14 abril 2015

El Ministerio del Tiempo - 8: "La leyenda del tiempo"

La leyenda del tiempo es famoso como el disco que convirtió a Camarón de la Isla en una figura por encima de las demás, uno de los álbumes más importantes de la historia del flamenco. 5 de sus 10 canciones, incluyendo el tema titular, adaptan poemas de Federico García Lorca. No es, por tanto, nada extraño que un capítulo de El Ministerio del Tiempo en el que aparecen Lorca, Dalí y Buñuel interpretando una obra de teatro se llame también así e incluso cite los versos iniciales de ese poema, que salió, precisamente, de una obra (Así que pasen cinco años).

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas 
en el corazón del sueño.

Y los sueños y su conexión a través del tiempo son uno de los elementos más frescos y originales del episodio. El otro gran acierto de este capítulo es Ángel Ruiz, que construye probablemente al Lorca más interesante, real, humano que se ha visto en nuestra ficción, a la vez que condensa en él todo lo que esperamos de su figura. Es igualmente cautivador el acercamiento que se produce entre su personaje y el de Julián, que nos deja instantes preciosos, con fuerza y con "realidad".
Sueños, surrealismo, Lorca... Todo eso nos lleva a mencionar a Enrique Alcides, quien da vida a Dalí. Joven, desmitificador del personaje en el que se enfundaría después, absolutamente desinteresado por el surrealismo como expresión artística, sino sólo como medio de ganar dinero. Aunque no llegue a cargar con una trama de intensa carga emocional, construye muy bien su carácter a la vez que permite avanzar la misión

Pero la misión, esta vez, es lo de menos: el episodio La leyenda del tiempo es el final de la primera temporada de esta serie, concebido cuando aún no estaba asegurada su continuidad. Como tal, está tachonado de giros y momentos llenos de fuerza para sus protagonistas: si hasta ahora hemos ido vislumbrando posibilidades, sospechado traiciones e identidades, y sufrido pequeños dramas o atisbos de tragedia, esta vez no hay red, no hay frenos, no hay lejanos horizontes hacia los que ir conduciendo. Estamos al borde del abismo, de varios abismos personales, y alguien orquesta una serie de movimientos que van a dar empujones con consecuencias terribles.
Al final del capítulo, no hay prácticamente nadie limpio, aunque cada cuál conserva su honor más o menos. Pero desde luego no hay nadie intacto: Irene, orgullosa, sostiene la mirada incluso ante un Ernesto que tiene que bajar la cabeza cuando la conduce a presidio; Lola da con sus huesos en la cárcel, traicionada por Amelia. Descubrimos que incluso Salvador ha caído ante sus propios estándares y fue suya la maniobra que liberó a Leiva en el capítulo anterior (uno se pregunta si, como subsecretario, no hubiera tenido a su disposición otros métodos más convencionales para mejorar el trato del preso, como un traslado a un centro moderno). Los tres miembros de la Patrulla, por supuesto: ellos son los más dañados por el "terremoto", siendo el que queda peor de todos Julián, que tratando de salvar la vida de su mujer provoca, precisamente, el accidente que le quita la vida.
Quedan muchas puertas abiertas para la segunda temporada, y algunas incógnitas: pero sin duda, el Ministerio al que volveremos en 2016 no será exactamente igual que el que dejamos este 2015. Como sus protagonistas no han acabado siendo los mismos (por ejemplo, Alonso ha pasado de detestar el teatro a utilizar el Tenorio para proteger a su mujer).

Es posible que La leyenda del tiempo no sea el capítulo más redondo de esta primera temporada. Posiblemente no lo sea porque es un capítulo descompensado, de desequilibrios, de emociones desatadas, de rabias contenidas y daños internos que no vienen de ahora, sino de todo lo que ha ido pasando antes. Una descompensación, una navegación  tumultuosa entre eros y thanatos, lo que se hace y siente por amor y lo que se hace y siente ante la muerte, que es muy propia precisamente de Lorca. La leyenda del tiempo es imperfecto porque es apasionada, y quizás ahí es justo donde quiere estar, situada entre el dolor y el anhelo, entre el deber cumplido abnegadamente y la aniquilación personal, entre la traición y la amistad, entre la imposibilidad de hacer lo que es bueno y la necesidad de hacer del mundo un lugar mejor. Haciendo equilibros sin querer ser equilibrado.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

   Puro flamenco nuevo y renovado. ¡Bravo, hermanos Olivares!

5 comentarios:

Shani dijo...

genial el post :)

Mari Nieves Galvez dijo...

Ayer no importaba la acción, sino pasear por el surrealismo puro: amor, sueños, pesadillas, locura. Quién mejor que Lorca para exponerlo, y quién mejor que Julián para entenderlo. Sin medias tintas, sin final feliz, atreviéndose a entrar en el delirio hastavel final.

Adanamarth dijo...

Me ha parecido un comentario único, correcto, directo al grano de lo que transmitió al espectador el último episodio de "El Ministerio del Tiempo". Sinceramente, con comentarios tan cercanos al espíritu de la serie como este se podría escribir una gran obra. Es cierto lo que dice Mari Nieves: "no importaba la acción". Ayer el episodio tenía ese aura misteriosa y mística que nos lleva a una percepción final del TODO como algo maquiavélico que juega con la magia del surrealismo en el que los personajes se ven inmersos, pero que como les dice Jordi Hurtado: "Nada es lo que parece". Encantado con este comentario del blog.

Anónimo dijo...

La verdad es que no me ha gustado el final. La trama de los anónimos se resuelve de pronto y hala, a otra cosa. Y, ciertamente, me vi venir la muerte de Maite y que el culpable fuese Julián. No quería creerlo, pero sí. No me gustan los finales tristes y éste no podía ser menos. No sé, tal vez esperaba que la salvara y se creara un universo paralelo. El Julian de 2012 sigue con su Maite y el de 2015 debe continuar en el Ministerio, ya con la conciencia tranquila de haber salvado la vida de su mujer, aunque no pueda estar con ella. Pero era demasiado complicado. En fin, espero que al menos no dejen este asunto tan escocedor tal y como ha quedado y que Julian tenga al menos una forma de que su mujer no se vaya al otro mundo creyendo que él la estaba engañando. Si se llega a quedar la serie sin segunda temporada habría sido para c*garse.

Mari Nieves Galvez dijo...

Lo de los poetas, pintores y sueños es bonito. Lo de Alonso, breve pero un puntazo, como siempre. Darle algo de seriedad a Julian, que no sea solo alguien a ratos chistoso y a ratos depre, tambien. La muerte de ella y estar a un paso del manicomio se veia venir.
Le han dado a Julian un final terrible, de héroe clasico del Romanticismo (melancolico, dulce, sensible, ama a una sola mujer, lucha por ella, choca contra el destino y enloquece). Perfecto como algo temporal.
Si fuese definitivo, quedaria impresionante y profundo como las leyendas de Becker, pero tambien amargo como ellas. GRANDE esa mirada final de locura.
Pero sería demasiado amargo.
Por eso es mejor que no sea el final definitivo, y que haya segunda temporada.