03 abril 2024

El Maestro y la Serpiente - 3


EL MAESTRO Y LA SERPIENTE


FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

Capítulos:     1       2       3


3.- PASIÓN

     El domingo previo a la Pascua fue magnífico. Una muchedumbre saludaba al Mesías con ramos de palma y olivo; Azirafel distinguió entre ellos a pacíficas familias, pero también a fanáticos armados.

    - Rebeldes zelotes -sonrió Gabriel, triunfante-. Quieren expulsar a los invasores romanos. Y sería glorioso que lo consiguieran ahora: la invasión fue cruel en la ciudad, pero mucho peor en las aldeas más pobres y...

    - ¿Esos "seguidores" quieren utilizar a Jesús? -dedujo Azirafel, algo molesto-. ¿Para propaganda política y militar?

    - ¿Por qué no? -replicó Gabriel con soberbia-. Si Él obtiene más fama así...

    Aquellos sueños de gloria impidieron que ambos ángeles notaran una reacción más sutil: la de una minoría poderosa. Por eso no vieron la bolsa de dinero que alguien dio a un bienintencionado discípulo, convenciéndolo con bellas mentiras ("Sólo irá al calabozo unos días, ¡después lo soltaremos! Así se evitará una guerra en la que Él y muchos más morirían. Lo estás salvando, en realidad").

    "Idiotas" gruñó una figura de pelo rojizo, ropa femenina y aura demoníaca, que espiaba todo en silencio. "¿Es que no saben calcular las consecuencias? ¿Nunca han sufrido por intentar hacer una buena obra? Como sufrí yo. Y como sufrirá él".

    Crawly, pues no era otro el demonio en cuestión, miró a Jesús. Y lo vio llorar junto a los muros del Templo, ajeno a la alegría general. El Mesías sí sabía calcular cómo acabaría todo para él. Y también para aquella ciudad.

- - - - - - - - ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    - Maestro -insistió Crawly algunas noches después, cuando Jesús oraba en soledad-. ¿No oíste los clamores de guerra, el pasado domingo? Nadie escucha tu mensaje de paz. Lo has intentado todo, nadie puede culparte. ¿No preferirías huir, para vivir tranquilo donde sí te escuchen?

    - Una última tentación, ¿verdad, Crawly? -sonrió Jesús débilmente: su estado anímico era terrible. La angustia no le permitía dormir. Era difícil adivinar qué pasaba por su cabeza cuando añadió-: Muéstramela.

    Y Crawly le presentó una bellísima visión: puso el alma en ello. Le mostró un futuro con esposa e hijos, sembrando la paz en una aldea. Nada espectacular: no daría su mensaje a mucha gente. Pero viviría, como mínimo, hasta la edad de...

    - Ah, tarde o temprano la muerte siempre llega, ¿verdad? -le interumpió Jesús, aliviado al ver resuelta una de sus dudas-: Huir no resolvería gran cosa, entonces. Además, sólo imaginas una aldea, no una ciudad. Ambos sabemos por qué, ¿verdad?

    Crawly bajó la vista. Su interlocutor había dado en el clavo: Jerusalén estaba condenada. La guerra era inminente, ahora que creían que había un Mesías para apoyarla. Porque pocos entendían que Su mensaje era de paz.

    - En verdad te digo que las tentaciones ayudan a pensar -sonrió Jesús valientemente-. Si muero ahora, la guerra se retrasará varias generaciones, y además todos sabrán que mi mensaje es de amor. Porque no hay mayor acto de amor que dar la vida por aquellos a los que amas. Y lo sabrán TODOS, no sólo una minúscula aldea imaginaria.

    - Espera, ¿¡has decidido lo contrario de lo que yo intentaba...!?

    Un ave nocturna interrumpió la frase, alzando el vuelo entre ambos. Jesús la miró y formuló una pregunta extraña:

    - Si no tuvieras nombre de reptil, si quisieras cambiar de vida, ¿qué nombre elegirías, Crawly?

    El demonio, derrotado, recordó la primera buena obra de su vida: salvar a los inocentes animales de un tal Job. Usó cuervos para ello, así que...

    - Crowley -decidió, inspirándose en las aves-. Pero no lo haré. Los demonios no podemos cambiar, aunque queramos. No se nos permite la redención.

    - Los pequeños cambios también importan. ¿Puedes cambiar de alguna otra manera? Muéstramelo.

    Crowley le mostró todas sus formas: la de serpiente, la de hombre, la de mujer y la de ángel. El plumaje de sus alas no era blanco, pero tal detalle era irrelevante en la oscuridad de la noche.

    - Quiero creer que todo el mundo puede cambiar -se animó Jesús-. No sólo tú. También los que ahora no me escuchan.

    Hubo pocos testigos, y sólo los entrevieron desde lejos. Pero fueron suficientes para recordar la escena, y así la narraron en sus escritos:

    "Y el ángel le reconfortó".

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EPÍLOGO

    La muchedumbre rebelde, que ya no podía utilizar al Maestro para su guerra, lo abandonó de la noche a la mañana. Al pie de la cruz sólo quedaron su familia, amigos y discípulos: apenas un puñado de hombres y mujeres, un ángel y un demonio. Todos intentaban contener las lágrimas.

    - ¿Qué hizo para acabar de esta manera? -se preguntó Crawly, a pesar de saber la respuesta. Le costaba demasiado aceptarla.

    - Pedir a los seres humanos que se amaran unos a otros -contestó Azirafel con tristeza.

    - Sí, eso los haría reaccionar así -asintió el demonio. Odiaba tener razón. Odiaba saber que el odio humano era inamovible. Odiaba el odio.

    Técnicamente, Jesús no estaba totalmente muerto, sino sólo... "descorporizado". Pero era igualmente doloroso: ya no tendría una vida en aquella tierra ni entre sus amadas gentes. Había vuelto al Cielo, a su otro hogar, pero ¿qué vería desde allí? ¿Que todo había sido inútil? ¿Que nadie era capaz de cambiar?

    Quiso consolarlo, pero ya no podía darle vino ni risas. Sólo se podía hacer una cosa por él.

    - Quiero cambiar: ya no soy Crawly -decidió-. A partir de ahora, me llamaré Crowley.

    El gesto era pequeño, pero los pequeños cambios también importan. No para el Cielo ni el Infierno (que a Crowley le importaban un carajo: tenía malos recuerdos de ambos). Pero sí para un amigo, injustamente castigado por intentar hacer buenas obras.

    Todo vale la pena por los amigos.

(FIN)

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El Maestro y la Serpiente - 2

      

EL MAESTRO Y LA SERPIENTE


FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez


Capítulos:     1       2       3


2.- TENTACIÓN 

     Otro hijo díscolo pero bienintencionado era Crawly. Pero no es que pudiera compararse con Jesús, ni en poder ni en santidad. De hecho, Crawly era un demonio... pero el menos maligno que se puede imaginar. Si se alejó del Cielo, sólo fue por no querer vivir encerrado dentro de la rígida estructura de normas celestiales. Eso no tiene nada que ver con el concepto de maldad. Sólo era independencia, y capacidad de desarrollar inteligencia propia. 

    Por eso Dios pensó que ambos hijos deberían conocerse. Ambos querían pensar y aprender. Tal vez podrían ayudarse.

    Cuando Jesús terminó de estudiar todos los preceptos de la Torá, preguntó a Dios:

    - ¿Qué diferencia hay entre memoria y sabiduría? Cómo puedo aprender a pensar por mí mismo?

    Y Dios contestó:

    - Espera aquí, en el desierto, para ser tentado por el demonio Crawly.

    - ¿Un demonio? ¿No es eso un poco extremo, Madre?

    - Es que se trata de un demonio raro, hijo. Te gustará.

    - ¿Cómo de raro?

    Dios ya no contestó, pues un viajero de cabello rojizo interrumpió la conversación:

    - Debo estar muy borracho, porque me pareció oler por aquí el aura de un ángel, pero tú no eres...

