31 marzo 2015

El Ministerio del Tiempo - 6: "Tiempo de pícaros"

El sexto capítulo de la primera temporada de El Ministerio del Tiempo comienza con una breve secuencia introductoria: un hallazgo imposible en una excavación arqueológica del siglo XVI, que lanza un guiño al film/libro Timeline de Richard Donner/Michael Crichton, cambiando la lente bifocal por un teléfono móvil. No tardamos en conocer a Alberto Díaz Bueno, un esfador fugado de nuestros días, trasunto de los Bárcenas y Díaz Ferrán a los que tan bien conocemos... y al que pertenece el teléfono. ¿Cómo llegó al siglo XVI? La Patrulla es enviada a descubrirlo por la puerta 598, y emerge cerca de Salamanca a través de un confesionario en una iglesia abandonada.

Las complicaciones empezarán a llegar por varios frentes: por un lado, Alberto Díaz Bueno vive en 1520 como Don Alfonso de Bueno, temido corregidor real. Por otro, Lola Mendieta regresa, pero esta vez para ayudar a la Patrulla, ya que fue traicionada por Bueno, con quien había mantenido negocios y una relación. Y además, Alonso, Amelia y Julián conocerán a un simpático titiritero que tiene todos los visos de ser el mismísimo Lazarillo de Tormes. Pero la verdadera dificultad se presentará cuando Lola y Lázaro caigan en manos del corregidor, y Ernesto y la puerta 598 corran peligro de arder a manos de una pareja de estudiantes en plena novatada.

Todo esto tiene como contrapunto dos historias protagonizadas por Irene Larra: recuperando al espía estadounidense del capítulo anterior, lo visita tras 10 días encerrado en la prisión medieval de Huesca para tratar de sonsacarle el secreto del viaje en el tiempo norteamericano. Pero aprovecha para ver a Armando Leyva, agente encerrado también en la mazmorra desde hace 8 años, y ahora enfermo: un Leyva que, descubrimos, no sólo fue un gran agente del Ministerio (llegado de época carlista, según el making of), sino el maestro de Irene y quien la reclutó para el organismo de 1962 (aunque probablemente nos falten datos en esa historia que descubramos en el siguiente episodio: si Irene llevara de verdad desde 1962 en el Ministerio, tendría ahora 67 ó 68 años, si no 75-80... algo que evidentemente no es así).

Si esta vez dedico tanta atención al argumento, es para que quede claro que, aunque el episodio pase a la memoria como "el del Lazarillo" (y sobre él y su peculiar historia e influencia diga mucho y de forma muy interesante), pone muchos más elementos en juego. Elementos políticos, sociales, culturales. Pero sobre todo, a unos personajes cada vez más complejos -y no solo el trío protagonista- y un universo cada vez mejor construído: que Salvador "siempre ha sido un cabrón, pero elegante". Que los americanos probablemente tengan un "túnel del tiempo graduado y nuclear". Que la Sra. Torres es el enlace directo entre el Ministerio y Presidencia (y, ya que se comunica con Salvador, que probablemente no hay Ministro del Ministerio del Tiempo, sino que el Subsecretario es el cargo supremo a su cargo) y un grano en el culo de Salvador. Que Lola es considerada una "vendedora de antigüedades y revolucionaria de pacotilla" por su traidor amante. Que Salvador siente que tiene mucho de lo que arrepentirse. Que Leyva quiso conseguir beneficios del siglo XXI para toda la gente de su época (lo que lo pone en la órbita de Lola, además de su tiempo, la España carlista). Que Lola sabe cosas del futuro, al menos del de Alonso y Amelia. Que la lealtad y el cumplimiento de lo pactado es algo sagrado tanto para el Ministerio como para la propia Lola.

Esto último contrasta con la picaresca que abunda por la trama: la de unos contra otros, usando venenos, argucias, aprovechamiento del poder y falsos milagros. Hay una gran capa de picaresca por todo el episodio, pero también unos ciertos iconos de certeza y seguridad, incluso a riesgo de perder ventaja; de honor. Quizás no hay buenos y malos claros en la historia del Ministerio, pero sí se puede discernir entre gente de honor y gente que no lo tiene.

El propio Salvador se ve empujado a revisar la dureza de algunas de las acciones que en el pasado ha tomado por el bien del Ministerio. Dramáticamente tarde, tal vez. Irene está claramente en una encrucijada, tras la (aparente) muerte de Leyva. El espía americano vuelve a estar libre para viajar en el tiempo, igual que Lola. Y sólo quedan dos capítulos para terminar la temporada: incluso si muchas de estas semillas argumentales quedan abiertas, todo promete a que cada uno de los episodios que restan serán una descarga de adrenalina (hint? hint?), sorpresas y revelaciones.

¿Resumiendo? El Ministerio del Tiempo sigue siendo, cada semana más, la serie que hay que ver. Sin falta. Sin excusas. Con entusiasmo creciente. ¿Hype? No, lo siguiente.

HOMENAJES WHOVIAN
Un par de ellos. El principal nos recuerda el reciente capítulo Robot of Sherwood (2014) y su tesis de que el personaje ficticio de Robin Hood tuvo una base real absolutamente fiel a como lo imaginamos. Evidentemente algo de eso (casual o buscado) hay en la elección del Lazarillo como protagonista, y la reacción ante él de Amelia, Julián, Alonso e incluso Salvador. Pero también hay otro homenaje a Robin, y no al de Doctor Who, ya que el plan que trama el villano para atraer a los héroes a la trampa mortal, con ejecución de su aliado, está también sacado de las historias de Sherwood.

El otro  es el confesionario por el que viajan en el tiempo los protagonistas, evocador de una TARDIS aunque claramente no sea más grande por dentro, y que es sacado de su lugar y transportado como en Marco Polo, The Faceless Ones, Logopolis o Castrovalva, entre otras.

No hay comentarios: