisos? Conocen ya los desmanes de Drake. No son necios.

   -Sólo por precaución -repuso ella, sin atreverse a confesar la verdad: que venía de un mundo en el que tales avisos faltaron, porque Portugal nunca llegó a ver los documentos de Crato. Los que demostraban que, a cambio de una corona, aquel traidor haría al país esclavo de Inglaterra-. Luchasteis contra un tal Crato en las Azores hace años, y perdió. Pero ese ambicioso puede intentarlo ahora otra vez, en Lisboa. No queremos manipular a Portugal, sino evitar que lo haga Crato con mentiras. Debemos recordarle la verdad a los que duden.

   -¿Y quién pagará los escenarios y los actores? -le espetó él, con aplastante lógica-. Las comedias no se representan solas.

   -Eso dejádmelo a mí: os contaré más cuando vuelva -mintió Amelia, azorada: en realidad, no tenía ni idea de cómo conseguirlo.

   -¿Me dejáis? -se quejó él, poniendo ojitos tristes de gatito abandonado.

   -Sólo será un instante, no temáis -rió la joven-. El tiempo justo para daros algo de hospitalidad: os traeré un bocado al menos.

   Lope la observó marchar, tan frustrado en el placer físico como estimulado en el intelectual. Aquella musa había conseguido llenarle de ideas la cabeza: se encontraba en plena fiebre creativa. En cierto modo, él también estaba disfrutando tanto como ella.

   -"Un bocado"... qué descarada maestría tiene con los dobles sentidos y agudezas del lenguaje -rió al fin, escribiendo con entusiasmo-. Es como si conociera todas mis obras, pasadas y presentes, ¡e incluso las que todavía no he escrito!


[1] "Rimas Humanas" (núm. 226), de Lope de Vega

[2] "Rimas Humanas" (núm. 264), de Lope de Vega


* * * * * * * * * *

   -Alonso, creo que tú y yo vamos a tener que volver a los escenarios -abordó Amelia a su compañero, sin más preámbulos, en cuanto lo encontró en la taberna del piso inferior-. Y buscar un empresario teatral.

   -Eso no será un gran problema -contestó el veterano-. Pero hay algo que sí. Os oí nombrar a Aldana...

   -¿Nos espiaste arriba?

   -No pude evitar oírlo: le mencionasteis al marcharme -Alonso le miró con seriedad casi acusadora-. Conocí a un capitán llamado así. De los más justos y sabios del Tercio: su tropa lo adoraba. ¿Habéis dicho "que en gloria esté"? Decidme que he oído mal, os lo ruego.

   -Se me olvidaba: dejaste el Tercio en 1570... -Amelia se sentó a la mesa de Alonso-. Francisco Aldana no era sólo un buen militar. También fue el mejor poeta del Renacimiento español; por eso lo hemos nombrado. Incluso Lope y Cervantes lo llamaban "El Divino".

   -¿Vais a contestarme o no? -se impacientó Alonso-. ¿Vive?

   Amelia le tomó la mano y bajó la vista, sin saber cómo empezar. La moza de la taberna les interrumpió:

   -¿Vino para los enamorados?

   Alonso asintió mecánicamente para quitársela de encima, sin dejar de clavar la vista en Amelia.

   -Murió, ¿verdad? -acabó por intuir-. ¿Cuándo?

   -En 1578, en Marruecos -confesó ella al fin-. En este tiempo hace once años. En la batalla de Alcazarquivir, junto al rey Don Sebastián.

   -¿Don Sebastián de Portugal? ¿Ese niño afeminado que iba para monaguillo?

   -¡No hables así de él, especialmente aquí! -susurró Amelia, mirando azorada alrededor; pero por fortuna, aún no había casi clientes-. Portugal siempre echará de menos a Don Sebastián, por siglos que pasen. Habrá leyendas sobre su futuro retorno, similares a las artúricas. Tenía tanta fuerza de voluntad y tantas ilusiones... Ojalá le hubieran educado parientes menos religiosos y más sabios.

   -¿Qué hay de malo en el fervor religioso? -se escandalizó Entrerríos. La promesa del Cielo siempre había dado valor a los soldados cristianos. Por eso nunca rehuían su deber.

   -La fe, mal entendida, da más importancia a la "inspiración" repentina que a la planificación estratégica. Don Sebastián reunió una gran flota de nobles portugueses, animados por la victoria de Lepanto. Pero eran inexpertos que hacían más caso a los cuentos milagrosos de las Cruzadas que a los consejos militares de Aldana -Amelia bajó la vista y resumió-: Desoyeron a tu capitán y Portugal perdió. Alcazarquivir fue una masacre.

   Alonso de Entrerríos bajó la vista, ahogando su frustración en el vino. Mil ideas y recuerdos se agolparon en su mente.

   -Francisco Aldana hablaba doce idiomas, ¿sabéis? -recordó, sin saber por qué-. Trataba bien a todos, desde nobles italianos o españoles hasta el más humilde criado africano... -dejó el vaso y se rehízo-. Pero qué importan mis recuerdos: debéis volver arriba, con ese comediante.

   -He bajado para encargar comida y vino, que no se nos desmaye Lope. Pero puedo hacer que se los suba otra persona y quedarme un rato más aquí -decidió Amelia, tan comprensiva como llena de curiosidad-. Cuéntame algo más de Aldana. Era uno de los mejores escritores de este siglo.

   Alonso asintió, reconfortado por tener alguien con quien compartir sus pensamientos. Llamó a la moza con un gesto y aguardó a que Amelia le hiciera el encargo.

   -Subid todo a mi habitación y decid que es de mi parte -indicó Amelia a la mujer. De pronto recordó algo y sonrió con malicia: ¿por qué no dar un susto a Lope?-. Mejor aún: dejadlo junto a la puerta y no entréis. Decid que lo trae el "servicio de habitaciones".

* * * * * * * * * *

   En la enorme Contraarmada había casi doscientos barcos, según algunas cuentas. Unos ciento cincuenta, según quienes no contaban a las pequeñas embarcaciones auxiliares de suministros, como la de Aldanne. Pero este último tenía una ventaja sobre los demás: podía moverse libremente entre todas. Se encargaba de distribuir las provisiones: no levantaba sospechas.

   -¿Está hecho? -inquirió ansiosamente el hijo de Alonso, cuando el capitán Sébastien Aldanne entró en la bodega de los tres prisioneros.

   -Tal como dijisteis -respondió el dueño del barco-. Pronto sabré si me puedo fiar de vos.

   -Yo nunca miento.

   El capitán nunca había visto una mirada tan honesta y limpia:

   -Os creo. Ahora venid, maese Julián: tengo algo para vos

   -¿Qué es?

   -El Nokia -Aldanne pasó el móvil al agente del Ministerio con una sonrisa levísimamente maliciosa -. En todo el día no ha parado de sonar.

   Lola tuvo que ocultar la risa ante el asombro del enfermero. Estaba claro que Aldanne sabía más de lo que decía. Había algo en la sonrisa amarga del capitán que le recordaba a ella misma: él también había perdido a alguien. Él también dedicaba su vida a reparar aquella pérdida. Y desde luego, él también era un espía. En muchas cosas, Lola y el capitán eran iguales.

   Él también la miró con pensamientos parecidos. Pero una idea más rondaba su mente: "¿Por qué está con esos dos, si realmente no lo está? Ella sabe quién soy: ¿por qué a ellos no se lo ha dicho?". El capitán aplazó esas dudas y volvió su atención hacia el enfermero: no era tan fácil leer su historia al mirarle...

   -Está bien, Iron Man -decidió Sébastien, al cabo de un rato de espera infructuosa-. Veo que no usaréis ese "espejo azteca" en mi presencia. Pero esto no quedará así: cuando termine mi trabajo, volveré.

