20 marzo 2015

MdT: Tempus Fugit (V)


   Don Enrique salió de la posada hecho una furia, perseguido de cerca por el Doctor Ferran, en mangas de camisa:
   - ¡En mi vida me habían insultado tanto!
   - Pero déjeme que le explique...
   - Señor mío, es usted un farsante, una afrenta para la profesión. Pienso ocuparme de que le expulsen del colegio de Medicina y de cualquier otra institución a la que haya engañado para formar parte.
   Amelia salió tras ellos, se la veía preocupada, pero no intervino en la discusión:
   - No cree lo suficiente -se lamentó Ferran a modo de excusa-. Debe creer, para que el... vacunomio funcione. Sólo el que crea se salvará...
   - ¿Qué le ocurre a los caballeros, hermana? -preguntó una anciana a Amelia.
   - Es el Doctor Ferran.
   - Sí, ya corrió la voz de que ese matasanos iba a venir aquí a hacer experimentos con nosotros. Pero no nos pillará: bastante tenemos ya.
   - Parece -le contó ella en voz baja, tratando de que nadie más la oyera y con algo de azoramiento-, parece que el Doctor Ferran en realidad... no es médico. Usa... usa una especie de remedio de los gitanos, hierba del traidor mezclada con otras plantas raras, cogidas a la luz de luna, y... con agua bendita -se santiguó y añadió con desprecio-. Sólo es un curandero y, que quede entre nosotras, sabe tanto de ciencia como yo de alpargatas. Menos mal que Don Enrique, que es una eminencia, lo ha descubierto.
   Mientras Enrique Gaspar y Rimbau seguía dejando en ridículo al Doctor Ferran, con una dignidad de un dramatismo cómico para Amelia Folch, sucedió lo que esperaban: la señora mayor se acercó a otra y empezó a soltarle el rumor, que antes de que hubiese acabado la diatriba ya corría por toda la plaza en un ejemplo sin igual de boca a oreja. Dos horas después, los alciranos hacían cola para recibir el "vacunomio" milagroso de Ferran el Curandero, con tal éxito que por la noche, casi se le habían acabado los viales y el Doctor empezó a preparar nuevos cultivos debilitados.
EL DOCTOR FERRAN EN ALCIRA
    - Ha sido tan humillante como satisfactorio -declaró el Doctor cuando estuvieron solos.
   - Primum Non Nocere -aseveró Don Enrique-. Si la ignorancia va a hacer que vivan o mueran, más vale curarlos a base de ignorancia. Ha tenido usted una idea magnífica, hermana Folch.
   - No hay bacteria que se transmita más rápido que un rumor -respondió ella con satisfacción-. Creo que me retiraré a dormir. Es tarde ya y mañana quizás tendremos que repetir el número en otro barrio. Buenas noches.
   - Buenas noches.
   Don Enrique siguió el ejemplo de la hermana y se fue a su propia habitación: quién le iba a decir que su afición teatral iba a servir, finalmente, para salvar vidas. No sólo en el sentido social, sino directamente. Se metió en su habitación, alumbrada por la débil luz de un quinqué, sin darse cuenta de que, escondido detrás de la puerta, le esperaba el conductor de la diligencia:
   - ¿Dónde está? -dijo en voz baja, emergiendo de las sombras.
   Don Enrique dio un respingo:
   - ¡Pero hombre de Dios!, ¿qué hace ahí? ¡Menudo susto me ha dado!
   - ¿Dónde está? -repitió en tono mucho más amenazador, levantando un cuchillo de buenas dimensiones.
   - ¿Qué quiere, el dinero? -se llevó la mano al bolsillo interior del chaqué-. Me temo que va a quedar usted bastante descon...
   - ¡No juegue conmigo, Rimbau! -tenía un acento extraño que Don Enrique no acababa de ubicar-. ¿Dónde está lo que le dio el profesor Mélida en Madrid?
   ¿Cómo se había enterado?
   - Ah, entonces es usted un ladrón de otra clase, por lo que veo.
   - No está en su maleta, no está en su bolsa y no estaba en la diligencia. ¿Dónde está la llave de Ishtar, Rimbau?