    - Me llamo Jesús. Y estoy ocupado. Debo hablar con alguien experto en tentaciones...

    - ¡Ah, entonces yo soy tu hombre! Mi nombre es Crawly. Pero yo no las llamo tentaciones, sino... dudas existenciales.

    - ¿Y para qué sirven?

    Crawly frunció el ceño pensativamente y se sentó junto a la fogata del otro, encantado de disfrutar de un poco de calor y de compañía en aquel frío anochecer:

    - No sé. Algunas veces ayudan a pensar, pero otras sólo sirven para bromear. El caso es que me divierte plantear preguntas y realidades alternativas. Por ejemplo, si tuvieras poder para hacer cualquier cosa, ¿podrías crear una piedra que ni siquiera tú mismo pudieras levantar?

    Su interlocutor lo miró, divertido:

    - Si pudiera hacer cualquier cosa, podría crear la piedra... pero también podría alzarla. Y lo primero contradice lo segundo. Es una paradoja interesante, pero no una tentación.

    - Es verdad -rió el viajero, abriendo su odre de vino-. A ver, algo más tentador: ya que no tenemos comida para acompañar esto, ¿te gustaría poder convertir las piedras en pan?

    - ¿Se te ocurre algo sin piedras?

    - Como quieras. Pensemos a lo grande: ¿Te gustaría ser rey del mundo?

    A Jesús eso sí le pareció tentador, pero contestó:

    - Este mundo ya tiene demasiados reyes. Y ya que me planteas la duda, se me ocurre que... ¿son inútiles? Tener reyes no impide que la gente sufra guerras y hambrunas. Así que no. Yo quiero hacer algo diferente, para dar a las gentes algo más útil de parte de Dios.

    - ¿Y qué quiere darles Dios?

    - Dios quiere que se amen y se entiendan.

    Crawly lo miró escandalizado:

    - Pero... ¡los que mandan basan su poder en tener enfrentados a los demás!

    - ¿Estás seguro?

     - He visitado varios reinos. Y cada gobernante se anuncia como la mejor defensa contra los enemigos exteriores. ¡Si la gente se ama, se les acaba el discurso!

    - Pero sería lo más justo -decidió Jesús-. ¡Acabemos con ese discurso de odio!

Imagen: cortesía de la artista Hana'an, de Praga 
    - ¿¡Qué!? ¡Es gente poderosa! Si intentas eso, como mínimo te silenciarán. Y si no lo consiguen, te matarán.

    - Aun así, debo intentarlo. La casta gobernante está convirtiendo la religión en un yugo, para explotar a los pobres...

    - Eso pasa en todas las religiones -se encogió de hombros Crawly.

    - ...y en una herramienta política contra los competidores -continuó Jesús-. En este caso, contra los romanos.

    - Que sí, que te entiendo, pero...

    - Yo intento que la religión vuelva a servir para lo que sirvió antiguamente: para recordar que todos somos hermanos y podemos amarnos, sin esos yugos.

    - ¡Te van a matar! -insistió Crawly, horrorizado.

    Pero la bienintencionada Serpiente no consiguió hacerle desistir. Así que hizo lo único que podía hacer: compartir su odre de vino, hablarle de las maravillas de varios países lejanos y mostrárselas en bellas visiones. Para compensar lo poco que Jesús podría visitar el mundo en vida.

    Porque Crawly no necesitaba ser omnisciente para saber que, de seguir ese camino, la vida de Jesús sería muy corta.

    Y Jesús, muy su pesar, tampoco tenía dudas de ello. Su plan estaba cada vez más claro; pero ahora sabía cuál sería el precio.


- - - - - - - - ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    Los ángeles Gabriel y Azirafel escuchaban a Jesús, embelesados. Les resultaba difícil resistir la tentación de hacer preguntas (en ese sentido, Azirafel empezaba a entender a Crawly), pero lo tenían prohibido, y no dejaban que eso empañara su dicha: ¡estaban presenciando un momento histórico!

    - Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados -predicaba el Mesías-. Y bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos...

    - Ejem... perdón, un momento -interrumpió un joven de piel oscura y orejas felinas-. ¿Maestro, lo dices en el sentido de "saciados"? ¿O en el de "hasta las narices"?

    - ¿Ha dicho "narizotas"? -chilló alguien desde la zona de los niños (la más alejada: allí atrás oían realmente mal).

    Los presentes protestaron por las interrupciones, pero el Maestro los apaciguó:

    - Dejad que esos niños se acerquen a Mí: ellos tienen tanto derecho como los mayores a oír hablar del Reino de los Cielos -después sonrió traviesamente y añadió-: "Saciados", Erick. Y ya que estás tan atento, ven y ayuda a Juan a tomar notas.

    - Ese Erick no es humano -susurró Azirafel, alarmado por el aura felina-. ¿No será uno de esos diablillos que tienen siete vidas?

    - Bueno, ahora Jesús y Juan lo tienen vigilado -sentenció Gabriel-. Pero no importa cuánto ayude: si es un diablillo, en el Cielo no podrá entrar.

    Aunque a Azirafel no le gustó ese último comentario, se mordió la lengua y señaló entre la multitud a tres Ericks más (¿cuántos había?). Pero Tomás, los dos Simones y los gemelos Alfeo ya los estaban vigilando, así que Gabriel le reprendió con altanería:

    - No seas necio: ¿qué podrían hacer? ¿Tomar demasiadas notas y hacer varios Evangelios diferentes?


(CONTINUARÁ...)


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El Maestro y la Serpiente - 1

     

EL MAESTRO Y LA SERPIENTE


FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez


Capítulos:     1       2       3



1.- NATIVIDAD

     Notas de Su Todopoderosidad (fragmento):

    Hay una queja común en padres y madres de todas las épocas: sus hijos no siempre están de acuerdo con ellos, e incluso intentan corregir a sus mayores antes de estar realmente preparados. 

    Lamento admitir que eso es un efecto secundario de estar hechos a Mi imagen y semejanza. Porque Yo tengo el mismo problema con buena parte de mis hijos. 

    Eso incluye al único humano que se presentó oficialmente como tal, y que por ello es conocido como mi Hijo con mayúsculas: Yoshua Ben Yussuf / Ben Myriam. Es decir, Jesús hijo de José y de María.

    Jesús era un buen hijo, no me entiendan mal. Él sólo quería mejorar las cosas. Después de 4 milenios, la religión había degenerado en una estructura de poder, por lo que los seres humanos olvidaron que no eran mis sirvientes, sino mis hijos. Él decidió corregir eso.

    - ¿Enfrentarte a poderosos? -le avisé-. Tendrías que hacerlo con milagros de control mental, y eso iría contra el libre albedrío.

    - Puedo hacerlo dialogando -contestó-. Creo que hablando se entiende la gente.

    Pobre hijo mío. A pesar de ser tan inteligente, ¡qué inocente era!

    Quizá no debí acceder a su plan...

- - - - - - - - ~ ~ ~ ~ - - - - - - - -

    Notas del Arcángel Supremo Gabriel:

    Hoy Su Todopoderosidad me encargó llevar a Myriam el mensaje de que sería la Madre del Mesías. Me extrañó que no eligiera al Principado Azirafel, que es nuestro enlace oficial con los humanos. Pero Dios me dio un dato preocupante:

    - Esta vez es necesario un mensajero de la máxima categoría. Mi Hijo necesitará toda la ayuda posible. Los humanos pueden ser muy tozudos.

    Sin embargo, Dios no me dijo que fuera un secreto. Así que quizá dejé caer algún comentario en mi siguiente reunión con Azirafel. Yo anuncié el embarazo a María, pero sólo eso. No tuve nada que ver con la estrella y el ángel que tanto revuelo armaron nueve meses después...

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    Notas de Su Todopoderosidad (siguiente fragmento):

    Por cierto, ni siquiera Yo entiendo a qué viene tanto debate sobre la filiación de Jesús. Hasta varios siglos después de su nacimiento, nadie ponía en entredicho que su cuerpo físicamente era hijo de José y Maria, mientras que su alma (como todas) era cosa mía. 