* * * * * * * * * *

   Las naves de la Contraarmada eran demasiadas para navegar juntas: habría riesgo de colisiones. Y la niebla nocturna empeoraba el problema; a veces ni siquiera se distinguían bien los faroles de posición (uno blanco a proa y otro rojo a popa), obligando a los barcos a tañir constantemente campanas para alertar de su proximidad a otros vecinos. Era habitual distanciarse de los demás. Tenían el mismo rumbo: no necesitaban verse.

   Por eso nadie se alarmó cuando uno de ellos comenzó a quedarse especialmente atrás. La diferencia era que su campana había dejado de sonar. Navegaba a la deriva: la palanca del timón giraba perezosamente, en aquella calma casi total, con un chirrido rítmico que ninguna mano trataba de impedir. El timonel estaba inconsciente: había sido narcotizado mientras los demás dormían. Por una ración especialmente preparada para él. Así lo había dicho el joven holandés que lo descargó: "Raciones para el timonel, para mantenerle despierto por la noche. Y para el encargado de la campana de aviso". Los paquetes llevaban el sello de Sébastien Aldanne.

   Una sombra enorme se acercó desde la niebla. Bajo la superficie, los peces vieron como si un enorme monstruo marino diera alcance al otro: una gigantesca ballena. Un leviatán. Después cayeron dos hombres al agua: los encargados del timón y la campana.

   Arriba estalló un combate; los tripulantes del barco dormido despertaron. Hubo estruendo en el agua: cuerpos cayendo al mar entre llamativa espuma, rodeados por una neblina de sangre algunos de ellos. Los depredadores marinos se acercaron, atraídos por el ruido y el sangriento olor, aunque aquellas presas no se rindieron sin luchar.

   Una de las sombras que cayó al agua, sin embargo, era de madera. Unos pocos supervivientes, en una chalupa de salvamento, vivieron para contar aquella noche. Cuando les rescató otro navío de la Contraarmada Inglesa, la imaginación suplió lo que la oscuridad no les permitió ver, y lo exageraron para disimular su cobardía. Hablaron de sombras monstruosas: el Leviatán, sin duda.

   No fueron creídos; pero aquélla fue la primera nave perdida por la Contraarmada Inglesa. Y si había que salvar la Historia, según Alonso y Lola, aún faltaban muchas más.

* * * * * * * * * *

   En el "Leviatán", Grace O'Malley contempló con decepción su captura: un buen buque de guerra con doce cañones, bien pertrechado. Una tripulación herida y en paños menores, pues había sido sorprendida durante el sueño (aunque se defendió con bravura). Pero...

   -¡No es el barco de Lord Essex! -rugió la pirata-. Ese Sébastien me ha engañado. Se arrepentirá...

   -¡Hay algo aquí para vos! -interrumpió su segundo de a bordo.

   Grace se volvió malhumorada hacia el cofre que traían trabajosamente sus guardaespaldas... y al abrirlo, su furia se trocó en gratitud.

   -¡Aldanne, es un placer hacer negocios con vos! -exclamó a la noche: sabía que su aliado no podía andar muy lejos-. Estas armas son... extrañas, pero de finísima factura. Venid, muchachos: vamos a aprender a utilizarlas.

   Un tripulante del "Leviatán" de Grace hizo una señal secreta, previamente convenida, moviendo un farol. A  pocos cables de distancia, en efecto, una luz similar hizo lo mismo: era la nave del "humilde mercader holandés", que contemplaba el resultado de su plan.

   -Un barco menos, Alonso -anunció Aldanne, satisfecho-. Como veis, cumplo lo que prometo. Vos indicadme el objetivo y yo haré el resto. ¿Cuántos decís que quedan?

(CONTINUARÁ...)

Un Acto de Amor: Cap.I  | Cap.II  |  Cap.III  | Cap.IV  | Cap.V  | Cap.VI  Cap.VII | Cap.VIII | Cap.IX | Cap.X | Archivos (making of)