* * * * * * * * * *

   - ¿La Torre de Babel está... en Leon? -mientras se acercaban a la inmensa estructura, el Caballero Oliveros miraba la caverna, las puertas y todo lo demás tensa, con una aversión preocupada. Su reacción distaba mucho de la que habría tenido Amelia, y en ese momento tanto Julián como Alonso se dieron cuenta de cuánto echaban de menos a su compañera de Patrulla.
   - Parece que hayamos entrado bajo la montaña en el reino de Leon -trató de aclararle éste último-, pero las puertas del tiempo también  nos han transportado hasta Tierra Santa.
   Oliveros hablaba casi con asco de todo aquello:
   - ¿Y cómo podéis saber que eso es la... la Torre infame?
   Ahora le contestó Julián:
   - Los dos judíos se refirieron al vikingo y al mazas espartano como "Babel". Y ahí hay una pedazo de torre con montones de lenguas -se encogió de hombros.
   - Pero, ¿en qué época? -preguntó Entrerríos.
   - Ni idea -Amelia seguramente lo hubiera sabido-. La Biblia dice que la Torre de Babel se cayó cuando intentaban alcanzar los cielos, ¿no?...
   - Si esto es la Torre de Babel, aún no se ha caído. Así que nosecuantos siglos antes de Cristo.
   - O quizás cuando dice que se cayó es que se hundió bajo tierra -sugirió Julián-, y desde entonces la han reconstruído.
   - ¿Y por qué decís eso?
   Julián señaló:
   - Porque no entiendo las otras, pero esa frase de ahí está en perfecto español. Y en tiempo de los babilonios seguro que nadie lo hablaba.
   Entre las inscripciones en la maciza base de la torre había algunas de letras altas como un elefante, otras pequeñas como la cagada de una mosca. A medio camino, Alonso había descubierto una larga frase en castellano que recorría el perímetro por la cara más cercana a ellos. Decía así.
"Afortunado viajero, tú que te has salvado, sé bienvenido bajo la puerta de Ishtar. Reposa primero y decide con la mente clara: si asciendes los sesenta veces sesenta peldaños de la torre, cruzarás Ishtar y serás súbdito del gran rey de Babilonia. No podrás volver atrás. Si decides seguir tu camino, deberás esperar a que otra puerta se abra o a que llegue el guardián de la Llave de Ishtar. Elige la vida"

   Junto a las letras había un dibujo esquemático que se repetía en otras partes y que recordaba vagamente a la tablilla robada a Salomón.
   - Todas esas frases deben decir lo mismo. 
   - Tenemos que encontrar a esos dos y recuperar la tablilla.
   - Sí, debe ser esa llave. Seguro que en el Ministerio...
   - Mirad -les interrumpió Oliveros-: no quiero tener nada que ver con estas brujerías ni con esa llave babilónica. Os ayudaré a capturar a esos dos, pero luego me volveré a Arintero por donde hemos venido. No he luchado por mi rey para caer ahora en tierra pagana -se llevó la mano al costado herido, apretó los dientes y desenvainó la espada-. Ahora, dejaos de letras, ¿dónde están?
   Era una buena pregunta: a su alrededor no se les veía. Pero aquella cueva era muy grande, las antorchas y pebeteros no iluminaban cada rincón, y la torre ocultaba muchos ángulos de visión. Empezaron a dar la vuelta hasta la siguiente esquina...
   Y allí estaban: bastante más adelante, junto a la pared de la cueva, distinguieron las siluetas del vikingo y el hoplita. El son de los tambores no acababa de dejar oír lo que decían, pero parecía que estaban repitiendo la invocación para abrir otra puerta del tiempo de las que se alineaban contra la pared. Alonso señaló a izquierda y derecha, hacia dos espacios en penumbra que quedaban a medio camino entre la base de la torre y los ladrones. Aunque atravesarían terreno descubierto los otros estaban de espaldas, y si podían llegar hasta allí tendrían muchos números para sorprenderles. Se separaron: Alonso en solitario fue por la derecha y Julián con Oliveros por la izquierda.
   Cuando llegaron a sus posiciones, el espartano parecía haber acabado de leer la "llave de Ishtar" y Ensteinn intentó abrir la puerta que tenía más cerca, con una forma peculiar, más ancha por abajo que por arriba; se abrió sin ofrecer resistencia. Al otro lado se veía una amplia extensión de terreno abierto; era de día. Y al fondo de todo, en la lejanía, una montaña que Julián reconoció. Antes de poder decir nada, sin embargo, el marco de la puerta empezó a traquetear: el vikingo se apartó de un salto. Las jambas vibraban, y pronto el suelo al otro lado de la puerta comenzó a temblar, con un traqueteo perceptible incluso a varios pasos. No pasaron muchos segundos antes de que la vibración se hiciera más violenta, y comenzara a transmitirse al interior de la caverna, que comenzo a retumbar gravemente, ahogando el sonido de los tambores.
   - ¿Qué está pasando? -gritó Oliveros sin cuidado de que la oyeran, con problemas para mantener la estabilidad ante los temblores cada vez mayores del suelo. Del techo distante de la cueva caía polvo. La torre vibraba de manera poco segura.
   - ¡Es un terremoto! -le respondió Julián igual de alto-. ¡Eso es el Fujiyama, en Japón y esto es un maldito terremoto!
   A lo lejos, el monte Fuji comenzó a humear. Más cerca, pero aún al otro lado de la puerta, el suelo se partió y una grieta comenzó a dividir en dos el paisaje. De alguna parte fuera de su campo de visión apareció una figura montando un caballo enloquecido; el caballo derribó al hombre y saltó la grieta, con los ojos llenos de terror. Con gran esfuerzo el hombre se levantó, tambaleándose, y se giró hacia la puerta del tiempo. Era un samurai, vestido con toda la parafernalia típica, excepto la máscara de guerra. Miró asombrado el terreno cavernoso que había al otro lado de la puerta y a los hombres extraños que le miraban. Volvió a mirar el exterior de la puerta, quizás su casa, pero el temblor se volvía demasiado extremo, y la grieta empezaba a agrandarse. Trozos de madera se desprendían fuera, y pronto empezaría a pasar lo mismo a éste lado, pero con fragmentos de roca.
   Alonso corrió hasta la puerta, rebasando al atónito espartano y dejando igual de atónito a Julián:
   - Boku o shinjite! -exclamó Entrerríos-. Haitte!
  El samurai retrocedió un par de pasos, indeciso, cogió carrerilla y cruzó la puerta del tiempo arrojándose al otro lado, rodando por el suelo de la cueva. Fuera el tereno se ondulaba, se alzaba y se hundía. La grieta, con un crujido devastador, se acercaba a toda velocidad hacia la puerta. Aferrándose al marco, Alonso la cerró de golpe y los temblores cerraron instantáneamente.

   Un momento después, Alonso de Entrerríos tenía el filo de una espada espartana apoyado en el cuello.

(CONTINUARÁ...)

3 comentarios:

LtPuri dijo...

Me paso la semana esperando que llegue el lunes. Sí, ¡Por fin ya es lunes! Y hay nuevo capítulo de MdT. Descubrir este blog ha sido fantástico. Gracias por hacernos los fines de semana más entretenidos.

KalEl el Vigilante dijo...

MdT ha hecho de los lunes una fecha señalada y deseada, ¡habrá mayor milagro televisivo! :D

Encantado que disfrutes con mis historias, Puri ;) Y las que vendrán...

Andres Rodriguez dijo...

Que más decirte que no te haya dicho ya, te esta quedando una historia muy épica, digna de un largometraje, un doble capitulo, o lo que sea.