07 enero 2021

Trump: ni honor ni respeto

Todos, dentro y fuera de los Estados Unidos, tenemos parte de culpa: nos hemos dejado arrastrar en las críticas y chascarrillos por su indigencia intelectual, su machismo exacerbado y su racismo galopante. Ninguno de ellos son moco de pavo, pero sí señales que nos deberían haber avisado de sus otras y aún más peligrosas características.

Donald Trump es un perdedor nato. Un tipo que ha construido toda su vida alrededor de la imagen del triunfador ochentero, pero que no ha parado de dilapidar la fortuna heredada, acumular bancarrotas y negocios turbios o directamente fraudulentos. Pese a todo, sigue vendiéndose como triunfador, y esa imagen ha calado en la suficiente cantidad de americanos. Pero este perdedor odia que le llamen perdedor, porque va contra la imagen que ha ido forjando durante décadas.

Donald Trump es también un hombre sin honor ni respeto por ninguna de las instituciones americanas más que las barras del $. Falto de todas las virtudes que pueda necesitar un presidente americano sea del signo que sea: no aprecia su país ni a sus ciudadanos, solo cómo puede manipularlos para su propio beneficio.

El título de peor presidente de los Estados Unidos está disputado, pero Trump tiene la capacidad de empeorar las crisis de Herbert Hoover, lucha contra las leyes (y sobrevive a un impeachment) como Andrew Johnson, y volvería a la esclavitud con la felicidad de un Millard Fillmore o un John Tyler si pudiera. Quizás a quien más se parezca sea a Warren Harding (1921-23), otro presidente golfista que en solo dos años y medio de mandato acumuló una buena cantidad de escándalos de corrupción. El demócrata James Buchanan tiene la deshonra de liderar las encuestas como peor presidente estadounidense por su inacción ante la expansión de la esclavitud y el alzamiento de los Confederados. Y en eso Trump es peor: lejos de permanecer inactivo, él anima esas bajas pasiones, recalca la consideración de ciudadanos de segunda de los afroamericanos y latinos, atiza a los exaltados que le defienden contra el Congreso. Que defienden su victoria electoral pese a que los números y los jueces dictaminen que se equivoca, que ha perdido.

Pero la realidad de ser un perdedor nunca ha evitado que Trump persevere: él sigue vendiendo humo, trampeando (¿trumpeando?) y atizando las brasas de los otros perdedores del país que quieren que permanezca en el trono indefinidamente. Noticias falsas. Mienten contra nosotros. Sois muy especiales. Os quiero. La peligrosa soberbia de Trump está alcanzando cotas mesiánicas, que sabe manejar bien aunque sea incapaz de citar un solo versículo de la Biblia. Trump es el rey de los idiotas, el emperador de los mezquinos, el campeón de los negados. El perfecto líder de la idiocracia.

No sé si es el peor presidente que ha tenido la historia de los Estados Unidos: la competición por el oprobio, ya hemos visto, está reñida. Pero con su nihilista acercamiento al cargo, su ambición desmedida, su política de tierra quemada, su inconsciencia al tratar de dejar el país en las peores condiciones posibles antes de retirarse, sí creo que es el presidente más peligroso que ha tenido la historia de Estados Unidos.


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