04 marzo 2026

TERTIA PUGNA-11

TERTIA PUGNA

FanFiction de Good Omens

Por Mª Nieves Gálvez
 

Capítulos:   1   2   3   4   5   6   7   8   9   10  11


CAPÍTULO 11.- UN MAR DE DUDAS


    Digan lo que digan los proverbios, después de la tormenta no siempre viene la calma; a veces lo que viene es la policía científica. Azirafel y Crowley encontraron una escena surrealista a las puertas de su librería: Nina, Maggie y Muriel estaban cercadas por agentes de Scotland Yard. Una inspectora trataba de dar sentido a la declaración de una niña que mezclaba conceptos tan dispares como secuestros, ángeles y demonios. Al otro lado de la calle, una científica forense analizaba los restos de un vehículo accidentado.




    - ¡Le digo que eran espadas de fuego, inspectora Jones! -anunció un agente que esgrimía una tablet-. ¡Tenemos imágenes de las cámaras de Tráfico!

    "Pero... ¿cómo?" se angustió Azirafel. "¡Si sólo nos hemos ausentado unos minutos!"

    - Seis mil años siendo discretos -Crowley movió la cabeza con fastidio-. Y en cuanto me sustituye Shax, se monta un circo.

    - Aquí no podemos hablar -Azirafel se volvió hacia él y le susurró con urgencia-: Pero si volvemos a aquel vacío blanco...

    - Está todo dicho -negó Crowley. Señaló al ángel, o más bien le clavó un dedo acusador en el pecho-: Tu dichoso halo empezó una guerra, y tienes que detenerla YA.

    - No se cómo -confesó el ángel, encogiéndose de hombros con impotencia-. ¡Por eso te necesito!.

    - ¿Y crees que yo sí lo sé? Sólo veo una salida -Crowley le tomó la mano. De pronto su voz perdió todo el filo y se volvió casi cálida-: Vámonos. Juntos.

    Azirafel miró a su alrededor: no sólo a su ciudad y las personas que lo rodeaban, sino a toda la vida que llevaba milenios protegiendo. Negó con la cabeza, angustiado.

    - No pienso abandonarlos.

    - Y yo no pienso quedarme para acabar como Jim -Crowley le soltó la mano como si quemara, le dio la espalda y se alejó a grandes zancadas. Si el otro empezaba a soltar perdones, no quería oírlos-. Aunque me quede solo.

    - ¡Perdona, pero tienes que...!

    Crowley lo ignoró y se perdió hábilmente entre la multitud, mascullando:

    - No "tengo" que hacer nada, ángel. Ya no soy tu furcia.

    Azirafel se lanzó tras él, exasperado al ver que la oportunidad de hablar se le escapaba de las manos, pero chocó con una figura uniformada que le cortó el paso:

    - Alto ahí. ¿No es usted uno de los espadachines? -la inspectora exhibió sus credenciales con una firmeza que no admitía excusas-. ¿Puede explicarnos lo de las armas o el accidente de tráfico?

    - Yo... -Azirafel tomó sus gafas de lectura para disimular el temblor de sus manos, se las puso y suspiró con resignación-: Soy... perdón, fui el dueño de esta librería. Hasta hace poco.

    - Ahora la gestiono yo -intervino Muriel, inoportunamente servicial-.  Las espadas de luz son...
   
    - ¡Atrezzo! -improvisó Nina, interponiéndose entre la detective y el ángel-. Estamos preparando algo especial para el estreno del próximo libro de Star Wars. Con sables de luz y todo eso. ¿Verdad, Muriel?

   - Ejem... yo... -el ángel no sabía mentir, pero se enderezó para imitar la pose de los policías y balbuceó-: Esas espadas de luz no servirían para hacer nada malo. Al contrario.

    - Estábamos ensayando cuando se nos echó encima ese Jaguar -Maggie señaló el vehículo siniestrado, mostrando sin querer las magulladuras de sus brazos-. ¡Estoy viva de milagro!

    Al otro lado de la calle, Crowley esbozó una sonrisa amarga y se camufló entre los curiosos. "Suficientes problemas por hoy", decidió, apretando el paso hacia su Bentley. Ya tenía la mano en la portezuela cuando le sobresaltó una voz de mujer:

    - Así que ha sido usted. ¿Cómo lo ha hecho?

    Crowley frunció el ceño y se volvió hacia la intrusa. Ésta no portaba uniforme de policía, sino algo bastante inusual en plena calle: una bata blanca de laboratorio. 

    - ¿Hacer qué? -replicó, altanero-. ¿Y quién es usted?

    - Soy la científica forense Sato, y llevo cuatro años investigando muertes extrañas -señaló el vehículo siniestrado y añadió-: Las dos últimas veces, ese Jaguar y un Bentley como el suyo estaban cerca del lugar del crimen. ¿Reconoce esto? 

    Crowley miró sin mucho interés lo que ella sostenía en una bolsita sellada. Restos de chamuscados de... ¿insectos?

    - ¡Hastur! -gruñó con fastidio. Al parecer, Shax no era la única incompetente que se hacía notar más de la cuenta.

    - ¿Así se llama? Según los datos de Tráfico, el propietario de ese Bentley debería llamarse A. J. Crowley -la científica guardó la muestra, sacó una tablet y empezó a tomar notas-. ¿De dónde sacó unos insectos tan letales? ¿Y cómo los detenemos? 

    - Es complicado. ¿Agua bendita? Aunque pensándolo bien, para una vez que Hastur ataca a criminales...

    Esta vez fue la forense quien frunció el ceño. Levantó la vista de sus notas y replicó con extrañeza:

    - Se lo advierto, simular enajenación mental no lo librará de acompañarnos a la comisaría. Usted sabe demasiado y...

    - Y ustedes demasiado poco. ¡Que son policías, joder! -replicó él con furia. Señaló al otro lado de la calle, donde la niña volvía a hablar con la inspectora Jones, y susurró roncamente-: Esa menor alguna vez confió en la Policía, o en el Cielo. Pero ¿quiénes la ayudaron cuando la secuestró un pederasta? ¡Ustedes ni se enteraron!

    La forense, intimidada por la furia del testigo, hizo un gesto discreto a sus compañeros. Éstos comenzaron a rodearlos, pero se les adelantó el zumbido de una silla de ruedas:

    - Éste no es el sospechoso que están buscando -intervino una voz extraña, ni de hombre ni de mujer. 

    Crowley se volvió con asombro para contemplar la llegada de Saraqael. El ángel detuvo su silla junto al Bentley, alzó las manos y señaló con elaborados gestos a Sato y a su escolta: 

    - Márchense y olviden esta conversación -se lo pensó un momento y añadió-:  Excepto lo del agua bendita. Recuerden eso.

    Los agentes intercambiaron miradas de confusión y se alejaron hacia sus vehículos. Algunos intentaron consultar sus notas, sin recordar lo suficiente para completarlas. Saraqael esperó a quedarse a solas con Crowley antes de decir secamente:

    - Creí que ya no trabajabas con Hastur.

    - Sería absurdo. Me odia. Fue uno de los que hizo que me expulsaran del Infierno, ¿recuerdas?

    El ángel asintió sin mucha convicción.

    - Eso le diré a mis superiores. No necesitan saber más. 

    Crowley entornó los ojos con suspicacia:

    - Demasiado amable -se inclinó hacia su acompañante y olisqueó su aura con descaro-. Pero no detecto ninguna otra presencia, ni infernal ni divina -admitió al fin-. No reciente, al menos.

    - ¿Crees que me influye alguien? -fue la sarcástica respuesta-. Perdí el uso de mis piernas, no mi albedrío.

    - ¿Albedrío? -el exdemonio apoyó la espalda en la carrocería del Bentley y se burló-: ¡Los ángeles no tienen eso!

    - Si Dios nos dio inteligencia, lo lógico es usarla.

    - No digas eso muy cerca de tus superiores. Si no les das la razón ciegamente... 

    El Caído se quitó las gafas oscuras y dejó que sus ojos de serpiente ilustraran las consecuencias. Pero Saraqael, lejos de asustarse, señaló hacia la libería:

    - No todos. 

    Crowley se giró en la dirección indicada: Azirafel, al otro lado de la calle, se estaba despidiendo de una confusa y amnésica inspectora de Policía. 

    - ¿El Archicretino Supremo? No  esperes mucho de él -bufó el exdemonio. Le dio la espalda y forcejeó con puerta de su Bentley. Era extraño: se resistía a abrirse.

    - Dicen que salvaste un alma en Escocia -insistió el ángel-. Evitaste que alguien se suicidara por dolor. ¿Y ahora salvas de lo mismo a otra niña? Empiezo a pensar... 

    - ¿En qué? ¿En los problemas de trabajar borracho?

    - "In vino, veritas": mostraste una verdad. Sobre la Caridad, creo.

    - ¡No me vengas con virtudes teologales! -ladró Crowley, abriendo al fin la puerta rebelde con un tirón violento-. Sólo mostré que el sistema de sufripuntos no es muy celestial: no sólo reparte alitas, sino también barbacoas. ¡Igual que mis tentaciones!

    Saraqael no se ofendió. Al contrario, asintió con aire pensativo.

    - ¿Y si cambiáramos el sistema?

    La áspera carcajada del exdemonio sobresaltó al ángel sedente:

    - Claro, ¿tú y cuántos más?

    Saraqael notó una cruel tristeza en aquella risotada. Oyó los pasos de Azirafel, libre ya de la Policía, acercándose a toda prisa. Rogó al demonio que esperara, pero éste se sentó al volante y encendió el motor. Ya estaba quitando el freno de mano cuando la científica forense se plantó frente al vehículo:

    - ¡Señor Crowley! ¡Hastur! ¡Buenas noticias!

    El interpelado reprimió una mirada asesina y bajó la ventanilla:

    - ¿Me conoce?

    - Ejem... no, pero... -Sato movió la cabeza, luchando contra la confusión que Saraqael había sembrado en su mente, y consultó su tablet-. Mis notas mencionan esos nombres y un Bentley como éste, así que estoy cruzando datos y... ¿nos contactó usted hace cuatro años para buscar a un niño perdido?

   - No lo recuerdo, pero puede ser. ¡Moví Cielo y Tierra!

    - ¡Tenemos noticias! Gracias a una denuncia reciente de...

    - ¿Exceso de velocidad? -sonrió Crowley, orgulloso. Por el rabillo del ojo vio acercarse al Archimbécil Supremo, así que pisó el embrague y metió directamente la tercera marcha (nunca se había rebajado a usar las dos primeras, y no pensaba empezar ahora).

    La forense continuó, sin inmutarse:

    - ¡Una demanda de paternidad!

    El Bentley tosió, tan sorprendido que se le caló el motor. A Crowley se le desorbitaron los ojos hasta saltársele las gafas oscuras:

    - ¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién...?

    - La demandante es una tal "Hermana Mary Locuaz". ¿La conoce?

    - ¿La exmonja que te llamaba "Amo Crowley"? -exclamó Azirafel, que se las había arreglado para llegar justo a tiempo al espectáculo.

    - ¡Vaya con Crowley! -Saraqael contuvo una risita-. ¡Aún es un diablillo, después de todo!

    El asombro de Crowley aumentó hasta niveles casi lisérgicos:

    - ¿¡PERO QUÉ RAYOS...!?



(CONTINUARÁ...)


Capítulos:   1   2   3   4   5   6   7   8   9   10  11


<Capítulo anterior<        >Capítulo siguiente>


Otros relatos inspirados en el universo de Good Omens:   

Papilio Tempestae (Infancia de Warlock. One shot)

1 Natividad    2 Tentación    3 Pasión