01 marzo 2016

El Ministerio del Tiempo 11 - "Tiempo de Hidalgos" [spoilers]

   Porque los títulos de los episodios del Ministerio cumplen la norma no escrita (bueno, por alguna biblia rondará) de que la palabra "tiempo" tiene que estar presente sí o sí. Que si no este episodio hubiera podido titularse TROLEANDO A CERVANTES.

Poster diseñado por Mikel Navarro
   Y es que la misión es la misión, pero ya desde antes de que "los imprevistos" impulsen a Amelia a lanzarse a buscar a Lope de Vega, parece notarse que Folch ha tomado cierto partido en la particular disputa de éste con Cervantes, y que en su saboteo de Los baños de Argel hay algo más que el puro cumplimiento del deber. Vamos, que Ernesto pareció más reticente cuando estuvo a punto de envenenar a Hitler.

   "Tiempo de Hidalgos" es el 11º capítulo de El Ministerio del Tiempo, escrito por Carlos de Pando y Anaïs Schaaf y dirigido por Abigail Schaaf, y en él se pone en peligro uno de los legados culturales más importantes (si no el que más) de toda la historia de España: El Quijote. En lo que a la trama propia del capítulo compete, nos situa en un doble entuerto: por un lado, tratar de rescatar el Quijote que Cervantes ha vendido antes de publicar, y por el otro, hundir su representación teatral, que según los libros de Historia nunca llegó a estrenar.
   Pere Ponce articula un Cervantes estupendo y apartado de muchas ideas preconcebidas, uno que aspiraba a triunfar como dramaturgo y no como novelista, que lleva su pasado en cautiverio fresco en la memoria pero asumido como algo del pasado (la primera referencia a su rescate, la posterior a sus intentos de fuga): y en el fondo, un Cervantes fracasado. La secuencia tras su dramático intento de suicidio, en la que la Patrulla lo lleva al presente, es un homenaje (admitido y avisado) al episodio "Vincent and the Doctor" de Doctor Who; pero con un punto de vista propio, combinándolo con un motivo tan cervantino como la Cueva de Montesinos, las ensoñaciones de Don Quijote e incluso con la versión de la obra que rodó Orson Welles, en la que Alonso Quijano y Sancho Panza llegan a pasearse por el Madrid del siglo XX.

   El capítulo combina varias dinámicas narrativas y no se contenta con avanzar sólo en el terreno unidireccional de la misión: la misión en sí es compleja, ya que parte de unos hechos consumados sobre los que la Patrulla, "como buenos españoles", debe improvisar. Y eso lleva a uno de los primeros giros que propone el capítulo: después de ver a una Amelia curtida como jefa en los dos capítulos anteriores, aquí la vemos enfrentada con toda su Patrulla, especialmente ante el torbellino que es Jesús "Pacino". Amelia se comporta a ratos un poco dictatorial, a ratos se aprovecha de su cargo y aún en otros momentos la vemos dudar.
   De manera colateral aparece la posibilidad de visitar de nuevo a Lope de Vega, década y media después de su último encuentro: primero la lleva a cabo un Pacino algo perdido, pero luego es, sí, Amelia la que va a hablar con él, para entretenerlo y evitar que le roben una de sus obras, sí, pero también para hablar de los problemas con su "marido", que en el contexto del episodio puede ser Julián como, más sutilemente, Alonso. Víctor Clavijo vuelve al personaje con un dominio soberbio, presentándonos perfectamente las diferencias entre ambas versiones, e incorporando con sabiduría la influencia del tiempo y de su tempestuosa vida en el carácter del hombre que tenía que trabajar sin parar para mantener a tantas familias como iba dejando por el camino. 
   Por otro lado tenemos la oportunidad de dar un nuevo vistazo a los rivales americanos del Ministerio, los agentes de la compañía Darrow (otro homenaje a la novela Las puertas de Anubis, por cierto). Walcott es el villano responsable de los problemas con el Quijote y la obra de Lope, pero más importante que eso es comprobar que, en efecto, los agentes americanos utilizan una tecnología muy superior a la del Ministerio: como si estuvieran en manos de Scotty, éstos se teletransportan (suponemos) de vuelta a su tiempo con sólo pulsar un botón de las pulseras que llevan. (Nota mental: la hemorragia de Walcott. ¿Provoca cáncer u otros desajustes orgánicos, a lo Caballo de Troya, el viaje repetido mediante "túnel del tiempo atómico"?).
   Y eso nos lleva a la última parte de la trama: Susana Torres sigue merodeando por el Ministerio, Irene le sigue el juego cada vez de manera más peligrosa, Lola Mendieta ha sido rescatada de la cárcel de Huesca cuando iba a ser violada, su fuga ha quedado ocultada por Susana (aunque desde el sistema de Irene, sobre quien pueden caer todas la culpas... Nota: ¡ole ese juego con la intranet!), y la última secuencia genera dudas de si Torres trabaja para Darrow o si pretende que Lola se infiltre en el compañía.

   Por si fuera poco, también vuelve Miguel Rellán (Gil Pérez), que se lleva alguno de los mejores momentos del episodio (su primera escena jugando a los marcianitos, su referencia a El Crack), y Salvador deja caer una primera precisión sobre los cambios en la historia: hay un límite de tiempo antes del cual pueden corregirse, y una vez rebasado la nueva versión de los acontecimientos ya no tiene solución y se impone.
   Pero en el fondo, todos sabemos que El Quijote correcto es el que escribió Cervantes "a la segunda", es decir, tras el robo de Walcott. Ese Quijote reescrito en el que el autor ya no acaba de acordarse exactamente del nombre del lugar de la Mancha donde estaba ubicada la hacienda del hidalgo. Sí, tal vez sólo vivimos en el resultado de ese pequeño cambio en la Historia y no podemos comparar con lo que no conocemos, pero es evidente que, a la segunda, y con el subidón que llevaba el personaje al final de la historia, esta segunda versión tiene que ser mejor que la primera. Que se queden los americanos con el borrador...

   Hay mucha chicha en el episodio. Muchas interacciones jugosas entre los personajes (Lope y Amelia, Amelia y Cervantes, Cervantes y Alonso, Alonso y Amelia, todos con Pacino) y el conjunto resulta divertido, a ratos emotivo (sin llegar a ser "Vincent and the Doctor"), pero en cualquier caso muy entretenido. Además, tanto Nacho Fresneda como Aura Garrido dominan ya a la perfección sus personajes (y Hugo Silva sólo lleva dos episodios y no les va muy a la zaga), lo que se traduce en sutilezas y sorpresas en su "juego" que se disfrutan enormemente: por ejemplo, la historia de Alonso con el teatro continúa la que ya vimos en "La Leyenda del Tiempo", pero además tenemos el lujo de ver a Nacho recitar versos del siglo de oro como sólo un actor que tiene experiencia en esas lides puede hacerlo.
   La sensación final es "más, más, más": que queremos más, que la serie va sumando cada vez más elementos y que cada vez va más allá. Por ejemplo, troleando a Cervantes.

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