    Pero después de algunos siglos, unos señores que tenían muy poca vida sexual decidieron que José y María tampoco podían tener tal cosa. Como si la reproducción sexual me pudiera ofender a mí. ¡Que fui YO quien la inventó! Pero me estoy desviando del tema.

    En resumen: nueve meses después de "La-Concepción-Que-Ciertos-Señores-Insisten-En-Considerar-Virginal", un Principado llamado Azirafel y un demonio de baja malignidad, llamado en aquel tiempo Crawly, se reunieron gracias a su afición a visitar tabernas. Como los rumores vuelan, pronto decidieron intervenir en lo que no debían. 

    Por supuesto, Azirafel nunca admitió haber anunciado el Nacimiento a ciertos pastores, y Crawly siempre negó su relación con el rumbo de cierta estrella. Pero todos sospechamos que fueron ellos los que ayudaron a extender el mensaje del nacimiento de Jesús. 

    Y no se puede negar que tuvieron un excelente sentido del espectáculo.


(CONTINUARÁ...)


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27 marzo 2024

¡Arriba el telón! 14 críticas (y van 199)

         Adiós 2023, y hola... ¿cómo? ¿Que ya es casi abril? Mare de Déu del Carme, que rápido que pasa el año...
         Pues en lo escénico ha sido un primer trimestre intensillo, así que vamos a repasar las críticas artísticas que he publicado en 
EnPlatea.com entre enero y marzo de este 2024. Un cambio: por razones técnicas, las críticas aparecen desde mediados de febrero sin título periodístico... cosa que yo restauro en esta lista con el que debería llevar cada una ^_^ Y curiosamente noto ahora que esta vez me ha dado por jugar con otros idiomas, en los títulos.
         Atentos que con la próxima reseña llegaremos a las 200, wiiii🥳...
         ¡Feliz día del teatro!

186. Els Buonaparte: "El salvador de Europa y su hermano" (12 de enero de 2024)
187. Isekai: història d'un segrest: "Sailor Moon en Caracas" (19 de enero)
188. OSV & Sílvia Pérez Cruz - Gardel, tangos y milongas: "Y todo a media luz" (26 de enero)
189. El collar de la reina: "Trapicheos en Versalles o qu'est-ce que c'est cette merdé" (2 de febrero)
190. Perla: "La perla de Manacor" (12 de febrero)
191. Els Watson: "Jane Austen y Pirandello escriben un fanfic" (15 de febrero)
192. Los chicos del coro - El musical: "Elegía a Fondo del Estanque" (19 de febrero)
193. Tot fent Pigmalió: "My Fair Oliver" (21 de febrero)
194. Winterreise: "Nieve en las sienes" (28 de febrero)
195. Voltaire/Rousseau. La disputa: "De ilustrados y trolls" (5 de marzo)
196. Manon Lescaut: "Sola, perduta, abbandonata... y todo lo que ocurrió antes" (8 de marzo)
197. Entrevistes breus amb dones excepcionals: "To boldly go where no man has gone before" (15 de marzo)
198. Salomé: "Eros y Thanatos" (22 de marzo)
199. Banda Municipal de Barcelona - Sinfonía Gaudí: "Barcelonautas musicales" (27 de marzo)

Críticas 20151 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42     Críticas 201643 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 201775 a 79     Críticas 201880 a 88
     Críticas 201989 a 97 | 98 a 107 | 108 a 112
Críticas 2020113 a 116
     Críticas 2021117     Críticas 2022118 a 123 | 124 a 133
Críticas 2023: 134 a 137 | 138 a 146 | 147 a 154 | 155 a 163 | 164 a 172 | 173 a 185
Críticas 2024: 186 a 199 
Voltaire/Rousseau. La disputa. Teatre Romea

19 febrero 2024

TERTIA PUGNA - 4


TERTIA PUGNA

(Tercer Asalto) 

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

Capítulos:     1       2       3       4


CAPÍTULO 4.- VIDA Y MUERTE


 Advertencia: contenido sensible (sangre, autopsias)

    ¿Qué hay, amigo,
a
l otro lado del Silencio?
    (Ángeles del Infierno)


    Azirafel abrió el paquete que había en su despacho, miró el contenido y lo dejó caer con indignación.

    - ¡Shoder! -se le escapó, mientras de algún sitio le llegaba un aviso sonoro de amonestación. 

    Un ticket de notificación cayó sobre su mesa. Genial: para una o dos palabras malsonantes que soltaba en seis milenios, no sólo no conseguía pronunciarlas -en aquel lugar había algún filtro sonoro que lo impedía-, sino que además el Cielo había creado una especie de dispensador de multas.

    - Y más que me van a oír -gruñó, dirigiéndose a las escaleras con el contenido del paquete-. ¡Esto es indignante!

    Había subido la mitad del último tramo cuando le interpeló una voz:

    - ¡El nivel superior está prohibido!

    “Y qué casualidad que estés ahí vigilando, sin acecharme ni nada, ¿verdad, Miguel?” estuvo a punto de contestar, pero controló sus modales y señaló con autoridad:

    - Soy el Arcángel Supremo. Tengo acceso a los nueve niveles celestiales.

    - Pero no al décimo -insistió Miguel-. ¡Es el Sanctasanctórum!

    - ¿Acaso puedes localizar al Metatrón en otro sitio? 

    Incapaz de captar la ironía, Miguel sacó algo parecido a un teléfono y marcó un número, pero al cabo de unos instantes negó con la cabeza:

    - No contesta.

    - Lo sé. Yo también lo he intentado antes de venir -suspiró Azirafel, reanudando la subida. 

    El último nivel acababa en una puerta. Levantó el puño para llamar, pero al observarla se detuvo. Era blanca (como todo allí), con molduras elegantes pero sencillas, similares a las de un capitel dórico. Sin embargo, algo en ella imbuía respeto. Tardó unos segundos en armarse de valor para llamar.

    - Yo no lo haría… -le aconsejó Miguel, con temor reverente.

    Su interlocutor estuvo a punto de darle la razón y retirarse, pero ya era tarde: la puerta se abrió y le mostró un despacho similar al suyo. El Metatrón, pues no era otro su ocupante, indicó a Azirafel que entrara con un gesto poco amistoso. Miguel suspiró con alivio cuando la puerta se cerró tras ellos, dejándole fuera.



    Azirafel avanzó sólo un par de pasos, abrumado por una sensación intimidante, pero no a causa del Metatrón. El motivo era algo terrorífico, al fondo de la nueva sala. Algo pulsante, blanco, vivo, que emitía…

    Parpadeó y la imagen se estabilizó, mucho más clara. ¿Cómo había podido abstraerse tanto? Al fondo sólo había una puerta más, pero desvencijada y sin molduras. Parecía hecha de toscas y gastadas vetas blancas, similares a las de madera, pero formadas por gruesas fibras de luz casi leñosas. Aunque sí había en ella algo extraño y… antiguo.

    - Todo empezó aquí -explicó el Metatrón, en pie a su lado -. Hubo un tiempo en el que sólo existía esa Puerta, y ningún otro nivel celestial.

    Azirafel asintió con sobrecogimiento. Su preocupación de un rato antes se le antojaba anodina. Había sido un estúpido al subir.

    - Esa Puerta emite ondas de… de vida. ¿Y ese libro…?

    - El libro de la Vida --asintió el Metatrón, volviendo a sentarse tras su mesa. En ella reposaban, junto al enorme Libro, útiles de escritura de varias épocas: tablillas de cera, stylus, plumas de ave, estilográficas…- Supongo que has notado algo parecido a ondas gravitacionales, pero yo además puedo oírlas. Y ponerlas por escrito - señaló la extraña Puerta y miró a su subordinado con curiosidad-: ¿Las oyes tú?

    El Arcángel Supremo negó con un gesto:

    - Lo siento, pero no. Sólo noto ráfagas de energía. O de vida, y de eso quería hablarte. O más bien de lo contrario.

    Azirafel dejó sobre la mesa el contenido del paquete. El Metatrón se encogió de hombros: 

    - Es tu espada. Eras el ángel guardián de la puerta Este del Edén.

    - Es un instrumento de muerte. La espada de la Guerra, ¡y yo odio las guerras!

    El Metatrón lo miró fríamente:

    - No quiero saber qué negligencias cometiste para que esa espada acabara en manos de la Guerra. Pero, por eso mismo, debes custodiarla. Es parte de ti.

    - Yo no me siento parte de… ¿por qué se me asignó?

    - ¿Quizá porque no tú no harías un mal uso de ese poder? No deberías cuestionarlo. 

    - Pero en esta nota se me ordena usarla -mostró la carta que acompañaba al paquete. Contenía una breve frase: “Destruye al responsable”. Junto con el nombre de una ciudad y una cifra negativa: -65 Lázaros.

    - Porque ése es un buen uso. Y antes de que lo preguntes: no puedes pasarle esta misión a otro.

    - ¿Cómo sabes que…?

    - Porque es en Londres. Y sabemos quién puede ser el responsable. Sigue allí, ¿no?

    Azirafel tragó saliva, a pesar de que fisiológicamente no debería necesitar eso para deshacer el nudo que tenía en la garganta. Sabía que su superior lo estaba poniendo a prueba.

    - No sé dónde está Crowley, pero matar no es su estilo. Lo suyo son las tentaciones, y no se puede tentar a los muertos.

    - Mejor para él  -decidió su superior-. Ahora empuña esa espada y sal ahí fuera. Está muriendo gente. Y la causa es sobrenatural, así que esta vez sí tienes que intervenir.


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    SANGRE CULPABLE


    We all have a dark side, to say at least,
    And dealing in death is the nature of the Beast
    (Pink Floyd, “The dogs of war”)*


    La parte “exótica” del Soho tenía dos caras. La nocturna estaba animada por rótulos luminosos que prometían todo tipo de diversiones (algunas incluso legales). Pero la diurna era un erial de rejas cerradas, muros descuidados y callejones salpicados de ocasionales restos de resaca. 

    O a veces, restos de cosas peores.


    El lugar no era precisamente nuevo para el vehículo policial que se detuvo junto a una de las callejuelas. Ni para la agente que se apeó de él.

    - Inspectora Jones, de Homicidios -declaró, credenciales en mano-. ¿Qué tenemos?

    - Un cadáver… extraño. Llevaba en su abrigo un alijo de pastillas y un pedazo de ropa de talla pequeña... de niña, probablemente. 

    - ¿Han cruzado los datos con nuestros registros de narcotraficantes y pederastas?

    - Estamos en ello, pero será difícil porque está... -el joven policía le dedicó una mirada significativa-. Es bastante desagradable.

    - No me diga. Y yo que elegí este trabajo por las bonitas vistas -fue la sarcástica respuesta. Jones se dirigió a la forense-: ¿Qué ha sido esta vez, Sato? ¿Sobredosis o reyerta?

    La científica se giró al oír la voz, se hizo a un lado y le mostró lo que estaba preparando para trasladar a una camilla. 

    Jones contuvo un silbido de asombro.

    - Esto no parece… de hoy.

    - A primera vista, no. Queda poco más que el esqueleto; algo ha consumido los tejidos blandos. Parecería el trabajo semanal de miles de insectos necrófagos. Pero lo raro es… -la forense dirigió a Jones una mirada especial- que los “insectos” responsables han desaparecido misteriosamente, junto con el teléfono móvil de la víctima. 

    - O quizá no tenía teléfono.

    - Pero sí tenía en su ropa un cargador USB-C. Y no lleva aquí una semana, sino unas horas: las manchas de sangre del suelo están recién coaguladas y no hay señales de descomposición. 

    - Ni siquiera huele mal -asintió Jones-. He tenido compañeros de piso menos limpios. Pero si es demasiado reciente para estar así, ¿puede haberlo consumido un animal grande, o algún producto químico?

    - ¿Sin desordenar los huesos y sin alterar la sangre? -Sato negó con la cabeza-. Analizaremos las muestras, pero dudo que encontremos nada de eso. 

    - No esté tan segura: podemos llamar a los “cazafantasmas” de Torchwood o de UNIT. Se ocupan de casos raros, y hoy tenemos varios como éste. 

    - Ésos tampoco encontraron nada la otra vez.

    - ¿Otra v…? Espere, ¿¡ha visto esto antes, Sato!?

    - Sí, hace cuatro años. En los restos de una oficina dedicada a estafas telefónicas -la forense terminó con la camilla, desechó los guantes y añadió en voz baja-: Pero nadie nos creyó. Las pruebas desaparecieron, las presuntas víctimas reaparecieron vivitas y coleando, y los periódicos estaban demasiado ocupados publicando palabrería sobre el Apocalipsis.



    No muy lejos de allí, en un tugurio especialmente lóbrego, miles de gusanos acabaron de limpiar otro esqueleto y se retiraron de manera antinaturalmente coordinada. El repugnante enjambre adquirió altura hasta fundirse en un ser de gran tamaño y forma humanoide, que se relamió con deleite:

    - Hacía cuatro años que no me daba estos caprichos.

    - Y no deberías, Hastur -observó Shax, irritada-. No hasta el día del Apocalipsis. 

    - Que debería haber sucedido hace cuatro años -insistió él-. Hemos esperado de más.

    La diablesa no contestó. Pasó por encima de los huesos de otro difunto secuestrador, con un gesto vaporizó una puerta de seguridad e indicó la salida a unas asustadas prisioneras. Las jóvenes huyeron balbuceando frases de agradecimiento en varios idiomas. Shax les dirigió unas palabras arcanas, borrándoles cualquier recuerdo sobre quién las había liberado, y esperó a que salieran mientras revisaba algo.

    Era un teléfono móvil. No era suyo. 

    - A Crowley le gusta jugar a detectives -observó, burlona-. El primer delincuente que detuvimos para él, ése de las pastillas y la niña, hizo llamadas a gente muy interesante: matones, traficantes, proxenetas… y mira, dos políticos y una inspectora de policía ¿corruptos?

    - Nadie los echará de menos -sentenció Hastur, tomando ávidamente el aparato-. Sólo temo que estemos haciendo algo bueno para la Humanidad.

    - Al menos no empieces por los peces gordos; llamarían la atención -le recordó Shax-. Y si encuentras más víctimas, hay que liberarlas. Ya sabes, por lo del trato con Crowley.

    - ¿Por qué eres tan cuidadosa? Este mundo ya está muerto, sólo que todavía no se ha enterado.

    - Porque así es como se manipula a Crowley. Sólo él y Azirafel saben dónde está la clave del Apocalipsis, ¿recuerdas? Tú sigue el plan, deja que se confíen y dame tiempo.

    Fuera del edificio esperaba una niña. Llevaba un aro de plata en la nariz y miraba al cielo; parecía ajena a todo. Shax la tomó de la mano y emprendió la marcha hacia a la parte decente y aburrida del Soho, sin reparar en las huellas sanguinolientas que dejaban sus carísimos zapatos de Loboutin. 

    Hastur meneó la cabeza al ver el rastro, lo eliminó y volvió su atención a los nombres del teléfono. Estaba bien surtido: sólo en contactos de negocios ya había 66 nombres, sin contar a los políticos. Ya había acabado con la mayoría, pero decidió citar a algunos más para comer. Aunque no de la manera que ellos querrían, claro.

    

    *Todos tenemos un lado oscuro, por no decir más,
    y repartir muerte es nuestro instinto bestial.



(CONTINUARÁ...)

Capítulos:     1       2       3       4



14 febrero 2024

¡Arriba el telón! 13 críticas (y van 185)

         Terminamos el año (pasado) con una buena dosis de musical, pero la sensación de que lo mejor de la temporada ya pasó. Una temporada realmente intensa, creo que he visto más espectáculos que ningún otro año (el récord eran las 42 críticas del primer año, este han sido 51, casi una por semana). Estas son mis críticas escénicas publicadas en EnPlatea.com entre noviembre y diciembre de 2023:

173. John & Jen: "La vida no tiene botón de deshacer" (2 de noviembre)
174. Sweeney Todd en concert: "Pren mossèn y otras delicias sanguinolentas" (3 de noviembre)
175. El príncipe de Egipto: "Un príncipe para celebrar 30 años de corales infantiles" (8 de noviembre)
176. Gala Centenario Victoria de los Ángeles: "Oh, benévolo arte..." (10 de noviembre)
177. La tempesta: "Doctor Who y el Juguetero Celestial, de William Shakespeare" (10 de noviembre)
178. Conqueridors: "Sexo, verdades y cintas de video" (23 de noviembre)
179. La madre de Frankenstein: "La posguerra de Almudena Grandes" (1 de diciembre)
180. La historia interminable - El musical: "Una historia que deberá ser contada en esta ocasión" (4 de diciembre)
181. Banda Municipal - Johan de Meij: "Gandalf, Cruyff y el señor del viento y el metal" (11 de diciembre)
182. Mothica + Black Veil Brides + Halestorm: "Bienvenidos, hijos del rock'n'roll" (11 de diciembre)
183. Pastorets Superestel: "El diablo es la estrella de este belén" (15 de diciembre)
184. Moncho Borrajo: 50+1: "Borrajo sigue igual de maravilloso, maravilloso, maravilloso" (22 de diciembre)
185. Los Panchos & Mocedades: "Historia viva del bolero y de la canción melódica hispana" (27 de diciembre)

Críticas 20151 a 10 | 11 a 23 | 24 a 30 | 31 a 42     Críticas 201643 a 52 | 53 a 62 | 63 a 74
Críticas 201775 a 79     Críticas 201880 a 88
     Críticas 201989 a 97 | 98 a 107 | 108 a 112
Críticas 2020113 a 116
     Críticas 2021117     Críticas 2022118 a 123 | 124 a 133
Críticas 2023: 134 a 137 | 138 a 146 | 147 a 154 | 155 a 163 | 164 a 172 | 173 a 185
Críticas 2024: 186 a 199

19 enero 2024

TERTIA PUGNA - 3


TERTIA PUGNA

(Tercer Asalto) 

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez


Capítulos:     1       2      3      4

CAPÍTULO 3.- EL CIELO PROTECTOR


So you think you can tell
Heaven from Hell,
blue skies from pain?
(Pink Floyd, “Wish you were here”)

¿Crees que sabes distinguir
el Cielo del Infierno,
el firmamento del dolor?
("Pink Floyd, "Ojalá estuvieras aquí")


   Azirafel siempre fue casi tan imaginativo como Crowley, pero mucho más disciplinado. 

    Esto último limitaba su creatividad, pero lo convirtió en el ángel ideal para hacer habitable la Tierra dentro de unos estándares cuidadosamente compatibles con la vida. 

    La Tierra fue el tercer candidato, y él también. Otros ángeles que lo precedieron tenían una disciplina demasiado rígida o demasiado descuidada para la tarea, como atestiguan sendos experimentos fallidos*.

    Aun así, Azirafel no está exento de cometer errores. Por ejemplo, él cree que nadie nota sus arranques de desobediencia inteligente, y asume que así obtiene mejores resultados que con una sumisión ciega. Por supuesto, una de esas dos suposiciones es errónea.

    (Notas de Su Todopoderosidad, Parte II)

    * Marte y Venus. Si algún dia vas al Cielo, procura no mencionar el tema: se considera incómodo.


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    Azirafel releyó con ojo crítico la nota que estaba a punto de enviar a su superior:

    “Hace cuatro años debería haber comenzado el Apocalipsis, pero unos cuantos rebeldes o incompetentes lo impidieron. Admito mi parte de responsabilidad en ello.
Hace unos meses debería haberse relanzado, pero se opuso Gabriel (ahora exiliado).
Ahora el Cielo me ha reclutado para algo llamado “Segunda Venida”. Esta vez debe ser algo bueno. No puede ser un tercer intento de iniciar el Apocalipsis, ¿verdad?
¿VERDAD?”

    Frunció el ceño, se lo pensó mejor y fulminó la carta con fastidio: allí no estaba bien visto hacer preguntas. Pero por otro lado, estaba harto de reuniones inútiles: quería respuestas. Así que... 

    “Tendré que hablar con algún contacto menos... directo” decidió, pulsando el botón de llamada. 

    - No esperaba otra reunión tan pronto, señor -observó Miguel, materializándose al instante-. Qué eficiencia.

    - Me estoy volcando en mi trabajo -alegó el Arcángel Supremo. “Refugiando” habría sido un verbo más adecuado, pero no ante alguien como su acompañante, que entendía más de castigos que de empatía.

    - Ah, sí: la Segunda Venida. Está pendiente desde que se canceló el Armagedón, pero podríamos intensificar la búsqueda del Anticristo y…

    - ¡Espera, no te precipites! -se alarmó Azirafel.

    Miguel enarcó una ceja: 

    - ¿Precipitarme? ¿Desde qué altura?

    - Ejem… nada, metáforas terrenales -se excusó, con una sonrisa nerviosa-. Lo del Anticristo le tocaba a los del Lado Malo: si fallaron, es su problema, ¿no? Podemos pasar directamente a nuestra parte: el retorno del Salv…

    - ¿Sin comprobar quién debe salvarse? -Miguel negó con un gesto, inflexible-. Metatrón dice que sin sufrimiento no hay gloria. 

    “Lo que me temía” se angustió Azirafel, mientras se le caía el alma a los pies. La recogió con disimulo e intentó cambiar de tema: 

    - Ejem… lo hablaré con él. Pero no te he llamado para eso. ¿Puedes hacer una lista actualizada de los milagros permitidos, por favor? Es para el nuevo personal de nuestra Embajada en la Tierra. 

    Miguel se encogió de hombros:

    - La haré, pero Muriel no podría excederse ni aunque lo intentara. ¿Qué era antes, contable de nivel 37? Su poder es inferior a 0,63 Lázaros.


   Una vez a solas con la lista, el Arcángel Supremo se acercó al gran globo terráqueo que levitaba junto al ventanal, cerró los ojos y escuchó con atención. 

    No sabía si Crowley tenía el mismo don (o maldición) que él: percibir todas las súplicas de la Humanidad. Azirafel sólo sabía que llevaba cuatro años oyéndolas impotente, sin permiso para hacer mucho más que perdonarle el alquiler a una vecina. Por eso había subido al Cielo: para poder ayudar de verdad, no para interminables reuniones. 

    Nunca imaginó que tendría que ascender solo. La soledad le dolía tanto como la marca que le había dejado el beso de… no, era mejor no pensar en él. 

    Pero el dolor propio nunca es un motivo para desoír el ajeno. Azirafel desplegó sus alas, esquivó un doloroso vacío en forma de ángel caído (los mortales lo llamaban Londres) y voló hacia una zona estremecida por un sufrimiento muchísimo mayor que el suyo. Por fin podía ayudar. 


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Politicians hide themselves away:
they only started the war,
why should they go out to fight?
They leave that role to the poor, yeah
(Black Sabbath, “War pigs”)


    Crowley le había perdido el gusto a las guerras. No instigaba ninguna desde su época de “Caballero Negro”, y sólo porque era la moda: la aristocracia medieval tenía pocas diversiones al aire libre, aparte de la caza y partirle la crisma al reyezuelo de al lado. 

    Pero la guerra fue perdiendo su toque de exclusividad entre profesionales, expandiéndose demasiado hacia el sector familiar (bombardear hogares con niños era la última moda bélica), por lo que Crowley dejó el negocio con un incómodo complejo de inferioridad respecto a la maldad humana.

    ¿Y ahora incluso Azirafel declaraba guerras? ¡Eso ya era competencia desleal!

    Crowley se desahogó abriéndose paso agresivamente entre el tráfico, sin olvidarse de insultar a los demás vehículos. Sabía dónde pedir explicaciones: en una librería del Soho que en realidad era una tapadera para otras actividades. 


    El lugar no había cambiado mucho, excepto por un parquímetro en la acera. Crowley lo fulminó mediante piroquinesis, se apeó y reprochó al motor del Bentley: 

    - ¿Estás ronroneando? 

    El Bentley enmudeció con rapidez culpable.

    - Ese motor es muy potente. ¡Debería rugir! ¿Cuándo has ronroneado tú, excepto…?

    Hizo memoria y gruñó al recordar cuándo: cada vez que subía a bordo el expropietario de esa librería. Pero no: debía ser casualidad.

    - Estaríamos apañados si ahora tú empiezas a tener ideas propias… ¿¡y este edificio también!?

    La puerta de la librería se negaba a abrirse. Crowley tuvo que llamar, mascullando impaciente: 

    -Tengo cero ganas de volver a ver este sitio, ¡pero no imaginaba que sería mutuo!

    Una humana rubia se apresuró a abrirle la puerta de par en par. Sonrió al reconocerlo y se volvió hacia el interior de la tienda, llamando a alguien más:

    - ¡Jefa, tienes visita! ¡Mira quién ha venido!

    - ¿Maggie? -recordó Crowley- ¿Ya no vendes discos en…? 

    No pudo acabar la frase: algo le golpeó en la cara al intentar entrar. Fue como darse de bruces contra un muro, pero invisible. Maggie no lo vio: aún le daba la espalda.

    - Sí, sólo he venido a ayudar un rato a Muriel -explicó ella, justo antes de volver a mirar a su interlocutor. Parecía dolorido, y se le habían caído las gafas oscuras-. ¿Qué te pasa?

    - ¿Han puesto nuevas protecciones? -dedujo él, medio cegado por la luz diurna-. Contra el Enemigo. Claro, esto era una embajada hasta la noche en que…

   - ¿Enemigo? Pero si esa noche protegiste a mucha gente... -sonrió Maggie, sin comprender-. Tú eres… como Muriel y el señor Fell, ¿no? Un ángel.

    A Maggie se le borró la sonrisa cuando dos pupilas verticales, inhumanas, le devolvieron la mirada. El corazón le subió de un salto a la garganta, latiendo a un volumen imposible. Con dificultad oyó los pasos y la voz, cada vez más próxima, de la persona (o ángel) que regentaba la tienda:

    - No es exactamente como yo. Viene de Abajo -Muriel, tan sonriente como siempre, hablaba con espeluznante naturalidad-. Pero no importa: él puede pas…

    - ¡Espera, Muriel! -protestó Maggie, apretándose los oídos para que dejaran de zumbar. Recuerdos de una angustiosa lucha se agolpaban en su mente-. ¡Ése fue mi error aquella noche! ¿De qué lado estás?

    Crowley recogió las gafas del suelo y volvió a ponérselas. Miró largamente al ángel y a la humana, intentando identificar lo que sentía. Llevaba tiempo sin querer volver a aquella librería. No entendía por qué, de pronto, le dolía no poder pasar. 

    - ¡Soy yo quien no quiere entrar! -decidió con altivez. Señaló un anuario a Muriel y añadió-: Sólo dame eso. Y no seas tan incompetente: nunca se da permiso a los de Abajo, ¿entendido? ¡A nadie!

    La humana guardó silencio, demasiado conmocionada para reaccionar. Pero Muriel recordó algo: 

    - Mi predecesor dijo que este ejemplar era importante. ¿Crees que querría venderlo?

    - Oh, mucho más que eso -Crowley sonrió pérfidamente y sacó el dinero que había ganado apostando en carreras ilegales-. ¡Se emocionaría, incluso!


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    Azirafel odiaba la guerra. No es que le gustaran los demás Jinetes; pero las plagas, el hambre o la muerte a veces eran parte inevitable del ciclo de la Naturaleza. La guerra, en cambio, era una decisión artificial y a menudo evitable. Para colmo, pocas veces la decidían los que morían en ella, sino reyezuelos que miraban el espectáculo desde lujosas poltronas, comiendo metafóricas palomitas. 

    Fuera cual fuese el destino de los demás Jinetes, era evidente que Guerra estaba muy activa. Las noticias se centraba en Ucrania y la franja de Gaza, pero cada día había una veintena de conflictos bélicos en el mundo, la mayoría ignorados por una Prensa corrupta o haragana. 

    El Arcángel los recorrió todos.

    Su primera parada fue cerca de un grupo de rehenes civiles. Sus captores nunca comprendieron cómo pudieron suceder tantos fallos a la vez: puertas mal cerradas, grilletes que cedían, armas encasquilladas… Pero era una pequeña organización terrorista mal financiada y todos sus equipos estaban a un tris de fallar. Aun así, Azirafel tuvo que hacer un milagro para que todos se estropearan a la vez; pero un milagro pequeñito, de sólo 0,1 Lázaros.

    - ¿De qué país eres? -preguntó uno de los rescatados a su libertador.

    - De ninguno. O de todos, según cómo se mire -Azirafel se encogió de hombros-. ¿Qué más da? Tú no quieres hacer daño a nadie y tus captores sí. ¡Corre, vete!

    Después se dirigió a una frontera repleta de refugiados. Técnicamente eran del bando contrario al que acababa de salvar, pero no tenía mucho sentido hablar de bandos: eran principalmente ancianos cargados con niños. Los guardias fronterizos, según los informes forenses posteriores, cayeron desvanecidos por hipoglucemia de forma milagrosamente sincronizada. Pero nadie sufrió daños permanentes: a Azirafel tal vez le fastidiara calcular tantos detalles, pero al ser del Lado Bueno tenía que ser cuidadoso.

    - ¿Eres de los nuestros? -le preguntaron los ancianos.

    - ¡Lo que importa es que no soy vigilante de aduanas! -se exasperó el ángel.

    Se repitieron idénticas escenas en varios países más. En un rincón de su mente, las obsesivas preguntas sobre su nacionalidad estaban empezando a molestarle. La Tierra no fue creada con fronteras; no eran tan importantes como para lanzar cohet…

    Entonces vio algo que le erizó las plumas. A lo lejos, describiendo un grácil arco hacia un núcleo densamente poblado…

    “Un bombardeo. ¡Y eso de ahí abajo es un hospital!”

    Había normas que prohibían a los seres sobrenaturales intervenir directamente en conflictos bélicos terrenales. Pero un hospital no debería estar en la zona de conflicto, ¿verdad? Dibujó en el aire el mismo gesto que Crowley usó casi ochenta años antes en los bombardeos de Londres, le dio más empuje y…


    - ¿Qué crees que estás haciendo? – le interrumpió una voz atronadora.

    Azirafel se volvió hacia la voz, intentando fingir (sin éxito) que el gesto era casual. Sabía quién le hablaba: el único ángel de rango superior al suyo. Y no era alguien a quien se le pudiera llevar la contraria.

    - Sólo es una desviación de unos pocos objetos, Metatrón – alegó cautelosamente.

    - Claro; no has cambiado el curso de cientos de vidas en un instante, ¿verdad? -reprendió su interlocutor, moviendo la cabeza con sarcasmo.

    Los proyectiles recién desviados cayeron lejos de su objetivo con un estruendo ensordecedor, seguido por explosiones de humo terroríficamente bellas. 

    - Es… es fósforo blanco -tartamudeó Azirafel -. ¡La versión aumentada del fuego griego! Se adhiere al cuerpo, quema hasta el hueso y no se apaga ni debajo del agua. ¿Todavía crees que no debería haberlo desviado?

    - Y después, ¿qué? ¿Destruirás todos los arsenales del mundo? 

    Azirafel reflexionó un instante: la idea le iluminó la mirada y lo armó de valor para decir:

    - Pues… oye, ¿por qué no? 

    Metatrón negó de nuevo, con una mueca condescendiente:

    - Por esa maldición que cierta serpiente del Edén le dio al ser humano, ¿recuerdas? El libre albedrío.

    - Buen intento, pero no. Incluso ellos tienen leyes que impiden usar fósforo blanco sobre objetivos vivos.

    - Y sin embargo lo están usando hoy. Los humanos pueden dejan en ridículo al demonio más pintado, ¿verdad? 

   - No todos….

    - Cierto -su superior adoptó un tono súbitamente comprensivo-. Quieres salvar a los buenos, castigar a los malos, hacer milagros a mansalva, usar esas alas que llevas siglos ocultando y dejar de depender de caballos, trenes y taxis. 

    - Bueno, no necesariamente en ese orden de importancia, pero... 

    - Pero sabes que los prodigios de ese calibre no son para todos los días. Habrá un día para eso, y sólo uno. ¿Recuerdas?

    La sugerencia flotó en el aire antes de posarse sobre Azirafel lenta, ominosamente. Éste intentó sacudírsela de encima, sin mucho éxito:

    - Y ese día, ¿no podríamos salvar a los inocentes y ya está?

    Su superior parecía satisfecho. Había llevado la conversación a su terreno, y allí se consideraba imbatible:

    - De eso se trata, amigo mío. De salvar el trigo y quemar la cizaña. El Apocalipsis no será una nueva guerra innecesaria, ¿lo entiendes ya? Al contrario: será el final de todas. Y lo mejor es que, a diferencia de las de hoy, sólo castigará a los que lo merezcan.

    A una señal de Metatrón, ambos emprendieron el regreso. No sin que Azirafel se las arreglara para desviar disimuladamente otra bomba antes de abandonar el lugar. 

    - Noto algo más -gruñó al fin- Es como una perturbación en la Fue... perdón, metáforas humanas.

    - Llevas demasiado tiempo entre ellos – se burló su interlocutor. Pero pronto dejó de prestarle atención: los teléfonos móviles de ambos empezaron a sonar simultáneamente. Bueno, el equivalente de lo que los superiores de Azirafel habían entendido cuando éste intentó explicarles qué era la telefonía móvil.

    - ¿Azirafel? -sonó la voz de Muriel, rebosante de entusiasmo-. Acabo de realizar mi primera venta. ¡Un anuario de Doctor Who de 1965!

    - ¿Metatrón? -inquirió Miguel por el otro teléfono-. El Enemigo prepara algo grande. He detectado una milagro negativo, ¡de -65 Lázaros!


Los políticos se esconden:
sólo iniciaron la guerra,
¿para qué querrían ir a ella?
Eso se lo dejan a los pobres.

(CONTINUARÁ...)


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25 diciembre 2023

TERTIA PUGNA - 2


  

TERTIA PUGNA

(Tercer Asalto) 

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez

Capítulos:     1      2      3      4

CAPÍTULO 2.- EL MUNDO A TUS PIES


¿Qué puedes vender?
Cualquier oferta es buena
si quieres el poder
(Héroes del Silencio, "Entre dos tierras”)

    Todo allí era luz y pureza. Sólo los susurros de Miguel rompían el silencio del lugar:

   - Hay otros que merecerían el cargo de Arcángel Supremo más que él.

   - ¿Querías el puesto para ti? -contestó una voz suave, pero autoritaria. 

   - Ejem... no es eso, Metatrón -tartamudeó Miguel, pero pronto recobró su habitual arrogancia-: Azirafel nos traicionó por culpa del demonio Crowley. ¿Por qué le has ofrecido la readmisión a ambos?

   Su superior sonrió sin alegría. 

   - ¿Se te ocurre otra manera de tenerlos controlados a los dos? 

   Miguel sopesó la idea, pero guardó silencio: alguien más se acercaba.

   - La vista es inigualable, ¿verdad? -comentó Metatrón en un tono súbitamente cordial.

   - Sí -sonrió Azirafel, maravillado -. Es… celestial.



    Los tres ángeles contemplaron el mundo desde su atalaya. Parecía un ventanal, pero mostraba todo el planeta al mismo tiempo. Metatrón sonrió tentadoramente:

    - El mundo a tus pies. Azirafel, celebro que hayas vuelto al redil. Si todavía te gusta hacer el bien, éste es tu sitio.

   Éste asintió, ocultando su tristeza: 

   - El Bien es todo lo que deseo. Y desde aquí se puede hacer a lo grande. 

   - Te dejamos con ello, entonces. Ah, y recuerda que tienes una visita por el tema de la vacante -Metatrón emprendió la marcha e hizo una señal a Miguel, susurrándole-: a no ser que también te interese ese puesto, claro.

   - ¿Ahí abajo? ¿Yo? -Miguel disimuló una mirada escandalizada y apretó el paso-. Ni en broma.



   El Arcángel Supremo miró alrededor: su despacho era amplio, diáfano, profesional. Incluso la enorme mesa de cristal -no era vidrio, sino luz cristalizada- parecía minúscula comparada con la inmensidad de la estancia. Para andar por allí no había que reservar hora, sino días (en plural).

"Y ahora, ¿qué?"


Por primera vez desde su ascenso, Azirafel estaba solo. No como en el Soho, con un buen libro y los sonidos de la ajetreada calle. Sino solo de verdad, con un silencio sepulcral. 

   Cuánto añoraba las estrafalarias visitas de...

   - Ejem… ¿es aquí la entrevista de trabajo? -inquirió una voz tímida. 

   Azirafel sonrió: por una vez, le alegraba tener una interrupción. Señaló una silla recién invocada a su visitante: un extraño ángel con uniforme de policía "bobby", pero blanco.

   - Adelante, Muriel. ¿Estás bien en mi… en la librería?

   - Sí, señor ¡es el cielo! -fue la sonriente respuesta-. Maggie y Nina me están enseñando a cuidar del negocio. Y de las personas de papel que hay dentro… las llaman libros. ¡Por fin tengo compañía!

   Muriel sostenía un tomo con tanta ilusión como si fuera un tesoro. "Al menos, sabe apreciar mi colección", se consoló Azirafel. 

   - ¿Es eso un Nuevo Testamento de Tyndale-Coverlade*? -inquirió, dejándose llevar por su viejo instinto de librero-.¿La primera edición firmada que salvé de la quema?

   Su visitante asintió, radiante de emoción:

   - Siempre quise hablar con el Hijo de Dios en persona, pero no pude… ¡Esto es casi como escucharlo! ¿Tuvo usted ocasión…?

   - No, aunque me habría gustado -admitió el arcángel-. Conocí a alguien que sí, pero no era de los nuestros.

   Muriel se acercó más para susurrar, con aire confidencial: 

   - ¡No me diga que el demonio de sus tentaciones fue…!

   - Crowley -asintió Azirafel, descubriendo que, repentinamente, le dolía pronunciar su nombre-. Era su trabajo: plantear dudas existenciales. Y saltarse semáforos, desde que existen. Pero se volvió inofensivo y lo expulsaron del Infierno -intentó fingir desinterés al añadir-: ¿Sigue salvando gente cuando se emborracha?

   - No lo sé, señor. No he vuelto a ver a Crowley por el Soho. No por la parte que Maggie llama “decente”, al menos. ¿Quiere que lo busque?

   Él sopesó la idea un momento, pero negó con la cabeza:

   - No; pedirte favores personales sería egoísta. Te he llamado porque hay una vacante en la Embajada del Cielo en la Tierra. Con sede en esa librería, pero desempeñando más funciones. ¿Te interesa?

   - Yo… sólo soy contable del nivel más bajo -dudó Muriel, tímidamente.

   - Y sabes trabajar en equipo: ayudaste a Crowley a salvar a Gabriel. No dudes de tu talento, sólo dime: ¿qué quieres?

   El ángel/contable reflexionó unos instantes y rompió a reír, con un sonido que Azirafel no oía desde hacía siglos: el de la felicidad en estado puro.

