TERTIA PUGNA
10.- EL BESO Y EL PERDÓN
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A los seres humanos les gusta investigar la Creación. Creen que un conocimiento infinito puede caber en una cabeza limitada.
Lo interesante es que a veces incluso lo consiguen: Copérnico y las órbitas de los planetas, Cecilia Payne y la composición de las estrellas... pero cuando eso sucede, a veces me divierto mostrándoles algo travieso. Algo que les haga explotar (metafóricamente) las cabezas.
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Lo confieso: estaba pensando en dos seres. Pero no humanos.
(Notas de su Todopoderosidad: fragmento sobre el amor)
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Cuatro personas se amontonaban en el suelo de una antigua librería del Soho. O dos, dependiendo de la definición de "personas": en realidad sólo dos de ellas eran humanas, y estaban bastante vapuleadas. Los demás les tuvieron que ayudar a levantarse, esquivando algún inevitable pisotón.
- He visto orgías menos enredadas que esto -se burló Crowley, con una mueca entre traviesa y nostálgica.
- ¿Hemos pecado? -se inquietó Muriel, pero ante la negativa del otro sonrió con alivio-: ¡Hemos derrotado a una posesión demoníaca! ¡Aleluya!
Maggie ignoró el debate teológico y abrazó a Nina:
- ¿Estás bien? -Su voz no vibraba con la ligereza de los otros dos, sino más preocupada. Más humana.
Nina se miró las manos: le temblaban. La posesión había violado lo único en lo que creía: hacer las cosas con sus propias manos, sin esperar intervenciones sobrenaturales. Y Shax se había apropiado precisamente de eso: de sus brazos, su cuerpo e incluso su voz, dejándole en los pulmones un miasma corrupto.
- ¡Asqueroso demonio! -escupió, boqueando para contener las náuseas.
- ¡Gracias, muy amable! -protestó Crowley.
- Tú no: ¡Shax! -Nina señaló hacia la calle, donde Azirafel y Miguel acorralaban a la diablesa-. ¿Por qué no la atacan ese par de inútiles?
Crowley avanzó unos pasos hacia la salida, olfateó el aire y sus iris amarillos se expandieron hasta desbordar las órbitas.
- ¡Por la niña del Exorcista! -gesticuló, frenético-. ¡Mocosa, quita de en medio!
- ¿Una niña? ¿¡AHÍ FUERA!?
Las dos humanas se lanzaron hacia el exterior, haciendo caso omiso a las protestas de Crowley:
- ¿Qué es esto, los premios Darwin?
La embestida de Nina fue torpe, pero consiguió distraer a Shax lo justo para que Maggie pudiera abrazar a la niña y apartarla. La espada centelleante de Miguel describió un arco letal hacia la diablesa, mientras Azirafel y Muriel se interponían entre la peligrosa maniobra y las tres humanas. Crowley salió de la librería maldiciendo a todos y cada uno por orden alfabético, alzó los brazos...
...y el mundo se volvió blanco.
No fue una explosión, sino una ausencia. La librería, las calles, todo había desaparecido. Alrededor de las tres humanas sólo había tres figuras aladas: una brillante como el Sol, otra blanca y tenue como la Luna, otra oscura como la noche....
- Claro -gruñó Nina por lo bajo-. Crowley no podía ser el único con alas.
Maggie cayó en la cuenta de que todavía abrazaba a una completa desconocida y la soltó, pero no se apartó: sólo era una niña, y debía estar asustada. Le tomó la mano y preguntó con dulzura:
- ¿Quién eres? ¿Estás bien?
- Lucy -la niña era casi una adolescente: aparentaba unos quince años. Miró con aprensión a su alrededor y añadió-: ¿Qué es este lugar? ¿El Cielo? ¿Hemos muerto?
- Claro, ¡Lucy en el Cielo y con diamantes! -se burló la figura oscura-. No, es broma: estás viva y a salvo. ¡De nada!
Azirafel redujo su resplandor solar a un nivel soportable y reprendió a la sombra alada:
- No deberías bromear con eso, Crowley. Estamos a salvo, pero esto no es un "lugar". Es... -frunció el ceño-. Los seres humanos no tienen palabras para esto.
- Sí las tienen -corrigió con pedantería Crowley-: Singularidad, Espacio-E, esfera de Hubble...
- ¡Leí sobre eso! -palmoteó el tercer ser alado-. Lugares del Universo donde las leyes de la Física se deforman, por estar cerca de agujeros negros, o muy lejos de...