   - Deseo estar con gente. La de papel, la de verdad, ¡toda! Dejar de trabajar a solas… ¡Acepto!

   Unos cuantos papeleos más tarde, Muriel abandonó el Cielo a toda prisa, deseando darle la noticia a Maggie y Nina: a las dos humanas que le estaban enseñando a adaptarse a la Tierra.

   Él sonrió con sana envidia. Porque así es como empieza la amistad: ayudándose. "Así te empecé a querer, Crowley" admitió con añoranza. El beso de despedida le ardía aún en los labios,  y no sólo metafóricamente. "Te ganaste el Cielo... ¿por qué lo rechazaste?"

   Regresó al ventanal para animarse un poco. Tenía un mundo entero a sus pies, se recordó, y por fin podía cuidarlo como siempre había deseado. Aunque el precio había sido alto: perder a un ser amado.

   No reparó en que Muriel, entre las prisas y el júbilo, había olvidado su libro al marcharse. Abierto por una página que comenzaba así: 

   “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”


* Tyndale, Coverlade y su socio Rogers fueron los primeros en traducir la Biblia del griego al inglés... pero con notas críticas y sin autorización oficial, por lo que acabaron mal. Lo curioso es que Gran Bretaña afirma no haber tenido Inquisición, como si se hubieran metido ellos solitos en la hoguera o algo así.


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VIEJAS DEUDAS


No stop signs, no speed limit
Nobody's gonna slow me down (…)
Hey, Satan, I paid my dues!
(AC/DC, “Highway to Hell”) *


   - Hastur, Shax, ¿qué significa esto? ¡Ya no trabajo para el Infierno!

   - ¿Estás seguro, Crowley? -replicó Hastur con terrorífica calma. 

    Aquella parte de la calle era lóbrega, mal iluminada, excepto por el parpadeo de los
decadentes letreros de neón. El Duque y la Virreina del Infierno se apoyaron en el Bentley de Crowley con descaro, pero éste se mordió la lengua bífida para no caer en la provocación. Los envolvió un silencio hostil y sucio, salpicado de risotadas lejanas, gorgoteos de alcantarillado y forcejeos del traficante de drogas que aún intentaba soltarse. 




   - Oh, no pongas esa cara: en realidad venimos a felicitarte -lo aduló Shax, alisando con coquetería la falda de su impecable traje rojo-. Ahora siembras más caos que cuando trabajabas para nosotros. 

   - Esos humanos de ahí dentro, por ejemplo... -señaló Hastur.

   - No los toques -avisó Crowley, alarmado.

   - ¿Estamos protectores con los pobres mortales, querido? -se burló Shax-. ¿Has olvidado qué le hacemos a los demonios que osan cometer buenas obras?

   - Ejem... essssto... -Crowley contuvo un siseo nervioso e improvisó-: Es por las normas. No podemos intervenir directamente en asuntos humanos...

   - ... ni hacernos notar, sólo tentarlos, blablabla -recitó ella con hastío-. Y el Cielo tampoco.

   - No hasta el día del Armagedón -reprochó Hastur a su antiguo subordinado-. Que debería haber llegado ya, si tú no hubieras metido la pata. O la cola. ¿Cómo se dice en tu caso, serpiente?

   - Ya fui castigado por ello -se defendió Crowley-. Y expulsado del Infierno -se acercó a él para espetarle en su cara-: Ahora soy libre. ¿Te lo deletreo? L, I, B, R, E.

   - Hablando de eso... ¿les importa si me marcho para que hablen de sus cosas? -rogó el delincuente humano, todavía intentando liberarse.

   Crowley asintió con indiferencia, pero Shax intervino, autoritaria: 

   - Todavía no. Primero queremos ver tus trapos sucios. Hastur, ¿te importaría, por favor?

   La mano de Hastur se retorció junto al oído del individuo, dibujando en el aire un signo
arcano. El delincuente notó algo arrastrándose por su oreja hasta el interior de su canal auditivo. Sintió una punzada de dolor cuando aquello alcanzó el tímpano y profundizó aún más: si no hubiera sabido que era imposible, habría jurado que le estaba hurgando hasta el cerebro. Cuando al fin lo notó salir, el alivio del tipejo se trocó en repugnancia al ver lo que era: un gusano, que pasó a la mano de Hastur y se fusionó con su piel.

   - ¿Qué dice tu amiguito, Hastur? -se interesó Shax, regodeándose de antemano en la respuesta.

  - Que el verdadero gusano es este humano. Y que en primer lugar, él debería liberar a alguien.

   Los ojos de los tres demonios se clavaron en el traficante, que intensificó sus forcejeos mientras se deshacía en excusas:

   - ¡Yo no he hecho nada! Les juro que... 

   - ¡Silencio! -ordenó Crowley. Comenzaba a darse cuenta de algo que sus exjefes seguramente ya habían notado mucho antes.

   Para empezar, los ruidos de forcejeo no provenían sólo de aquel humano. Había más, y sonaban cerca.

   Se quitó las gafas oscuras, que en realidad usaba para filtrar la luz hasta el espectro visible
para humanos. Sin ellas, su visión de serpiente se extendía hasta el infrarrojo. El delincuente gritó con aversión al ver las pupilas verticales de Crowley, que recorrieron los vehículos aparcados en busca de radiación térmica. No tardó en hallarla: el calor de un ser vivo se filtraba a través del metal de un maletero.

   - ¿Qué has hecho? -se alarmó el exdemonio, abriendo el vehículo con un gesto. Había una chica atada en el interior, de catorce años como mucho. Crowley se apresuró a liberarla. Ella se sobresaltó al verle las pupilas, pero no se atrevió a reaccionar.

   - Parece que las drogas sólo eran la tapadera para otro negocio -observó Shax. Desató el pañuelo que amordazaba a la niña, descubriendo que llevaba un aro en la nariz-: ¿Qué pensaban hacer contigo, pequeña?

   - Dijo que... venderme a... ¡no sé! -balbuceó la niña, rompiendo a llorar en brazos de la diablesa.

   - No te habría pasado nada -intentó calmarla Crowley-. Sastra no es como él...

   - Ya, pero aquí hay más burdeles. Podría vendérsela a otro -dedujo Shax.

   El secuestrador siguió negando en un tono repulsivamente lastimero, pero su forcejeo sólo sirvió para que Hastur lo sujetara con más fuerza.

   - ¿Es éste el tipo de humanos que proteges? -se burló Hastur, con una mueca especialmente desagradable.

   Crowley negó con la cabeza, asqueado: 

   - A éste no.

   - ¿Y sus cómplices? -se interesó Shax, despojando al secuestrador de su teléfono móvil.

   Su interlocutor entendió la oferta y siseó con odio:

   - Pero sólo ellos. No toques a sus víctimas.

   Ella ojeó la agenda del teléfono y movió la cabeza: 

   - Eres incorregiblemente sentimental, Crowley. Pero como muestra de buena voluntad, por esta vez invita la casa. Para el siguiente favor tendrás que firmar un trato. ¿Entendido?

   - ¿Desde cuándo tienes buena voluntad, Shax?

   - Desde que me gusta tu nuevo estilo sembrando el caos, Crowley. Y desde que necesito controlarte: estás demasiado activo. No queremos llamar la atención del nuevo Arcángel Supremo.

   - Sobre todo ahora que nos ha declarado La Guerra -sentenció Hastur ominosamente, desapareciendo por una estrecha calle lateral con su aterrorizado prisionero.

   La niña se tapó los oídos para no escuchar los espeluznantes sonidos que salieron del callejón instantes más tarde. Pero Crowley sólo tuvo palabras para Shax: 

   - ¿La… la qué? ¿Azirafel ha declarado QUÉ?


* Ni señales de stop, ni límites de velocidad,
Nadie me frenará... 
¡Pagué mis deudas, Satán!
(AC/DC, "Autopista al Infierno")

(CONTINUARÁ...)


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