- Déjalo, Muriel ¡suenas como Jim! -Crowley separó las manos y volvió a acercarlas como si apretara una esfera imaginaria-: Sólo tienes que manipular la gravedad hasta deformar el tejido del espacio-tiempo. ¡No hace falta ir a ningún lugar!
La niña soltó la mano de Maggie, se ajustó el aro nasal y avanzó hacia él:
- ¿Como se sale de este... ningún lugar?
Crowley dirigió un dedo acusador hacia ella y otro a Nina:
- ¿Salir? Aquí deberían quedarse los imprudentes que se acercan a Shax una y otra vez. ¡Es un demonio, no un carrusel de feria!
- Pero Shax me protegió de un hombre malo...
- Sólo porque le convenía -Crowley se enderezó, lúgubre-. Volverá para cobrártelo. Y no sólo a ti.
- ¿Y cómo lo impediremos?
Todos se volvieron hacia Nina. Su pregunta había puesto el dedo en la llaga.
- La librería vuelve a tener una barrera contra el Mal -sugirió Muriel-. Y la tienda de Maggie, porque comparte el mismo edificio.
- ¿Sólo eso? -Nina avanzó hasta interponerse entre los ángeles y las demás humanas, se señaló a sí misma e insistió-: ¿Y yo? ¿Y el resto del Soho? ¿¡O del mundo!?
- Espera, espera... ¡no funciona así! -Azirafel movió las manos en lo que intentaban ser gestos apaciguadores, pero empezó a pasear nerviosamente-. El mundo terrenal es neutral. Libre albedrío y todo eso. No podemos intervenir.
- La Directriz Principal del Inútil Supremo -se burló Crowley.
- ¿No se puede? -intervino tímidamente Maggie-. Pero si una persona hace buenas obras y reza y...
- Ejem... sí, claro, eso es útil -sonrió Muriel-. Para decidir a dónde vas después.
- Después de la muerte, ¿no? -estalló Nina-. ¿Y si muero estando poseída?
Azirafel y Crowley cruzaron entre sí una mirada incómoda. Tenían información teórica sobre el destino de las almas (y milenios de práctica intentando influir discretamente sobre ellas), pero esa pregunta era un caso especial. Muriel extrajo de su bolsillo algo similar a una carta, la desplegó y comenzó a examinar extrañas páginas que no estaban hechas de papel, sino de luz. Pero no tardó mucho en negar, con una sonrisa de disculpa:
- Lo siento. Mis manuales no son tan detallados.
- Lo que me temía. Pero... -Nina miró a Crowley y su expresión se animó un poco-. Tú evitaste que me poseyera Shax. ¿Qué más puedes hacer?
- Bueno, en realidad... -Crowley miró a los dos ángeles y dudó un poco: casi parecía cohibido-. Aquí, delante de todos...
A Azirafel comenzó a dolerle la cicatriz del labio. Lo frotó disimuladamente y avisó con severidad:
- No, Crowley. Eso no.
- Piénsalo bien -se animó Crowley. Tomó a Nina de los hombros y empezó a hablar a toda velocidad, o más bien a pensar en voz alta-: Técnicamente, un demonio no puede poseer a alguien que ya pertenezca a otro. Ni siquiera el que llaman Legión: ése es múltiple, pero aun así no interfiere con los demás. Cortesía profesional. Bueno, la cortesía es que a cambio los demás no le arranquen la cabeza, o las cabezas. Lo cual no es que pueda matarnos, pero escuece que no veas y tardamos siglos en volver a...
- ¡Céntrate, Crowley! ¿Estás pensando en poseerme?
- Serviría, pero yo no hago eso. Lo mío es la gravedad, el clima y las tentaciones. Pero además -sonrió ampliamente-. Puedo marcarte.
- ¡La Marca del Diablo! -se horrorizó Muriel-. ¡Lo leí en el libro "Malleus maleficarum"! Sirve para firmar tratos satánicos. ¡No sabes a qué te comprometes a cambio! Para eso, mejor te marco yo y...
- No funciona así -interrumpió Crowley con desdén-. Ese panfleto alemán era un montón de bulos paranoicos. Los reaprovecharon en "Mein Kampf".
- Pero esa marca existe, aunque Muriel no puede hacerla -intervino Azirafel-. El perdón es la marca de los ángeles.
- Si me marcas, ¿a qué me comprometo a cambio?
La luz de Azirafel aumentó cegadoramente y su voz retumbó como un trueno:
- ¡BASTA!
Cuando se apagó el resplandor, en el blanco vacío sólo quedaron dos figuras: Azirafel y Crowley. Este último agarró al ángel por las solapas del traje para empujarlo hacia la pared, sólo por costumbre. Finalmente recordó que no había pared, dudó y lo arrastró hacia arriba, aunque con un titubeo muy poco convincente.
- ¡No puedes devolverlas al mismo momento y lugar! -protestó-. Es peligroso, ¡había un combate!
Azirafel se señaló cortésmente la garganta y la boca, inmovilizadas por el agarre de Crowley. Éste tardó un poco en entender y dejarlo en el suelo, incómodo.
- Han vuelto a un segundo más tarde -carraspeó el ángel, una vez libre-. Lo suficiente para que Miguel y Shax... bueno, ya no estén.
- ¿Desde cuándo manejas burbujas de Hubble? En el anterior Armagedón...
- No, hace cuatro años no podía -Azirafel se arregló el cuello de la camisa y el maltrecho orgullo, se frotó el labio y añadió-. Estoy notando cambios desde que soy el Arcángel Supremo.
- Y me impides hacer tratos. ¿Por qué? ¡Hace años que no soy un demonio! -Crowley paseaba como una pantera enjaulada, pero se detuvo de repente y miró al otro a los ojos. Se encogió por la sospecha y su voz bajó una octava entera-. Espera... ¿para ti lo sigo siendo? Y nunca aceptaste esa parte de mí, ¿verdad?
Al fin. La pregunta que llevaba flotando en el aire desde que se separaron, un mes antes, o una eternidad antes. Crowley se maldijo por no sonar furioso, sino dolido. Azirafel se acercó con cautela, como quien teme ahuyentar a un animal salvaje:
- No es eso. Sólo es que... me marcaste -protestó el ángel, usando dos dedos para bajar su labio inferior y mostrarle el interior: allí había dos cicatrices. Parecían dos marcas de colmillos-. ¿Safes lo que fodría fasarme allí arrifa si lo descufren?
- No mucho. No aceptaste mi marca, así que no funciona.
Azirafel se soltó el labio y miró al otro con sorpresa:
- ¿Debería funcionar?
- Pues claro. ¿Qué crees que es? ¿Una marca de ganadería? ¡No! Sólo es... -Crowley apartó la vista, cohibido, y le dio la espalda antes de admitir-: entrelazamiento cuántico. Transmite información al instante, a nivel subatómico. A cualquier distancia.
- ¿Un canal de comunicación? -Azirafel avanzó hacia él, le puso las manos en los hombros y lo obligó a mirarle-. Para eso ¿no era más sencillo venir conmigo?- ¿Para qué? -se le encaró el otro con altanería-: ¿Para poner a más de uno en tu contra, por subir con un demonio? ¿Para que me volvieran a expulsar en cuanto abriera mi enorme bocaza? ¿Para que cayeras conmigo, ya de paso? ¿Imaginas lo bestia que es CAER, idiota?
- Pero... -Azirafel negó, apretando aún más fuerte-... tendrían que aceptarte, porque soy...
- ¿El puto Arcángel Supremo? ¡Pero si ni siquiera tú me aceptas! -estalló el exdemonio, liberándose del agarre del otro-. ¡Incluso tú querías cambiarme!
- ¡No es eso! -protestó Azirafel, cada vez más nervioso-. Escucha, aquel día no podía hablar mucho, porque rondaban cerca el Metatrón y Muriel. Pero ahora estamos solos y puedo contártelo todo. Nunca quise cambiarte, sólo reparar el error del C...
- ¡Déjate de excusas! -cortó el exdemonio. Al ver los frenéticos gestos de negación del otro, añadió en voz baja-: Y no digas cosas peligrosas.
Alzó los brazos y la blancura se retiró como un velo. A su alrededor aparecieron formas familiares: edificios, semáforos, transeúntes... su compañero reconoció el Soho y contuvo un gemido de rabia al ver cómo la oportunidad de hablar con Crowley se le escapaba de las manos. Éste huyó hábilmente, aprovechando el ajetreo que reinaba frente a la librería: Nina, Maggie y Muriel estaban rodeadas de agentes de Policía. No muy lejos, una científica forense analizaba los restos de un vehículo siniestrado.
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